diumenge, 27 de maig de 2012

El otoño en Pekín - Boris Vian





"Le resultaba dificilísimo mirarla a la cara. Resplandecía demasiado. Sin embargo, sus ojos..., necesitaba aprender el color de aquellos ojos..."





Vian, Boris. El otoño en Pekín.
Barcelona: Bruguera, 1984

L’automne á Pekin.Traducció de Juan García Hortelano
Col·lecció Bruguera Libro Amigo, 810



>> Què en diu la contraportada...
 Alfred Jarry situó la saga de su Ubú en Polonia “es decir: en ninguna parte”. Vian –que fue su aventajado discípulo- no sólo inventa la tierra de Exopotamia sino que para narrar lo que a ella se refiere alude a un Pekín innecesario y a un otoño irrelevante. Esto parecería anormal si desde el comienzo Amadis Dudu no perdiese todos los autobuses, una mañana en que se niegan a transportarlo, o el pacífico burócrata Claude León no se convirtiese en asesino a pesar suyo, sólo por lleva un revólver en el bolsillo. Pero en el mundo de Vian todo es posible: hasta esta sinfonía en tres movimientos organizada a golpes de trompeta.


>> Com comença...
Amadís Dudu seguía sin convicción la estrecha callejuela, que constituía el más largo de los atajos para llegar a la parada del autobús 975. Al tener que entregar cada día tres tickets y medio, ya que se apeaba en marcha antes de su parada, se palpó uno de los bolsillos del chaleco para comprobar si le quedaban. Sí. Vio un pájaro, posado en un montón de basuras, el cual, picoteando tres latas de conserva vacías, conseguía interpretar el comienzo de Los bateleros del Volga. Dudu se detuvo, pero el pájaro marró una nota y salió volando, furioso, gruñendo, entre picos, palabrotas en ornitofonía. Amadís Dudu reanudó su camino, cantando la continuación, pero marró también una nota y se puso a renegar.

>> Moments...
(Pàg. 43)
El sol pasaba y volvía a pasar por el cielo sin tomar una decisión; el este y el oeste, que acababan de jugar a las cuatro esquinas con sus otros dos camaradas, ocupaban ahora, por divertirse, posiciones distintas a las acostumbradas; a lo lejos, el sol se encontraba despistado. La gente se aprovechaba de la situación. Sólo los engranajes de los relojes de sol funcionaban insensatamente y se desquiciaban uno tras otros, en medio de crujidos y lamentos siniestros. Pero la alegría de la luz atenuaba el espanto de aquel clamor.

(Pàg. 45)
Le resultaba dificilísimo mirarla a la cara. Resplandecía demasiado. Sin embargo, sus ojos..., necesitaba aprender el color de aquellos ojos...

(Pàg. 81) 
- (...) ¿Qué edad tiene usted?
- No puedo darle ninguna cifra. He olvidado el principio. Lo único que podría hacer es repetir algo que me han dicho y de lo que no estoy seguro. Prefiero callar. En todo caso, soy todavía joven.
- Yo le daría veintiocho años.
- Se lo agradezco –dijo Amadís-, pero no sabría que hacer con ellos (...).

(Pàg. 142) 
- (...) ¿Te gusta este lugar?
- Vamos tirando.
- Y ¿cómo te encuentras en cuanto a la gracia?
- Viene y va.
- ¿Pensamientos?
- Negros. Pero con Lavándula es comprensible, ¿no? Negros, pero no tristes. Negros y con fuego.
- Ese es el color del infierno –dijo el abad.

(Pàg. 189) 
Rochelle era una mala puta. Desde cualquier perspectiva que se la considerase. Y, encima, sus pechos, cada vez más caídos... Ana la va a dejar echa una completa chapuza. La va a dilatar. A reblandecer. A exprimir, Una cáscara de limón... Sigue teniendo unas piernas preciosas. Lo primero que se...
Angel paró las máquinas y giró sus pensamientos 45 grados a babor. Resulta absolutamente inútil construir frases obscenas contra una muchacha, que, bien considerada, no es más que un agujero, rodeado de pelos, y que... No era suficiente; 45 grados más. Hay que agarrarla y arrancarle lo que tiene a la espalda y zurcírsela a araños y, sin tregua, darle hasta que se le abra otra vez. Pero, cuando salga de entre las manos de Ana, no quedará nada por hacer. Está ya tan estropeada, tan macilenta, ojerosa.., manchas y pecas, carnes fofas..., sobada, ensuciada, descoyuntada. Una campana de sebo y el badajo colgando en medio. Sin nada ya fresco. Sin nada ya inédito. Haberla conseguido antes que Ana (...).

