dijous, 30 de setembre de 2010

El almuerzo desnudo - William S. Burroughs

Burroughs, Williams S. El almuerzo desnudo
Barcelona: Anagrama, 1989





Naked lunch 

Traducció de Martín Lendínez
Col·lecció Compactos




>> Què en diu la contraportada...
"El almuerzo desnudo", una de las novelas más míticas de la literatura norteamericana, es un descenso a los infiernos de la droga y una denuncia horrorizada y sardónica, onírica y alucinatoria de la sociedad actual, un mundo sin esperanza ni futuro. Burroughs dispara sus flechas contra las religiones, el ejército, la universidad, la sexualidad, la justicia corrupta, los traficantes tramposos, el colonialismo, la burocracia y la psiquiatría representada por el siniestro Dr. Benway, el gran manipulador de conciencias, el experto en Control total.

>> Com comença...Desperté de la Enfermedad a los cuarenta y cinco años, sereno, cuerdo y en bastante buen estado de salud, a no ser por un hígado algo resentido y ese aspecto de llevar la carne de prestado que tienen todos los que sobreviven a la Enfermedad... La mayoría de esos supervivientes no recuerdan su delirio con detalle. Al parecer, yo tomé notas detalladas sobre la Enfermedad y el delirio. No tengo un recuerdo preciso de haber escrito las notas publicadas ahora con el título de EL ALMUERZO DESNUDO. El título fue sugerido por Jack Kerouac. Hasta mi reciente recuperación no comprendí lo que significaba exactamente lo que dicen sus palabras: ALMUERZO DESNUDO: un instante helado en el que todos ven lo que hay en la punta de sus tenedores.

>> Moments...
(Pàg. 7)
La he fumado, comido aspirado, inyectado en vena-piel-músculo, introducido en supositorios rectales. La aguja no es importante. Tanto da que la aspires, la fumes, la comas o te la metas por el culo, el resultado es el mismo: adicción.

(Pàg. 9)
La droga es el producto ideal... la mercancía definitiva. No hace falta literatura para vender. El cliente se arrastrará por una alcantarilla para suplicar que la vendan... El comerciante de droga no vende su producto al consumidor, vende el consumidor a su producto. No mejora ni simplifica su mercancía. Degrada y simplifica al cliente. Paga a sus empleados en droga.
La droga produce una fórmula básica de virus “maligno”: El álgebra de la necesidad”.

(Pàg. 26)
América no es una tierra joven: ya era vieja y sucia y perversa antes de los indios. El mal está en ella, esperando.

(Pàg. 54)
Gamberros rockeros adolescentes toman por asalto las calles de todas las naciones. Irrumpen en el Louvre y arrojan ácido al rostro de la Gioconda. Abren puertas de zoos, manicomios, cárceles, revientan las conducciones de agua con martillos neumáticos, rompen a hachazos el suelo en los lavabos de los aviones comerciales, apagan faros a tiros, limas los cables del ascensor hasta dejar un solo hilo, conectan las alcantarillas a los depósitos de agua, arrojan tiburones y rayas, angulas eléctricas y candirús a las piscinas (el candirú es un pez pequeño en forma de anguila o gusano de medio centímetros de grosor y unos cinco de largo que circula por ciertos rios de mala reputación de la cuenca del Amazonas, y que se cuela por la picha o por el culo, o por el coño de las mujeres faute de mieux, y se quedan allá enganchados gracias a sus espinas afiladas sin que ningún voluntario que observe in situ el ciclo vital del candirú), meten al Queen Mary a toda máquina en el puerto de Nueva York vestidos de marineros, hacen carreras con aviones y autobuses de pasajeros, irrumpen vestidos de bata blanca en hospitales y clínicas llevando serruchos y hachas y bisturís de un metro de largo; sacan a los paralíticos de sus pulmones de acero (imitan sus ahogos revolcándose por el suelo con ojos desorbitados), ponen inyecciones con bombas de bicicleta, desconectan los riñones artificiales, cortan a una mujer por la mitad con una sierra quirúrgica de dos manos, meten piaras de cerdos gritones en la Bolsa, cagan en el suelo de las Naciones Unidas y se limpian el culo con tratados, pactos, alianzas.

(Pàg. 79)
La primera vez que tubo una infección grave, el termómetro se puso a hervir y disparó una bala de mercurio que se alojó en el cerebro de la enfermera, que cayó muerta con un grito desgarrador. El médico echó una ojeada y cerró de un portazo las puertas de acero de la esperanza.

(Pàg. 113)
Mesas de juego donde se hacen apuestas increíbles. De vez en cuando, un jugador se levanta con un grito de desesperación: un viejo le ha ganado su juventud (...)

