divendres, 24 de juny de 2011

El libro de arena - Jorge Luis Borges


Borges, Jorge Luis. El libro de arena.
Madrid:  Alianza Editorial, 1997







Col·lecció Biblioteca de autor


>> Què en diu la contraportada...
“He querido ser fiel, en estos ejercicios de ciego –dijo en una ocasión Jorge Luis Borges refiriéndose a los relatos incluidos en El libro de arena-, al ejemplo de Wells: la conjugación del estilo llano, a veces casi oral, y de un argumento imposible.” El propio autor reconoce la singularidad de uno de estos relatos: “Si de todos mis textos tuviera que rescatar uno solo, rescataría, creo, “El Congreso”, que es a la vez el más autobiográfico (el que prodiga más los recuerdos) y el más fantástico”.


>> Com comença...
El hecho ocurrió en el mes de febrero de 1969, al norte de Boston, en Cambridge. No lo escribí inmediatamente porque mi primer propósito fue olvidarlo, para no perder la razón. Ahora, en 1972, pienso que si lo escribo, los otros lo leerán como un cuento y, con los años, lo será tal vez para mí.
(El otro)

>> Moments...
(Pàg. 10)
- (...) Si esta mañana y este encuentro son sueños, cada uno de los dos tiene que pensar que el soñador es él. Tal vez dejemos de soñar, tal vez no. Nuestra evidente obligación, mientras tanto, es aceptar el sueño, como hemos aceptado el universo y haber sido engendrados y mirar con los ojos y respirar.
- ¿Y si el sueño durara? –dijo con ansiedad.
Para tranquilizarlo y tranquilizarme, fingí un aplomo que ciertamente no sentía. Le dije:
- Mi sueño ha durado ya setenta años. Al fin y al cabo, al recordarse, no hay persona que no se encuentre consigo misma.(...)
(El otro)

(Pàg. 27)
Mi nombre es Alejandro Ferri. Ecos marciales hay en él, pero ni los metales de la gloria ni la gran sombra del macedonio –la frase es del autor de Los mármoles, cuya amistad me honró- se parecen al modesto hombre gris que hilvana estas líneas, en el piso alto de un hotel de la calle Santiago del Estero, en un Sur que ya no es el Sur. En cualquier momento habré cumplido setenta y tantos años; sigo dictando clases de inglés a pocos alumnos. Por indecisión o por negligencia o por otras razones, no me casé, y ahora estoy solo. No me duele la soledad; bastante esfuerzo es tolerarse a uno mismo y a sus manías.
(El Congreso)

(Pàg. 30)
No me abochorna haber querido ser periodista, rutina que ahora me parece trivial. Recuerdo haberle oído decir a Fernández Irala, mi colega, que el periodista escribe para el olvido y que su anhelo era escribir para la memoria y el tiempo.
(El Congreso)

(Pàg. 47)
(...) Beatriz no quiso ver el barco; la despedida, a su entender, era un énfasis, una insensata fiesta de la desdicha, y ella detestaba los énfasis. Nos dijimos adiós en la biblioteca donde nos conocimos en otro invierno. Soy un hombre cobarde; no le dejé mi dirección, para eludir la angustia de esperar cartas.
(El Congreso)

(Pàg. 62)
Repetidas veces me dije que no hay otro enigma que el tiempo, esa infinita urdimbre del ayer, del hoy, del porvenir, del siempre y del nunca.
(There are more things)

(Pàg. 69)
Era preciso que las cosas fueran inolvidables. No bastaba la muerte de un ser humano por el hierro o por la cicuta para herir la imaginación de los hombres hasta el fin de los días. El Señor dispuso los hechos de manera patética. Tal es la explicación de la última cena, de las palabras de Jesús que presagian la entrega, de la repetida señal a uno de los discípulos, de la bendición del pan y del vino, de los juramentos de Pedro, de la solitaria vigilia en Gethsemaní, del sueño de los doce, de la plegaria humana del Hijo, del sudor como sangre, de las espadas, del beso que traiciona, de Pilato que se lava las manos, de la flagelación, del escarnio, de las espinas, de la púrpura y del cetro de caña, del vinagre con hiel, de la Cruz en lo alto de una colina, de la promesa al buen ladrón, de la tierra que tiembla y de las tinieblas.
(La secta de los Treinta)