(Pàg. 191) 
- (...) ¿Por qué le van a meter en chirona?
- Así es la ley. Como usted debería saber.
- Ya sabe –dijo Angel-, en general, no se sabe nada. Incluso las gentes que tendrían que saber, es decir lo que saben manipular las ideas, triturarlas y presentarlas de tal manera que ellos mismos se creen que poseen un pensamiento original, nunca renuevan su patrimonio de cosas triturables, y entonces resulta que su sistema de expresión siempre le lleva veinte años de delantera a la propia materia de la expresión. De todo lo cual se deduce, que es imposible aprender nada de esas gentes, porque se contentan con palabras.
- Es inútil que se pierda en discursos filosóficos para confesarme que no conoce la ley –dijo el profesor.
- Muy cierto –dijo Angel-, pero es necesario que meta en algún sitio estas reflexiones. Si es que se trata de reflexiones. Por mi parte, me inclinaría a considerarlas como simples reflejos de un individuo sano (...).

(Pàg. 230) 
- (...) En cierto sentido –dijo, por fin-, no cabe duda que llevan ustedes una vida horriblemente monótona y vulgar.
- ¿Qué me dice? – Amadís volvió a lanzar una risita burlona-. Más bien creo que ser pederasta constituye una prueba de originalidad.
- No –dijo Ana-. Constituye una estupidez. Una enorme limitación. Usted únicamente es eso. Un hombre o una mujer normales pueden hacer muchísimas más cosas y adoptar un número muchísimo mayor de personalidades. Quizá sea, precisamente en eso, en lo que ustedes son más estrechos...
- O sea que, según usted, ¿un pederasta tiene una mentalidad estrecha?
- Si. Un pederasta o una bollera, toda esa clase de gente, tienen una mentalidad horrorosamente estrecha. No creo que sea por su culpa. Pero, por lo general, se vanaglorian de serlo. Y no es más que una debilidad sin importancia.

(Pàg. 232) 
- (...) Es terrible –continuó Ana-, cuando uno se pone a pensar en todos esos tipos que trabajan para nada. Que se pasan ocho horas diarias en una oficina. Que son capaces de pasarse en semejante lugar ocho horas al día.
- Pero, hasta ahora, usted ha sido uno de ellos.
- Me carga usted con lo que uno haya sido. ¿Acaso no tiene uno derecho a comprender, incluso después de haber estado poniendo el culo durante una temporada?
- Suprima esas expresiones –advirtió Amadís-. Me desagradan, aunque no apunte usted contra mí, cosa que dudo.
- Como jefe mío, le apunto y peor para usted, si mis disparos dan también en otro blanco. Pero fíjese hasta qué punto está limitado, hasta qué punto desea usted corresponder a su etiqueta. Resulta usted tan limitado como cualquier pobre hombre que se alista en un partido político.
- Me asquea usted físicamente –dijo Amadís-. Y es usted un guarro. Y un simulador.
- De ésos están llenas las oficinas. A montones. Se aburren como mierdas por las mañanas. Se aburren como mierdas por las tardes. Al mediodía, van y se hinchan de bazofia servida en gamellas de cartón, que luego por al tarde se dedican a digerir, agujereando papeles, escribiendo cartas personales, charlando por teléfono con los amigotes. De vez en cuando, aparece un tipo distinto, uno que es útil. Uno que produce cosas. Escriba una carta y la carta llega a un despacho. Se trata de tal asunto. Bastaría decir sí o no, una sola vez, y se habría acabado, asunto resuelto. Pero es imposible.
- Tiene usted imaginación. Y una alma poética, épica y todo lo demás. Por última vez, vuelva a su trabajo.
- Por cada hombre con vida hay aproximadamente un burócrata, un parásito. La justificación del parásito está en esa carta que podría solucionar el asunto del hombre con vida. Pero no, la lleva de una parte a otra, sin resolverla, para que dure. El hombre con vida lo ignora.
- Basta –dijo Amadís-. Le juro que es una idiotez lo que está diciendo. Le garantizo que existen personas que responden de inmediato las cartas. Y que en una oficina se puede trabajar. Y ser útil.
- Si cada hombre con vida –prosiguió Ana- se levantase y buscase por las oficinas a su parásito personal y lo matase...(...)

>> Altres n'han dit...
La2revelación, Livres Krinein, The bronkus

>> Enllaços:
Boris Vian, obra difícil i malentesa?..., ...no! obra patafísica!Propera estació: Exopotamia


diumenge, 20 de maig de 2012

Llauners - Paul Harding



"Què se n’ha fet dels vaixells en miniatura construïts amb escorça de bedoll i fulles caigudes, posats a surar en una aigua freda i transparent com l’aire? Quantes flotes diminutes han sigut empeses cap al centre de les llacunes o enviades rierols avall, carregades de tresors com aglans, plomes negres o pregadéus desconcertats?"