(Pàg. 137)
”El resultado final de la representación celular completa es el cáncer. La democracia es cancerígena y su cáncer es la burocracia. Un a oficina arraiga en un punto cualquiera del Estado, se vuelve maligna como la Brigada de Estupefacientes, y crece y crece reproduciéndose sin descanso hasta que, si es controlada o extirpada, asfixia a su huésped, ya que son organismos puramente parásitos. (En cambio, una cooperativa puede vivir sin estado. Es una ruta a seguir. Crear unidades independientes que satisfagan las necesidades de quienes participan en el funcionamiento de cada unidad. Un oficina opera a partir del principio contrario inventar necesidades para justificar su existencia.). La burocracia es tan nefasta como el cáncer, supone desviar de la línea evolutiva de la humanidad sus inmensas posibilidades, su variedad, la acción espontánea e independiente, y llevarla al parasitismo absoluto de un virus.

(Pàg. 167)
(…) el Virus Humano (todos los virus son células deterioradas que llevan una existencia parásita... Tienen una afinidad especial con la Célula Madre; así, las células hepáticas deterioradas buscan el dulce hogar de la hepatitis, etcétera. De tal manera que cada especie tiene su Virus Maestro: Imagen Deteriorada de esa especie.). La imagen rota del Hombre avanza minuto a minuto, célula a célula... Pobreza, odio, guerra, delincuencia policíaca, burocracia, locura, síntomas todos del Virus Humano.
Ahora puede ser aislado y tratado el Virus Humano.

(Pàg. 213)
(...) Siempre se puede encontrar a un traficante. Basta con conjurarle como a un espíritu.

(Pàg. 214)
(...) El sabía, y yo también, todo lo que se puede saber de la espera. El negocio de la droga funciona sin horario, y eso en todos los planos. Nadie llega a tiempo a no ser por casualidad. El adicto vive el Tiempo-droga. Su cuerpo es el reloj y la droga corre a través de él como en un reloj de arena. El tiempo tiene sentido para él sólo en relación con su necesidad.

(Pàg. 227)
Esta es la Revelación y la Profecía de lo que puedo sintonizar sin FM en mi receptor de cristal de los años veinte con antena de semen... Amable lector, vemos a Dios a través de nuestros agujeros del culo en el flash del orgasmo... Por esos orificios se transfigura tu cuerpo... El camino hacia FUERA es el camino hacia DENTRO.

>> Altres n'han dit...
El bloc del librero humanoide, Críticas de literatura universal, Moderno/Posmoderno

>> Enllaços:
William S. Burroughs, la creació literària segons Burroughs, generació Beat (però bé podria ser de la generació punk, oi?), testimoni de l'absurd i cirurgia textual, Apomorfina, Paregórico, Al·lucinacions, "Vademecum drogae", denúncies per obscenitat.

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dilluns, 20 de setembre de 2010

La mala gente - Étienne Davodeau

Davodeau, Étienne. La mala gente. Una historia de militantes.
Ponent Mon, 2006






Les Mauvaises Gens : une histoire de militants

Traducció d'Ana Millán
Col·lecció Bande Dessineé








>> Què en diu la contraportada...
Los Mauges. Una región rural, católica y obrera del oeste francés. Los años 50.
Al dejar la escuela en el umbral de la adolescencia, cientos de jóvenes descubren las fábricas y sus penosas condiciones de trabajo.
Junto con la Iglesia, éstas parecen ser el horizonte infranqueable de sus vidas cotidianas.
En estas tierras consideradas durante mucho tiempo como reacias a los cambios, algunos de ellos se lanzan, sin embargo, a la acción militante.
¿Por qué? ¿Cómo?
Desde la inmediata posguerra hasta el acceso de la izquierda al poder en 1981, La Mala Gente cuenta ese deseo de emancipación colectiva, sus dificultades, sus límites y sus esperanzas.
A través de la experiencia de sus propios padres y de sus amigos militantes, Etienne Davodeau construye este apasionante retrato del mundo obrero y de sus luchas. Al filo de estas páginas, no solamente se dibuja la historia de toda una región sino también la de una Francia en plena mutación.

>> Com comença...







































>> Moments...

(Pàg. 17)






































(Pàg. 21)







































(Pàg. 119)










































(Pàg. 136)





(Pàg. 137)








































(Pàg. 144)










































(Pàg. 145)









































(Pàg. 154)





>> Altres n'han dit...
Zona negativa, Entre comics, Mangaes, La vida en viñetas, La cárcel de papel, Little Nemo's Kat

>> Altres n'han dit...



