dilluns, 23 de juliol de 2012

La pipa de opio - Theóphile Gautier


"(...) Siempre es aconsejable y conveniente volver a casa a dormir y ensayar, en la muerte temporal de cada noche, la muerte definitiva."



Gautier, Theóphile. La pipa de opio.
Sevilla: Metropolisiana, 2010


Traducció de José Antonio Guerrero
Colección particular, 7 / RELATOS ILUSTRADOS
Ilustraciones de Manuel Ortiz



>> Què en diu la contraportada...
El poeta, escritor y crítico (Tarbes, 1811-Neuilly, 1872) representa como pocos el vuelo espiritual, creativo y vital del diecinueve francés, del que dejó constancia tanto en sus revolucionarios preceptos artísticos, sus compañías (Nerval, Balzac, Dumas, Baudelaire…) o su afición a los viajes y los estupefacientes, como en una obra diversa que va de Esmaltes y camafeos, Mademoiselle de Maupin, Viaje por España, Historia del Romanticismo o Constantinopla, a innumerables ensayos y artículos. Los relatos La pipa de Opio y Arria Marcella, son dos ejemplos espléndidos de aquella singular mirada entre el exotismo romántico y los paraísos artificiales del parnaso.

>> Com comença...
El otro día, me encontré con amigo Alphonse Karr sentado en su diván, con una velita encendida, aunque fuera pleno día, sosteniendo en su mano un tubo de palo de cerezo provisto de una cazoleta de porcelana en el que vertía unas gotas de una especie de pasta pardusca bastante parecida al lacre; la pasta se chamuscaba y chisporroteaba en la chimenea de la cazoleta mientras él, por una boquilla de ámbar amarillo, aspiraba el humo que se expandía enseguida por toda la habitación con un vago olor a perfume oriental.

>> Moments...
(Pàg. 7)
Volví a mi casa, cené y fui al teatro a soportar no me acuerdo qué obra, y regresé para acostarme, porque siempre es aconsejable y conveniente volver a casa a dormir y ensayar, en la muerte temporal de cada noche, la muerte definitiva.
La pipa de opio


(Pàg. 15)
Nada tan siniestro como esa inmensidad pardusca que la patética silueta de los árboles arañaba con trazos negros: ni una estrella brillaba, ni una brizna de luz descamaba la profundidad podrida de aquella semioscuridad.
La pipa de opio

(Pàg. 36)
Las frases banales del guía causaron una viva emoción en Octavien. Hizo que le señalara el lugar exacto donde los preciados restos habían sido encontrados y, si no se hubiera contenido por la presencia de sus amigos, se hubiera dejado llevar por algún lirismo extravagante; su pecho se infló y sus ojos exudaron furtivas lágrimas; la catástrofe, borrada por veinte siglos de olvido, le afectó como una desgracia reciente; la muerte de una amante o de un amigo no le hubiera afligido más y una lágrima cayó con un retraso de dos mil años, mientras Max y Fabio se habían dado la vuelta, en el sitio donde aquella mujer, por la que se sentía atrapado con un amor retrospectivo, había perecido asfixiada por la ceniza ardiente del volcán.
Arria Marcella, recuerdo de Pompeya

(Pàg. 42)
Hubiera deseado extirpar su amor del ámbito de la vida ordinaria para escenificarlo en las estrellas. De la misma manera se había prendado una y otra vez, con una pasión imposible y loca, de todos los grandes mitos femeninos del arte o de la historia. Como Fausto, había amado a Helena y hubiera deseado que los vaivenes de los siglos le hubieran acercado alguna de esas sublimes personificaciones de los deseos y de los sueños humanos cuya realidad invisible para el ojo común subsiste siempre en el espacio y en el tiempo. Se había fraguado un harén ideal con Semiramis, Aspasia, Cleopatra, Diana de Poitiers, Juana la Loca. Algunas veces también se enamoraba de las estatuas, y un día, pasando en el museo ante la Venus de Milo, había exclamado: “¡Ah! ¡Quién pudiera devolverte los brazos para que me estrecharan contra tu pecho de mármol!”.
Arria Marcella, recuerdo de Pompeya

