dissabte, 30 de març de 2013

El sueño de Meteor Slim - Frantz Duchazeau






"(...) uno canta blues para sentirse bien."



Duchazeau, Frantz. El sueño de Meteor Slim.
Rasquera: Ponent Mon, 2009

Le Rêve de Meteor Slim. Traducció de Elia Maqueda
i


è Què en diu la contraportada...
Mississippi, 1935. Edward Ray Cochran lo abandona todo: su mujer embarazada, su casa y su trabajo. Parte, guitarra en mano, para alcanzar su sueño, que no es otro que vivir de su pasión y convertirse en músico. Por el camino se encuentra con Robert Johnson, la leyenda del blues, quien le ayudará a convertirse en "Meteor Slim". Para lograr el éxito no hay secretos, "la ruta es larga pero hay que aguantar, eso es todo". Y es que los "hijos" de la noche no lo tienen fácil, ya que les acompañan las peleas de bar, el whisky deslizándose por la garganta, los cabarets mugrientos, los productores corruptos... En definitiva, es un arduo y duro trabajo que no da concesiones de ningún tipo.

"Meteor Slim" es la verdadera (falsa) historia de un bluesman o, evitando el eufemismo, la tragicómica búsqueda de un hombre que intenta escapar de su mísera condición ayudado de sus dotes artísticas.

è Com comença...

è Moments...
(Pàg. 12)

(Pàg. 32)

(Pàg. 41- 42)




 (Pàg. 48)

(Pàg. 107)

(Pàg 112 - 113)


(Pàg. 126)

(Pàg. 141)

è Altres n'han dit...
Zona Fandom, Raton de comicteca, La cárcel de papel, Dedos pegajosos, Banda deseñada, Le Grenier à Livres

è Enllaços:
Frantz Duchazeau, idees i recursos, context i traços, tècnica, Robert Johnson, bluesmen, Delta Blues, geografia del blues primigeni.


dissabte, 23 de març de 2013

Stoner - John Williams





"Tenía cuarenta y dos años y ante él no veía nada de lo que deseara disfrutar y había poco de lo pasado que le importara recordar."


Williams, John. Stoner
Ediciones Baile del Sol, 2010

Stoner. Traducció de Antonio Díez.
Col·lecció Narrativa, 121 i





è Com comença...
William Stoner entró como estudiante en la Universidad de Missouri en el año 1910, a la edad de diecinueve años. Ocho años más tarde, en pleno auge de la Primera Guerra Mundial, recibió el título del Doctorado en Filosofía y aceptó una plaza de profesor en la misma universidad, donde enseñó hasta su muerte en 1956. Nunca ascendió más allá del grado de profesor asistente y unos pocos estudiantes le recordaban vagamente después de haber ido a sus clases.

è Moments...
(Pàg. 9)
Los colegas de Stoner, que no le tenían particular estima cuando estaba vivo, ahora raramente hablaban de él; para los más viejos, su nombre era un recordatorio del final que nos espera a todos, y para los más jóvenes es meramente un sonido que no evoca ninguna sensación del pasado ni ninguna identidad con la que ellos pudieran asociarse ni a sí mismos ni a sus carreras.

(Pàg. 24) 
"(...) ¿Pero no lo sabe, señor Stoner?", preguntó Sloane. "¿Aún no se comprende a sí mismo? Usted va a ser profesor".
De repente Sloane parecía muy distante y los muros del despacho se alejaron. Stoner se sentía suspendido en el aire y oyó su voz preguntar: "¿Está seguro?".
"Estoy seguro", dijo Sloane suavemente.
"¿Cómo lo sabe? ¿Cómo puede estar seguro?"
"Es amor, señor Stoner", dijo Sloane jovial. "Usted está enamorado. Así de sencillo".

(Pàg. 29)
A veces, inmerso en sus libros, le venía a la cabeza la conciencia de todo lo que no sabía, de todo lo que no había leído y la serenidad con la que trabajaba se hacía trizas cuando caía en la cuenta del poco tiempo que tenía en la vida para leer tantas cosas, para aprender todo lo que tenía que saber.

(Pàg. 33) 
"(...) ¿Quién eres tu? ¿Un sencillo hombre de campo, como te finges? Oh, no. Tú también estás entre los enfermos, tú eres el soñador, el loco en el mundo de los locos, nuestro Don Quijote de El Medio Oeste sin su Sancho, retozando bajo el cielo azul. Eres lo bastante listo -más listo al menos que nuestro mutuo amigo-. Pero tienes el mal, la vieja enfermedad. Crees que hay algo aquí, algo que encontrar. Bueno, en el mundo lo aprenderías rápido. Tú también estás destinado al fracaso; no es que te vayas a enfrentar al mundo, dejarías que te masticara y que te escupiera y te quedarías pensando qué salió mal. Porque siempre esperaste que el mundo fuera algo que no es, algo que no deseó ser. El gorgojo en el algodón, el gusano en el fríjol, el insecto barredor en el maíz. No podrías mirarles a la cara y no podrías enfrentarte a ellos porque eres demasiado débil y eres demasiado fuerte. Y no tienes a donde ir en el mundo".