>> Enllaços:
Étienne Davodeau, el què ell en diu..., Docucomic, Bande Dessinée, l'escenari, Le tour de France par deux enfants, Joventuts Obreres Cristianes, el Pare Guerin, François Mitterrand
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dilluns, 13 de setembre de 2010

El secuestro - Georges Perec



Perec, Georges. El secuestro.
Barcelona: Anagrama, 1997










La disparition
Traducció de Marisol Arbués, Mercè Burrel, Marc Parayre, Hermes Salceda i Regina Vega.
Col·lecció Panorama de Narrativas, 366



>> Què en diu la contraportada...
Al menos los viejos cuentos empezaban bien, pero éste ni siquiera eso. Desde el principio una misteriosa maldición se cierne de modo inexorable sobre los personajes y, conforme evoluciona el relato, su omnipresencia desconcierta al propio lector.
Cuando Tonio Vocel desaparece -¿víctima de un secuestro, retenido, huido, suprimido,...?-, la policía, incapaz de descifrar correctamente los numerosos indicios que se le presentan, no hace más que dar palos de ciego. Los amigos de Tonio toman cartas en el asunto, pero, también ellos, por poco que se acerquen a la verdad, serán presa del escurridizo asesino.
Con todo, el humor sigue reinando en el libro.
El lector tiene, asimismo, la oportunidad de probar su ingenio, ya que la solución, a la vez inasible y evidente, ocultada con esmero y sin embargo malévolamente simple, jamás desvelada pero siempre expuesta, está ante sus ojos. ¿Acaso sabrá verla? ¿Conseguirá dar con el autor de este caos? En realidad bastaría con que descubriese a...

>>Com comença...
Tres obispos, un religioso judío, un coronel del Opus y un trío de mediocres politicuchos, siguiendo los deseos de un trust inglés, difundieron por televisión, y luego en letreros, el inminente riesgo de morir por desnutrición. Primero se pensó en un mero rumor; elementos nocivos, según dijeron. Pero el pueblo se lo creyó.  Todos se proveyeron de un sólido fuste. “Queremos comer”, gritó persistentemente el pueblo, profiriendo vituperios sobre jefes, ricos y poderes públicos. Por doquier, se urdieron complots e intentos de subversión. Los polis tuvieron miedo de los turnos de noche.

>> Moments...
(Pàg. 18)
Se robó, se violó, se mutiló. Pero eso no fue lo peor: se envileció, se conspiró, se disimuló. Entonces, todo el mundo desconfió del prójimo e incluso le odió.....
..
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(Pàg. 27)
Se puso enfermo: ni un mojón, ni un timón, ni un destello, sino sólo veinte conjuntos de los que no pudo desprenderse, incluso presintiendo su solución, intuyendo en ciertos momentos el fin del enredo, creyéndolo muy próximo: “Lo conseguiré (lo supe, lo supe desde el principio, pues todo es muy sencillo, muy evidente, muy común...)”, pero todo se ensombreció, todo se disipó: solo quedó un murmullo furtivo, un tumulto sibilino, un lío confuso. Un sol negro. Un embrollo.

(Pàg. 28)
Por poco lo consigue, pero lo perdió todo, menos el tormento de un deseo no cumplido y el disgusto de un conocimiento escurridizo.

(Pàg. 54)
¿Se suició? ¿Se reventó los sesos de un tiro? ¿Se seccionó el pulso con un filo estilete, de bruces sobre el bidé? ¿Engulló un bebedizo mortífero? ¿Se despeñó con su coche por un precipicio sin fondo don de dio infinitos tumbos sin otro horizonte que el juicio de los justos? ¿Ingirió un producto tóxico? ¿Se hizo el sepuko? ¿Se quemó como un bonzo? ¿Se tiró de un puente y lo succionó un negro golpe de corriente?
Si escogió o no su fin, si murió, eso ningún hombre puede decirlo.

(Pàg. 123)
Dominicus C. Butler se despertó de un sueño no muy sereno. Un término estúpido se repitió en él sin que consiguiese comprenderlo del todo: voz, bocón, bocel, ¿o Vocel?, lo que, por conexión produce un revoltillo, un espeso engrudo: sujetos, locuciones, leitmotivs, dichos, todo un discurso confuso, borrón que se cree entender pero que persiste, imponiendo el molesto torbellino de un hilo veinte veces roto, veinte veces cosido, términos sin nexo donde no se pueden ver ni sus componentes fonéticos, ni su modo escrito, ni su sentido, pero que tejen un flujo, un flujo continuo, sólido, entero: repecursión fuerte, intuición, conocimiento que coge cuerpo en conmovedor estremecimiento, en nube que, de sopetón, contiene un indicio evidente pero que sólo se entrevé un segundo, oscureciéndose después.

