dijous, 28 de gener de 2016

Relámpagos - Jean Echenoz



"Cuán fatigoso resulta estar siempre en el interior de sí mismo, ver siempre el mundo desde ese envoltorio en que se halla uno encerrado"



Echenoz, Jean. Relámpagos 
Barcelona: Anagrama, 2012

Des éclairs. Traducció de Javier Albiñana
Col·lecció Panorama de Narrativas, 800




 Què en diu la contraportada...
Gregor ha inventado y descubierto todo lo que va a ser útil durante los próximos siglos: la transferencia inalámbrica de energía eléctrica mediante ondas electromagnéticas, la corriente alterna, la bombilla sin filamento y la radio, entre otras cosas. Pero, ¡ay!, tiene dificultades con sus asuntos personales, quizá porque la ciencia le interesa mucho más que el beneficio. Aprovechándose de este rasgo de su carácter, otros científicos acabarán robándoselo todo. Y a Gregor, como única distracción, y ocupación, sólo le quedará la compañía de los relámpagos y el teatro de los pájaros.
Aunque basada en la vida, obras y destino del ingeniero Nikola Tesla (1856-1943) y en los cuentos que inspiró, ésta es una ficción sin pretensiones biográficas.

 Com comença...
Uno prefiere saber cuándo nació, en la medida de lo posible. Estar al tanto del instante numérico en que todo arranca, en que la trama comienza con el aire, la luz, la perspectiva, las noches y los sinsabores, los placeres y los días. Ello permite disponer de un primer punto de referencia, de una señal escrita, de un número útil para los cumpleaños.

 Moments...
(Pàg. 12)
A Gregor no se le ocurrirá nunca perfeccionar una cerradura, mejorar un abrelatas o reparar un encendedor de gas. Cuando le vienen las ideas a la cabeza, surgen raudas de arriba, de muy arriba, de la inmensidad cósmica y el interés universal.

(Pàg. 68) 
(...) los demás se apoderarán discretamente de sus ideas, mientras que él se pasará la vida en ebullición. Pero no se reduce todo a hacer hervir, después es preciso decantar, filtrar, secar, triturar, moler y analizar. Cuenta, pesa, separa. Gregor nunca tiene tiempo para dedicarse a todo eso.

(Pàg. 75)
Una quincena de personas conversan entre sí aunque vueltas sobre todo hacia Gregor, que atrae por sí solo la atención general, aun siendo su arte de agradar contradictorio: tan vivo y brillante, incluso agitado, como sobrio y reservado, incluso cortante, o sombrío y misterioso, incluso abstruso, capaz de seducir a todo el mundo pero viviendo solo, atrae a las personas más diversas, hombres y mujeres por igual.

(Pàg. 78) 
Cuán fatigoso resulta estar siempre en el interior de sí mismo, ver siempre el mundo desde ese envoltorio en que se halla uno encerrado. Y no poder mostrar de sí mismo a ese mundo más que un exterior maquillado sobre la marcha mediante espejos. Pocas ganas de hacer nada, de pronto. Pequeño acceso de tristeza.

(Pàg.105) 
Gregor anda por los cincuenta y cinco años. Nunca se percata uno de lo rápido que pasa todo, siendo así que los días se hacen larguísimos y las tardes se eternizan. De pronto se ve uno de mediana edad sin entender muy bien cómo ha sido, aunque, como Gregor, se consulte de continuo el reloj, y aunque éste tan sólo proporcione una idea imperfecta, tendenciosa y en definitiva falsa del tiempo.

(Pàg. 121) 
La paloma, no obstante.
La paloma cobarde, bribona, sucia, insulsa, tonta, abúlica, vacía, vil, inane.
Nunca enternecedora, profundamente inafectiva, la paloma cochambrosa y su voz estúpida. Su vuelo de carraca. Su mirada sorda. Su absurdo picoteo. Su occipucio descerebrado sacudido por un lastimoso vaivén. Su vergonzosa indecisión, su sexualidad desoladora. Su vocación parasitaria, su ausencia de ambición, su crasa inutilidad.
Sin comparación con el gorrión, que posee su encanto, con el mirlo, que sabe modular la voz, con el cuervo, que no carece de prestancia, con la urraca, que es estilosa, peor que el carroñero, que al menos tiene una meta en la vida, con la sensualidad de una rata, la gracia de un tábano, menos elegante que un gusano, más gilipollas que el catoblepas.