(Pàg. 100)
El planeta estaba poblado de espectros colectivos, el Canadá, el Brasil, el Congo Suizo y el Mercado Común. Casi nadie sabía la historia previa de esos entes platónicos, pero sí los más ínfimos pormenores del último congreso de pedagogos, la inminente ruptura de relaciones y los mensajes que los presidentes mandaban, elaborados por el secretario del secretario con la prudente imprecisión que era propia del género.
Todo esto se leía para el olvido, porque a las pocas horas lo borrarían otras trivialidades. De todas las funciones, la del político era sin duda la más pública. Un embajador o un ministro era una suerte de lisiado que era preciso trasladar en largos y ruidosos vehículos, cercado de ciclistas y granaderos y aguardado por ansiosos fotógrafos. Parece que les hubieran cortado los pies, solía decir mi madre. Las imágenes y la letra impresa eran más reales que las cosas. Sólo lo publicado era verdadero. Esse est percipi (ser es ser retratado) era el principio, el medio y el fin de nuestro singular concepto del mundo.
(Utopía de un hombre que está cansado)

(Pàg. 102)
- Cumplidos los cien años, el individuo puede prescindir del amor y de la amistad. Los males y la muerte involuntaria no lo amenazan. Ejerce alguna de las artes, la filosofía, las matemáticas o juega un ajedrez solitario. Cuando quiere se mata. Dueño el hombre de su vida, lo es también de su muerte.
- ¿Se trata de una cita? –le pregunté.
- Seguramente. Ya no nos quedan más que citas. La lengua es un sistema de citas.
(Utopía de un hombre que está cansado)

(Pàg. 117)
(...) Contaba poco más de veinte años; era flaco y moreno, más bien bajo y tal vez algo torpe. La cara habría sido casi anónima, si no la hubieran rescatado los ojos, a la vez dormidos y enérgicos.
(Avelino Arredondo)





>> Altres n'han dit...
Terra de Llibres, A cop d'ull, Anika entre librosWakan,

>> Enllaços:

diumenge, 12 de juny de 2011

Flora Poste y los artistas - Stella Gibbons


Gibbons, Stella. Flora Poste y los artistas.
Madrid: Impedimenta, 2011







Conference at Cold Comfort Farm
Traducció de José C. Vales



>> Què en diu la contraportada...
Dieciséis años después de haber puesto el pie por última vez en el pintoresco pueblo de Howling, Flora Poste, la díscola y encantadora protagonista de La hija de Robert Poste, vuelve a la carga para socorrer a los atribulados Starkadder, propietarios de la granja de Cold Comfort Farm. La finca ha sido rehabilitada como un museo decorado en falso estilo rústico inglés, y se convierte en el lugar de celebración de una conferencia del Grupo de Expertos Internacionales, entre los que se cuentan inefables pintores, escultores insufribles, excéntricos sabios orientales, y toda una plétora de intelectuales fastidiosos cuya máxima obsesión es dejar pasmados a los lugareños.

Tras el formidable éxito de La hija de Robert Poste, Stella Gibbons nos deleita con una sátira sobre el estirado establishment artístico inglés. Humor inteligente con un delicioso aroma rústico, que nada tiene que envidiarle a su antecesora en cuanto a descaro y afán de sátira.


>> Com comença...
Una soleada mañana, en plena Segunda Edad Oscura, Flora y Charles Fairford se encontraban sentados desayunando con su familia en la rectoría, con vistas a Regent’s Park, en Londres, donde habían vivido desde que Charles obtuviera su plaza, unos tres años atrás. Flora, como probablemente se recordará, era la famosa Flora Poste, alabada en su momento por la rectitud de su nariz y la eficacia de sus trabajos de orden y aseo en la granja de Cold Comfort , en Sussex. La nariz seguía conservando su elegancia clásica; respecto a otros trabajos, ese era un asunto en el que Flora rara vez pensaba ya, puesto que tenía cinco hijos y no disponúa ya de tiempo para nada. El correo acababa de llegar y la familia se afanaba en la lectura de cartas.

>> Moments...
(Pàg. 68)
- (...) ¿Dónde quedó nuestro orgullo de hombres, el que tú nos mostraste que debíamos mantener en tanto la pobre tierra pudiera darnos medio acre de pan y un plato de sopa de codillo para cenar? ¿No habrán caído maldiciones como grajos sobre esta casa para pudrir las ubres y los graneros? Pues vaya que sí que habrán caído, y bien empleado que nos está, pensarás, y tendrás razón. ¿Y qué dices de cómo está Cold Comfort ahora, hija de Robert Poste, o Flora Fairford, como dices que te llamas ahora? ¿O es que acaso esperabas encontrártela así? ¿No te parece que lo han hecho todo un vilipendio y que más bien parece una cataplasma en los bonitos praderíos de Mockuncle Hill? ¡Andam dilo, dilo con toda franquicia!