(Pàg. 208)
- (...) ¿Emery muerto? Pero ¿por qué? –se preguntó el Sioux.
- ¡Por qué! ¡Por qué! ¡Siempre por qué! –gruñó Uliseos-. ¿Por qué con el término “Muerte” pretendemos siempre un Porqué? Murió, ¡eso es todo! Olvidémonos de ver su nombre en los listines.
 
(Pàg. 218)
I
t is the story told by the idiot, full of sound or fury, signifying nothing.

(Pàg. 262)
(...) el fin existe, pero no el recorrido; lo que conocemos como recorrido no son sino nuestros titubeos.

>> Altres n'han dit...
Regina Irae, Un whisky doble para el alma, Las Ruinas Circulares
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>> Enllaços:

dissabte, 4 de setembre de 2010

Morfina - Mijaíl Bulgákov

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Bulgákov,
Mijaíl. Morfina.
Anagrama: Barcelona, 2002

Morfi
Traducció de Selma Anciar.
Col·lecció Compactos, 276









>> Què en diu la contraportada...
En vida de Milaíl Bulgákov difícilmente alguien se habría atrevido a considerarlo un "clásico" de la literatura rusa, ya que, después de haber gozado de un brevísimo período de éxito durante la década de los veinte, Bulgákov fue víctima de constantes calumnias políticas por parte de las autoridades soviéticas. Los últimos diez años de su vida vivió condenado al silencio y al olvido; parecía que su nombre se hubiera borrado de la literatura. Hoy, Bulgákov se encuentra en un nivel parecido al de Turguéniev, Tolstói o Chéjov.


Los relatos reunidos en este volumen pertenecen al ciclo "
Notas de un médico joven". Todos están basados en experiencias reales del propio Bulgákov, que durante años ejerció como médico rural en la provincia de Smolensk. "Morfina", el relato con el que culmina este ciclo, también nació a partir de un hecho real: la adicción del autor a la morfina, con la que logró romper hacia 1919. A pesar de que los relatos se remontan a los años 1916-1917, en ninguno hay indicios del paso de la revolución por las aldeas y el campo. Mijaíl Bulgákov es aquí un médico joven que duda de sus conocimientos y de su habilidad, pero que demuestra estar lleno de energía para luchar en contra de la inercia y la incultura. Pero el lector no se encuentra frente a un hombre culto que se hunde en las rusas "tinieblas egipcias", sino ante un héroe que encaja perfectamente en el engranaje de la vida social rusa de aquella época. Bulgákov, el médico joven, el narrador y personaje principal de este libro, no relata, sino que describe los hechos con un extraordinario talento de narrador.


>> Com comença...
A quien no haya viajado a caballo por perdidos caminos vecinales, no tiene sentido que le cuente nada de esto: de todas formas no lo entendería. Y a quien ha viajado, prefiero no recordarle nada.
Seré breve: mi cochero y yo recorrimos las cuarenta verstas que separan la ciudad de Grachovka del hospital de Múrievo exactamente en un día. Incluso con una curiosa exactitud: a las dos de la tarde del 16 de septiembre de 1917 estábamos junto al último almacén que se encuentra en el límite de la magnífica ciudad de Grachovka; a las dos y cinco de la tarde del 17 de septiembre de ese mismo e inolvidable año de 1917, me encontraba de pie sobre la hierba aplastada, moribunda y reblandecida por las lluvias de septiembre, en el patio del hospital de Múrievo.

>> Moments...
(Pàg. 28)
(...) El rostro de la madre, que lloraba en silencio, estaba demudado. Cuando la mujer se quitó la pelliza y el pañuelo y abrió el envoltorio, vi a una niña de unos tres años. La observé y por un momento me olvidé de la cirugía, la soledad, el inútil bagaje universitario; me olvidé definitivamente de todo a causa de la belleza de la niña.

(Pàg. 52)
Durante casi una hora estuve bebiendo el té ya frío y hojeando el libro. Entonces ocurrió algo interesante: todos los pasajes que hasta ese momento me habían resultado oscuros se volvieron completamente claros, como si se hubieran llenado de luz, y allí, bajo la luz de la lámpara, por la noche, en aquel lugar apartado, comprendí lo que significa el verdadero conocimiento.
“Se puede adquirir una gran experiencia en la aldea –pensé mientras me quedaba dormido-, pero hay que leer, leer todo lo posible..., leer...”.