 Altres n'han dit...
Un libro al día, Revista de Letras, Factor Crítico, Aburreovejas, El destilador cultural, 3% (University of Rochester)

 Enllaços:
Jean Echenoz, l'autor sobre la seva tríada biogràfica, l'autor sobre el motiul'autor sobre el llibre, ...i sobretot, que ningú és pensi que és una biografia!!!!, estilísticament parlantsobre la caiguda, l'oblit... en definitiva, el buit, recursos, Nikola Tesla, AC/DC, la lluita acarnissada, el perquè de tot plegat, les mancances, el factor Echenoz.



diumenge, 24 de gener de 2016

Autobiografías ajenas - Antonio Tabucchi




"A veces una sílaba puede contener un universo."





Tabucchi, Antonio. Autobiografías ajenas. Poéticas a posteriori. 
Barcelona: Anagrama, 2006

Autobiografie altrui. Traducció de Carlos Gumpert
Col·lecció Panorama de Narrativas, 636



 Què en diu la contraportada...
¿Qué sucede cuando la plenitud de una página escrita se convierte, a través de los ojos del lector, en el vació de aquella abstracción que llamamos experiencia? ¿Y si el lector en cuestión es el propio autor que, releyéndose, elabora sus interesantes “poéticas a posteriori”, por citar el subtítulo de esta obra?
En este caso aparece una obra intrigante sobre los meandros de la  escritura que se puede disfrutar en varios niveles: si ya hemos leído los libros de Tabucchi de los que se trata (Réquiem, Sostiene Pereira, La línea del horizonte, Dama de Porto Pim, Se está haciendo cada vez más tarde), podemos revisitar aquellas atmósferas a la luz de las nuevas sugerencias; si por el contrario no los hemos leídos, podemos aprovechar la ocasión para rellenar la laguna.
Autobiografías ajenas, que posee una autonomía propia que hace innecesario el conocimiento previo de las obras de Tabucchi, acoge entre sus páginas una heterogénea cantidad de personajes cuyo elenco figura en un singular “índice de nombres” que comprende, entre otros, a Baudelaire y Paolo Conte, a Heidegger e Imelda Marcos, a Montale y Andréa Ferréol; y no es un ensayo literario, a cuyas formas solamente se acerca sin hacerlas nunca propias, aunque para los entendidos este acercamiento sea de lo más provechoso y sugerente.
A quien le guste reflexionar sobre la vida, sobre la muerte, sobre el otro, sobre la ficción, sobre las pasiones, sobre la escritura, y también sobre el tiempo, sobre el destino, sobre el vacío y la plenitud, encontrará lo que busca en esta obra ágil y profunda, que transforma la íntima interlocución con uno mismo en un diestro artificio de reflejos y autoreflejos que a veces orienta y a veces desorienta y engaña como un laberinto de espejos o el más perfecto de los trompe d’oeil.

 Com comença...
“... numerosas misivas de lectores y lectoras, a propósito de Se está haciendo cada vez más tarde, según los cuales yo he contado su historia, porque se han reconocido en esta o aquella carta. Y hasta ahí, pase. Es inútil que te encomiendes a la llamada “autonomía del texto” o a ciertas ocurrencias geniales de Gadda: la literatura siempre será un espejo donde reconocerte, si te buscas o, sobre todo, si no te queda otra salida.

 Moments...
(Pàg. 29)
La historia de los sueños acompaña a la historia de los hombres. Desde que aprendió a relatarse, el hombre relata sus sueños, atribuyendo al hecho de soñar motivaciones distintas. La interpretación de las interpretaciones de la actividad de soñar podría constituir una interpretación de la civilización del hombre.

(Pàg. 30) 
(...) Y tanto si los sueños lo significan todo (Freud) como si no significan nada (Caillois, y ésta es también una interpretación), tanto si están hechos de materia vivida como de materia perteneciente a una dimensión “ajena”, es simplemente relatándolos como la literatura, con total libertad, los ha propuesto a sus oniromantes, es decir , a todos nosotros, a los lectores.

(Pàg. 35)
Al escribir mi sueño, me esforzaba por evitar, en la medida de lo posible, el control de mi superyó dejándome llevar a una escritura automática que procuraba sumir en la memoria, en el subconsciente. Fue una tarea que me empeñó en una especie de lucha conmigo mismo, en la que intentaba volver a hallar la dimensión onírica que evidentemente el estado de vigila me había hecho perder y que requiere una completa abstracción de la realidad circunstante.

