diumenge, 23 de desembre de 2012

Moby Dick. La ballena blanca - Herman Melville





“Creen que estoy loco (Starbuck, desde luego), pero soy diabólico; soy la locura enloquecida. ¡Insensata locura que sólo se calma para comprenderse a sí misma!"


Melville, Herman. Moby Dick. La ballena blanca.
Barcelona: Editorial Juventud, 1969


Col·lecció: Edición especial para Discolibro




>> Com comença...
Llamadme Ismael. Años atrás, no importan cuántos exactamente, hallándome con poco, o ninguno, dinero en la faltriquera, y sin nada que me interesara especialmente en tierra, se me ocurrió hacerme a la mar por una temporada, a ver la parte acuático del mundo. Es el sistema que tengo de ahuyentar la hipocondría y regular la circulación sanguínea.

>> Moments...
(Pàg. 12)
¿Quién no es esclavo? Decídmelo. Por consiguiente, por mucho que el viejo lobo me mande de acá para allá, por mucho que me zarandeen de un lado para otro, tengo la satisfacción de saber que está perfectamente: que a todo el mundo le ocurre aproximadamente lo mismo.

(Pàg. 35)
El púlpito es lo más avanzado de este globo; todo lo demás viene detrás; el púlpito es el que dirige el mundo. Pues desde allí se desencadena primero el huracán de ira divina, y la proa ha de soportar el primer envite. Desde allí se impetra primeramente del Dios de las tempestades los vientos favorables.

(Pàg. 39)
(...)Rokovoko, isla lejana, hacia Poniente y el Sur, que no aparece en ningún mapa. Los sitios auténticos no aparecen nunca en ellos.

(Pàg. 54)
(...) con toda probabilidad había llegado hacía mucho tiempo a la discreta y juiciosa conclusión de que la religión de uno es una cosa y otra muy distinta este mundo práctico. En este mundo se prospera.

(Pàg. 62)
Como ya indiqué antes, no pongo el menor reparo a la religión de nadie, sea la que sea, siempre que el creyente no insulte ni mate a ningún prójimo porque no crea en ella. Pero cuando la religión de una persona llega a ser insensata, cuando constituye un verdadero suplicio para ella, en fin, cuando hace de este globo nuestro un mesón inhabitable, entonces creo que ha llegado la ocasión de llevar aparte al individuo y hacerle entender razones.

(Pàg. 83)
La realidad rebasaba los temores: el capitán Acab estaba plantado en el alcázar.
No parecía presentar signo alguno de enfermedad corriente ni de convalecer de ninguna. Parecía un hombre a quien se hubiera retirado al suplicio de la hoguera cuando ya las llamas hubieran prendido en sus miembros, aunque sin consumirlos ni quitarles su robusta firmeza.

(Pàg. 85)
La vejez no gusta del sueño, como si, a medida que vive más, menos quisiera el hombre tratarse con l que tanto semeja a la muerte.

(Pàg. 86)
”(...) ¡Vaya un viejo fangoso! Calculo que tiene lo que algunos en tierra llaman conciencia. Algo así como un tictac doloroso, dicen... y peor que un dolor de muelas.(...)”

(Pàg. 88)
(...) hay una gran diferencia entre un golpe vivo y otro muerto. Eso es lo que hace, Flask, el que sea cincuenta veces más difícil de soportar una bofetada que un palo. El miembro vivo, pequeño, es lo que da vida a la injuria.

(Pàg. 92)
(...) sea cualquiera la superioridad intelectual de un hombre, no puede llegar a adquirir la ascendencia práctica y posible sin ayuda de algunas argucias y reparos externos que, en sí mismos, son siempre más o menos bajos y mezquinos.

(Pàg. 97)
Acab era inaccesible socialmente. Aunque incluido nominalmente en el censo de la Cristiandad, seguía extraño a ella. Vivía en el mundo como vivieran en el Missouri colonizado los últimos osos grises. Y así como, al pasar la primavera y el estío, aquel Lotario de las selvas se encerraba en el tronco de un árbol a pasar el invierno chupándose las patas, así Acab se encerraba, en su inclemente ancianidad, en el tronco hueco de su propio cuerpo, comiéndose las lúgubres patas de su propia melancolía.

(Pàg. 103)
(...) sí, hijos míos todos, fue Moby Dick quien me desarboló; a Moby Dick le debo este muñón muerto en que me sostengo ahora. ¡Sí, sí! –clamó, en un sollozo terrible, animal como el de un alce herido en el corazón-. ¡Sí, sí! Esa maldita Ballena Blanca fue; ¡ella me dejó como un pobre impedido para toda mi vida! -Y alzando entonces ambos brazos en desmesuradas imprecaciones, siguió gritando-: ¡Sí, sí!; y la he de perseguir más allá del Cabo de Hornos, y más allá del de Buena Esperanza, y más allá del Maelstrom de Noruega, y más allá de los fuegos del Infierno antes de renunciar a cogerla. Y para eso os habéis embarcado, muchachos, para perseguir la Ballena Blanca por ambos hemisferios y todos los rincones del mundo hasta que lance sangre negra por el surtidos y flote panza arriba. Con que, muchachos, ¿queda cerrado el trato?. Me parece que tenéis cara de valientes.

(Pàg. 103) 
- (...) ¿No quieres cazar la Ballena Blanca? ¿No te atreves con Moby Dick?
- Me atrevo con su mandíbula torcida y con las fauces mismas de la muerte, capitán, si vienen como es debido en el curso de nuestra profesión; pero yo vine a cazar ballenas, ballenas, no la venganza de mi jefe. ¿Cuántos barriles te produciría la venganza, capitán Acab, aun si pudieras conseguirla?

(Pàg. 107)
“(...) Creen que estoy loco (Starbuck, desde luego), pero soy diabólico; soy la locura enloquecida. ¡Insensata locura que sólo se calma para comprenderse a sí misma! La profecía fue que sería desmembrado, y sí que perdí esta pierna. Y ahora yo profetizo que desmembraré a mi desmembrador (...).”