(Pàg. 56)
Detrás de las ventanas ocurría algo que yo no había visto en mi vida. No había cielo. Tampoco tierra. La blancura revoloteaba, como si el diablo se estuviera divirtiendo con polvo para los dientes.

(Pàg. 71)
Cuando me desvestí y me metí debajo de las mantas, un temblor se apoderó de mí durante más de medio minuto y luego desapareció; el calor se extendió por todo mi cuerpo.
- Agasájeme –balbuceé mientras me quedaba dormido-, pero no volveré a ir...
- Irás..., claro que irás...-silbó burlonamente la tormenta. Pasó con estruendo sobre el tejado, canto en el tubo de la chimenea, salió volando de allí, murmurando algo detrás de la ventana y luego desapareció.
- Irás... Irás... –marcaba el reloj, pero los sonidos eran cada vez más apagados, más apagados...
Nada más. El silencio. El sueño.

(Pàg. 95)

Había transcurrido un año. Mientras transcurría lentamente me había parecido multifacético, variado, complicado y terrible, pero ahora comprendo que ha pasado como un huracán. Me miro en el espejo y veo las huellas que ha dejado en mi rostro. Los ojos se han vuelto más severos e intranquilos, la boca más firme y viril, la arruga del entrecejo me quedará para toda la vida, como me quedan los recuerdos. Los veo en el espejo correr en un impetuoso torrente.

 (Pàg. 127)

Las personas inteligentes han observado desde hace tiempo que la felicidad es como la salud: cuando la tienes, no la percibes. Pero, cuando pasan los años, cómo recuerdas la felicidad, ¡oh, cómo la recuerdas!.
En lo que a mí se refiere, sólo ahora me doy cuenta de que en el invierno de 1917 fui feliz. ¡Un año inolvidable, impetuoso, acosado por las tormentas de nieve!

(Pàg. 128)
En una esquina había un policía de carne y hueso, en una vitrina empolvada se veían confusamente hojas de metal llenas de apretadas filas de pastelillos recubiertos de una crema rojiza, el heno cubría la plaza, las personas iban a pie o en trineos y conversaban, en un quiosco vendían periódicos moscovitas del día anterior con noticias sensacionales, cerca de allí silbaban los trenes que llegaban de Moscú. En una palabra, era la civilización, Babilonia, la Perspectiva Nevski.

(Pàg. 144)
(...) Así de sencillo es. Una cantante de ópera se juntó con un joven médico, vivió con él un año y luego se marchó.
¿Matarla? ¿Matar? Ah, cuán estúpido, cuán vacío es todo esto. ¡No hay esperanza!
No quiero pensar. No quiero...

 (Pàg. 147)
El primer minuto: una sensación de que algo roza el cuello. Ese roce se vuelve cálido y se extiende. En el segundo minuto una onda fría atraviesa repentinamente la cavidad estomacal e inmediatamente después comienza una extraordinaria lucidez en las ideas y se produce un estallido de la capacidad de trabajo. Todas las sensaciones desagradables desaparecen. Es el punto más alto de la expresión de la fuerza espiritual del hombre.

(Pàg. 155)
13 de abril.
Yo, el desdichado doctor Poliakov, que en febrero de este año enfermó de morfinismo, advierto a todos aquellos a quienes les toque mi misma suerte, que no trate de sustituir la morfina por cocaína. La cocaína es el veneno más terrible y pérfido. Ayer, Ana apenas logró reanimarme con alcanfor; hoy soy una especie de cadáver.

(Pàg. 159)
(...) estoy de nuevo en casa. La lluvia cae como una cortina y me oculta el mundo. Que lo oculte. No tengo necesidad de él, como nadie en el mundo tiene necesidad de mí.

 (Pàg. 169)

¡Ah, diablos! ¿Por qué, a fin de cuentas, siempre debo buscar una justificación para cada una de mis acciones? ¡Esto no es vida, es un martirio!

¿Expreso mis sentimientos con claridad?
Creo que sí.
¿La vida? ¡Qué ridiculez!

(Pàg. 172)
12 de febrero, por la noche.
De nuevo el llanto. ¿A qué viene tanta debilidad y tanta infamia por las noches?

(Pàg. 173)
Y bien, manos a la obra. No le debo nada a nadie. Me he destruido solamente a mi mismo. Y a Ana. ¿pero qué se puede hacer?
El tiempo lo curará, como cantaba Amneris. Con ella, naturalmente, todo es sencillo y fácil.
El cuaderno es para Bomgard. Es todo...

>> Altres n'han dit...aloneinkioto, Culturamas

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