(Pàg. 43)
(...) con frecuencia había dejado su vaso lleno en la cena para no estorbar con una borrachera vulgar a la embriaguez poética que hervía en su interior (...)
Arria Marcella, recuerdo de Pompeya

(Pàg. 44)
(...) todo está vivo en la naturaleza incluso la muerte, todo murmura, hasta el silencio.
Arria Marcella, recuerdo de Pompeya

(Pàg. 57)
Contemplando aquella cabeza tan serena y tan apasionada, tan fría y tan ardiente, tan muerta y tan vivaz, comprendió que tenía ante sí su primer y último amor, la copa de embriaguez suprema; notó desvanecerse, como sombra fútil, el recuerdo de todas las mujeres que había creído amar y cómo su alma recobraba la virginidad de cualquier otra emoción anterior; el pasado se borró.
Arria Marcella, recuerdo de Pompeya

(Pàg. 60)
(...) junto a un estanque rodeado de plantas, un flamenco rosa se tenía de pie sobre una sola pata: una flor de plumas entre flores vegetales.
Arria Marcella, recuerdo de Pompeya

(Pàg. 62)
- (...) No se está verdaderamente muerta hasta que dejas de ser amada; tu deseo me ha devuelto la vida; la poderosa evocación de tu corazón a anulado las distancias que nos separaban.
La idea de evocación amorosa que apuntaba la joven encajaba en las creencias filosóficas de Octavien, creencias que no estamos lejos de compartir.
Efectivamente, nada muere, todo existe siempre; ninguna fuerza puede aniquilar lo que existió alguna vez. Cada acción, cada palabra, cada forma, cada pensamiento caído en el océano universal de las realidades produce en él ondas que van ensanchándose hasta los confines de la eternidad. La apariencia material solo desaparece para las miradas ignorantes, y los espectros, que se separan de ella, pueblan el infinito. París continúa raptando a Helena en una región desconocida del espacio. La galera de Cleopatra hincha sus vela de seda sobre la inmensidad de un Cydnus ideal.
Arria Marcella, recuerdo de Pompeya

(Pàg. 63)
- Por mi desdén hacia las demás mujeres –respondió Octavien-, por la incontenible atracción que me ha arrastrado hacia los entes brillantes que viven en el fondo de los siglos como estrellas provocadoras, siempre he comprendido que solamente podría amar fuera del tiempo y del espacio. Era a ti a quien esperaba, y ese débil vestigio tuyo conservado por la curiosidad de los hombres, gracias a su secreto magnetismo, me ha puesto en contacto con tu alma. No sé si eres un sueño o una realidad, un fantasma o una mujer real, si como Ision abrazo a una nube contra mi pecho confiado o si soy el juguete de un vil truco de brujería, pero de lo que estoy seguro es de que tú serás mi primer y mi último amor.
Arria Marcella, recuerdo de Pompeya

>> Altres n'han dit...
Humanismo, crítica y...café sólo?, Biblioteca Digital Moratín,

>> Enllaços:
Theóphile Gautier, contextualitzant l'home i la seva obra, la droga com a mecanisme iniciador, Romanticisme,  Parnassianisme al cap i a la fi.

>> Llegeix-lo:
Espanyol (html) Només el conte La pipa de opio
Francès (html). Només el conte La pipa de opio 
Francès (html) Només la nouvelle Arria Marcella

>> Escolta'l:
Francès (mp3) La nouvelle Arria Marcella
Francès (mp3) El conte La pipa de opio

diumenge, 15 de juliol de 2012

Con la soga al cuello - Joseph Conrad


"(...) un hombre jamás está a salvo de la voracidad de la especie, a menos que se encontrara en el fondo de un abismo de miseria." 