(Pàg. 118)
Cuanto enloquece y atormenta, todo lo sutilmente diabólico de la vida y el pensamiento, todo lo malo, se encarnaba para el insensato Acab en Moby Dick. Amontonada sobre la joroba de la Ballena Blanca la suma total del odio y la rabia que sintiera su especie entera desde el padre Adán, y, luego, como si su pecho hubiera sido un mortero, lanzaba sobre ella el candente proyectil de su corazón.

(Pàg. 118)
La locura humana es a menudo algo de lo más felino y astuto. Cuando se cree que ha desaparecido, puede que sólo se haya transformado en algo mucho más sutil. La locura total de Acab no desapareció, sino que se contrajo profundamente, como el Hudson se encoge, sin disminuir, al atravesar las gargantas montañosas. Pero así como en esta canalizable monomanía no se había perdido ni jota de la ancha locura de Acab, tampoco en ésta había perecido ni una pizca de su gran inteligencia material. Aquella potencia viva anterior se tornó ahora en instrumento. Si se me permite un tropo semejante, diré que aquella llocura especial asaltó su general cordura, conquistándola, y volvió toda sus artillería contra su propio objetivo insensato; de modo que, en lugar de perder energías con tal objeto, Acab disponía entonces de una potencia mil veces mayor de la que jamás hubiera podido concentrar cuando cuerdo, en cualquier tema razonable.

(Pàg. 121)
¿Qué hay en el hombre albino tan repelente a la vista, para que le detesten a veces hasta los de su propia clase y familia? Es la blancura que le distingue, como su propio nombre indica. El albino está tan perfectamente conformado como los demás (carece de toda deformidad esencial) y, sin embargo, su simple aspecto de blancura general le hace más repulsivo que le más feo aborto. ¿Por qué ha de ser así?

(Pàg. 134)
Para realizar su objetivo necesitaba Acab instrumentos, y de todos los que se usan bajo los cielos ninguno tan propenso a estropearse como los hombre.

(Pàg. 143)
Ni el recluta que pasa de los brazos de su madre al fragor de la primera batalla, ni la sombra del difunto que halla al primer fantasma del otro mundo, pueden experimentar emociones mayores ni más extrañas que las que siente alguien que por primera vez se encuentra remando en el círculo encantando de un cachalote perseguido.

(Pàg. 145)
En este extraño y complejo asunto que llamamos vida, existen algunos momentos y ocasiones raros en que el hombre toma al universo entero por una broma pesada, aunque no pueda descubrir la gracia de ella y esté casi seguro de que la bromita es simplemente a su costa. Con todo, nada le desanima, ni hay cosa alguna que parezca digna de discusión. Se lo traga todo: acontecimientos, credos, convicciones y creencias, todas las cosas visibles e invisibles, por duras que sean de tragar (...).

(Pàg. 171)
Recordad la astucia del mar; cómo se deslizan bajo el agua sus seres más temibles, inadvertidos en su mayoría, arteramente ocultos bajo el azul más precioso. Recordad, también, el esplendor y belleza diabólica de sus especies más crueles, como la pulcra belleza de muchas especies de tiburones. Recordad, en fin, el canibalismo universal del mar, todos cuyos seres se devoran unos a otros, haciéndose una guerra eterna desde el alborear del mundo.

(Pàg. 202)
Del mismo modo que si izáis por un lado la cabeza de Locke os inclináis hacia allí y, luego, por el otro, la de Kant, volvéis a recobrar el equilibrio, pero en qué lastimoso estado. De este modo, hay algunos espíritus que se mantienen así a flote. ¡Oh, imbéciles!, tirad todas esas cabezas por la borda y flotaréis tan frescos y enhiestos.

(Pàg. 247)
(...) si bien el hombre ama a su prójimo, es un animal para ganar dinero, circunstancia que no deja de interponerse muy a menudo en sus caridades.

(Pàg. 285)
- (...) Ayuno de felicidad yo mismo, no puedo soportar la desgracia en los demás si no es desesperada. Debías de volverte loco, herrero; dime, ¿por qué no e vuelves loco? ¿Cómo puedes sufrir sin volverte loco?¿Es que aún te odian tanto los cielos, que no puedes volverte loco? ¿Qué estabas haciendo?
- Estaba forjando una vieja punta de lanza, que tenía mellas y ranuras.
- Y ¿puedes volver a dejarla bien, después de tanto como ha servido?
- Creo que sí, señor.
- Y supongo que puedes quitar cualesquiera mellas y ranuras, por duro que sea el metal, ¿no?
- Eso, señor, creo que puedo; todas las mellas y ranuras, menos una.
- Mírame, pues, Perth –exclamó Acab, acercándose a él violentamente, y poniéndole las manos sobre los hombros-; mírame, mírame aquí. ¿No puedes remendar una hendidura como ésta? –Pasando la mano por su frente señalada-. Si pudieras, herrero, pondría con gusto la cabeza en el yunque, y aguantaría el golpe de tu martillo más pesado en el entrecejo. ¡Contesta! ¿No puedes con esta hendidura?
- ¡Oh, ésa es precisamente, señor! ¿No le dije que todas las mellas y ranuras salvo una?

(Pàg. 317)
Y ahora que, en el lugar y tiempo adecuados, después de una travesía preliminar tan larga y amplia, recorridas ya todas las demás regiones balleneras, parecía Acab tener metido a su enemigo en un rincón del océano, donde poder destruirlo con mayor seguridad; ahora que se encontraba en las mismas latitud y longitud donde sufriera su atormentadora herida; ahora que había hablado con un barco que el mismo día anterior había luchado con Moby Dick, y ahora que todos sus encuentros sucesivos con otros buques contribuían todos a demostrar la diabólica indiferencia con que la Ballena Blanca destrozaba a sus perseguidores, era ahora cuando brillaba en la mirada del viejo algo que apenas podían soportar las almas débiles. Como la Estrella Polar, que no se pone, mantiene durante los seis meses de la noche ártica su centelleo fijo y central, así brillaba fijamente ahora la decisión de Acab sobre la constante medianoche de la sombría tripulación, dominándola de tal modo que no le dejaba demostrar sus dudas, temores ni desconfianzas.

