dissabte, 8 d’octubre de 2016

N·P - Banana Yoshimoto



"...a medida que pasan los años, todas las cosas que encontramos ante nuestros ojos acaban pareciendo iguales."




Yoshimoto, Banana. N·P
Barcelona: Tusquets Editores, 1994

Traducció de Junichi Matsuura i Lourdes Porta
Col·lecció Andanzas, 217



 Què en diu la contraportada...
Kazami, una joven estudiosa de literatura, investiga el misterio que rodea al libro de cuentos, titulado N.P., de un escritor japonés, Sarao Takase, que escribía en inglés, vivió gran parte de su vida en Estados Unidos y se suicidó a los cuarenta y ocho años, dejando dos hijos, Saki y Otohiko. Poco a poco el lector va sintiendo la fascinación letal que ejerce la obra de Takase sobre quienes se acercan a estudiar N.P., en especial sobre sus traductores al japonés, uno de los cuales, Shoji, novio de Kazami, se quitó la vida después de traducir el relato número noventa y ocho. En cuanto Kazami conoce en una fiesta a los hijos del escritor, detecta inmediatamente una estela de locura en los ojos de esos hermanos tiernamente incestuosos. Otohiko advierte a Kazami de que otra joven, una auténtica “maniaca”, obsesionada por el mismo libro, se cruzará, antes o después, en su camino. Así es como Kazami se v envuelta en un inextricable laberinto del que nacerá un amor salvaje, desenfrenado.

 Com comença...
Lo que yo sabía era que aquel sombrío escritor llamado Sarao Takase había vivido en Estados Unidos y que, a lo largo de una vida oscura, había ido escribiendo algunos relatos.
Que se había suicidado a los cuarenta y ocho años.

 Moments...
(Pàg. 38)
El alboroto llenaba tota la escuela hasta ocupar completamente el espacio. Parecía que los alumnos disfrutaran con todas sus fuerzas, concentrando en estos treinta minutos la libertad de toda la jornada. Los estallidos de las risas resonaban y la energía explotaba. Cuando alcé la mirada, vi en la lontananza el cielo azul del verano. Era una tarde deslumbrante, en la que la luz y las sombras cruzaban las calles.
- Adiós.
- Adiós dije, y colgué.
Fue la última vez.
La distancia, en aquel momento, entre los dos extremos del hilo telefónico, entre el lugar donde estaba Shoji y donde me encontraba yo, era más grande y tortuosa que la que existe entre el cielo y el infierno. Por más que nos quisiéramos, no pudimos jamás establecer contacto.

(Pàg. 70)
- (...) temo que, si descubriera que soy hija de un desconocido y que, por lo tanto, a la mañana siguiente, Otohiko y yo podríamos ser una pareja de novios como las demás, la sensación de libertad nos arrastraría irremisiblemente hacia el alcoholismo. Sin embargo, lo peor que podría ocurrir es que supiéramos con seguridad que llevamos la misma sangre.  Si no lo averiguo, tengo siempre una especie de coartada, ¿verdad?

(Pàg.72) 
El camino de regreso tiene siempre algo de insustancial. Una tristeza ligera.

(Pàg. 86)
A veces, en los momentos difíciles, pienso: “Si mis padres no se hubieran divorciado, si no hubiera vivido sola tanto tiempo, si no hubiera recuperado la voz en aquella ocasión, si no me hubiera enamorado de Shoji... si no hubiera existido este cúmulo de experiencias, ¿sería, entonces, la auténtica yo?, ¿sería libre?”.
Solo en los momentos difíciles.
- ¿Qué es una vida que no sea un relato? –cuestionó Sui.

(Pàg. 89) 
¿Qué debe sentirse al vivir en un país distinto del que has nacido y crecido? Era algo que pensaba a menudo desde que mi hermana se había casado. ¿Se irá uno, con el tiempo, disolviendo en el lugar como el protagonista de una narración, o, por el contrario, en algún lugar de su corazón, desearía volver a su país algún día?

(Pàg. 90)
Tras conocer el amor, las separaciones, la muerte de un ser amado, a medida que pasan los años, todas las cosas que encontramos ante nuestros ojos acaban pareciendo iguales. Es imposible discernir entre el bien y el mal, entre lo mejor y lo peor. Nuestro único temor es que aumenten los malos recuerdos.

(Pàg. 93)
La mujer con quien se había fugado se había vuelto a fugar con otro hombre. Hay personas así. Personas que empiezan siempre de nuevo, una vez tras otra, sin temer al fracaso. ¿Por qué estas personas nunca parecen satisfechas? Tienen coraje, pero muestran una perenne expresión de arrepentimiento en sus rostros, como si vivieran en un callejón sin salida.

(Pàg. 120) 
- (...) La noche es extraña. Para los que se duermen pronto, apenas dura unos instantes, mientras que para quien está en vela, es larga como una vida complementaria y es como un regalo.

(Pàg.130) 
Estar con una persona que poseía el olor del pasado, de un tiempo en que la materia de la vida era más densa, era como encontrarme en un jardín florido delicadamente desplazado de la fase de la realidad. Lo comprendí claramente. Era una instante hermoso. Realmente bello. Y limitado. No duraría eternamente.

(Pàg. 161)
Yo siempre he pensado que morir es mejor que desaparecer, porque, de esta forma, no tienes que vivir abrigando todavía una esperanza.

(Pàg. 165)
(...) creo que lo que ahora más se parece a ti es el buzón de correos. Hay buzones por todas partes, pero, cuando buscas uno, siempre te cuesta encontrarlo. De improviso ves uno en una esquina solitaria. Tanto en días despejados como bajo la lluvia, en plena noche, por todo el mundo, como la luna del cielo nocturno que se refleja en todas las aguas, siempre hay un buzón.

(Pág. 172)
A veces sucede.
Sucede que el corazón acaba velando en la distancia la belleza de las cosas ya vistas, desde las más intensamente vividas a las más pálidas; todo quedaba completamente envuelto en el corazón y ahora se sumergía en el paisaje que avanzaba hacia nosotros moviéndose velozmente, en la rotación de las esferas celestes y en el cielo inmenso.

(Pàg. 180)
- (...) Frente al mar, incluso las cosas más horribles parecen buenas.
- Y, digas lo que digas, todo se lo llevan las olas.
- A eso se le llama sensación de libertad.

(Pàg. 183)
Todo penetró al mismo tiempo en mi mente, a una velocidad lacerante, de vértigo. Todo era hermoso, todo lo que había sucedido era violentamente bello, como la locura.

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