Conrad, Joseph. Con la soga al cuello.
Madrid: Espasa, 2002


The End of the Tether. Traducció de Vlady Kociancich
Col.lecció Relecturas


>> Què en diu la contraportada...
Con la soga al cuello narra la difícil peripecia del entrañable capitán Whalley, un viejo lobo de mar que ostenta un sólido prestigio tras cincuenta años navegando por los mares del Sur. Sin embargo, a los sesenta y cinco años, su vida se ve profundamente alterada al perder toda su fortuna. Para hacer frente a esta difícil situación, el viejo Whalley cuenta con dos armas: su altura moral y su sentido del deber, que le llevarán a embarcarse en una difícil aventura en un mundo que reniega de los valores morales de hombre como él. El lector tiene en sus manos una novela magistral, emocionante e intensa; una novela que viene a reflejar la mayor obsesión de este escritor fundamental: la condición humana y la lucha del individuo entre el bien y el mal.

>> Com comença...
Mucho después de que el rumbo del Sofala cambiara en dirección a tierra, la baja costa pantanosa aún retenía la apariencia de un mero tizne de oscuridad más allá de una franja de resplandor. Los rayos del sol caían violentamente sobre el mar en calma, se estrellaban contra esa lisura de diamante para convertirse en polvo de chispas: un vapor luminoso que cegaba los ojos y fatigaba el cerebro con su inconstante brillo.

>> Moments...
(Pàg. 22)
(...) a él le bastaba media hora de soledad para vivir una vez más su vida entera, con toda su aventura, todo su idilio, toda su tristeza

(Pàg. 23)
No le resultaría difícil olvidar. Pero no se puede embalsar la vida como si fuera un arroyo mezquino. Crece, desborda, fluye sobre las penurias de un hombre, hasta que un día las aguas se cierran sobre un dolor, como el mar sobre un cadáver, sin importarle cuánto amor se ha ido al fondo.

(Pàg. 37)
Había sido su único patrón durante demasiado tiempo. La única credencial que podía exhibir era el testimonio de toda una vida. ¿Qué mejor recomendación podían pedirle? Pero vagamente intuía que aquel documento único sería leído como una curiosidad arcáica de los mares de Oriente, un texto escrito con palabras obsoletas de una lengua a medias olvidada.

(Pàg. 67)
En general , los hombres no eran malos: sólo desdichados o tontos.

(Pàg. 72)
La vanidad de la posesión, la vanagloria del poder, ya habían quedado atrás; sólo restaban los obstáculos materiales, el miedo de perder una posición que ya no valía la pena, y una ansiedad constante que no podía aplacar el más abyecto servilismo.

(Pàg. 121)
Ya había probado el gusto del poder en la forma más elevada que su limitada experiencia concebía: el poder del propietario ¡Qué desilusión! ¡Vanidad de vanidades! Se sorprendía de su propia locura. Había malgastado la sustancia para quedarse con la sombra.

(Pàg. 122)
Era ese el poder real del dinero: borraba los problemas, la necesidad de pensar.

(Pàg. 151)
A pesar de su cinismo, le sobresaltó aquella prueba de que un hombre jamás está a salvo de la voracidad de la especie, a menos que se encontrara en el fondo de un abismo de miseria.

(Pàg. 189)
Me cuesta creer que un día leerás esta carta. Dios parece haberme olvidado. Quiero verte. Y sin embargo, la muerte me haría un favor muy grande.Si alguna vez lees estas palabras, te pido encarecidamente que agradezcas la misericordia de Dios, porque habré muerto entonces, y todo estará bien. Cariño, estoy con la soga al cuello.


>> Llegeix-lo:
Anglès (html, htmlmultiformat

dimarts, 10 de juliol de 2012

Escorxador 5 - Kurt Vonnegut


" (...)Per què jo?
- És una pregunta molt terrícola, senyor Pilgrim. Per què vostè? Posats a fer, per què nosaltres? Per què qualsevol cosa? Perquè aquest moment, simplement, és. Ha vist alguna vegada insectes atrapats en ambre?" 