(Pàg. 322)
- ¡Starbuck!
- ¿Señor?
- ¡Oh, Starbuck, qué viento tan dulce y qué cielo tan suave! En un día así, de esta misma dulzura, arponeé a mi primera ballena... un muchachote de dieciocho años. ¡Hace cuarenta, cuarenta años ya! ¡Cuarenta años de caza continuada , cuarenta años de privaciones, y peligros, y borrascas! ¡Cuarenta años en el mar despiadado! ¡Durante cuarenta años ha huido Acab del sosiego de tierra, para luchar con los horrores del abismo! De esos cuarenta años, no habré pasado, Starbuck, ni tres en tierra. Cuando pienso en la vida que he llevado: la desolación de su soledad; la muralla tapiada de la reserva de un capitán que tiene pocos portillos a la compasión de la verde pradera exterior, ¡oh, fatiga, hastío, esclavitud africana del mando aislado!, cuando pienso en todo ello... que sólo sospechaba a medias y nunca vi tan claro como ahora. Y cómo me he alimentado durante cuarenta años con salazón, el mejor símbolo de la aridez de mi alma, cuando el hombre más pobre en tierra tenía diariamente a manos frutas frescas, y pan tierno frente a mis mendrugos mohosos... Lejos, lejísimos, océanos aparte de la joven esposa con quien me casé pasada la cincuentena, para salir rumbo al Cabo de Hornos al día siguiente, sin dejar más que leve huella en el lecho matrimonial... ¿Esposa? ¿Esposa? Viuda, más bien, de un marido vivo. Eso, la hice enviudar a aquella chica al casarme con ella, Starbuck; y luego, el frenesí, la locura, la sangre hirviente y la frente humeante con que Acab ha perseguido a su presa, furiosa y denonadamente en mil ocasiones... más que hombre, demonio... ¡Eso!, ¡eso! ¡Qué cuarenta años de insensatez! ¡Qué necio, qué necio fue durante cuarenta años el viejo Acab! ¿Para qué el fragor de la caza? ¿Para qué fatigar y entumecer los brazos en el remo y el hierro y la lanza? ¿Es Acab ahora mejor o más rico? Fíjate, Starbuck, ¿no es muy duro que, con tal carga sobre mis hombros, se me haya arrancado una pierna de debajo? Déjame apartar estos viejos cabellos, que me ciegan y parece que esté llorando. ¡El cabello tan gris no brota sino de entre las cenizas! Pero, ¿parezco tan viejo, Starbuck, tan viejísimo? Me siento horriblemente débil, encorvado, corcovado, como si fuera Adán tambaleándome bajo el peso de tantos siglos desde la creación. ¡Dios!, ¡Dios! ¡Sáltame el corazón! ¡Desfóndame el cerebro! ¡Oh amarga, mordaz burla de los cabellos grises! ¿Es que he vivido gozosamente lo bastante para pereceros? ¿Para sentirme y parecer tan insoportablemente viejo? ¡Acércate, Starbuck! Acércate a mi lado, que pueda mirarme en unos ojos humanos; es mejor que mirar al mar o al cielo; mejor que mirar a Dios. ¡Es el globo de cristal mágico, hijo! Veo en tus ojos junto al prado verde... en el hogar resplandeciente... a mi mujer y a mi hijo...(...).

(Pàg. 335)
- Starbuck, últimamente siento un extraño afecto por ti; desde aquel momento que contemplamos juntos... ya sabes que... en los ojos del otro. Pero, en esta cuestión de la ballena, tu rostro ha de ser para mí como la palma de esta mano, un vacío, sin labios, sin facciones. Acab será siempre Acab, hombre. Todo esto está ya escrito inmutablemente. Lo ensayamos tú y yo un billón de años antes de que este océano ondeara. ¡Necio! Soy el teniente de las Parcas; obro por mandato superior. ¡Ten cuidado tú , subordinado, con cumplir los míos! Veis aquí un viejo, desmochado hasta el tocón, apoyándose en una lanza rota, sosteniéndose en un solo pie. Este Acab es su parte corporal; pero el alma de Acab es un ciempiés que anda sobre su centenar de patas. Me siento tenso y retorcido, como maromas que remolcan una fragata desarbolada en una borrasca, y puede que lo parezca así. Pero antes de que me rompa crujiré; y, hasta que no oigáis, podéis estar seguros de que la guindaleza de Acab sigue tirando de sus propósitos

(Pàg. 336)
Hay mucho que pensar sobre eso, si Acab tuviera tiempo; pero Acab no piensa nunca, sólo siente, siente, siente; lo cual es ya bastante para el hombre mortal. Pensar es audacia. Únicamente Dios tiene tal derecho y prerrogativa. El pensar es, o tendría que ser, frialdad y sosiego; y nuestros pobres corazones palpitan y nuestros pobres cerebros se agitan demasiado para eso.

(Pàg. 343)
- (...) ¡Tú, quilla incólume, y casco a quine sólo Dios puedo intimidar; tú cubierta firme y orgulloso timón y roda que apunta al Polo... nave de muerte gloriosa! ¿Es que has de perecer sin mí? ¿Es que se me niega el gran honor del más humilde capitán náufrago? ¡Oh, solitaria muerte de una vida solitaria! ¡Oh, ahora me doy cuenta de que mi mayor grandeza estriba en mi mayor infortunio! ¡Oh, venid desde vuestros confines remotos, olas denodadas de toda mi vida pasada, a aumentar el volumen de esta gran ola de mi muerte! ¡Hacia ti ruedo, oh, ballena mortífera e invencible, lucho contigo hasta el fin; te acuchillaré desde el centro del infierno, escupiéndote mi odio con mi último aliento! ¡Hunde todos los ataúdes y sarcófagos en una misma laguna, y, como yo no he de tener ninguno, remólcame hasta hacerme pedazos, persiguiéndote siempre aunque sea atado a ti, ballena maldita!