(Pàg. 39) 
Voces. ¡Si fuera posible traducir en palabras las emociones que suscitaron en nosotros las voces de aquellos a quienes amamos en el curso de nuestras vidas! Y sin embargo las llevamos con nosotros, en lo más hondo de nosotros mismos, como un tesoro en un cofre que no puede ser mostrado a nadie, y del cual sólo nosotros poseemos la llave. El tío soltero que cortejaba a las muchachas, que cultivaba la literatura, que murió en un accidente y a quien oímos, aquel día, contar melancólicamente una desilusión amorosa; el abuelo rudo y tierno que, con un tono de revuelta aún no apagada y paradójicamente teñida de nostalgia, sin embargo, describía su trinchera de la Gran Guerra; la tía abuela ciclotímica, pródiga en sonidos alegres como los de un pinzón en determinadas estaciones y avara en otros momentos de palabras inertes que revelaban la grisura de su depresión. Ciertas voces, u otras más; voces de nuestra infancia o de la infancia de cualquiera.

(Pàg.44)  
Quién sabe si una novela escrita en una lengua que no es la nuestra puede nacer de una minúscula palabra que nos pertenece sólo a nosotros, y a nadie más. A veces una sílaba puede contener un universo.

(Pàg.49) 
El señor Pereira me visitó por primera vez una noche de septiembre de 1992. En aquella época no se llamaba todavía Pereira, no poseía trazos definidos. Era una presencia vaga, huidiza y difuminada, pero que deseaba ya ser protagonista de un libro: era sólo un personaje en busca de autor. No sé por qué me eligió precisamente a mí para ser narrado.

(Pàg. 80)
(...) comprendí que relatar significa extraer lo existente de lo no-existente, sugerir a la realidad lo que ésta debe hacer.

(Pàg. 97)
La música es una forma de escansión del tiempo que es audible y obedece a leyes matemáticas. Las matemáticas son misteriosas, nos lo dicen los filósofos presocráticos, no los dice la Cábala. También la vida está escandida por algo, y no sé bien por qué. Escandida por algo que en psicoanálisis podría llamarse “evento”, Los eventos acompasan nuestras vidas, pero no se sabe cuándo llegan ni de dónde vienen. La vida es una composición musical que ejecutamos acaso sin conocer la música. No tenemos partitura. La partitura sólo se comprende después, cuando la música ya ha sido interpretada.

(Pàg. 101)
Escribir, escribirse: la cuestión es siempre la misma, desde hace milenios, desde que la literatura da comienzo. Para hablar de uno mismo es necesario buscar el uno mismo que no existe, ha dicho alguien, no recuerdo ya quién. Empecemos por ahí.

(Pàg. 103)
(...) la carta frecuenta el mismo espacio de escritura que el Diario: ambos pertenecen (aparentemente) a la autobiografía y, como consecuencia (aparentemente), al tiempo. Ambos dicen “Yo”. Ambos tienen un único lector reconocido: el destinatario para la carta, el escribiente mismo para el Diario, que es por lo tanto un autodestinatario. Pero sabemos que éstas son características aparentes, porque el verdadero problema es: ¿está la carta dirigida sólo al destinatario? ¿Está el Diario dirigido sólo a quien lo escribe?

(Pàg. 109)
(...) cuando uno empieza a escribir una historia, empieza a suponerla, y cuando la ha terminado sigue suponiéndola. Un libro, para un escritor (aunque creo que para el lector también), no acaba jamás allí donde termina. Un libro es un pequeño universo en expansión.

(Pàg. 115)
La escritura, a veces, es ciega. Y, en su ceguera, oracular. Sólo que su “previsión” no atañe al futuro, sino a algo que ocurrió en el pasado, a nosotros, o a los demás, y de lo que no habíamos comprendido ni que había ocurrido ni por qué.

(Pàg. 121)
(...) En todo caso, si mis libros son hoy menospreciados, tal vez la culpa no sea de nadie; así va el mundo, y así va la literatura: ¿a quién quieres que le interese, hoy, en eso que llaman posmodernidad, el neorrealismo del memorial novelado de un viejo partisano?

(Pàg. 135)
Las poéticas a postiori, tendencialmente ilógicas, carentes de deontologia, cargadas de falsas memorias y de falsas voluntades, son portadoras de un sentido que nos esforzamos patéticamente en dar después a algo que sucede antes. Son hipótesis vagabundas, nómadas, migratorias, para las que no es plausible filología alguna.

 Altres n'han dit...
Mis [Re]lecturas, El Cultural, La Verdad.

 Enllaços:
Antonio Tabucchi, sobre l'acusmàtica, aloglosia, sobre la intertextualitat de la literatura.

dijous, 14 de gener de 2016

La presa - Kenzaburo Oé





"Igual que els gossos, els nens o els arbres, el soldat negre ja formava part de la vida del poble."