Harding, Paul. Llauners
Barcelona: Ediciones de 1984, 2012

Tinkers. Traducció de Maria Iniesta
Col·lecció Mirmanda



>> Què en diu la contraportada...
En George Washington Crosby jeu al llit esperant la mort. Confinat a la sala d’estar i acompanyat dels seus familiars, comença a patir al·lucinacions. Veu com el pis de dalt li cau a sobre, amb l’armadura de pi inacabada i les canonades per connectar. Parracs d’abrics vells, capses de jocs de taula i de puzzles oblidats, joguines trencades, bosses plenes de fotografies familiars, eines rovellades i mecanismes de llautó de rellotges antics. Restes de tota una vida. Amb la teulada ensorrada, apareix el cel blau. Els núvols s’aturen, es queden quiets un instant, i llavors també li cauen al cap en picat, seguits de les estrelles, fins que la negra nit el cobreix com si fos un sudari. Havia estat un rellotger metòdic i ara, alliberat de les restriccions habituals del temps i de la memòria, pot reconstruir el seu passat i reunir-se per fi amb el seu pare epilèptic, que menava un carro ambulant i feia una mica de tot per guanyar-se la vida. En aquest viatge de retorn a les meravelles i al dolor d’una infantesa pobra en una regió remota de Maine, George Washington Crosby recupera el món natural, alhora inspirador i amenaçador, que forma part d’ell. Corprenedora i lligada a la vida, Llauners és una meditació elegíaca sobre l’amor, la pèrdua i la bellesa ferotge de la natura.

>> Com comença...
En George Washington Crosby va començar a tenir al·lucinacions vuit dies abans de morir. Des del llit d’hospital que havien llogat i instal·lat al bell mig de la sala de la casa, veia insectes que entraven i sortien corrents d’esquerdes imaginàries en el guix del sostre. Els batents de les finestres, abans ben encaixats i amb vidres, ara ballaven balders damunts dels marcs. La següent ventada una mica forta els tombaria tots i els faria caure al damunt dels caps dels seus familiars, que estaven asseguts als sofàs de tres i dues places i a les cadires de la cuina que la seva dona havia portat perquè tothom estigués còmode. L’allau de batents de finestra se’ls enduria tots de la sala, als seus néts de Kansas, als d’Atlanta i als de Seattle, i a la seva germana de Florida, i ell es quedaria aïllat al llit en un fossat de vidres trencats. El pol·len, els pardals, la pluja i els intrèpids esquirols que s’havia passat mitja vida intentant mantenir allunyats de les menjadores per als moixons, envairien la casa.

>> Moments...
(Pàg. 20)
En el moment de morir, en George Crosby recordava moltes coses, però en un ordre que no podia controlar. Contemplar la seva vida, recordar tot el que sempre s’havia imaginat que devia fer un home al final, era presencia una massa en moviment, com les rajoles d’un mosaic que giressin i s’arremolinessin per retratar, sempre en franges de colors reconeixibles, elements familiars, unitats moleculars, corrents íntims però ara també independents de la seva voluntat, que li mostraven una visió diferent de si mateix cada vegada que intentava fer alguna valoració.

(Pàg. 72)
Els teus matins s’omplen de mal de cor perquè, encara que no hi estiguem a gust, aquest món és l’únic que tenim, perquè és nostre però s’hi ha de lluitar; perquè, per tant, l`únic que realment podem dir que és nostre és la lluita. Però val més això que res, no?

(Pàg. 78)
Què se n’ha fet dels vaixells en miniatura construïts amb escorça de bedoll i fulles caigudes, posats a surar en una aigua freda i transparent com l’aire? Quantes flotes diminutes han sigut empeses cap al centre de les llacunes o enviades rierols avall, carregades de tresors com aglans, plomes negres o pregadéus desconcertats? Cal apuntar aquestes petites obres d’artesania boscana a la mateixa llista que els bucs de ferro que solquen els oceans, perquè unes i altres són improvisacions sorgides dels somnis dels homes i totes s’enfonsaran, sigui pel setge dels mars o pel vent de la tardor.

(Pàg. 109)
De sobte es va adonar que si el que volia era fugir, aquell no era el lloc on havia d’anar. Marxar volia dir marxar. Ell mai no havia anat gaire lluny. La Revolució Francesa, Fort Sumter o l’Imperi Romà, allò sí que era lluny.

(Pàg. 118)
”(...) Tot està fet per desaparèixer; el més meravellós de tot és que encara no ho hagi fet. No”, va pensar, “ per començar, el més meravellós de tot és que hagi arribat a ser fet. Què perdura més enllà d’aquest cataclisme de creació i destrucció?”.

(Pàg. 122)
”(...) Un moviment del cap, un pas més a l’esquerra o més a la dreta, i ja passem de llestos, decents i lleials als altres a ser uns idiotes presumptuosos? La llum canvia, parpellegem i veiem el món des d’una perspectiva nova, amb la més mínima de les diferències, però ja tot ha canviat infinitament: si el sol toca un plat de cereals barats, llavors sóc un llauner; si resulta que la lluna és un ou que brilla en el seu niu d’arbres sense fulla, sóc un poeta (...)”

