divendres, 25 de març de 2016

Al piano - Jean Echenoz





"Morirá violentamente dentro de veintidós días pero, como no lo sabe, el miedo no le viene de ahí. "





Echenoz, Jean. Al piano
Barcelona: Anagrama, 2004

Au piano. Traducció de Javier Albiñana
Col·lecció Panorama de Narrativas, 593



 Què en diu la contraportada...
Un célebre pianista de música clásica, Max Delmarc, sale de su casa hacia la sala de conciertos donde les espera, como siempre, un público numeroso y entregado. Y también como siempre, experimenta cierta angustia previa, el temido trac, la irresistible tentación de beber para calmarse. Pero su sempiterno acompañante se lo impide, nada de alcohol antes del concierto. Ovación y, ahora sí, ya pueden seguir los tragos.  Y así se repiten los rituales, una y otra vez, con el recuerdo de Rose, la violoncelista del Conservatorio, que le persigue aún treinta años después.
Hasta que el pianista, tras un fatal encuentro callejero, se despierta en un Centro –un purgatorio que parece un gran hotel- donde encontrará a estrellas de cine y a un ángel guardián de nombre con resonancias diabólicas, Béliard...

 Com comença...
Dos hombres aparecen al fondo del bulevar de Courcelles, provenientes de la calle de Rome.
Uno de ellos, de estatura ligeramente superior a la media, no habla. Bajo una amplia gabardina clara y abrochada hasta el cuello, lleva un traje negro con pajarita negra, y unos pequeños gemelos montados con cuarzo-ónice resaltan en sus muñecas. Va muy bien vestido, pero su rostro lívido, sus ojos fijos en no se sabe qué denotan un temperamento inquieto. Lleva el pelo blanco peinado hacia atrás. Tiene miedo. Morirá violentamente dentro de veintidós días pero, como no lo sabe, el miedo no le viene de ahí.

 Moments...
(Pàg. 74)
Un pasillo tan largo que no se distinguían sus límites, ni a uno ni a otro lado, tan vacío que no era nada, no daba a nada, habría sido lo mismo que la puerta hubiera estado atrancada de verdad.

(Pàg. 88) 
Su comportamiento siempre había sido, a su entender, más bien correcto. Procediendo a una vista de conjunto de su existencia, acabó concluyendo que no había cometido errores graves en ningún ámbito. Cierto que se había dejado llevar por la duda, el alcoholismo y la desidia, cierto que en ocasiones había cedido a la pereza, había incurrido en arrebatos de cólera o se había abandonado a accesos de orgullo, pero cómo actuar de otra manera.

(Pàg. 119)
Recapitulemos, pues: nunca he matado a nadie, puede decirse que nunca he robado nada, no recuerdo haber levantado el menor falso testimonio y en muy raras ocasiones he soltado tacos. Siempre he procurado descansar los domingos y, por lo que respecta a mis padres, creo que he hecho lo que he podido. Si bien no he tenido ocasión de estudiar a fondo el adulterio, quizá en términos generales no he acabado de ser del todo claro sobre el de la codicia del bien ajeno, incluidas las esposas. Pero tampoco ha sido nada del otro mundo. Queda, claro está, el problema de lo divino, sobre el que estimo haber sido más bien correcto. Escéptico pero honesto. Dubitativo pero respetuoso. Al margen de eso, no se me ocurre nada más.

(Pàg. 159)
(...) el amor –en fin, cuando digo amor no sé si es ésa la palabra- no es solamente volátil sino asimismo soluble. Soluble en el tiempo, en el dinero, en el alcohol, en la vida cotidiana y en un puñado de cosas más.

 Altres n'han dit...
El Cultural, Leo cuanto puedo, El ojo crítico, Aula de filosofía, The Guardian.

 Enllaços:
Jean Echenoz, l'autor parla d'ell, claus estilístiquesliteratura de l'engany, per què i per a què?, Béliard - Beliar?, mites i catarsis.

dimecres, 23 de març de 2016

La muerte del pequeño Shug - Daniel Woodrell




"(...)  me enteré de que me mudaba. Me enteré de que habían cambiado todos mis mañanas."






Woodrell, Daniel. La muerte del pequeño Shug. 
Barcelona: Alba, 2014

The Death of Sweet Mister. Traducció d’ Isabel González-Gallarza



 Què en diu la contraportada...
Shug Atkins tiene trece años y vive en una casa junto a un cementerio. Su comida favorita son los huevos fritos con pan. Su padre, que quizá no lo sea, lo mira con «esa mirada suya que me amenazaba con una muerte rápida que se hace eterna»; y, aunque es obvio que lo detesta, se sirve de él para entrar en casas de médicos y enfermos y robar barbitúricos. Glenda, la madre, es una belleza que ha conocido mejores días y cuya sabiduría se concreta en consejos como «Shug, la gente que ha estado en la cárcel no puede ni ver a los chivatos».
Un día irrumpe en la vida de estos tres seres un hombre amable, cortés, con un coche elegante. Despierta sueños dormidos, aviva pasiones prohibidas. La muerte del pequeño Shug es un implacable relato sobre la pérdida de la inocencia y la perversión del concepto de familia, en el que Daniel Woodrell demuestra una vez más, como en Los huesos del invierno, su dominio narrativo y su sensibilidad para ahondar en los límites de la novela negra.

 Com comença...
Nada más cruzar la frontera del estado, Red me hizo bajar de la camioneta y pintarla de otro color. Cuando me hablaba, su voz sonaba como si la tuviera llena de esos gusanos que te devoran cuando estás muerto y enterrado. Se le notaba en la voz que tenía ganas de presentarme a esos gusanos que me estaban esperando.