Oé, Kenzaburo. La presa. 
Barcelona: Edicions de 1984, 2014

Shiiku. Traducció d’Albert Nolla
Col·lecció Incís, 1



 Què en diu la contraportada...
En un poblet aïllat del món, la guerra només s’ensuma quan algun avió enemic sobrevola les muntanyes que l’envolten. Un mati d’estiu, però, quan un d’aquells avions se’ls estavella a prop, la vida pausada d’aquell indret i d’aquella gent de cop es veu trasbalsada per l’arribada d’un presoner, que, convertit en una presa, els pren tota la innocència.

 Com comença...
El meu germà petit i jo érem al fons de la vall, remenant amb uns bastons la terra tova dels crematori, que feia olor de greix i de cendra.  Era un crematori senzill i improvisat, no gaire més que un clot poc fondo cavat en una clariana enmig d’un herbassar espès.

 Moments...
(Pàg. 12)
(...) la guerra, mantinguda durant molt de temps com una llegenda imponent i matussera, exhalava un aire infecte. Per a nosaltres, però, la guerra no era més que l’absència dels nois del poble i, de tant en tant, l’arribada d’un comunicat oficial anunciant alguna mort al front.

(Pàg. 38) 
- (...) ¿Què ha fet el soldat? –li vaig preguntar
- S’ha passat el dia dormint al celler –li vaig respondre al meu germà.
- ¿Has tingut por, aquí tot sol? –li vaig preguntar, interessant-me per ell.
Em va mirar tot seriós i va fer que no amb el cap. Vaig fer córrer el finestró i em vaig enfilar a l’ampit de la finestra per orinar. La boira em va envoltar com si fos un ésser amb vida pròpia i se’m va ficar pels narius. El raig va arribar lluny, fins a l’empedrat del carrer. Quan es va escurçar i va repicar a la teulada de la finestra de sota, vaig notar uns esquitxos calents a les empenyes i ales cames, , que tenia de pel de gallina. El meu germà va treure el cap pel meu costat, com un animaló, per mirar com orinava.
Ens vam quedar una estona en aquella postura. Pels nostres colls estrets van pujar uns quants badalls i, cada cop que ens en sortia un, ens queien unes llàgrimes transparents i mancades de sentit.

(Pàg. 44)
(...) hi havia l’olor que desprenia el seu cos, que ho impregnava tot com si fos un verí corrosiu, poderós i persistent com una nàusea sobtada que et puja a la gola, una olor que em ruboritzava les galtes i em provocava rampells de bogeria...

(Pàg. 55) 
Tots els nens del poble estàvem pendents del soldat negre, que va acabar omplint tots els racons de la nostra vida. Era com una epidèmia que tots vam contreure. Els adults, en canvi, ja tenien altra feina i no se’n van contagiar.

(Pàg. 63) 
Estirat al terra humit, el soldat negre cantussejava una tonada en una veu baixa i greu que ens va colpir estranyament, una tonada formada d’uns planys i uns crits apagats que ens van fer estremir.

(Pàg.65) 
Els dies que els nens havíem d’ajudar a casa i no podíem baixar a buscar-lo, ja ningú, ni petits ni grans, no se sorprenia de veure que sortia tot sol a la plaça per fer una becaina a l’ombra d’algun arbre, o que caminava pel carrer amb un posat calmós i desmanyotat. Igual que els gossos, els nens o els arbres, el soldat negre ja formava part de la vida del poble.

(Pàg. 71)
Per a nosaltres, el soldat negre era un animal domèstic únic i meravellós, una bèstia prodigiosa. Per més que ho intentés, em seria impossible explicar l’adoració que sentíem per ell, els raigs de sol que brillaven sobre la nostra pell xopa aquella tarda d’aquell estiu llunyà i resplendent, les ombres denses que es projectaven sobre el carrer empedrat, l’olor que desprenien els nostres cossos i el del soldat negre, la plenitud i el ritme de tot plegat...

(Pàg. 77)
El soldat negre s’havia convertit en “l’enemic”, i els homes que feien soroll a fora eren els meus aliats. La fúria, la humiliació i la tristesa d’haver estat traït se’m va estendre pel cos com una flamarada i m’hi van deixar una cremor intensa. Però, per sobre de tot, hi havia la por que, inflant-se fins meu com un remolí, m’escanyava i em feia somicar.