(Pàg. 131)
I era com si això, el fet de trobar-se allà on no tocava, no fes sinó confirmar-li que el seu destí era el de desaparèixer; i per això en aquelles visites per sorpresa, encara que no l’arribava a veure, sí que notava la seva perplexitat, el seu desconcert, com la consternació que sents quan en somnis retrobes el germà que havies oblidat que tenies o recordes de cop i volta la criatura que has deixat enrere al vessant de la muntanya fa hores, perquè, no saps com, estaves distret i havies arribat a creure en una vida diferent i el xoc que et provoquen aquests records, aquests retrobaments inesperats, prové tant de l’aflicció per haver faltat als teus deures com de la consternació d’haver arribat a creure tan profundament i tan de pressa en alguna altra cosa. I aquest altre món que primer somniaves sempre és millor, si no real, perquè en ell no has deixat plantada la teva estimada, no has abandonat el teu fill, no has girat l’esquena al teu germà. El món s’allunyava del meu pare de la mateixa manera que ell s’allunyava de nosaltres. Ens vam convertir en el seu somni.

(Pàg. 134)
El pare sofria una humiliació terrible i jo no podia fer res per canviar-ho. Que ell i la mare haguessin de lliurar una batalla a les fosques per aconseguir ficar-li la roba em va semblar furtiu i espantós. Amb tot, però, pensar en creuar la sala i obrir les persianes perquè hi entrés la llum i es vessés damunt d’ells, apagada, crua, encara em sembla pitjor, com si el mínim que se li pogués oferir al pare fos el dret a ensorrar-se a les fosques.

(Pàg. 154)
Era una persona jove –no era una criatura, ni tampoc un adolescent, però era molt més jove que ell, que ja tenia vuitanta anys, si més no de cos. Aquella persona transmetia la sensació que tenia segles, però tots simultàniament: tenia centenars d’anys, els uns sobreposats als altres, com si d’una sola vegada experimentés un nombre infinit de temps diferents.

>> Altres n'han dit...
Hotel dilluns, Dr. Read Good, Reseñando, BookaliaEl País,

>> Enllaços:
Paul Harding, l'autor s'explicaestructurant els temes, atemporalitat..., ...i transcendentalismeno és la història, és la forma, els camins de l'èxit són inescrutablesllibre valent

divendres, 11 de maig de 2012

Réquiem por un campesino español - Ramón J. Sender



"Disparos por la noche, sangre, malas pasiones, habladurías, procacidades de aquella gente forastera, que, sin embargo, parecía educada." 




Sender, Ramon J. Réquiem por un campesino español.

Barcelona:  Ediciones Destino, 1984 (10ª Ed.)
Col·lecció Destinolibro, 15


>> Què en diu la contraportada...
Réquiem por un campesino español, novela corta (1953), cuyo título anterior fue Mosén Millán, recoge un dramático episodio de la guerra civil en un pueblecito aragonés. Mosén Millan se dispone a ofrecer una misa en sufragio del alma de un joven a quien había querido como a un hijo. Mientras aguarda a los asistentes, el cura reconstruye los hechos: el fracaso de su mediación, con la que creyó poder salvar al joven –refugiado en el monte en los primeros días del levantamiento-, pero que no sirvió sino para entregarlo a sus ejecutores. El relato es de una perfecta sobriedad y de una sencillez no por ello menos profunda y estremecedora. Intensa y conmovedora, es una de las más conseguidas narraciones del autor.

>> Com comença...
El cura esperaba sentado en un sillón con la cabeza inclinada sobre la casulla de los oficios de réquiem. La sacristía olía a incienso. En un rincón había un fajo de ramitas de olivo de las que habían sobrado el Domingo de Ramos. Las hojas estaban muy secas, y parecían de metal. Al pasar cerca, Mosén Millán evitaba rozarlas porque se desprendían y caían al suelo.
Iba y venía el monaguillo con su roquete blanco. La sacristía tenía dos ventanas que daban al pequeño huerto de la abadía. Llegaban del otro lado de los cristales rumores humildes.

>> Moments...
(Pàg. 12)
Por las ventanas de la sacristía llegaba ahora un olor de hierbas quemadas, y Mosén Millán, sin dejar de rezar, sentía en ese olor las añoranzas de su propia juventud. Era viejo, y estaba llegando –se decía- a esa edad en que la sal ha perdido su sabor, como dice la Biblia.

(Pàg. 32)
La turbación de Paco procedía del hecho de haber visto aquellas imágenes polvorientas y desnarigadas en un desván del templo donde amontonaban los trastos viejos. Había también allí piernas de cristos desprendidas de los cuerpos, estatuas de mártires desnudos y sufrientes. Cabezas de ecce homos lacrimosos, paños de verónicas colgados del muro, trípodes hechos con listones de madera que tenían un busto de mujer en lo alto, y que, cubiertos por un manto en forma cónica, se convertían en Nuestra Señora de los Desamparados.

(Pàg. 39)
- ¿Por qué no va a verlo nadie, Mosén Millán?
- ¿Qué importa eso, Paco? El que se muere, rico o pobre, siempre está solo aunque vayan los demás a verlo. La vida es así y Dios que la ha hecho sabe por qué.