 Moments...
(Pàg. 17)
Siempre estaba a punto de estallar, todo le ponía de un humor de perros menos esas viejas canciones de rock and roll. Por esa música sentía un amor puro y profundo, y por Glenda algo así como un amor deteriorado y hecho polvo pero que aún duraba, aunque yo de eso no sé gran cosa.

(Pàg. 40) 
- (...) Tu perfil quedaría muy bien en una moneda de plata -comentó Glenda.
- Tengo papada.
- Bueno. Pero te da aspecto de hombre de éxito, Shug. Un hombre que vale. Como los ricos, que comen tan bien.
- Qué va. Tengo trece años, Glenda. A mi edad eres gordo y punto.

(Pàg. 74)
La barbacoa olía a carne quemada y a salsa calcinada de muchas reuniones familiares, un olor como a cenizas felices.

(Pàg. 87)
Un avión de pasajeros cruzó el cielo por encima de nosotros, un puntito plateado muy alto sobre el fondo azul, haciendo ese ruido triste en el cielo, esa especie de zumbido triste de algo que se aleja y se aleja, que te quita todo el aire del pecho y te hace sentir vacío.

(Pàg. 124)
Saqué mi navaja y la abrí. La sujeté con fuerza. Hace años esa navaja había sido de Red. La hoja era delgada y brillante. La sostuve a un par de palmos de su tripa, y él me sonrió, una lenta sonrisa crispada, y me cogió la navaja.
- Bonito cuchillo –dijo-. Pero, claro, lo que pasa con los cuchillos es que hay que tener huevos para usarlos.

(Pàg. 135)
Ella estaba mirando por la puerta mosquitera, fumando. Levantó los ojos, supongo que para mirar el cielo. Cuando exhaló, junto con el humo de su boca salió también un ruidito, un suspiro algo triste, casi un quejido.
- ¿Qué sueñas con tener, si pudieras? –le pregunté.
- Muchas cosas, demasiadas.
- ¿Cómo qué?
- Oh, Shug, no lo sé. Y, total, la mayoría de lo que llamamos sueños en realidad son necesidades. Una necesidad es algo muy distinto de un sueño. No sé cuál de las dos cosas es más probable que se cumpla.

(Pàg. 142)
- (...) no recuerdo que éste sea el camino para llegar al lago.
- Antes tengo que ver a un tío.
- Oh, no. No.
- Si vas a lloriquear, espera que te haya partido la cara.

(Pàg. 159)
Alguien que sangraba había dado vueltas y vueltas por toda la cocina. Había platos rotos por todas partes, un desastre. La sangre había dejado extrañas manchas y salpicaduras en los fogones, las paredes, el suelo y el techo. Los platos que se podían romper estaban todos hechos añicos en el suelo. En la radio sonaban viejas canciones de rock and roll.

(Pàg. 175)
Él dio el primer paso y se detuvo. Ella trató de dar un paso hacia él y se detuvo. Seguían mirándose y mirándose y mirándose, luego apartaron los ojos y echaron a correr el uno hacia el otro. Sus cuerpos chocaron con un suave chasquido de carne.  Se abrazaron junto a la hoguera sin decir palabra, solo se oían ronroneos y débiles sollozos. Él le recorría todo el cuerpo con las manos.
Ella fue la primera en hablar:
- Ya casi había conseguido olvidarte.
-  Eso era lo que más miedo me daba.

(Pàg. 183)
Más tarde, mientras estaba tumbado en la cama, me enteré de que me mudaba. Me enteré de que habían cambiado todos mis mañanas.

(Pàg. 199)
El frasco en el que escondía todos los gritos de mi vida explotó. Se fueron volando allí donde nadie podía oírlos. Avanzaba por un camino de tierra quemado por el sol, levantando nubes de polvo a cada paso. Iba solo y sentí que mis gritos podían salir. Grité por cosas que habían ocurrido hace tiempo y que creía haber olvidado. Recorrí gritando ese camino quemado por el sol, pasé gritando delante de vallas y vacas. Partes de mi mismo que no entendía se soltaron dentro de mí, atascándome la garganta. (...) Grité hasta dejarme la garganta en carne viva y hasta que el sol bajó y se ocultó tras el horizonte.
Luego volví a casa, vacío de sentimientos.

 Altres n'han dit...
Propera parada: Cultura, Prótesis, Loqueleímos, Jenesaispop, Blog para escritores, Un día leí un libro, Biblioteca CEU, Calibre 38.

 Enllaços:
Daniel Woodrell, l'adn de l'autornegra i tràgica com la mateixa vida, escriptura seca i sagnant, el nen de la mama, country noir, les montanyes Ozark, el flamant Thunderbird.

dissabte, 19 de març de 2016

Maniobras diversivas - Andrés González Castro




 "(...)Así es que yo te quiero,              como tú a mí, también en guardia:      con los ojos abiertos,                        para vernos venir la puñalada."





González Castro, Andrés. Maniobras Diversivas.
Orihuela: Fundación Cultural Miguel Hernández, 2008




 Com comença...
Aunque a veces te olvide,
¿me vas a abrir la puerta?

Aunque a veces te injurie
Y me aparte de ti dando un portazo
Brutal como una cuchillada,
¿me vas a abrir la puerta?

Aunque te haga sugrir por los rincones
Como a un gato de yeso,
Aunque te deje a solas con tus lágrimas
Ásperas de paloma disecada,
¿me dejarás entrar
Otra vez en tu cas?

¿Dejarás, poesía,
Que te vuelva a escribir?