(Pàg. 93)
- (...) Los consumidores no pueden vivir sin nutrición, sin empleo o sin domicilio, ¡pero pueden funcionar eternamente sin amor! Y otro tanto se puede decir del arte, de la belleza, de la naturaleza (excepto cuando la naturaleza, obviamente, resulte de alguna utilidad para los consumidores), de la religión, y de todo ese tipo de zarandajas por el estilo. Ese tipo de cosas son muy bonitas, sin duda. Muy agradables, sin duda. ¡Muy útiles, en algunos casos, sin duda! Podrían utilizar-se en campañas de publicidad... pero, damas y caballeros, ¡ NO SON FUNDAMENTALES!

(Pàg. 105)
- Mamá lee poemas –dijo Peregrine con atrevimiento.
- Unos poemas terribles, además –dijo Torquil.
- Todos los poemas son terribles... –murmuró Hereward, que también se había dado a las efusiones líricas y que por eso era el favorito de su madre.

(Pàg. 108)
(...) El lugar se convirtió en el emplazamiento en el que los intelectuales se cansaron de sus propios libertinajes y de sus banquetes de inteligencia y de sus elevaciones de espíritu, y comenzaron a sacar con aire contrito el té y los arenques fritos que les habían preparado gentes que no eran intelectuales.

(Pàg. 134)
Muy pronto a Flora se le hizo evidente que algo no marchaba bien en el carromato. Al parecer, sus ocupantes se habían enzarzado en algún tipo de trifulca. Los brazos manoteaban en el aire, en la distancia vislumbró algún que otro rostro amoratado, y a los oídos de Flora llegaban fragmentos de frases sueltas y airadas...”¡Heidegger!”, “...angustia...”, “l’homme est ce qu’il faut”, “wahl!”, “el hombre común...”, “¡el ID!”. Los físicos, algunos de los cuales iban colgando precariamente de los flancos del carromato, sobrepasados por una sensación de irrealidad ante la percepción de todos los fenómenos naturales (e incluso por al sensación de irrealidad del sentido visual que les permitía percibirlos, si es que eso era posible) que con frecuencia los sumía en violentos ataques de histeria, proferían una avalancha de ininteligibles símbolos.(...)

(Pàg. 174)
- (...) Codificarían sus ventajas. Codificarían sus inconvenientes. Y luego, diseñarían un proyecto.
- Tendría que ser uno muy bueno...
- Por supuesto que sería un proyecto imponente –dijo el señor Claud Hubris-.Vaya, incluso yo mismo, mientras estoy aquí sentado, sin la ayuda de ningún asesor de Instalaciones y Servicios, podría diseñar un plan de lo más brillante. De salida, cementaría las paredes de los acantilados. Construiría un mirador. Pondría una línea de autobuses para traer a la gente y que viera a todos esos desdichados hundirse en las arenas movedizas y ahogarse en los pantanos. Congregaríamos a miles de turistas... si no le parece a usted mal, claro.
- ¿Y cómo conseguiría que la gente se hundiera en las arenas movedizas?- preguntó Flora, con gesto fascinado.
-Venderíamos entradas. Tengo un acuerdo con la Sociedad para el Fomento de la Eutanasia. Le daría a usted el ocho y medio por ciento de los beneficios brutos. Además, vendríamos entradas para que los sádicos tirasen a los suicidas por los acantilados, y también para que los masoquistas se ahogasen en las arenas movedizas, si así lo desean. Bah, venderíamos montones de entradas sin despeinarnos. (...)


dimecres, 1 de juny de 2011

L'home que dormia al cotxe - Nil Barral


Barral, Nil. L’home que dormia al cotxe
Barcelona: Ara, 2011





Col·lecció Amsterdam Llibres





>> Què en diu la contraportada...
Li agrada la música clàssica, el whisky de malt i dormir abraçat al seu estimat Nèstor. I, per damunt de tot, resoldre misteris...Nil Barral es dedica avui a les assegurances, però no pot deixar enrere el seu passat de perdiguer. Per què l’Elisenda Moura, una modesta professora de costura, va continuar pagant durant quatre anys l’assegurança de vida del seu exmarit, que des que es van separar vivia en un Volkswagen Passat TDI? Per què van assassinar-lo dins el seu cotxe? I, el més important: la companyia d’assegurances pot estalviar-se d’alguna manera haver de pagar la prima a la senyora Moura? Una oportunitat d’or perquè Nil Barral exerciti els seus dots d’investigador... amb l’ajut de la càustica i eficient secretària Rita.