(Pàg. 52)
- (...) A mi no me importa estar sin guardia civil.
- No seas badulaque.
- Digo la verdad, Mosén Millán.
- ¿Pero tú crees que sin guardia civil se podría sujetar a la gente? Hay mucha maldad en el mundo.
- No lo creo.
- ¿Y la gente de las cuevas?
- En lugar de traer guardia civil, se podían quitar las cuevas, Mosén Millán.
- Iluso. Eres un iluso.

(Pàg. 82)
Nadie sabía cuándo mataban a la gente. Es decir, lo sabían, pero nadie los veía. Lo hacían por la noche, y durante el día el pueblo parecía en calma.

(Pàg. 84)
Disparos por la noche, sangre, malas pasiones, habladurías, procacidades de aquella gente forastera, que, sin embargo, parecía educada. Y don Valeriano se lamentaba de lo que sucedía y al mismo tiempo empujaba a los señoritos de la ciudad a matar más gente.

(Pàg. 85)
Nadie lloraba y nadie reía en el pueblo. Mosén Millán pensaba que sin risa y sin llanto la vida podía ser horrible como una pesadilla.

>> Llegeix-la:
Espanyol (pdf) 

dijous, 3 de maig de 2012

Las penas del joven Werther - J.W.Goethe




"Todo en este mundo acaba por ser una bagatela (...)"




Goethe, J. W. Las penas del joven Werther. 
Barcelona: Alba, 2011
Die Leiden des jungen Werther.Traducció d’Isabel Hernández
Col·lecció Alba Clásica
Il·lustracions de Daniel Nikolaus Chodowiecki


>> Què en diu la contraportada...
Publicada en 1774, revisada en 1787, Las penas del joven Werther es quizá una de las obras más influyentes de la literatura universal. El «efecto Werther» no sólo creó tendencias literarias y modas en el vestir, sino también una peculiar oleada de suicidios. Fue libro de cabecera de Napoleón… y también del monstruo de Frankenstein. Todos –clásicos y románticos– quisieron apropiarse de él: fue icono del sentimentalismo y héroe de la exaltación revolucionaria; también fue, como dijo Thomas Mann, «el horror y el espanto de los moralistas». Al final de su vida, Goethe lamentaba que la mayoría de los jóvenes que peregrinaban a Weimar para visitarlo sólo conocieran esa obra suya. Hoy leer –en una nueva traducción de Isabel Hernández– las desventuras de este joven artista burgués que, a raíz de un amor prohibido, descubre su insospechada comunidad con los locos, los humildes, los desdichados y hasta los asesinos no anula ni el distanciamiento ni la identificación. Werther sigue preguntándonos si pactar es una necesidad o una rendición. Sigue apuntando a nuestro yo, y lo que significa conservarlo. Sigue hablando de nosotros mismos. Este volumen incluye las clásicas ilustraciones de Daniel Nikolaus Chodowiecki para las primeras ediciones del libro.

>>Com comença:
He reunido con esmero todo lo que he podido encontrar sobre la historia del pobre Werther y os lo ofrezco aquí a sabiendas de que me lo agradeceréis. No podréis negar a su espíritu y a su carácter ni vuestra admiración ni buestro cariño, como tampoco a su destino vuestras lágrimas.

Y tú, alma cándida, que, como él, sientes los mismos impulsos, saca consuelo de sus penas y deja que este librito sea tu amigo si, por merca casualidad o por tu propia culpa, no puedes hallar otro más cercano.

>>Moments:
(Pàg. 23)
Sé bien que no somos iguales ni podemos serlo, pero considero que quien crea necesario distanciarse de la plebe para seguir inspirando respeto es tan reprochable como un cobarde que se esconde de sus enemigos porque teme ser derrotado.

(Pàg. 23)
El género humano es una cosa uniforme. Los más se afanan la mayor parte del tiempo trabajando para vivir, y lo poco que les resta de libertad les da tanto miedo que recurren a todos los medios posibles para deshacerse de ella. ¡Oh, condición humana!

(Pàg. 26)
Que la vida del hombre es sólo un sueño es algo que ya le ha parecido a más de uno, y a mí también me acompaña siempre esa sensación. Cuando veo la limitación en la que están encerradas las fuerzas activas e inquisitivas del ser humano, cuando veo que toda actividad se encamina a la satisfacción de necesidades que, a su vez, no tienen otra finalidad que alargar nuestra pobre existencia y, además, que todo consuelo derivado de determinados puntos de nuestras pesquisas no es más que resignación soñadora, puesto que hemos pintado las paredes entre las que nos encontramos prisioneros con figuras multicolores y horizontes despejados... todo esto, Wilhem, me hace enmudecer. ¡Vuelvo a mi interior y encuentro todo un mundo! Un mundo, sin embargo, en el que hay más presentimientos y deseos imprecisos que acción y realidades concretas. Y todo se diluye ante mis sentidos, y yo sigo, soñador, sonriendo por el mundo.