Vuelta a casa

 Moments...
(Pàg. 19)
No lo puedes decir
aunque lo pienses
no lo puedes pensar
aunque lo pienses

La cultura
es una cuestión seria
no admite disensiones
es un dogma de fe

así que nunca vuelvas a pensar
que ese libro es estúpido
que flojea
que no te interesa

así que no me vuelvas a decir
que no has leído a tal
que es muy flojo
que no te interesa

guárdate tu sinceridad

determinados vicios
tan solo se practican en privado

Vicios privados

(Pàg. 33)
(...)
Nuestros nombres, que ahora
trepan la piel de un árbol
y se arraciman en el corazón
en el que los grabamos,
se apearán quizás en una silla
o en la modestia del aglomerado.
Para no hacer mudanza en la costumbre
y a lo humilde llegar desde lo alto.

Humildad

(Pàg. 35)
Iré a comulgar
tu pezón redondo,
mi amor, al altar.

Profesión de fe

(Pàg. 40)
Te anudas a tus piernas
con gesto pensativo
sobre un lecho revuelto
de donde huye el calor.

Todavía desnuda
y ya un pájaro en círculos
amenaza rutinaria
de nuevo entre tú y yo.

El buitre

(Pàg. 41) 
(...)
Así es que yo te quiero,
como tú a mí, también en guardia:
con los ojos abiertos,
para vernos venir la puñalada.

La puñalada

(Pàg. 45)
(...)
No creas que sería un mal principio
que algún día, olvidando las coartadas,
supieras confesarte cuánto inútil-
mente has perdido el tiempo
hablando sin oír ni ver ni hablar.

Sobre el vacío de tu necedad
la red circense de pedantería.

Es hora de enfrentarte
a tu propia miseria reflejada
en el fondo vidrioso de sus ojos.

Con fruición masoquista
pisaste los critales
de vuestra obra de amor hecha pedazos.
¿De qué te habrá valido ese destrozo,
hacer sangrar así tu corazón?
Supuraba la herida
palabras sordas, ciegas, mudas...

¡Qué mal que perseguiste el propio bien!

Pero no es mal principio que, al final,
con el clásico, acabes confesándote
el errado proceso de tus años.
Quizás aún podrías enmendarte
para todos tus días por venir
y, ahíto de dolor,
amoldarte sin más, pero sin menos,
a la verdad desnuda
de tu único amor.

Único amor

(Pàg. 50)
Sin verdadera experiencia del dolor
            impostándolo como una prótesis
            magnificándolo por un altodolor
sin verdadero sentido de la realidad
            habiéndola sustituido por un reino tranquilo
            de instrucción pública y notoria
sin un firme concepto del amor
            con la moral nuestra de cada día
            y la herencia de niebla religiosa
entre taras de fábrica y otras adquiridas
no esperéis claridad son lo que veis
sombras chinescas en una pared

Así las cosas

(Pàg. 53)
(...)
Poco sé, con la edad
pero me basta te suministraremos la paciencia
para saber en dosis controladas
que por fuerza ponedle la camisa
todo el tiempo, locura.

Jubilación anticipada

(Pàg. 61)
Cuento con la fortuna
díscola que revuelve
su rueda presurosa.

Cuento con la mujer,
cercana como un pájaro,
que me anuda a la tierra.

Cuento con los amigos
escasos que atraviesan
el cedazo del tiempo.

Cuento aún con la salud.
Cuento aún con los dedos.
Cuento aún muchos cuentos.

Y aunque también te sepa
al par cercano y díscolo,
lector, cuento contigo.

Recursos propios

(Pàg. 63)
(...)
Pero yo me pregunto,
¿para qué sirven hoy los generales,
generalmente victoriosos,
con pecheras cargadas de medallas,
cuando en la primavera
florece la amapola
y la lluvia refresca a goterones
el estertor de mayo?

Para que se guarezcan las palomas
bajo el ruido de sables.
(...)
Utilidad de una estatua.

(Pàg. 67)
Xavi, tú que has trepado
jugando por mis piernas
hasta el rincón sonoro de mi beso,
pequeño ser alado
al que habitan manadas
de sueños todavía no corruptos,
màgica criatura
que cree en los Reyes Magos,
gatos con botas, lobos sanguinarios:
acuérdate de mí
cuando yo solo sea
cenizas de una llama que te amó.


Xavi


dimarts, 15 de març de 2016

El foc follet - Pierre Drieu La Rochelle





"Ningú, cap esperança."






Drieu La Rochelle, Pierre. El foc follet
Barcelona: Quaderns Crema, 1997

Le feu follet. Traducció de Maria Bohigas
Col·lecció Mínima Minor, 69



 Què en diu la contraportada...
Va omplir la xeringa d’heroïna, s’arromangà la màniga i es punxà. Es va quedar d’esquena uns instant, mirant la paret. Ja estava fet, no era difícil. Els actes són ràpids; la vida s’acaba de pressa; aviat s’arriba a l’època de les conseqüències i de l’irreparable. El seu passat immediat ja li semblava increïble. ¿Havia somiat de debò que es desintoxicaria?

 Com comença...
En aquell moment, Alain mirava Lydia amb obstinació. Però l’escrutava així des que Lydia havia arribat a Paris, tres dies enrere. ¿Què esperava? Un sobtat aclariment sobre ella o sobre ell.
Lydia també el mirava, amb ulls dilatats però intensos. I aviat va girar la cara, i aclucant les parpelles es va abstreure. ¿En què? ¿En ella mateixa? ¿Era ella, aquella còlera grunyent i satisfeta que li inflava el coll i el ventre? Només era l’humor d’un instant. Ja havia passat.

 Moments...
(Pàg. 13)
Mentre Lydia es treia de la intimitat del ventre el segell de l’esterilitat i procedia a una breu ablució, el mirall va reflectir, sense interessar-la, unes cames boniques, unes espatlles boniques, una cara exquisida però que semblava anònima de tan blanca, i estúpida per culpa d’una fredor manllevada. La seva pell era el cuir d’un bagul de luxe que havia viatjat molt, fort i brut. Els seus pits eren emblemes oblidats.