>> Altres n'han dit...
A vista d'ocellB de llibre, Lecturas errantes, Sueños rotos

>> Enllaços:
Herman Melville, the great american novel, per què llegir-la?l'essènciafonts d'inspiració (1), fonts d'inspiració (2)el Pequod: la Torre de Babel, Ahab: el capità de l'odiNantucketl'itinerari al voltant del món, balenes blanques, les connotacions de l'albinisme, Bal·leners, context històric, anem a caçar!l'oli de balena, versions i més versions, per moure's en un vaixell de vela, què és l'ambre gris?l'ambre gris en detall, Starbuck i Boomer... del mar a l'espai.

>> Llegeix-lo:
Anglès (html  -primera edició 1851-)
Anglès (multiformat 1, 2)
Francès (multiformat)
Espanyol (html)

>> Escolta'l:

dilluns, 17 de desembre de 2012

Ewald Tragy i altres textos de joventut - Rainer Maria Rilke




"M’aniria molt bé quedar-me aquí, tal com es pensa tothom, ser formal i discret, i anar vivint, així, per a sempre més, cada cop el mateix dia miserable..."







Rilke, Rainer Maria. Ewald Tragy i altres textos de joventut.
Barcelona: Tusquets Editors, 2004



Ewald Tragy, Pierre Dumont, Der Apostel, Die Turnstunde. Traducció d’Eduard Cairol
Col.lecció L’Ull de Vidre, 15



>> Què en diu la contraportada...
Fart d’un ambient familiar i social irrespirable, Rilke va marxar, quan encara era molt jove, de Praga cap a Munic, amb el desig secret de donar un nou i decisiu impuls a la seva carrera literària i promocionar-se com a autor dramàtic. Anys més tard i ja amb una sòlida reputació com a autor, Rilke es trobarà en condicions d’interpretar aquest passat a Ewald Tragy, relat concebut com un reconstrucció del lent procés cap a la maduresa poètica.

Els altres tres contes que acompanyen aquesta edició són Pierre Dumont, on ens parla de l’infern d’un escolar internat, L’apòstol, en el qual ens ofereix un sàtira dels aires messiànics d’una generació molt influïda per Nietzsche, i finalment, La classe de gimnàstica, on ens descriu amb amargor la disciplina d’una escola militar. Aquests textos, que conformen una visió panoràmica del període de formació de Rilke, es presentan aquí per primera vegada en català.

>> Com comença...

Ewald Tragy va pel Graben al costat del seu pare. Cal saber que és diumenge al migdia a l’hora del passeig. Els vestits revelen l’estació de l’any: o sigui, principis de setembre, estiu a les acaballes. Per a més d’una indumentària, ni tan sols ha estat el primer.

>> Moments...
(Pàg. 33)
Tot seguit passa una noieta i somriu. Porta crêpe de Xina d’un color rosa apagat, però guants llustrosos. Darrere seu els homes neden en pura benzina. I Tragy la menysprea. En general, menysprea tota aquesta gent. Tan mateix, saluda molt educadament (...).
Ewald Tragy

(Pàg. 51)
(...) la francesa pregunta en veu baixa: Est-ce que vous partirez, Monsieur?
- Sí –concedeix Ewald en alemany-, me’n vaig de viatge, senyoreta. Me’n vaig... de viatge –repeteix, tot inflat, i es complau de l’abast de les seves paraules. De fet, parla per primera vegada amb Jeanne, i n’està admirat. Se n’adona de seguida, que ella no és simplement “la senyoreta”, tal com creuen els altres, i pensa: “És curiós, que mai no me n’hagi adonat. Ella és algú davant de la qual hom s’ha d’inclinar: -una estrangera”. I per bé que resta immòbil i en actitud d’observació, alguna cosa en ell s’inclina davant l’estrangera; profundament, de manera tan exageradament profunda, que ella no té més remei que somriure. És un somriure graciós, que es dibuixa amb volutes barroques al voltant dels llavis prims i que no arriba fins a la tristesa dels seus ulls plens d’ombres, els quals estan sempre com després de plorar. “I així, doncs, en algun lloc somriu” –observa Tragy, el jove.
Ewald Tragy

(Pàg. 52)
- (...) Si us plau, ¿és vostè poeta? –s’ha tornat completament vermella i sembla espantada com una criatura.
- És precisament això, senyoreta –s’explica ell-; no ho sé. I algun dia s’ha de saber, això, ¿no? (...)

(Pàg. 54) 
M’aniria molt bé quedar-me aquí, tal com es pensa tothom, ser formal i discret, i anar vivint, així, per a sempre més, cada cop el mateix dia miserable...
Ewald Tragy

(Pàg. 55) 
(...) tinc encara moltes coses a dir, per exemple aquesta: “Sí, tot això és molt bonic i està molt bé; ja sé que hi ha lleis i costums i els homes es preocupen més o menys de respectar-les... I, tanmateix, tu no em pots comptar entre aquests honorables ciutadans, tia estimada. Jo sóc el meu propi monarca i legislador, per sobre meu, no hi ha ningú, ni tan sols Deú...”
Ewald Tragy

(Pàg. 59) Gairebé sembla mentida: Ewald Tragy dorm dotze hores seguides. I el llit és un estrany i miserable llit d’hotel i a la plaça de l’estació hi ha soroll i sol des de les cinc del matí. Fins i tot, s’ha oblidat de somniar, tot i que ja sap que els “primers” somnis tenen una significació especial. Es consola pensant que ara tot és possible, tant si hom somnia com si no, i estén aquest somni buit darrere de tot el seu passat com uns llargs, llargs punts suspensius. Llestos. ¿I ara, què, doncs? Ara pot començar: la vida, o el que sigui que hagi de començar.
Ewald Tragy