Vonnegut, Kurt. Escorxador-5
Barcelona: Proa, 2007


Slaughterhouse Five. Traducció de Manel de Seabra
Col.lecció A tot vent, 466


>> Què en diu la contraportada...
L’experiència del jove Kurt Vonnegut, soldat d’infanteria i presoner de guerra durant la Segona Guerra Mundial, va tenir una influència profunda en tota la seva obra posterior. A Escorxador-5 (1969), novel·la antibèl·lica per excel·lència, descriu les vicissituds de Billy Pilgrim, un personatge desorientat que en plena Alemanya nazi es despenja del seu batalló i erra entre línies enemigues fins que les tropes de la Wehrmarcht l’empresonen prop de Dresden. Vonnegut ens explica la vida d’un Billy desconjuntat, que s’ha desprès de les catenàries del temps i es veu empès a viatjar al passat i al futur. La trama ens captiva guiant-nos desordenadament per diferents episodis de la seva vida, des del contacte amb els extraterrestres de Trafalmadore fins a l’atroç destrucció de la ciutat de Dresden per part de l’exèrcit americà. Vonnegut és capaç de convertir l’experiència bèl·lica en un seguit de vinyetes divertides sense banalitzar el dolor de la guerra. Escorxador-5 és una novel·la divertida que no us permet de riure. Un llibre tris que no us farà plorar.

>> Com comença...
Més o menys, la cosa va anar així. Les parts de la guerra, almenys, van passar de veritat. Un conegut meu va ser realment afusellat a Dresden perquè va agafar una tetera que no era seva. Un altre paio que coneixia va amenaçar de fer assassinar els seus enemics per pistolers professionals després de la guerra. I etcètera. He canviat tots els noms.
Vaig tornar a Dresden amb pasta de la Guggenheim (que Déu la recompensi) el 1967. S’assemblava molt a Dayton, Ohio, amb més espais oberts que Dayton. Hi deuen haver tones de farina d’ossos sota terra.

>> Moments...
(Pàg. 24)
- (...) Aleshores vosaltres éreu només unes criatures! –va dir.
- Què? –vaig preguntar.
- Éreu unes criatures, la guerra... com els que tenim a dalt!
Vaig assenyalar amb el cap que era cert. Havíem estat verges a la guerra, precisament al final de la nostra infantesa.
- Però vostè no ho escriurà així, oi?
No era una pregunta. Era una acusació.
- Jo... no ho sé –vaig dir.
- Bé, jo sí que ho sé –va dir ella-. Fingirà que éreu homes en comptes de criatures, i a les pel·lícules us representaran el Frank Sinatra i el John Wayne o qualsevol altre vell brut i atractiu, amant de la guerra. I la guerra semblarà una cosa meravellosa i tindrem moltes més guerres. I les faran criatures com les que són a dalt.
Aleshores ho vaig comprendre. Era la guerra que la posava nerviosa. No volia que els seus fills o els fills de ningú morissin en guerres. I es creia que les guerres eren en part encoratjades pels llibres i les pel·lícules.

(Pàg. 29)
(...) en un moment donat, un paio molt trempat que es deia Seymour Lawrence va oferir-me un contracte per a tres llibres i jo vaig dir:
- D’acord, el primer serà el meu famós llibre sobre Dresden.
Els amics del Seymour Lawrence li diuen “Sam”. I jo dic ara la Sam:
- Sam, vet aquí el llibre.

És tant curt, confús i discordant, Sam, perquè no hi ha res intel·ligent per dir sobre una carnisseria. Se suposa que tothom és mort i que mai més no dirà res ni voldrà res. Se suposa que després d’una carnisseria tot està molt tranquil, i sempre és així, si no fos pels ocells.
I què diuen els ocells? Tot el que hi ha per dir sobre una carnisseria, coses com: “Piu-Piu”?