(Pàg. 40) 
Havia estat tocat per la mort, la droga era la mort, de la mort no podia tornar a la vida. Només podia enfonsar-se en la mort, per tant tornar a prendre droga. Tal és el sofisma que la droga inspira per justificar la recaiguda: estic perdut, per tant em puc tornar a drogar.

(Pàg. 42)
Aquesta és, en efecte, una gran bestiesa de la nostra època: el metge invoca la voluntat de la gent mentre que la seva doctrina nega l’existència d’aquesta voluntat, la declara determinada, dividida entre diverses determinacions. La voluntat individual és el mite d’un altre tremps; una raça gastada per la civilització no pot creure en la voluntat. Potser es refugiarà en la coerció: les tiranies en ascens del comunisme i del feixisme frisen per flagel•lar els drogats.

(Pàg. 49) 
No s’afanyava, al contrari, alentia tots els gestos. Esmolava el seu desig.
D’altra banda, aquell desig era tan abstracte que gairebé podia satisfer-se a si mateix. La seva disbauxa seria purament mental. La seva presa de possessió del món es reduiria a un sol gest i a aquell gest no s’entendria cap a les coses. A penes apartaria el braç del cos i l’hi tornaria de seguida: punxar-se amb un agulla.

(Pàg. 51)
I, al mirall, també va mirar darrera seu. Aquella habitació buida, aquella solitud... Va tenir una esgarrifança immensa que el va agafar al clot dels ronyons, al moll de l’os i que li va córrer dels peus al cap com un llamp de glaç: la mort se li va fer del tot present. Era la solitud, amb què havia amenaçat la vida com amb un ganivet, i ara aquell ganivet es girava i li foradava les entranyes. Ningú, cap esperança.

(Pàg. 59) 
(...) va tornar a la taula fascinat. Havia intuït el poder de l’escriptura, les malles de la qual recullen i apleguen constantment totes les forces difuses de la vida humana.

(Pàg.61) 
(...) aviat se’n va cansar, havia completat dues o tres pàgines, mai no s’hi havia escarrassat tant. La petita caravana de paraules que duia el prim bagatge de desigs d’on hauria pogut treure la seva raó de ser, i que tant de temps havia abandonat enmig del desert del paper, a penes si l’havia tornat a posar en moviment que ja la deixava aturar-se i ajeure’s altra vegada en el blanc.
Tot deixant la ploma, es va dir que hi tornaria demà.

(Pàg. 85)
- (...) Alain, digue’m qui ets. Et vull entendre! Et vull sentir!
- ¿Per canviar-me?
- Si cridessis ben fort el que ets, em sembla que deixaries de ser-ho a l’acte. De tut a un altre tu només h hi la distància d’un pas.
- O d’un pas en fals.
Alain va parar de caminar i va mirar Dubourg amb trist menyspreu, Dubourg que era bona persona i curt.
- Gran tanoca –va dir suaument-, prou que ho saps, qui sóc.
Dubourg va queda bocabadat.
- És veritat.
- I m’estimes tal com sóc, i no pas altrament.
- Però ¿què seria la meva amistat si no la sentissis com una cosa que vol modificar-te o alterar-te?
Una exclamació pujà als llavis d’Alain; la va retenir una mica, i la deixà anar.
- Voldria que m’ajudessis a morir.

(Pàg. 95)
Només hi havia la droga, no calia tractar de sortir-ne, el món era la droga mateixa.

(Pàg. 100)
(...) lluny de les dones, les somiava millor.

(Pàg. 107)
- (...) Desintoxicats, ens trobaríem tal com érem abans de la intoxicació, desesperats.
Alain va prendre un to burleta:
- La desesperació és una cosa, la droga n’és una altra. La desesperació és una idea, la droga és una pràctica. És una pràctica que espanta, per això esperàvem de debò que ens desintoxicaríem.

(Pàg. 132)
- (...) He provat l’haixix, i moltes altres coses –tallà Brancion.
- Jo sóc un pobre drogat –replicà  Alain-. La droga és una rucada. Els drogats, els borratxos, som els parents pobres. En tot cas, ens esborrem molt de pressa. Es fa el que es pot.

(Pàg. 142)
El suïcidi és el recurs dels homes que tenen l’energia rosegada, rovellada per la quotidianitat. Han nascut per a l’acció, però l’han retardat. I l’acció es torna contra ells. El suïcidi és un acte, l’acte dels qui no han pogut acomplir-ne d’altres.

divendres, 11 de març de 2016

Los Caníbales - Álvaro Do Carvalhal




"(...) el más peligroso de los sentimientos, el amor caprichoso que, tal como sucede en la ebullición, provoca la agitación de las heces adormecidas en el profundo estercolero de las pasiones humanas."



Do Carvalhal, Álvaro. Los Caníbales. 
Madrid: Ardicia Editorial, 2014

Os Canibais. Traducció de Enrique Moya
Col·lecció Ardicia, 6



 Què en diu la contraportada...
Un espectro deambula por este relato: el de la aristocracia, esa clase distinguida que canibaliza a sus representantes y olvida que lo ha hecho apenas los ha fagocitado. Como escribió Pedro Serra en su revelador estudio sobre el libro, Los caníbales es «la alegoría de un cuerpo político victimizado por la Historia», devorado por la burguesía. Dentro de la maquinaria implacable del capital, en «una sociedad que literaliza sus discursos figurados», parece que ya no se pueda más que comer y ser comido.
Esta obra supone, por su modernidad, un caso impar dentro de la ficción portuguesa del siglo XIX. El narrador va desmantelando sistemáticamente la urdimbre del relato, generando así un irreverente antitexto repleto de humor negro. En un lenguaje paródico, entremetiéndose con habilidad entre el lector y la trama, desplaza con maestría el foco de atención: del misterioso vizconde a la infausta Margarida, y de esta, al controvertido don João. En 1988 el texto sirvió de base al premiado largometraje homónimo del director Manoel de Oliveira.