(Pàg. 88)
Tremolant de fred i mossegant-me els llavis ressecs, vaig observar com, una per una, les pedres del carrer es tenyien primer d’una lleu pàtina daurada que s’inflava suaument; tot seguit adquirien un to porpra que, a partir del contorn, s’escampava per tota la superfícies i, finalment, quedaven engolides per una tènue llum violada. De tant en tant, una llàgrima salada em baixava rodolant fins als llavis clivellats i m’ho provocava una forma coïssor.

Altres n'han dit...

 Enllaços:

dijous, 7 de gener de 2016

Olive Kitteridge - Elizabeth Strout




"Morir. No morir. En ambos casos, uno se agota."





Strout, Elizabeth. Olive Kitteridge
Barcelona: El Aleph Editores/Austral, 2014

Olive Kitteridge. Traducció de Rosa Pérez.
Col·lecció Contemporánea



 Què en diu la contraportada...
Olive Kitteridge es una maestra retirada que vive en un pequeño lugar de Maine, en Nueva Inglaterra. A veces dura, otras paciente, a veces lúcida, otras abnegadamente ciega, Olive lamenta las transformaciones que han agitado el pequeño pueblo de Crosby y la deriva catastrófica que va tomando el mundo entero, pero no siempre se da cuenta de los cambios menos perceptibles que afectan a las personas más cercanas: la desesperación de un ex alumno que ha perdido las ganas de vivir; la soledad de su propio hijo, que se siente tiranizado por los caprichos irracionales de Olive; y la presencia de su marido, Henry, que vive su fidelidad conyugal como una maldita bendición.

Mientras la gente del lugar afronta sus problemas, sean leves o graves, Olive Kitteridge va tomando conciencia de sí misma y de las personas que la rodean, muchas veces con dolor, pero siempre con una honestidad entrañable.

 Com comença...
Henry Kitteridge fue durante muchos años farmacéutico del pueblo vecino, y todas la mañanas circulaba por carreteras nevadas, o por carreteras mojadas de lluvia, o por carreteras de verano, cuando las zarzas de frambueso fructificaban en el último tramo del pueblo antes de que él girara para incorporarse a la calle más ancha que conducía a la farmacia.

 Moments...
(Pàg. 19)
Henry se preguntó qué habría sido lo que, en su corta vida, la había inducido a no fiarse de la felicidad; la enfermedad de su madre, quizá.
- Disfrútalo, Denise –dijo-. Tienes muchos años de felicidad por delante.
O tal vez, pensó, regresando a la trastienda, fuera por ser católico: hacían que uno se sintiera culpable por todo.

(Pàg. 62) 
La esperanza era como un cáncer que la corroía. No la quería, de ninguna manera. Ya no podía soportar aquellos brotes de esperanza reverdecida que crecían en su interior.

(Pàg. 79)
(...) Angie se dio cuenta de que había comprendido algo demasiado tarde y que la vida debía de ser eso, comprender algo cuando ya era demasiado tarde.

(Pàg. 89) 
(...) Sabe que la soledad puede matar a la gente, puede, de hecho, causar distintos tipos de muerte. Su opinión personal es que la vida depende de lo que ella considera “grandes alegrías” y “pequeñas alegrías”. Las grandes alegrías son cosas como contraer matrimonio o tener hijos, intimidades que te mantienen a flote, pero estas grandes alegrías contienen peligrosas corrientes ocultas. Por eso también son necesarias las pequeñas alegrías: un dependiente amable en unos grandes almacenes, por ejemplo, o la camarera de Dunkin’Donuts que sabe cómo te gusta el café. Un asunto complejo, la verdad.

(Pàg. 94) 
Es un inocente. Así es como ha aprendido a sobrellevar esta vida.

(Pàg. 102) 
-(...) Dios santo, me encantan los jóvenes –dijo Harmon-. Los critican demasiado. A la gente le gusta pensar que la misión de la generación más joven es cargarse el mundo. Pero eso no pasa nunca, ¿no? Tienen esperanzas y son buenos, y así es como debería ser.

(Pàg. 104)
(...) él quería un montón de nietos, ocupándolo todo. Después de haberse pasado años con clavículas fracturadas, espinillas, bastones de hockey y bates de béisbol, con patines extraviados, riñas, libros de texto por doquier, preocupándose por que el aliento les oliera a cerveza mientras esperaban hasta oír llegar el coche en plena noche, por las novias, por los dos que n o tenían novia. Todo aquello los había mantenido a Bonnie y a él en un continuo estado de confusión, como si siempre, siempre, hubiera alguna gotera en la casa que había que reparar, y hubo muchas veces en que pensaron: “Dios mío, que crezcan de una vez”.
Y entonces lo hicieron.