(Pàg. 30)
El temps no passava. Algú jugava amb els rellotges i no sols amb els rellotges elèctrics, sinó també amb els de corda. La busca dels segons del meu rellotge feia un tic i passava un any, i després feia tic de nou.

(Pàg. 54)
- (...) Com...? –va començar, i va parar. Estava massa cansada. Esperava que no hagués de dir la resta de la frase, que el Billy l’acabés per ella.
Però el Billy no es feia idea del que passava pel cervell de sa mare.
- Com què, mare? –va preguntar.
Ella va empassar saliva i va vessar algunes llàgrimes. Després va reunir tota la energia del seu cos arruïnat, fins i tots dels dits dels peus i de les puntes dels dits. Per fi va acumular prou energia per dir tota la frase:
- Com és que m’he tornat tant vella?

(Pàg. 75)
Es movien com aigua, sempre muntanya avall, i finalment corrent cap a una carretera principal al fons de la vall. Per la vall corria un Mississipí d’americans humiliats. Desenes de milers d’americans s’arrossegaven cap a l’est, amb les mans al cap. Sospiraven i es lamentaven.

(Pàg. 87)
- Benvingut a bord, senyor Pilgrim –va dir l’altaveu-. Alguna pregunta?
El Billy es va mullar els llavis, va pensar una mica i després va preguntar:
- Per què jo?
- És una pregunta molt terrícola, senyor Pilgrim. Per què vostè? Posats a fer, per què nosaltres? Per què qualsevol cosa? Perquè aquest moment, simplement, és. Ha vist alguna vegada insectes atrapats en ambre?

(Pàg. 113)
Tots dos havien trobat que la vida no tenia sentit, en part a causa del que havien vist a la guerra. El Rosewater, per exemple, havia matat un bomber de catorze anys perquè l’havia confós amb un soldat alemany. Què hi farem. I el Billy havia vist la més gran carnisseria de la història europea, que va ser el bombardeig de Dresden. Què hi farem.
Així intentaven reinventar-se ells mateixos i el seu univers. La ciència-ficció els hi ajudava molt.

(Pàg. 172) 

Va preguntar al Gluck si no era terriblement jove per estar a l’exèrcit. Ell va admetre que sí.
Va preguntar a l’Edgar Derby si no era terriblement gran per estar a l’exèrcit. Ell va dir que sí.
Va preguntar al Billy Pilgrim què representava que era. El Billy va dir que no ho sabia. Només intentava mantenir-se calent.
- Tots els autèntics soldats han mort ja –va dir ella. Era cert. Què hi farem.

(Pàg. 180)
Per cert, el Trout havia escrit un llibre sobre un arbre de diners. Les fulles eren bitllets de vint dòlars. Les flors eren obligacions del tresor. Els fruits eren diamants. Atreia els éssers humans, que es mataven els uns als altres al voltant de les arrels i feien un bon fertilitzant.
Què hi farem.

(Pàg. 223)
A Robert Kennedy, que té una casa de camp a dotze quikòmetres d’on jo visc tot l’any, li van disparar abans-d’ahir. Va morir la nit passada. Què hi farem.
Martin Luther King va ser assassinat fa un mes. També va morir. Què hi farem.
I cada dia el meu Govern em presenta la suma dels cadàvers causats per la ciència militar al Vietnam. Què hi farem.
El meu pare va morir fa molts anys de causes naturals. Què hi farem. Era un home bondadós. També tenia la mania de les armes. Em va deixar les seves armes. Es rovellen.

>> Altres n'han dit...
La Biblioteca del Kraken, Món de llibres, Dr. Read Good, Soles Digital, Sitio de Ciencia Ficción, De nada puedo ver el todo, Listas de libros

>> Enllaços:
Kurt Vonnegut, Ciència Ficció?..el problema de les etiquetes, la ciència ficció com a eïna, no com a destí, el pes de la metafísicadetalls i més detalls,  la venjança es desfermà sobre DresdenQuè hi faremTrafalmadorians (o alemanys?), l'escorxador, Kilgore TroutQuadridimensionalisme o com viatjar en el temps sí és possible

dilluns, 2 de juliol de 2012

Els peixos no tanquen els ulls - Erri De Luca


"Hi vaig irrompre com un foraster. Volien un fill, em van tenir a mi. Ells són els meus, però jo vaig ser poc i malament el seu." 