 Com comença...
Dijo la crítica por boca de Boileau:
Rien n’est beau que le vrai,
Y no pasó mucho tiempo antes de que las fábulas, arabescos exóticos y exageraciones, originarios principalmente de los tiempos heroicos, perdiesen toda la soberanía hasta entonces ejercida en la amplia esfera de las bellas letras. Los Prometeos, los Hércules, los Teseos y las Esfinges, si no desaparecieron convertidos en polvo, lanzados a los cuatro vientos, fue porque era necesario que se conservaran los patrones que debían guiar al filósofo a través de los laberintos del pasado. Por eso, ahí están firmes sobre sus pedestales de piedra, aunque deslumbrados por la luz fulgurante que solo procede de la verdad.

 Moments...
(Pàg. 21)
(...) cuanto más lejanas se ven las cosas, mayor dimensión adquieren al ser sopesadas por la imaginación, pródiga normalmente en oropeles y toda clase de frivolidades.

(Pàg. 34) 
Estaba pálida, le temblaban los labios y, en su pecho jadeante, sentía que se desbordaban pasiones desconocidas. Debe de sentirse así la mujer que, sin dudar, deshoja las aromáticas flores de la virginidad a los pies del elegido de su corazón.

(Pàg. 36)
-(...) ¿Vuestra Excelencia cree en la Providencia? En mi caso, he forzado tanto la vista en su busca que un día me desperté ciego. ¿Cómo voy a poder verla?

(Pàg. 43) 
(...) sentándose a su lado sin prevención alguna en la soledad de aquel lugar, se juró a sí misma, convencida del alto valor de sus seducciones, que descifraría en el alma de aquel hombre los secretos que con tanto escrúpulo ocultaba.

(Pàg. 55) 
Los vinos que se extraen de las uvas sazonadas en los lujuriosos viñedos de Quíos y de las pintorescas márgenes del Rin, junto con los deliciosos vinos de Oporto, Jerez y Madeira, corriendo por los vasos; las pedrerías, serpenteando entre los senos alabastrinos de las mujeres; las fragantes nubes desperdigadas hacia los techos: los anhelos de amor, inflamados por ojos humedecidos bajo el revoleteo de pecaminosos y turbios deseos; la alegría de la hermosa doncella, trémula por la ansiedad, que aguarda el momento en que pueda retorcerse  delirante entre los brazos del hombre que supo vencerla; toda esa bien avenida variedad que podría cumplir las aspiraciones celestiales de un buen mahometano, inflamó en el conmocionado espíritu de don Joáo todo lo extravagante que puede albergar una pesadilla en una noche de fiebre.
Corriendo de vaso en vaso entre borbotones de espuma, el burbujeante vino hería su inestable visión, como si fuera tiñéndola de sangre.
Y bebía con ansia, incansable. No obstante, cuanto más bebía, más crecía su sed.

(Pàg. 58)
(...) Con su desdén, exasperó la vanidad del muchacho y le insufló en su pecho, vacío de creencias, el más peligroso de los sentimientos, el amor caprichoso que, tal como sucede en la ebullición, provoca la agitación de las heces adormecidas en el profundo estercolero de las pasiones humanas. La envidia, el odio, la desesperación, la insania, la vanagloria, se precipitan en un remolino, cual satélites de aquel execrable y frívolo amo. De ahí a la locura es todo llano el sendero.

(Pàg.60) 
¿Cuál era su rumbo? ¿Cuál era su destino? Sumergió los ojos en las tinieblas del futuro y le pareció ver, como en un espejo nigromántico, las horas y los días, los años y los lustros, cayendo plácidamente los unos sobre los otros, monótonos, siempre iguales. AL final, se encontró, cuando menos lo esperaba, en el despertar de inmundas sensualidades, viejo y encanecido. Contemplaba fijamente el pasado y se admiraba de haber vivido. Era un triste sueño aquel. No distinguía una huella sobre la huidiza arena del camino que evidenciase su paso. Y se preguntaba, mientras se veía de veras despierto en la decrepitud, para qué vivir. Y pensaba en el suicidio.

(Pàg. 64)
En una noche fragante como aquella, en que la naturaleza se deshace en armonías, en que las auras susurran al besar las hojas de los árboles, en que las fuentes suspiran y las aves cantan; en una noche de amores, el recinto de una habitación resulta pequeño para dos almas que, fundidas en una, van a elevar los sacramentos de la sensualidad a los pies de la diosa del amor. No, las ventanas permanecerían abiertas.

 Altres n'han dit...
La antigua Biblos, Devaneos, Un libro al día, La vuelta al mundoEncuentros de lecturas, Ramón RozasSul Romanzo.

 Enllaços:
Álvaro do Carvalhal, plantejament clàssic, tractament innovador, la mise en abymeentre el fantàstic, la fantasia gòtica i el romanticisme, el dur treball del lector, el paper del narrador, hop! saltem al cel·luloïde.

 Llegeix-lo:
Portuguès (Epub, Mobi)

diumenge, 6 de març de 2016

Lulu - Mircea Cărtărescu




"(...) Para un ángel, la caída en el paraíso es tan triste como la caída en el infierno, porque el placer extremo quema y destruye tanto como la llama del azufre." 