(Pàg. 29)
Pueden decirse muchas cosas a favor de las reglas, más o menos lo que puede decirse en alabanza de la sociedad burguesa. Quien las observe jamás producirá nada malo o carente de gusto, del mismo modo que quien se deje moldear por las leyes y el bienestar nunca será un vecino insoportable, ni un canalla redomado. Sin embargo, ¡toda norma destruye, se diga lo que se diga, el verdadero sentir de la naturaleza, así como su verdadera expresión!

(Pàg. 60) (...)¿ O no es más bien que nos enojamos en lo más íntimo por nuestra propia indignidad, porque no nos gustamos a nosotros mismos, lo cual va siempre unido a cierta envidia acuciada por alguna necia vanidad?

(Pàg. 70)
Todo en este mundo acaba por ser una bagatela, y un hombre que, por voluntad de otro, sin que sea su propio deseo, su propia necesidad, se mate a trabajar por dinero u honores o lo que sea, será siempre un necio.

(Pàg. 79)
«¡Ay, vosotros, los juiciosos! –exclamé riendo-. ¡Pasión! ¡Embriaguez! ¡Locura! ¡Qué tranquilos estáis, sin compasión, vosotros, los virtuosos! Censuráis al bebedor, despreciáis al insensato, pasáis de largo como el sacerdote y dais gracias a Dios como los fariseos por no haberos hecho como a uno de ellos. Yo me he emborrachado más de una vez, mis pasiones nunca han estado muy lejos de la locura, y no me arrepiento de ninguna de las dos cosas, porque a mi manera he aprendido que de todos los hombres excepcionales que han hecho algo grande, algo que parecía imposible, siempre se ha dicho que eran unos borrachos y unos locos. Pero también en la vida cotidiana es intolerable tener que oír prácticamente a todo el mundo exclamar ante una acción libre, noble, esperanzada: “¡Este hombre está borracho! ¡Éste está loco!”. ¡Avergonzaos vosotros, los sobrios! ¡ Avergonzaos vosotros, los sabios!»

(Pàg. 86)
¿Es que tenía que ser así, que lo que hace la felicidad del hombre sea también la fuente de su desdicha?

(Pàg. 125)
¡Claro que sólo soy un caminante, un peregrino sobre la faz de la tierra! ¿Es que vosotros sois algo más?

(Pàg. 128)
¡A veces no comprendo cómo puede amarla otro, cómo le es lícito amarla, cuando sólo yo la amo tan plena, tan íntimamente, sin conocer otra cosa, sin saber otra cosa, sin tener otra cosa que no sea ella!

(Pàg. 139)
¡Oh, el hombre es tan efímero que, incluso allí donde su existencia tiene una certeza indudable, allí donde deja la insustituible y genuina impronta de su presencia, en el recuerdo, en el alma de sus amigos, también ha de apagarse, ha de desaparecer, y demasiado pronto!”

(Pàg. 150) ¡¿Qué es el hombre, ese semidiós ensalzado?! ¿Acaso no le fallan las fuerzas justo cuando más las necesita? Y, cuando se eleva en la alegría o se hunde en el dolor, ¿no lo detendrán una u otra cosa justo en ese momento y se verá devuelto a su fría y obtusa conciencia, justo en el momento en que ansiaba perderse en la plenitud del infinito?

(Pàg. 180)
« (...) Profundo es el sueño de los muertos, fina su almohada de polvo. »

(Pàg. 187)
¡Morir! ¿Qué significa eso? Ya lo ves, cuando hablamos de la muerte, soñamos. He visto morir a alguna personas; pero la humanidad es tan limitada que no comprende el principio y el final de su existencia.

>> Altres n'han dit...
Els meus llibres i altres dèriesLas luciérnagas no usan pilas, Brújulas y espirales, El mar de tinta

>> Enllaços:
J.W.Goethecontext i estructura, eixos temàticsla rauxa i els sentiments com a motor, les claus de la literatura epistolar, Romanticismel'efecte Werther (suïcidi mímic)Ossian

>> Llegeix-lo:
Anglès (en format epistolar directe a la bústia de correu electrònic)
Anglès (multi-format)
Alemany (html, pdf, txt)
Italià (pdf) 
Espanyol (html)

>> Escolta'l:
Alemany (descàrrega de mp3)

dimarts, 1 de maig de 2012

La hierba roja - Boris Vian


"¿Dónde están los recuerdos puros? En casi todos se funden impresiones de otras épocas que se les superponen y les confieren una realidad distinta. Los recuerdos no existen: es otra vida revivida con otra personalidad, y que en parte es consecuencia de esos mismos recuerdos."



Vian, Boris. La hierba roja.
Barcelona: Bruguera, 1986

L’herbe rouge. Traducció de Jordi Martí
Col·lecció Libro Amigo, 887


>> Què en diu la contraportada...
El ingeniero Wolf y su ayudante, el mecánico Lazuli, construyen una máquina del tiempo. Wolf pretende a través de su engendro conjurar todos los terrores y obsesiones de su infancia y rescatar los goces de la felicidad fugaz. Pero los inquisidores no aceptan semejantes audacias y conducirán a Wolf a la aniquilación. En La hierba roja, más que en ningún otro de sus libros, Boris Vian puso mucho de su propia vida. Construida con la fantasía desbordante y la lúcida insolencia que caracteriza toda su literatura, ésta es una novela tierna, dolorosa y patética cuya lectura constituye una experiencia inolvidable.