De Luca, Erri. Els peixos no tanquen els ulls.
Barcelona: Bromera, 2012



I pesci non chiudono gli occhi. Traducció d’Anna Cassassas
Col.lecció L’eclèctica


>> Què en diu la contraportada...
Als deu anys, la teva edat s’escriu per primera vegada amb dues xifres. La inquietud i el desig de créixer són més forts que el cos que conté totes les formes futures d’un adult encongit en unes sabates petites. Un home torna amb els seus pensaments al poble on va néixer, a la costa de Nàpols, cinquanta anys després d’haver marxat. Allà aprèn l’art de viure, prenent les mides del món que l’envolta i descobrint noves dimensions de l’existència. La pesca, els llibres i la platja omplen els seus dies fins que coneix una nena sense nom amb qui descobrirà el pes de paraules com amor i justícia.
Amb Els peixos no tanquen els ulls, De Luca desplega la seva prosa poètica per relatar el descobriment de la perspectiva adulta, de noves passions i nous horitzons que omplen el pit amb una vitalitat que fa bategar el cor amb més força.

>> Com comença...
“T’ho dic un cop i encara gràcies: esbandeix-te les mans al mar abans de posar l’esquer a l’ham. El peix sent l’olor, fuig del menjar que ve de terra. I fes-ho tot tal com veus fer-ho, sense esperar que t’ho hagin de dir. En el mar no és com a l’escola, no hi ha mestres. Hi ha el mar i hi ets tu. I el mar no ensenya, el mar fa, a la seva manera.”

>> Moments...
(Pàg. 8)
Jo havia fet deu anys, un garbuix d’infantesa callada. Deu anys era una fita solemne, per primera vegada s’escrivia l’edat amb dues xifres. La infantesa prescriu oficialment quan s’afegeix el primer zero als anys. Prescriu però no passa res, continues dins del mateix cos de marrec encallat dels altres estius, remogut per dins i quiet per fora. Tenia deu anys. Per dir l’edat, el verb tenir és el més exacte. Vivia amb el cos ficat dins d’un capoll i el cap era l’únic que mirava de trencar-lo.

(Pàg. 13)
El matrimoni dels meus pares era responsabilitat del verb amar. Juntament amb la meva germana més petita érem un efecte, una de les curioses conseqüències de la conjugació.

(Pàg. 18)
La descoberta de la inferioritat serveix per a decidir què ets.

(Pàg. 64)
- No tens nas, tens una trumfa.
Una patata, vaig explicar a la mare del Nord, que va riure de l’explicació.
Em vaig posar la gorra ampla i mirant a terra vaig anar platja amunt amb la mama cap a casa. Els tres punts al front corregien el ridícul amb una coma de serietat. M’esperava la burla, era part del preu de créixer.

(Pàg. 68)
El papa tenia la passió de la literatura, ell la de la política, s’avenien bé canviant-se els papers. La mama recordava que a taula no es malgastava ni una paraula amb el futbol o el temps que feia. Eren joves, parlaven del món amb la bona voluntat amarga de qui ha vist que s’esdernega i l’ha de refer.

(Pàg. 69)
El cinema Itàlia de postguerra em va ensenyar a mirar, almenys tant com les veus de les dones de Nàpols em van ensenyar a escoltar. Amb l’aproximació en van dir neorealisme, però era visionari. Parlava de desconeguts arrossegats per un segle entusiasmat amb la mecànica. L’acer, l’electricitat, els avions, l’arribada de les masses a la història: calia febre per enfocar-ho.