(Pàg. 106)
Estaban rodando una película sobre el derrumbamiento de las torres gemelas. Le pareció que debería tener alguna opinión al respecto, pero no supo qué pensar. ¿Por qué había dejado de tener opiniones sobre las cosas?

(Pàg. 110)
Ella le habló de la mañana en que cogió una pera del patio de la señora Kettleworth y su madre la obligó a devolverla, de la vergüenza que había pasado. Él le habló de la moneda de veinticinco centavos que había encontrado en el charco de barro. Ella le habló de su primer baile en el instituto, al cual llevó un vestido de su madre, y de que la única persona que la sacó a bailar fue el directo.
- Yo te habría sacado –dijo Harmon.
Ella le dijo que su canción favorita era “Whenever I fell afraid” y se la cantó en voz baja, con los ojos azules brillándole cariñosamente. Él dijo que, la primeva vez que oyó a Elvis Presley en la radio cantando “Fools rush in”, tuvo la sensación de que él y Elvis eran amigos.
En esas mañanas, cuando regresaba a su coche aparcado en el puerto, Harmon se sorprendía a veces al sentir que la tierra estaba cambiada, que el aire vigorizante era un elemento agradable por el cual moverse, el sususrro de las hojas de los robles como un murmullo amigo. Por primera vez en años pensó en Dios, que parecía un hucha que hubiera dejado en un estante y ahora hubiera bajado para mirarla con nuevos ojos. Se preguntó si era aquello lo que sentían los jóvenes cuando fumaban maría o tomaban éxtasis.

(Pàg. 129)
Lo que había empezado, no cuando eran un “rollete”, sino como un dulce interés por el otro –con preguntas que sondeaban los viejos recuerdos, con un rayo de amor que se movía hacia su corazón, compartiendo el amor y el dolor de la breve vida de Nina-, todo aquello era ahora, innegablemente, un amor intenso y verdadero y su mismo corazón parecía saberlo. Él pensaba que le latía de forma irregular. Sentado en su sillón reclinable, lo oía, se lo notaba palpitando justo debajo de las costillas. Con sus fuertes latidos, parecía estar advirtiéndole de que no iba a ser capaz de continuar así. Solo los jóvenes, pensaba, podían soportar los rigores del amor.

(Pàg. 156)
(...) pensó que, a fin de cuentas, la vida era un regalo, que una de las cosas que tenía envejecer era saber que muchos momentos no eran solo momentos, sino regalos.

(Pàg. 204)
Morir. No morir. En ambos casos, uno se agota.

(Pàg. 206)
(...) podía imaginarse que un día sobreviviría a su marido. Una mujer podía incluso imaginarse que su  marido envejecería, tendría un derrame cerebral y se quedaría postrado en una silla de ruedas en un hogar de ancianos. Pero una mujer no podía imaginarse que, después de criar a un hijo y ayudarlo a construir una hermosa casa cerca de la suya y poner en marcha su consulta de pedicura, él se casaría, se iría a vivir al otro extremo del país y ya no querría regresar a casa, aunque la bestia de su mujer lo hubiera abandonado. Ninguna mujer, ninguna mujer, podía imaginarse eso. Que le robaron a su hijo.

(Pàg. 243)
(...) había visto su contorno a lo lejos, edificios sobre edificios, gris sobre gris. Le había parecido como una ciudad de ciencia ficción, construida en la Luna. No tenía ningún atractivo para ella, ni entonces ni ahora, aunque, cuando los aviones arrasaron las torres, Olive se había quedado llorando en su habitación como un bebé, no tanto por el país cuanto por la propia ciudad, que, de pronto, ya no le daba la impresión de ser un lugar extraño e inhumano, sino tan frágil como una clase de niños pequeños, osados en su horror.

(Pàg. 258)
- (...) Si te pidiera que te fueras conmigo, ¿lo harías? –Él habló en voz baja, mientras almorzaban en su despacho.
- Sí –dijo ella.
Él la observó mientras comía la manzana que siempre tomaba para almorzar, nada más.
-¿Irías a tu casa esta noche y se lo dirías a Henry?
-Sí –dijo ella.
Era como planear un asesinato.
- Quizá sea mejor que no te lo haya pedido.
- Sí.
No se habían besado nunca, ni tocado siquiera, solo habían pasado uno muy cerca del otro cuando entraban en el despacho de Jim, un minúsculo cubículo contiguo a la biblioteca –evitaban la sala de profesores-. Pero, después de que él le dijo eso aquel día, ella vivió con una suerte de horror y un anhelo que a veces se le hacía insoportable. Pero la gente soporta las cosas.