>> Com comença...
En Nèstor m’espera despert, malgrat l’hora que és. Ell sempre va en calçotets per casa, excepte les poques vegades que té fred; aleshores es posa un vell barnús blau, obert, que li dóna un aire de jove-vell, com si fos un d’aquells antics apotecaris que treballen amb guardapols i et miren per sobre d’unes ulleres brutes.

>> Moments...
(Pàg. 8)
- (...) Les mares tenen l’obligació de patir. Va en el pack de la maternitat. Si no pateixen, se senten negligents. És per això que és tan difícil ser fill.
- Hi ha un manament que obliga els fills: senyal que no és natural que els fills sentin cap mena d’amor, de devoció o de solidaritat envers als pares:

(Pàg. 23)
Era, en efecte, una dona passablement bonica però gastada. Li sobraven deu quilos, i en aquest tema jo hi entenc. Té aquella cosa que se’ls posa a sobre a algunes dones que diu a crits: retirada de la vida sexual. I ningú se li acosta. Algunes estan amargades i no en saben el motiu.

(Pàg. 32)
“[...] Mai tan feliç. No tenir res. No aspirar a res. No suportar cap lligam: és el paradís.(...)”

(Pàg. 40)
(...) Dubto que els homes de l’Orozco hagin fet una feina acurada. Aquesta mena de casos els fan mandra. Si saltés a la premsa, correrien com conills, amunt i avall. Si no, s’hi remenen amb calma. Així és la vida. Com un metge davant d’un pacient que té una malaltia lleu i no és ningú; ara, si és Andreu Buenafuente o Joel Joan o, millor, Woody Allen rodant una pel·lícula a Barcelona, o George Clooney rodant-hi un anunci, aleshores vinga a remenar aparells i fer proves. I, si pot ser, posen per a la foto dels diaris amb la bata posada i cara de saber el que diuen.

(Pàg. 50)
(...) per veure aquesta ballarina prodigiosa, quantes fàbriques calen? La fusteria de l’escenari, els teixits del vestit, la indústria de l’espectacle, els focus... Perquè soni un alat violí de Mozart calen empreses, malvats empresaris i treballadors ensonyats, i per llegir un poema de Joan Margarit, cal paper i un editor que cobra una subvenció, i llibreters i escoles caríssimes (les més modestes també són caríssimes). I cada eteri plat de Ferran Adrià vol dir molta maquinària, molta escarida matèria primera i moltes hores invertides. Cada guspira que brilla en un escenari vol dir indústria, i especuladors i militars mercenaris. Tu, Fèlix, l’escriptor de llibretes, si tenies una apendicitis, no hauries corregut a un hospital, on els meus impostos paguen metges, instrumental i fàrmacs? Cada minúscula lluentor d’art i de refinament descansa sobre un mar de merda. Alguns viuen amb la merda fins a les orelles i d’altres, com el meu Nèstor, només s’embruten la sola de les sabates. Tu, Fèlix, sense saber-ho, trepitjaves quilos de merda cada dia. I tu en deies ascetisme.

(Pàg. 80)
L’FNAC era lluminós, modern, lluent, dinàmic. Un aparador d’opulència i de consumisme. És agradable saber que vius en el tros de planeta en què hi ha aquestes coses, i piles d’instruments inútils i bonics, i biblioteques i teatres d’òpera i restaurants més cars que el salari mínim d’una família, i coses prodigioses que et fan la vida tan fàcil que de vegades penses si val la pena viure-la: que visqui sola!

(Pàg. 137)
La vida, quan no mires el terra, ple de merda, i enceles els ulls, és de vegades força gratificant. Tinc la sospita, en aquests moments, de si la felicitat, o almenys una petita dosi, minúscula potser, no és tan utòpica com diuen els depressius.

>> Altres n'han dit...
Llegir en cas d'incendi, Un altre invent, El blog petit,Tumateix llibres

> Enllaços:
Nil Barral, lladres i serenos nostrats, pulp gay en català?vida ascètica o contestatària?, el cau més negre de la ciutat.