(Pàg. 71)
Hi vaig irrompre com un foraster. Volien un fill, em van tenir a mi. Ells són els meus, però jo vaig ser poc i malament el seu.

(Pàg. 71)
Per a qui té l’impuls esguerrat de no haver estat mai, queda l’ofici de fantasma.

(Pàg. 75)
Al setembre hi ha dies de cel arran de terra. S’abaixa el pont llevadís del castell que té a l’aire i el cel, avall per una escala blava, descansa una mica a terra.

(Pàg. 78)
Era la bona hora de l’ombra al moll. Tocava la campana i el vell va retirar la presencia caminant descalç. M’agradava estar a recer de la posta, no veure el final certificat del dia, amb el sol ficant-se al a saca del mar. En aquella època preferia l’aurora. Actualment busco la posta a cada illa que arribo. Vaig a ponent a l’hora en què s’escola cap a l’aigua. Actualment escuro el plat de l’horitzó fins a l’última llum.

(Pàg. 88)
M’havia posat al costat d’ella perquè l’havia vist perduda i despentinada a la cuina al vespre fent gargots. Per ajudar-la havia dit una cosa que per a mi no era veritat. Havia inventat per afecte. En aquell moment en tenia prou amb aquella mica de mi. M’adonava amb desconcert que els conceptes de fals o cert tenen un valor d’ús i no són importants si serveixen de consol. Podia passar per alt la meva veritat, que només era bona per a mi, a canvi d’una paraula de profit.

(Pàg. 91)
Itàlia feia xup-xup a foc lent. Vaig retrobar la ira de petit a les llàgrimes arrencades pels gasos lacrimògens. Però podia fer-les tornar enrere, juntament amb els pots fumejants que ens disparaven. Els recollia, bullents, amb un guant, i els llançava un altre cop a les tropes. Un es tornava molts, la importància d’un mateix es reduïa.
Aleshores vaig conèixer el pes i l’amplitud del pronom nosaltres. Era expert, no excloïa els altres, espantava els poders. Va portar a les presons les revoltes i els llibres, que no hi eren.

(Pàg. 102)
Ens vam quedar fins a l’hora de l’ombra. Abans de les separacions, és costum donar-se les adreces, fer-se la promesa d’escriure. Ens vam dir que no, que nosaltres no.
- No arrossegarem una promesa que després trairem. Sabem molt bé que no ens tornarem a veure. I si mai passa, serem diferents i no ens reconeixerem. Canviaràs de forma i de veu, dels ulls de peix no, potser et podré reconèixer pels ulls. Ara anem a casa, després passarem junts l’últim vespre.
- Te’n vas demà?
- Sí.
Ara sé que aquell amor cadell contenia tots els adéus següents. Cap dona no s’aturaria, jo no coneixeria les noces, res d’estar de costat davant d’un tercer que pregunta “Vols?”. L’amor seria una parada breu entre aïllaments. Ara penso en un temps final en comú amb una dona, amb la qual coincidir com fan les rimes, a final de paraula.

(Pàg. 113)
Em va passar els dits per sobre els ulls i després amb els mateixos dits va baixar pels costats del nas i va passar per la boca fins a la barbeta. I em va posar els llavis sobre la boca mig oberta de tan meravellat.
- Quina meravella –vaig dir quan es va separar molt a poc a poc.
- Aquest era teu. T’ho torno a preguntar, t’agrada l’amor?
- Doncs, sí, si és això, sí.
Vaig pensar que a partir d’aquell moment entendria tots els llibres.

>> Altres n'han dit...
Tens un racó dalt del mónTheraL'illa dels llibres, La paraula nostra, Núvol, Memorande cose, La antigua Biblos, Mi casa es mi mundo, 20000 caligrafías,

>> Enllaços:
Erri De Luca, l'autor argumenta, contextualitzant l'obra i l'autor"La vida és el mar. La literatura podria ser la sal", tornar,...sempre tornar, meticulosa concisión del lenguaje...bufa!, la pèrdua de la innocènciala vida és una altra cosa,