(Pàg. 272)
(...) ¿Siete etapas de la vida? ¿Era eso lo que dijo Shakespeare? ¡Vamos, la vejez sola ya tenía siete etapas! Entretanto, uno rezaba para morir mientras dormía.

(Pàg. 297)
Una tarde, mientras estaba escribiendo a máquina, comenzó a temblarle una mano. Cuando alzó la otra, también le temblaba. Se sintió igual que en el autocar el fin de semana en que Jace le había halado de la rubia, cuando no paró de pensar: “Esta no puede ser mi vida”. Y luego pensó que se había pasado la mayor parte de su vida pensando: esta no puede ser mi vida.

(Pàg 305)
- (...) creo que debería ir a buscarle un médico. Yo los odio. Pero no puede quedarse aquí tumbado –dijo-. Se puede morir.
- Me da igual –dijo él. Pareció sonreírle débilmente con los ojos.
- ¿Qué? –preguntó Olive en voz muy alta, inclinándose sobre él.
- Me da igual morirme –dijo el hombre-. Pero no me deje aquí solo.

(Pàg. 324)
Cuántas cosas ignoraban los jóvenes, pensó, acostada junto a aquel hombre, notando su mano en el hombro, en el brazo, oh, cuántas cosas ignoraban los jóvenes. Ignoraban que los cuerpos torpes, viejos y arrugados estaban tan necesitados como los suyos, jóvenes y firmes; que el amor no se podía tirar como si tal cosa, como si fuera una tarta en una bandeja de las muchas que te iban pasando. No, si a uno le ofrecían amor, lo aceptaba o no lo aceptaba. Y si la bandeja había estado repleta de la bondad de Henry y ella la había encontrado pesada y la había ido arrojando al suelo miga a miga, fue porque no sabía lo que había que saber: que, de forma inconsciente, los días se desperdiciaban uno tras otro.

 Altres n'han dit...
Els orfes del senyor Boix, L'espolsada llibres, El cau de les paraulesNunca te hagas libreroLo que leo lo cuentoEl cuaderno rojoDespués del naufragio, Criticas de literatura, Devoradora de librosTodos los libros un libro, Con un libro en la manoArtículos Isabel Núñez, VilaWebEl País, New York TimesI libri che lego.

 Enllaços:
Elizabet Strout, l'autora sobre el seu llibrenovel·la o contes?, novel·la polièdrica, sobre la profunditat dels personatges, un gran escenari per un poble inexistent, versió 3D.

















divendres, 1 de gener de 2016

L'aiguamoll definitiu - Giorgio Manganelli




"(...) què significa “ara”, “abans”, “després” en aquest aiguamoll il·limitat?"






Manganelli, Giorgio. L’aiguamoll definitiu. 
Pollença: El Gall Editor, 2014

La palude definitiva. Traducció de Carme Arenas
Col·lecció El Cabàs, 54



 Què en diu la contraportada...
Aquesta novel·la – l’última escrita per Giorgio Manganelli abans de la seva mort el 1990-, és la visió al·lucinada d’un lloc “on és difícil d’entrar i és impossible sortir”, anomenat l’aiguamoll definitiu. Hi entra qui ha comès un delicte, però no sap quin. A mesura que seguim el narrador i el seu cavall, que es revelarà com un personatge important, en aquesta terra “tèrbolament viva”, ens sentim arrossegats pels remolins metafísics de la creació d’un demiürg maligne. L’aiguamoll és infern i jardí, cementiri i monòleg dement, habitat per la solitud de la mort. L’obra mestra pòstuma d’aquest gran visionari.

 Com comença...
Tinc una memòria fosca, cada vegada més consumida pel pas del temps, per tot el que m’ha portat a aquest lloc desert que m’ha esdevingut pàtria. Recordo una ciutat sumptuosa, edificis hirsuts de pinacles, garbuixos de carrers estrets, places sobtades; en una d’elles destaca una casa de cambres angostes, certament una casa il·lustre, a les parets de la qual hi havia dibuixats escuts, mots, ara en la memòria, risibles i sinistres (...).

 Moments...
(Pàg. 11)
(...) els déus, els déus que diuen que jo he insultat, perden el nom mentre cavalco enmig de la nit, ja no recordo en què creia, quins fantasmes em van empènyer a desafiar potències de les quals ho ignoro tot, i que no anomenaré mai més, ni amb el prec ni amb la imprecació.