(Pàg. 69)
Li agradaria tant ser un d’ells, un qualsevol entre els que van i vénen, i a vegades gairebé s’ho creu. Fins que succeeix una petitesa que demostra que res no s’ha modificat en la situació: ell a un costat i la resta del món a l’altre. I així va fent.
Ewald Tragy

(Pàg. 69)
Allò que ahir encara desitjava, es converteix en un perill en el moment en què es pot produir, i li sembla inaudit que hi hagi algú que, sense més, per dir-ho així amb les sabates plenes de pols, vol entrar en la seva soledat, on ell mateix només s’atreveix a passar amb molt de compte.
Ewald Tragy

(Pàg. 72)
(...) Tragy parla poc, i a Kranz no li agrada gens el silenci, pel que sembla. El considera un privilegi del solitari, però allà on hi ha dues o tres persones reunides no té realment cap sentit, ni més no cap sentit que es pugui comprendre a primera vista. I, sobretot, res d’obscur i incomprensible, almenys en la vida. ¿A l’art? Ah, això ja és una altra cosa, certament aquí hi ha el símbol, ¿no és veritat? Contorns indefinits sobre un fons clar, ¿oi? Imatges velades, ¿oi? Però a la vida..., símbols, ¡oh... ridícul!
Ewald Tragy

(Pàg. 81)
Llarg silenci, fins que Ewald engega: “¿Vostè escriu, oi?”
- Sí, també, de tant en tant.
- ¿També? ¿Aleshores aquesta no és la seva veritable ocupació?
- No.
Pausa.
- ¿Què fa, doncs, si us plau?
- Mirar.
-¿Com diu?
- Mirar, i la resta...: menjar, beure, dormir, de tant en tant, res de particular.
- Es diria que vostè està sempre enfotent-se’n.
- ¡I ara! ¿De què?
- De tot, de Déu i del món sencer.
Aquí Thalmann no contesta, sinó que somriu.
- I vostè, ¿així fa moltes poesies?
Tragy envermelleix completament i calla. No pot pronunciar ni una paraula.
I Thalmann només somriu.
- ¿Ho considera una deshonra? –li engega Tragy finalment, i tremola.
- No, no ho considero en absolut... cap cosa. És només... superflu.(...)
Ewald Tragy

(Pàg. 87)
(...) I hom camina durant tot el dia, sense arribar mai al poble. I així és també a la vida. Ara bé, als somnis tot és a la vora. No s’hi passa angoixa de cap mena. En realitat, estem fets per al somni, ens manquen els òrgans necessaris per a la vida, semblem peixos que en volen sortir volant (...).
Ewald Tragy

(Pàg. 108)
”Crist, ¡què has fet! Em fa l’efecte que som com aquelles bèsties salvatges, a les quals s’inhibeix el seu instint més arrelat per tal que, un cop domesticades, se les pugui estovar impunement, amb el fuet...
Així, se’ns han llimat les dents i les urpes, i se’ns ha predicat: ¡Amor! Se’ns ha arrencat de les espatlles l’arnès de ferro de la nostra força i se’ns ha predicat: ¡Amor! Se’ns ha tret de les mans la llança refulgent de la nostra orgullosa voluntat, i se’ns ha predicat: ¡Amor! I, doncs, se’ns ha posat despullats i inermes enmig de la tempesta de la vida, on els cops del destí ens escometen per tots costats –i se’ns ha predicat: ¡Amor!”
L’apòstol

(Pàg. 110)
(...) Aquell que vostè celebra com a Messies, ha convertit el món sencer en un sanatori. Els febles, de bona fe, incapaços, els anomena els seus fills i predilectes. ¡I els forts, la seva missió és, doncs, protegir, atendre i tenir cura d’aquesta nissaga anèmica! I si jo sento a dintre meu, vehement, profund i sublim, l’incontenible impuls cap a la llum , i si jo avanço amb pas decidit per l’empinat i pedregós camí de la plenitud, i si jo veig resplendir l’enlluernadora i sagrada glòria ¡aleshores, jo m’haig d’inclinar cap a l’esguerrat, que s’arrauleix prostrat en el camí, haig de lloar-lo, exalçar-lo i emportar-me’l amb mi, i haig de deixar que aquest cadàver impotent, que tanmateix al cap de pocs passos torna a ensopegar, absorbeixi la meva ardent vitalitat! I és que, ¡com hem de prosperar, si compartim les nostres forces amb els dissortats, els afligits i els repugnants miserables sense seny i sense ànima!
L’apòstol

(Pàg. 111)
La massa estúpida, sense esperit, mai no pot ser la que fomenta el progrés; només l’”Únic”, el Gran, a qui la púrria detesta en obscura intuïció de la pròpia nimietat, és capaç de dirigir el curs inflexible de la seva voluntat amb la força d’un déu i somriure victoriós.
L’apòstol

(Pàg. 112)
”Escolteu-me –tots vosaltres: ¡Esteu en guerra! A dreta i a esquerra, cauen els vostres companys de files; víctimes de debilitat, malaltia, vici, follia... i com s’anomenin la resta de projectils que expulsa el terrible destí. Deixeu-los desplomar-se. Deixeu-los morir l’un darrere l’altre sols i miserables. ¡Sigueu durs, sigueu temibles, sigueu implacables! ¡Vosaltres heu d’anar endavant, endavant!
L’apòstol

>> Enllaços: 

>> Llegeix-lo:
Alemany (html) - només relat Ewald Tragy
Alemany (html) - només relat La classe de gimnàsia

dissabte, 15 de desembre de 2012

El complex de Di - Dai Sijie







”sos He perdut la raó. sos”. 