>>Com comença... 
El viento, tibio y adormecido, empujaba una brazada de hojas contra la ventana. Wolf, fascinado, contemplaba el pequeño rincón de luz que el retroceso de la rama descubría periódicamente. De pronto se estremeció, sin motivo, apoyó las manos en el borde de la mesa y se levantó. Al pasar, hizo crujir la tabla del parquet que siempre crujía, y, para compensar, cerró la puerta silenciosamente.

>>Moments:
(Pàg. 16)
Alguien servía y retiraba los platos, Wolf no sabía quién. No podía mirar a un criado, le daba vergüenza.

(Pàg. 21)
Era tarde, o temprano, y la noche chorreaba sobre el tejado de la casa, arremolinándose en pesadas humaredas que rodaban a lo largo de la ardiente luz que las evaporaba al instante.

(Pàg. 40)
Otra persona esperaba. Una niña delgada, de ojos negros e inquietos, que apretaba en su sucia mano una moneda de plata. Lil bajó la escalera. La niña vaciló y la siguió.
- Perdón, señora –dijo-. ¿Dice la verdad?
- Claro que no –dijo Lil-. Dice el porvenir. No es lo mismo, ¿sabes?
- ¿Y eso da confianza? –preguntó la niña.
- ¿A veces da confianza – dijo Lil.

(Pàg. 66)
¿Dónde están los recuerdos puros? En casi todos se funden impresiones de otras épocas que se les superponen y les confieren una realidad distinta. Los recuerdos no existen: es otra vida revivida con otra personalidad, y que en parte es consecuencia de esos mismos recuerdos. No se puede invertir el sentido del tiempo, a menos que se viva con los ojos cerrados y los oídos sordos.

 (Pàg. 76)
(...) Me querían demasiado; y como yo no quería a nadie, llegaba a la lógica conclusión de que los que me amaban era estúpidos... incluso perversos; y, poco a poco, me fui construyendo un mundo a mi medida... un mundo sin bufandas ni padres (...).

(Pàg. 79)
La noche había caído de golpe, compacta y ventosa, y el cielo aprovechaba para acercarse al suelo, abrigándolo con su mórbida amenaza.

(Pàg. 103)
Los negros ya no bailan en la calle. Siempre hay un montón de imbéciles mirándolos, y los negros creen que lo hacen para ponerlos en ridículo. Es que los negros son muy susceptibles, y tienen razón. Después de todo, ser blanco es, más que una cualidad especial, una carencia de pigmentos, y no es razón suficiente para que unos tipos que han inventado la pólvora pretendan ser superiores a todo el mundo y se crean con derecho a perturbar otras actividades mucho más interesantes, coma la danza y la música.

(Pàg. 112)
- (...) Me sentí decepcionado por las formas de su religión –dijo Wolf-. Son completamente gratuitas. Todo son carantoñas, cancioncitas, hábitos bonitos... La religión y el music-hall son casi lo mismo.
- Vuelva a su estado de ánimo de hace veinte años –dijo el Padre Grille-. Mire, estoy aquí, para ayudarle..., sacerdote o no... y también el music-hall tiene su importancia.
- No existen argumentos para pronunciarse a favor o en contra –murmuró Wolf-. Se cree o no se cree. Siempre me sentí incómodo al entrar en una iglesia. Siempre me sentí incómodo al ver hombres de la edad de mi padre que se arrodillaban frente a un pequeño armario. Me daba vergüenza por mi padre. No llegué a conocer a sacerdotes malos, de esos cuyas infámias se narran en los libros de pederastas, ni presencié injusticias –que, por otra parte, apenas habría sabido identificar-, pero me sentía molesto con los curas. Quizá fuera la sotana.
- ¿Y cuando dijo: “Renuncio a Satanás, a sus pompas y a sus obras”?- dijo el Padre Grille.
Quería ayudar a Wolf.
- Pensé en una bomba –dijo Wolf-. Es verdad, ya no me acordaba..., una bomba de agua que había en el jardín de los vecinos, con una palanca, y pintada de verde. Sabe usted, a mi el catecismo apenas me rozó..., tal como fui educado, era imposible que creyera. Todo se reducía a una formalidad necesaria para conseguir un reloj de oro y no tener dificultades para casarse.
- ¿Quién le mandaba casarse por la iglesia? –dijo el Padre Grille.
- Los amigos se divierten –dijo Wolf-. Y además es un vestido para la mujer y... oh, todo esto me aburre... no me interesa nada. Nunca me ha interesado.