Cărtărescu, Mircea. Lulu.
Madrid: Impedimenta, 2011

Travesti. Traducció de Marian Ochoa.
Col·lecció Panorama de Narrativas, 593



 Què en diu la contraportada...
Mircea Cărtărescu, eterno candidato a ser el primer premio Nobel en lengua rumana, está considerado uno de los grandes narradores europeos de la actualidad.
En Lulu (1994, Premio de la Unión de Escritores Rumanos, Premio ASPRO), Cartarescu despliega su versión de la figura del artista adolescente en la persona de Victor, un escritor asocial y torturado que parece sacado de una obra de Proust, y que vive obsesionado por Lulu, uno de sus compañeros de liceo que, disfrazado de mujer y aprovechando la fiesta de clausura de un campamento de verano en 1973, lo fuerza a un contacto sexual. Recluido en una villa de los Cárpatos, y ya convertido en un escritor de éxito, Victor intenta exorcizar a través de la escritura a los monstruos que devoran su alma. El juego del doble —encarnado en Victor, el escritor enfrentado a su «hermana gemela», la niña amputada—, de larga tradición en la literatura moderna, alcanza en Lulu una dimensión que hace de esta novela una auténtica obra maestra.

 Com comença...
Amigo, ¿cómo voy a luchar contra mi quimera? Querido compañero, tú, el único para quien escribo, para quien he escrito siempre, ¿cómo voy a escapar de ese carmín que se extiende por mi vida como en el espejo de un lavabo y que no desaparece con nada, bien al contrario, que está cada vez más seco, más sucio y más diluido?

 Moments...
(Pàg. 18)
La soledad lleva en su seno la semilla de la locura, incluso aunque hayas vivido toda la vida así, incluso aunque te hayas adaptado a la soledad y a la frustación.

(Pàg. 24) 
Si la escritura es, como dicen, una terapia, si puede curar, debería poder hacerlo ahora. Voy a emborronar una página tras otra, voy a utilizar las hojas como vendas impregnadas no de tinta, sino de lo que mi vieja herida supura. Quizá, finalmente, todo se empape en ellas y, a medida que se vuelvan más y más purulentas, más burbujeantes, yo mismo me vaya vaciando de veneno.

(Pàg. 26)
(...) más allá de sus pijoterías de niños mimados, no eran más que unos eternos críos, amorfos y trastornados por un diluvio hormonal, del que acabarían saliendo, en una cinta transportadora, los ingenieros, economistas y chóferes de camiones cisterna, todos serios y responsables, de más adelante. Mientras que de mí no iba a salir nada, aunque yo imaginaba ser el producto final y absoluto de la humanidad. Yo era un hombre del espíritu, ellos lo eran de la carne: yo era el que leía y el que iba a escribir el texto llamado a sustituir el mundo, ellos los que, felices y cretinos, vivían como unas simples plantas.

(Pàg. 38)
(...) yo no debía gastarme en ritos sexuales porque tenía que llegar a ser un escritor, tenía que vivir intensamente mi infelicidad, me esperaba una buhardilla con una silla, una mesa, una cama para leer ciento cincuenta libros al año. Para los treinta años tenía que ser todo o nada. El precio era –lo sabía y rumiaba esa idea durante horas y horas- la monstruosidad.

(Pàg. 46)
(...) me había olvidado del aburrimiento, de la mediocridad sin salida de mi vida bucarestina. Del mundo literario, de los contratos con el ISIS, de los morros de Delia, del pánico ante la idea de que tengo que escribir de vez en cuando otro libro... En este Zauberberg, en esta villa perdida en la soledad como un cráneo blanqueado por las lluvias y las nieves, envuelto en la paz de los bosques, deja de existir el mundo con sus verdades ramificadas en una red horizontal e ilusoria. A solas en esta habitación caldeada, puedes por fin descender a tu mundo, a tu verdad, a todo lo profundo y enigmático que hay en ti, si es que eres capaz de aceptar con el mismo valor lo abyecto y lo sublime, el desastre y la redención, al arcángel y al tarado...

(Pàg. 52) 
(...) el paraíso me pareció una locura tan terrible como el infierno. Nunca los había enfrentado entre sí, al contrario, sabía que tanto el infierno como el paraíso eran aliados y que luchaban juntos en la destrucción del ser, que el país de la tortura y el país del placer eran vecinos en las regiones inferiores de la mente, similares a la oscura zona ano-genital, debajo del laberinto intestinal. Para un ángel, la caída en el paraíso es tan triste como la caída en el infierno, porque el placer extremo quema y destruye tanto como la llama del azufre.

(Pàg. 53)
Orientalismos, marihuana, música rock, todo el cóctel penetraba lentamente entre nosotros, tiñendo de colores vivos la maravillosa indiferencia de la juventud.

(Pàg. 62)
Pocos iban a conocer, a través del sufrimiento, a través de la frustración, a través del rechazo orgulloso de la trampa pubiana, la verdadera existencia, la tortura de la lucidez. Los demás vivirán, amarán, tendrán hijos y morirán sin enterarse de que además de su imbécil felicidad, en este mundo existen otras cosas. Aceptaba mi maldición con odio, vergüenza y sarcasmo. Respiraba, casi mareado por el sufrimiento, el aire frío y oscuro. Me dolía la cabeza, sentía mi sexo húmedo entre los muslos. De todos modos, ¿por qué tenía que sufrir tanto? ¿Por qué tenía que amar y desear tanto eso mismo que despreciaba?

(Pàg. 77)
Todas las mujeres desnudas resultan bellas en la penumbra azulada de las noches de invierno, todas tienen algo serio y cautivador...

(Pàg. 94)
Soñaba que tenía pechos y vulva, era todo: hombre y mujer, niño y anciano, gusano y Dios, todo ello envuelto en una fiebre perturbadora. Pero, aunque era todo... ¡cuánta frustración! ¡Cuánto fiasco! ¡Cuánta locura! ¡Cuánta nostalgia!