Sijie, Dai. El complex de Di..
Barcelona: Edicions 62, 2005



Le complexe de Di.Traducció de Anna Casassas
Col·lecció El Balancí, 507



>> Què en diu la contraportada...
Després d´un llarg exili a França, Muo torna a la Xina decidit a alliberar la seva promesa, la Volcà de la Vella Lluna, empresonada per haver divulgat unes fotos prohibides. Però per aconseguir-ho, primer s´haurà de guanyar la simpatia del cruel jutge Di amb l´única arma de la qual disposa: la psicoanàlisi, desconeguda fins aleshores a la Xina. En la seva lluita, la medicina de les ànimes li serà de gran utilitat, i Muo, psicoanalista ambulant, recorrerà en bicicleta un país sorprenent i perillós en plena transformació.«Malentesos i peripècies delirants, les tribulacions del primer psicoanalista xinès.» Claire Julliard, Le Nouvel Observateur Dai Sijie, escriptor i cineasta, va néixer l´any 1954 a la Xina, país que va abandonar el 1984 per anar a estudiar a França, on es va acabar instal·lant definitivament. La seva primera novel·la, Balzac i la petita modista xinesa, publicada en català per Edicions 62, s´ha traduït a més de vint-i-cinc llengües, ha rebut nombrosos premis i ha esdevingut un gran èxit de vendes internacional que el mateix Sijie ha portat a la gran pantalla. Amb aquesta segona novel·la, El complex de Di, Dai Sijie se submergeix en el laberint de la Xina actual per fer-ne un retrat apassionant.

>> Com comença...
Una cadena de ferro coberta de plàstic translúcid rosa es reflecteix, igual que una serp lluent, al vidre d’un vagó darrere el qual els semàfors es fan petits com punts maragdes i robins i són engolits per la boira d’una nit calorosa del mes de juliol.
(Fa pocs minuts, al restaurant llardós d’una petita estació a prop de la muntanya Groga, al sud de la Xina, aquesta mateixa cadena lligava al peu d’una taula en imitació de caoba una maleta “Delsey” de color blau clar amb rodetes, equipada amb una nansa plegable de metall cromat, propietat del senyor Muo, aprenent de psicoanalista d’origen xinès, que ha tornat recentment de França).

>> Moments...
(Pàg. 65)
Contràriament al que recordava, l’escenari de la tortura suprema, l’afusellament, era terriblement corrent. No hi havia herba alta i groga que es gronxés i xiuxiuegés, no hi havia terra impregnada de les llàgrimes de les víctimes, groguenca com l’esput d’un vell malalt, no hi havia innombrables bolets blancs, carnosos, atapeïts a l’ombra humida dels arbusts, ni ocells carronyaires voleiant en cercle sobre el seu cap, negres en enlairar-se, negre en batre les ales, negres durant el vol. Un terreny anodí, increïblement decebedor. Desproveït de color, de soroll, de sentiment. Solemnement indiferent al dolor.

(Pàg. 116)
Jo tenia por que la memòria em fallés davant tots els objectes dels somnis d’aquelles noies, els uns més emocionants que els altres: un mirall, una porta de ferro, una altra de fusta gruixuda, un anell rovellat, una carta tacada de salsa de soja, una ampolleta de perfum nacrat, de vidre translúcid, una pastilla de sabó allargada, presentada dins d’una caixa negra, un mostrador de pintallavis que gira, gira en una botiga, un pont ensorrat, una escala excavada a la roca, els graons mòbils de la qual s’escindeixen i se separen, un tros de carbó aixafat, la caiguda d’una bicicleta amb el selló decorat amb ratlles multicolors, un cinturó antic, sandàlies de xarol vermell que patollen pel fang d’un camí... Aquestes pobres noies, que la majoria han baixat de les muntanyes, no tenen mai somnis poblats de nines, óssos, ni elefants de peluix, i encara menys de vestits de núvia blancs o roses.

 (Pàg. 137)
(...) “Tu que ets cristià, Lü, ¿has estudiat la Bíblia i tot això?” M’ha dit: “ ¿Què és tot això?” Jo he dit: “Coses com el paradís, ¿hi has pensat?” “Com, pensat?” “¿Tu diries que hi ha vàters al paradís? Més bonics...” M’ha tallat. “Et penses que tinc temps de pensar en coses tant estúpides, recony!” Se’l veia empipat. Ho he deixat córrer. Anava conduint, concentrada, amb les mans al volant. Però davant del Parc del Poble, m’ha dit: “Escolta, jo sóc jurista. M’agrada utilitzar els termes sense equívocs. El que pixa i caga és el cos. I després de la mort, el cos no va enlloc. Només puja al paradís l’ànima. I les ànimes, envoltades pels àngels, ni pixen ni caguen. O sigui que no hi calen vàters.” Li he dit: “¿S’ha d’anar a l’infern per trobar-ne?.”

(Pàg. 166)
Al pis, una melangia trista i freda de dona soltera sense fills sura a l’aire com un fum prim, una pols en suspensió , una olor d’encens.

(Pàg. 180) 
”sos He perdut la raó. sos”.

(Pàg. 181)
Fins ara, no ho ha fet mai. ¿Com es resa? Dubta. ¿Es decantarà pel budisme? ¿Pel taoisme? En qualsevol d’aquests dos casos, els adeptes resen amb les mateixos gestos, de genolls i amb les mans juntes a l’altura del pit. Pel que fa al cristianisme, no ho sap del cert. Quan era petit, les religions estaven tan severament prohibides que els seus pares no el van dur mai a cap temple ni església. La primera vegada que va veure resar algú, tenia set anys. Va ser en plena revolució cultural. Un dia, la Guàrdia Roja es va endur la seva mare per interrogar-la. A mitjanit, encara no havia tornat. En aquell temps, els seus avis vivien amb ell, al mateix pis. Aquella nit, no es podia adormir. Es va aixecar i , en passar per davant de la cambra dels vells, el va sorprendre una claror estranya. Estaven agenollats sobre el llit, davant d’una espelma (¿no havien gosat encendre el llum?), i resaven. Ningú no havia explicat mai al nen què era una pregària. Però de seguida va entendre que allò ho era, tot i ser incapaç de dir de quina religió es tractava. Si bé els gestos li havien fugit de la memòria, en canvi recordava aquell foc pàl·lid, vacil·lant, que desprenia una claror sagrada, que aureolava els seus avis; les cares arrugades, crispades, adolorides, desesperades, havien adquirit una expressió d’interès apassionat, de veneració i de dignitat. Eren bonics, tots dos.