(Pàg. 13) 
Ben bé, això, no és un aiguamoll; però d’alguna manera és l’aiguamoll definitiu, un lloc on, sento que em diuen, cap jutge o justicier no gosaria endinsar-se; un lloc on és difícil d’entrar i impossible de sortir; on seré fora de perill, però ben sol, i exclòs per sempre de qualsevol comerç humà.

(Pàg. 19)
(...) això és el que entenc, que la podridura d’aquesta terra corrompuda és meticulosa, mínima, una miniatura de descomposició, i em pregunto amb pietosa niciesa si no existeix un cens total d’aquests animals diminuts, infinits, que poblen l’aiguamoll.

(Pàg. 23) 
Silenciós, aquest cavall que no s’encabrita i que no renilla, que no cabdella, que no realitza, tria un camí que només ell coneix, però que li pertany només a ell, i del qual jo, parent però no sobirà dels cucs, no en sé res.

(Pàg. 25) 
No estic segur que en aquest lloc, en aquesta terra xopa i tèrbolament viva continuï la curvatura de la terra, que també l’aiguamoll sigui planeta (...).

(Pàg.46) 
Què és, doncs, l’aiguamoll? El coneixia com a lloc d’aigües mortes, de boles, de putrefacció, d’arenes movedisses, travessada per un senderol que el cavall coneixia; ara em ve proposat, quasi com si fos un obsequi, com un lloc infinitament viu, d’una vida repel·lent i inexhaurible.

(Pàg. 49) (...) estic destinat a precedir d’altres, i en aquest cas quina és la fi, hi ha mort en aquest aiguamoll, i quina mort? O quina mena de desaparació? I què significa “ara”, “abans”, “després” en aquest aiguamoll il·limitat?

(Pàg. 60)
Existeix en el cor íntim de l’aiguamoll, avall avall, on hi ha les vísceres de la terra putrefacta; existeix un cor que batega, un cor atroç al qual no correspon cap rostre, cap mà, cap genital, sinó només aquesta sang grisa d’aigua fangosa?

(Pàg. 67)
(...) tot és possible i res no existeix! Noto un sentit profund de repòs, com si el cansament del futur es desfés en un procediment contrari, com si ahir, l’ahir ininterromput donés repòs a tots els demàs, els impossibles demàs. El naixement, desconegut, irreal, desfà la mort, i el guariment precedeix la malaltia. És així? Certament, sóc ben conscient que amb aquest aiguamoll, si així el volem anomenar, assecat i blanc, no hi ha conversa possible (...).

(Pàg. 69)
(...) l’aiguamoll és en un monòleg ininterromput d’aigües, fang, gang, llot, un col·loqui de putrefacció i emanacions mefítiques en les quals tot convergeix, es modifica, s’altera, i tot continua essent el mateix. És possible que l’aiguamoll sigui un resum geogràfic d’una forma de demència (...).

(Pàg. 96)
Em pregunto quines afligides zero vindran de tant en tant a reunir-se al voltant de la tomba zero, amb meditacions, òbviament, sobre el no-res, sobre cap cosa, sobre no existir o morir sense néixer.

(Pàg. 126)
Potser no tinc la pell delicadament escatosa, els meus dits no tenen una llangor de colobra, són desossats, el meu respir és un vapor ranci, herbes palustres imiten els meus cabells, si tanco els ulls em sento cobert d’humitat, damunt el meu cos hi creixen joncs. Esclau o rei, sóc de l’aiguamoll, i l’aiguamoll m’ha modelat, m’ha descobert, d’alguna manera crec que m’estima; certament em te, ja sigui potent o ínfim, o ambdues coses.

(Pàg. 140)
Sóc l’home que l’aiguamoll ha triat, i m’agrada dir que sóc el rei de l’aiguamoll, senyor de les aigües mortes, majestat de la llacuna, príncep dels joncs i dels ocells palustres (...).

(Pàg. 141)
L’aiguamoll és, veus, llest; és, que ho sàpigues, enginyós; és, que no et passi per alt, fugisser. És sempre llunyà, però no s’aparta; és sempre pensarós, però et sembla distret; és letal, però sembla acollidor. Les seves sorres humides contenen més ciutats de les que n’hagi pogut consumir la teva fúria, o el foc (...).

 Altres n'han dit...
Lecturas del Rey Mono, Rizomas, AugengneiseSonogramaNúvol.com (T.Costa-Gramunt), Directe.cat, El Periódico (J.Puntí), El País (P. Guixà).

 Enllaços: 
Giorgio Manganelli, prestidigitador del llenguatge, la geografia del subconscientla traducció, les diferents visions de l'aiguamoll i els seus tres possibles inspiradors, univers diarrèïc.