(Pàg. 101)
Encerrado en esta minúscula habitación, arranco este texto de la carne de mi mente como si me extirpara yo solo, ante el espejo, un tumor monstruoso. Siento aquí un trauma antiguo, engañoso, escondido bajo miles de capas de piel, cegador como la perla entre las lenguas de la ostra. Cuanto más me ensaño con él, más me espanta la idea de que no corto un tumor, sino un órgano vital, como si el texto fuera mi verdadera vida y yo mismo, tan solo una ilusión.

(Pàg. 107)
Todo estaba podrido en aquella mansión de adobe, Ratas, cucarachas y tijeretas habían excavado millones de galerías y poros en la madera y en el estuco. Los rostros de los querubines estaban devorados por la lepra y el escrofulismo. Las ánforas del fondo de las escaleras estaban tan tristes, tan ajadas, tan mohosas, que no podían contener más que las momias polvorientas de unos cuerpos muertos cientos de años atrás. ¡La mansión de la podredumbre! La corriente de los pasillos solo podía ser el tiempo congelado, el tiempo amarillento de los ocasos invernales. Incluso la pintura de los cuadros de las paredes, que representaban las escenas enigmáticas de algún libro sagrado, estaba agusanada y se transmutaba lentamente en asfalto.

(Pàg. 150)
Hay que mirar el drama cara a cara, aunque sea solo por un instante. Luego la hemorragia puede irrumpir en los subterráneos de la mente, puede rebosar por las encías y la nariz y caer sobre estas hojas, empaparlas y transformarse en el quinto humor, el jugo azul de la tinta. Me encontrarán como siempre he querido : putrefacto desde tiempo atrás, con la cabeza derrumbada sobre mi manuscrito, pegado a él, uno con él... Él, carne de mi carne; yo, texto de su texto...

(Pàg. 156)
(...) he querido verte una vez más, Víctor. He ido al baño y te he contemplado de nuevo, como he hecho a lo largo de toda la semana. El rostro seco y moreno, tus ojos atentos y serios. El eterno ocaso que rodea tu cabeza como un aura. ¿Permanecerás siempre junto a mí? ¿O vas a partir, tal y como todos los adolescentes abandonan a los que se diluyen, lentamente, en la madurez?

 Altres n'han dit...
El blog de lahierbaroja, Mi estantería, El mar de letras, Heroínas Díscolas, Con L mayúscula.

 Enllaços:
Mircea Cărtărescu, text extrem, què hi ha de Borges, Kafka i Poe?, sobre l'obsessió i la pèrdua de la innocència, escriptor proliferant, l'escriptor amb dos cares, el mite de l'androgin.



divendres, 4 de març de 2016

La germana petita - Raymond Chandler


 "¿Per què? ¿Per qui arrisco el coll aquesta vegada? ¿Per una noia rossa que te els ulls sexys i massa claus a la butxaca?"


Chandler, Raymond. La germana petita. 
Barcelona: Edicions 62, 2000

The Little Sister. Traducció de Rosa Maria Borràs i Lluís Delgado.
Col·lecció Èxits 62, 23



 Què en diu la contraportada...
Darrera del vidre translúcid amb les lletres negres mig desenganxades que diuen “Philip Marlowe. Investigacions”, hi ha el famós detectiu, mort de fàstic, intentant matar una mosca que voleia emprenyadora pel despatx. Però una telefonada trenca l’avorriment : Orfamay Quest està preocupada pel seu germà Orrin, que fa uns quants mesos que no dóna senyals de vida. L’Orrin s’allotjava en una pensió barata de Bay City, però segons el vigilant, un borratxo que l’únic que desitja és un bon glop de ginebra, se n’ha anat qui sap on. ¿És mort?, ¿l’han atropellat i ha perdut la memòria?, ¿ha fugit?...
Una estrella de Hollywood, el seu germà xantatgista, agents de policia, prostitutes, directius d’estudis de cinema i, sobretot, una fotografia molt compromesa, són les coses que Philip Marlowe, que lluita en solitari contra el delicte i la corrupció, trobarà al llarg de les seves investigacions. En La germana petita, Raymond Chandler, autor cèlebre de la novel·la negra, ens endinsarà en l’entramat de la societat del Hollywood més corrupte.

 Com comença...
Damunt el vidre translúcid de la porta hi ha retolat en lletres negres mig desenganxades: “Philip Marlowe. Investigacions.” És la porta, no del tot llastimosa, que hi ha al final del corredor, no del tot llastimós, d’un edifici d’aquells que devien ser nous quan els lavabos enrajolats es van convertir en el símbol de la civilització. És tancada, però al costat n’hi ha una altra d’oberta que llueix el mateix rètol. Passeu... Només hi ha una moscarda blava i jo mateix. Però això sí, si sou de Manhattan, Kansas, sisplau, quedeu-vos al carrer.

 Moments...
(Pàg. 31)
- (...) Investigador privat, ¿eh? –va dir pensarós-. ¿En quina mena de casos sol treballar?
- Faig qualsevol cosa que sigui raonablement honrada –vaig respondre.
Va assentir.
- De la paraula raonablement se’n pot treure molt de suc. I d’honrada, també.

(Pàg. 40) 
- (...) La seva manera de parlar no és gaire agradable –va replicar.
- Jo no dic mai res agradable. No sóc agradable. De totes maneres, vostè no pot trobar agradable nngú que hagi llegit menys de tres llibres d’oracions (...).

(Pàg. 49)
Hi ha dies així. Tothom que et trobes està podrit, i tu et mires al mirall i et comences a preguntar una pila de coses.