(Pàg. 195)
De cop es va adonar de com n’era de pobre i va ser conscient que, en aquest món, no havia posseït i probablement no posseiria mai res (...).

(Pàg. 210)
Vagues. Les veus dels passatgers del tren sembla que vinguin de molt lluny, de tan lluny com el Narcís negre, el vaixell que descriu Conrad, o el de Marlow, que travessa el cor de les tenebres per trobar Kurt. Veus confuses, ensonyades. Els homes xerren, espigolant en l’ampli camp de les anècdotes. Les veus surem, s’alternen, tan aviat s’acosten amb rialles, estossecs, un esternut espectaculars, com baixen, s’allunyen i moren en un sospir o un badall. Ja no se sap qui parla, qui escolta.

Vague. El soroll que fan les rodes i que en Muo sent ajagut sota el seient del banc de fust, amb l’orella enganxada al terra del vagó.

(Pàg. 278)
Els artistes, aquesta raça a part, tampoc no entenen els somnis, però en creen, els viuen, i s’acaben convertint en el somni de l’altra gent.

>> Altres n'han dit...
Leemos para saber que no estamos solos, The New York Times, Etat-Critique

>> Enllaços

dissabte, 1 de desembre de 2012

Retorn a Brideshead - Evelyn Waugh




"(...) tinc la impressió que el passat i l’esdevenidor exerceixen tant pressió, per un costat i per l’altre, que no queda lloc per al present".




Waugh, Evelyn. Retorn a Brideshead
Barcelona:  Proa / Ediciones B, 2000


Brideshead Revisited. Traducció de Ramon Folch i Camarasa
Col·lecció Biblioteca de Butxaca, 35


>> Què en diu la contraportada...
No hi ha res que faci tant de mal com el record dels temps feliços en la infelicitat. Aquesta podria ser una de les conclusions de Retorn a Brideshead, unes “memòries sagrades i profanes del capità Charles Ryder” que presenten el retrat d’una familia decadent, una vella família de la noblesa terratinent anglesa en un procés accelerat de desaparició. Ryder, amic íntim de Sebastian i de la seva germana Julia, ofereix una visió complexa, com un tapís de sentiments entrellaçats, de les excentricitats d’una família que semblava no tenir lloc en aquest món.

>> Com comença...
En arribar a les línies de la Companyia “C", al cim del pujol, em vaig aturar i em vaig girar a donar una ullada al campament que deixava endarrera, i que ara s’etenia als meus peus entre la boirina grisa de la matinada. Era el dia de la nostra marxa. Quan hi havíem arribat, feia tres mesos, la neu tot ho cobria; ara la primavera desplegava les primeres fulles. Llavors jo havia pensat que, per més escenes de desolació que ens esperessin en el futur, no em podia témer cap de més brutal que aquella. Ara pensava que no me n'emportava ni un sol record plaent.

>> Moments...
(Pàg. 33)
- (...) M’agradaria enterrar quelcom de preciós en cada un dels llocs on he estat feliç, i més tard, quan sigui vell, lleig i dissortat, tornar-hi, desenterrar-ho, i recordar...

(Pàg. 49)
- (...) Cal que ens afanyem a marxar abans que torni la meva germana.
- De qui t’avergonyeixes, d’ella o de mi?
- De mi mateix –digué Sebastian, greument-. No vull que t’emboliquis amb la meva família  Són fan follament encisadors! Tota la vida que m’han pres les coses que jo estimava (...)

(Pàg. 58)
La meva infantesa havia estat molt solitària i la meva adolescència fou cohibida per la guerra i enfosquida pel dol; al dur celibat de l’adolescència anglesa, i a la dignitat i l’autoritat prematures del sistema escolar, jo hi havia afegit un caient personal malenconiós i ombrívol. Ara, aquell trimestre d’estiu amb Sebastian, em semblava que se m’oferia una breu temporada d’allò que jo no havia conegut mai: una infantesa feliç; i encara que les nostres joguines eren camises de seda i licors, i les nostres malifetes i trapelleries ocupaven un lloc molt alt en el catàleg dels pecats greus, hi havia en nosaltres quelcom de la ingenuïtat de la nursery que s’apropava molt a la joia de la innocència.

(Pàg. 67)
(...) Ja ho veus, estimat Charles, ets un ésser excepcional, rar. Un artista. Oh, sí, no te n’avergonyeixis. Sota aquestes aparences fredes, angleses, flegmàtiques, ets Un Artista. He vist aquests dibuixets que tens amagats a la teva cambra. Són exquisits. I tu, estimat Charles, si em pots entendre, no n’ets, d’exquisit; gens ni mica. Els artistes no sou exquisits. Jo sí que ho sóc; Sebastian, a la seva manera, també ho és; mentre que l’artista és un tipus etern, sòlid, voluntariós, complidor, i, per dessota de tot això ap-p-passionat, oi, Charles?

(Pàg. 79)
Ens estimem més pensar que el nostre seny actual és fruit del nostre esforç, quan, la veritat sigui dita, és en gran part la darrera moneda d’un llegat que va reduint-se amb el temps. Tota història de la joventut d’un home en la qual no es tinguin en compte els enyoraments dels contes que ens explicaven de petits, els remordiments i els propòsits d’esmena, i aquestes hores negres que, com el zero de la ruleta, tornen una i altra vegada amb una regularitat calculable, manca de sinceritat.