(Pàg. 116)
Entonces era divertido hacer la primera comunión; se tenía la sensación, respecto a los pequeños – a los más pequeños-, de haber subido un peldaño en la escala social, de haber merecido un ascenso; y, respecto a los mayores, la de haber accedido a un status y poder tratarlos de igual a igual. Y luego el brazal el vestido azul, el cuello almidonado, los zapatos de charol –y, a pesar de todo, por muchos ánimos que uno se diera, la emoción del gran día-, los adornos de la capilla, llena de gente, el olor del incienso y las mil luces de los cirios, el sentimiento mitigado de estar actuando en un teatro y de estar a punto de acceder a un gran misterio, el deseo de dar ejemplo edificante con la propia piedad, el miedo –“y si LA mastico”-, el “ y si fuera verdad”, la revelación –“es verdad”-... y, de regreso a casa, con el estómago lleno, la amarga sensación de haber sido engañado. Quedaban las estampas doradas que se intercambiaban con las de los compañeros, el vestido que se llevaría hasta que se desgastara, el cuello almidonado que no serviría nunca más, y un reloj de oro que años más tarde, un día de miseria, podría venderse sin ningún remordimiento. Y también un misal, regalo de una prima beata, que uno nunca se atreverá a tirar a causa de su hermosa encuadernación, pero del que nunca sabrá que hacer... Decepción sin límites... comedia irrisoria... y un cierto pesar por no haber llegado a saber si uno de verdad ha visto a Jesús o si simplemente se ha encontrado mal por culpa del calor, de los olores, del madrugón o del cuello que aprieta demasiado...

(Pàg. 122)
(...) Me robaron dieciséis años de noche, señor Brul. Me hicieron creer, en primero de Bachillerato, que mi único progreso debía consistir en pasar a segundo... en sexto, tuve que hacer la reválida..., y luego, un título...Sí, pensé que tenía un objetivo en la vida, señor Brul..., y no tenía nada... Avanzaba por un pasillo sin principio ni fin, a remolque de unos imbéciles, precediendo a otros imbéciles. Envolvemos la vida con diplomas. Del mismo modo como te envuelven los polvos amargos con cápsulas, para te los tragues sin darte cuenta... pero ve usted, señor Brul, ahora ya sé que me habría gustado el verdadero sabor de la vida.

(Pàg. 125)
- (...) Señor Brul –dijo Wolf subrayando las palabras-, escuche lo que voy a contestarle. Escúcheme con atención. Sus estudios no son más que una broma. Es lo más fácil del mundo. Desde hace generaciones y generaciones, se intenta hacer creer a la gente que un ingeniero o un sabio son hombres de élite. Pues bien, yo me río; y nadie se lleva a engaño –excepto los que pretenden formar parte de esa élite-:señor Brul, es más difícil aprender a boxear que aprender matemáticas. Si no, habría en las escuelas muchas más clases de boxeo que de aritmética. Es más difícil llegar a ser un buen nadador que escribir correctamente. Si no, habría muchos más entrenadores de natación que profesores de gramática. Todo el mundo puede ser bachiller, señor Brul... y, en efecto, hay muchos bachilleres, pero ¿cuántos de ellos son capaces de tomar parte en una prueba de decatlón? Señor Brul, odio los estudios porque hay demasiados imbéciles que saben leer: pero ni estos imbéciles se equivocan, porque se pasan el día leyendo periódicos deportivos y glorificando a los héroes del estadio. Y más nos valdría aprender a hacer el amor correctamente que devanarnos los sesos delante de un libro de historia.

(Pàg. 135)
- (...) ¿Qué podríamos hacer para que se interesaran de nuevo por algo? –dijo Lil.
- Yo hago lo que puedo –dijo Folavril-. Usted también. Somos atractivas, procuramos darles toda la libertad, intentamos ser tan tontas como es debido, porque es tradición que las mujeres sean tontas, y eso es tan difícil como lo que más, les prestamos nuestro cuerpo y tomamos el suyo; por lo menos, es honesto, y ellos se van porque tienen miedo.
- Y ni siquiera es de nosotras de quien tienen miedo –dijo Lil.
- Seria demasiado hermoso –dijo Folavril-. Hasta el miedo les tiene que venir de ellos mismos.
El sol merodeaba por los alrededores de la ventana, y de vez en cuando lanzaba un gran rayo blanco sobre el pulido parquet.
- ¿Y por qué nosotras resistimos mejor? –preguntó Lil.
- Porque existe un montón de prejuicios en contra nuestra –dijo Folavril-, y esto da a cada una de nosotras la fuerza de un conjunto. Y ellos creen que somos complicadas porque siempre están pensando en nosotras en conjunto. Es lo que le decía.
- Entonces es que son tontos- di Lil.
- No generalice usted también –dijo Folavril-. Esto los haría complicados también a ellos. Y, uno por uno, no lo merecen.

>> Altres n'han dit...
Cajón de historiasAuthomathic for the people, SDCF, La audacia de Aquiles

>> Enllaços:
Boris Vian, autor de sensacions, nivells de lectura, filòsof renegat