(Pàg. 80) 
Homes cansats al volant d’un sedan o d’un cupè ple de pols, feien ganyotes, s’aferraven al volant i s’obrien camí cap al nord o cap a l’oest per anar a casa a sopar i passar el vespre amb les pàgines d’esports del diari, la xerradissa de la ràdio, els plors del fills malcriats i la xerrameca estúpida de les seves dones. Vaig deixar enrere neons cridaners i les falses façanes del seu darrere; hamburgueseries sòrdides i il·luminades per tot de llums de colors que semblaven palaus; restaurants on t’atenen al cotxe i que semblen circs, amb els seus cambrers alegres de mirada dura, uns taulells resplendents i  les cuines greixoses i amarades de suor, on un gripau havia mort enverinat.

(Pàg. 82) 
¿Per què? ¿Per qui arrisco el coll aquesta vegada? ¿Per una noia rossa que te els ulls sexys i massa claus a la butxaca? ¿Per una noia de Manhattan, Kansas? No ho sé pas. Només sé que alguna cosa no encaixa i la meva intuïció vella i cansada, però sempre fiable, em diu que si es juga la partida amb aquestes cartes, la perdrà la persona equivocada. Però, ¿és cosa meva? De fet, ¿què és cosa meva? ¿Ho sé? ¿Ho he sabut mai? Deixem-ho córrer. Aquesta nit no ets humà, Marlowe. Potser no ho estat mai ni tampoc no ho arribaré a ser mai. Potser sóc un ectoplasma amb llicència de detectiu. Potser tots ens sentim així en aquest món de penombres on sempre passa el que no toca i mai no passa el que ha de passar.

(Pàg. 135) 
Vaig obrir la porta del despatx i a dins vaig trobar el mateix aire mort, la mateixa pols damunt el vernís i les mateixes promeses oblidades de fer una vida ordenada.

(Pàg.143) 
- (...) He tractat alguns drogoaddictes –va dir-. ¿Quin metge no n’ha tractat? Però són una completa pèrdua de temps.
- Alguns es curen.
- Se’ls pot privar de la droga i, després de fer-los patir terriblement, es pot aconseguir que visquin sense droga, però això no és curar-los, amic meu. No és curar-los perquè no els extirpem els defectes que els van dur a convertir-se en addictes. El que es fa és convertir-los en gent mandrosa i negativa que s’asseuen a prendre el sol i es passen el dia gandulejant fins que es moren de pur avorriment o de gana.

(Pàg. 145)
- (...) Estic acabat. Acabat del tot.  Però hi ha un perfum salvatge a l’aire, aquesta tarda. Res de tot això no m’importa. Potser m’he enamorat, perquè res no sembla importar-me.
- ¿Que ha begut? –va preguntar lentament.
- Només Chanel número 5, petons, el tènue reflex d’unes cames adorables i la invitació foteta d’uns ulls blaus i profunds. Coses així d’inofensives.
- Les dones poden estovar increïblement un home, ¿oi?- va sentenciar més trist que mai.

(Pàg. 159)
- (...) ¿T’agradaria ficar-te al llit amb mi?
- A la majoria d’homes els agradaria, però deixem estar el sexe, de moment.
- No crec que hi hagi cap frontera clara entre el sexe i els negocis –va dir amb calma-. I no et pensis que em pots humiliar. El sexe és una xarxa que faig servir per pescar idiotes(...).

(Pàg. 161)
- (...) Amor és una paraula tan insípida...-va meditar-. És sorprenent que laa nostra llengua, tan rica en poesia amorosa, pugui acceptar un mot tan feble per designar—lo. No  té vida ni ressons. Em fa pensar en noietes amb vestidets de volants, de somriures rosats, veuetes tímides i, segurament, la roba interior totalment indecorosa.

(Pàg. 176)
Tots dos policies tenien l’expressió madura i serena de dos homes sans en bona forma física i els ulls que sempre fan els polis: ennuvolats i grisos com l’aigua quan es congela. Feien una boca molt inexpressiva i tenien unes arruguetes profundes marcades al costat dels ulls, que acompanyaven una mirada igualment profunda i buida, sense cap significat aparent, que no era ben bé cruel, però que no era ni de bon tros amables. Vestien sense estil, i amb una certa mala gana, vestits de confecció de colors tristos. Tenien l’aspecte habituals dels homes pobres, però que, malgrat tot, estan orgullosos del seu poder i busquen com fer que percebis que són poderosos, maneres de  fregar-te la seva autoritat per la cara, d’exhibir-la i somriure mentre veuen com et retorces, despietats però sense malícia, cruels i, sovint, mal educats. ¿Com volíeu que fossin? La civilització no tenia cap sentit per a ells. Només en veien els errors, la brutícia, els excrements, les aberracions, la cara més fastigosa del progrés.

(Pàg. 220)
S’hi entra per portes de doble batent, i després hi ha un taulell que serveix a la vegada de centraleta i de taulell d’informació, i darrere hi seu una de les moltes dones sense edat que s poden veure als despatxos municipals de tot el món, dones que no han esta mai joves i que no seran mai velles. No són gens guapes, ni encantadores, ni tenen estil, però tampoc no han d’agradar a ningú. Només cal que siguin de confiança. Són persones cíviques, tot i que no gaire educades, i intel·ligents i ben informades, tot i que en el fons res no els interessa de debò. Són allò en què es converteixen els éssers humans quan canvien la vida per l’existència i l’ambició per la seguretat.

 Altres n'han dit...
Espacions en blanco, La audacia de Aquiles, Falsaria, Por si acaso: preveniendo desastresHilario Peña. Tipping my Fedora.

 Enllaços:
Raymond Chandler, analíticareminiscències i ressentiments, el cinema com animal de companyia, 10 motius per seguir-ne la pista, la desafecció de Marlowe, who killed whom?, Philip Marlowe,
Bay City.

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