(Pàg. 107)
L’opinió implícita en la meva educació era que el fets fonamentals del Cristianisme eren simplement un mite, com s’havia descobert feia temps; en l’única cosa que hi havia una certa divergència era a considerar si els valors ètics del cristianisme seguien essent vàlids; i cal dir que predominava l’opinió negativa; la religió era un entreteniment, un hobby que algunes persones practicaven i d’altres no; en el millor cas, la religió, era quelcom de lleugerament ornamental; en el pitjor, era l’origen de tota mena de “complexos” i “inhibicions” – consignes de l’època-, i de la intolerància, la hipocresia i la pura estupidesa que se li atribuïen des de feia segles.

(Pàg. 125)
La quinzena a Venècia passà de pressa i agradablement; potser massa agradablement; jo m’anava ofegant en aquella mel, sense cap fibló. De vegades la vida adoptava el ritme lent de les gòndoles, quan trèiem el nas pels petits canals laterals, i el gondoler llançava el seu planyívol crit d’ocell musical per avisar de la nostra arribada; d’altres vegades recorríem la llacuna en una llanxa ràpida, saltant entre muntanyes de blanca escuma. Tot es barrejava en el meu esperit, deixant-hi un record confús de sol enlluernador sobre la sorra i de frescos interiors de marbre: d’aigua per tot, llepant la pedra grisa, reflectint-se un joc de taques de llum en els sostres decorats; d’una nit de festa en el palau Corombona, com devia haver-ne conegudes d’altres Byron mateix, i d’una altra nit byroniana, de pesca scampi per les aigües somes de Chioggia (el rastre fosforescent de la barqueta, la llanterna que es balancejava a la proa i la xarxa que llevàvem de l’aigua plena d’algues i sorra i peixos que saltaven i es retorcien); de meló amb prosciutto menjats al balcó, en la fresca del matí; d’entrepans de formatge, calents, i de còctels de xampany en el bar anglès.

(Pàg. 128)
”Quan les persones odien amb tanta energia, és que odien alguna cosa en elles mateixes. Alex odia totes les il·lusions de l’adolescència: la innocència, Déu, l’esperança. La pobra Lady Marchmain ho paga. Alex m’estimà, un temps, un temps molt curt, com un home estima la seva pròpia força; per a una dona tot és més fàcil; les dones no tenim tantes maneres d’estimar (...)”.

(Pàg. 139)
(...) Fer una carrera universitària només significa que començaràs a viure tres anys més tard que els altres.

(Pàg. 157)
- (...) em feia angúnia tenir tantes coses boniques quan d’altres no tenien res. Ara m’adono que un dels pecats dels rics pot consistir justament a cobejar els privilegis dels pobres. Els pobres sempre han estat els predilectes de Déu i dels sants; però jo crec que un dels principals efectes de la Gràcia és de santificar tota la creació, inclosos els rics (...).

(Pàg. 210)
Què era el que havia deixat endarrera? La joventut? L’adolescència? El romanticisme? Tot el material de l’estoig de l’il·lusionista, el “Manual del petit Màgic”, la maleteta amb la vareta d’èben, les boles de billar trucades, la moneda que es plega pel mig, i les flors de plomes que es poden amagar dins una espelma buida per dins.
”He deixat endarrera la il·lusió”, em vaig dir. “D’ara endavant en tocarà viure en un món de tres dimensions, amb l’ajuda dels meus cinc sentits”.
Més tard he descobert que aquesta mena de món no existeix, però en aquell moment, en passar el darrer revolt i perdre de vista Brideshead, estava convençut que no em caldria pas cercar-lo, sinó que m’esperava al capdavall de l’avinguda per on corria.

(Pàg. 240)
- (...) El mal de l’educació moderna és que mai no saps fins a quin punt són ignorants les persones. Amb les persones de més de cinquanta anys pots saber amb una certa seguretat quines coses els han ensenyat. Però amb la gent jove d’avui és diferent: superficialment són intel·ligents i tenen moltíssims coneixements; però, de sobte, la crosta cedeix, i descobreixes a sota una confusió total, insospitada.

(Pàg. 312)
(...) quan se n’anà a dormir i jo la vaig acompanyar fins a la porta de la seva cabina, em parà els peus.
- No, Charles, encara no. I potser mai. No ho sé. No estic segura de voler amor.
Llavors alguna cosa, algun fantasma supervivent d’aquells deu anys morts –perquè és impossible morir, ni que sigui per una estona, sense perdre alguna cosa- em va fer dir:
- Amor? No és pas amor el que demano.
- Oh, sí, Charles, sí que en demanes –digué Julia, i m’acaricià suaument una galta abans de tancar la porta.

(Pàg. 317)
Una vegada vaig dir:
- Vetlles estretament la teva tristesa, Julia.
- És l´única cosa que m’he guanyat, a la vida. Tu mateix ho vas dir, ahir. És el meu salari.
- Un reconeixement de deute de la vida. Un pagaré.

(Pàg. 333)
- (...) La simpatia és la gran plaga d’Anglaterra. No existeix enlloc més que en aquestes humides illes vostres. S’apodera de tot el que toca i ho mata. Mata l’amor; mata l’art; i tinc moltíssima por, estimat amic Charles, que t’ha matat a tu.

(Pàg. 341)
- Plans, divorci, guerra... Una tarda com aquesta!
- De vegades –digué Julia- tinc la impressió que el passat i l’esdevenidor exerceixen tant pressió, per un costat i per l’altre, que no queda lloc per al present.

(Pàg. 421)
” Els qui van bastir això no sabien a quin usos es veuria reduïda un dia llur obra; van construir una nova casa amb les pedres de l’antic castell; any darrera any, generació darrera generació, van enriquir i ampliar la casa; any darrera any, la gran collita de troncs, en el parc, anava atansant-se a la maduresa, fins que, com una glaçada inesperada, arribà el temps dels Hooper; el lloc restà desolat, i tota l’obra reduïda a no res; Quomodo sedet sola civitas. Vanitat de vanitats; tot és vanitat (...)”

>> Altres n'han dit...