(Pàg. 38) 
"Debe recordar lo que es, lo que ha elegido ser y el significado de lo que hace. Hay guerras, derrotas y victorias de la raza humana que no son militares. Recuerde eso mientras decide qué hacer".

(Pàg. 70)
Al mes él sabía que su matrimonio era un fracaso, al año dejó de esperar que mejorara. Aprendió a callar y no persistió en su amor.

(Pàg. 93) 
Al principio estaba muy orgulloso del libro, lo había sostenido en sus manos, acariciando su sencilla cubierta y pasando sus páginas. Parecía delicado y vivo, como un bebé. Lo había releído ya publicado, ligeramente sorprendido de que no fuese ni mejor ni peor de lo que había pensado que sería. Al cabo de un rato se cansó de mirarlo, pero nunca pensó en él, ni en su autoría, sin un sentimiento de asombro e incredulidad sobre su propio arrojo y la responsabilidad que había asumido.

(Pàg. 103) 
Sospechaba que comenzaba, con diez años de retraso, a descubrir lo que era y lo que veía era, más o menos lo que se había imaginado que sería. Sentía por fin que empezaba a ser profesor, lo cual era simplemente ser un hombre a quien el libro le dice la verdad, a quien se le concede una dignidad artística que poco tiene que ver con su estupidez, debilidad o insuficiencia como persona.

(Pàg. 158)
Había llegado a ese punto en el que le asaltaba, con intensidad creciente, una cuestión de una simplicidad tan aplastante que carecía de recursos para afrontarla. Se empezó a preguntar si su vida merecía la pena, si alguna vez la había merecido. Era una duda, sospechaba, que le llegaba a todo el mundo tarde o temprano. Se preguntaba si a los demás les sobrevenía con la misma fuerza impersonal que le llegaba a él. La cuestión le sumía en la tristeza, pero era una tristeza general que -pensaba- tenía poco que ver con él o con su particular destino, ni siquiera estaba seguro de que la cuestión naciera de las causas más recientes y obvias que habían trastornado su vida. Provenía, pensaba, de su mayor edad, de la cantidad de accidentes y circunstancia y de lo que había logrado entender sobre ellos. Hallaba un gusto siniestro e irónico en la posibilidad de que, con la poca formación que se había procurado, se las había arreglado para llegar a una certeza: que a la larga todas las cosas, incluso el conocimiento que le permitía saber esto, eran fútiles y vacías y que al final empequeñecían hasta convertirse en una nada donde ya no cambiaban.

(Pàg. 160)
Tenía cuarenta y dos años y ante él no veía nada de lo que deseara disfrutar y había poco de lo pasado que le importara recordar.

(Pàg. 170) 
En su año cuarenta y tres de vida, William Stoner aprendió lo que otros, muchos más jóvenes, habían aprendido antes que él: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra.

(Pàg. 172)
En su tierna juventud, Stoner había pensado en el amor como en una manera de existir absoluta a la que podría acceder, si se era afortunado; en su madurez había decidido que era el cielo de una religión falsa hacia el que se debía mirar con sosegado descreimiento, benévolo y crónico desprecio y vergonzante nostalgia. Ahora, a su mediana edad, empezaba a entender que ni se trataba de un estado de gracia ni de una ilusión; lo veía como un acto humano de conversión, una condición inventada y modificada minuto a minuto y día a día, por la voluntad y la inteligencia del corazón.

(Pàg. 182)
"En teoría, tu vida es cosa tuya. En teoría, tienes la posibilidad de cepillarte a quien quieras, hacer lo que quieras, y no debería importar mientras eso no interfiera con tus clases. Pero, maldición, tu vida no es tuya. Es...oh, demonios. Sabes lo que quiero decir."

(Pàg. 188)
"(...) No es ni Edith ni siquiera Grace, o la certeza de perder a Grace, lo que me mantiene aquí, no es ni el escándalo ni lo que me dueles, no son los obstáculos que tendríamos que superar, ni siquiera la pérdida del amor que tendríamos que afrontar. Es simplemente la destrucción de nosotros mismos, de lo que hacemos".
"Lo sé", dijo Katherine.
"De manea que pertenecemos al mundo a pesar de todo, deberíamos haberlo sabido. Lo sabíamos, creo, pero teníamos que retirarnos un poco, para poder así..."
"Lo sé", dijo Katherine. "Lo he sabido todo el tiempo, supongo. Incluso fingiendo, sabía que en algún momento, en algún momento, nosotros... Lo he sabido". Se detuvo y le miró fijamente. Sus ojos brillaron de repente con lágrimas. "¡Pero maldito todos, Bill, malditos todos!".

(Pàg. 192) 
(...) en julio de 1936, cuando Franco se rebeló contra el gobierno de España y Hitler alimentó dicha rebelión para convertirla en una guerra mayor, Stoner, como muchos otros, sintió asco al ver cómo la pesadilla invadía los sueños del mundo.

(Pàg. 237)
Desapasionada y objetivamente, examinó el fracaso que, aparentemente, había sido su vida. Había buscado amistad, la amistad más cercana que pudiera acercarle a la raza humana. Había tenido dos amigos, uno de los cuales había muerto sin sentido antes de conocerle; el otro se había alejado ahora tanto por avatares de la vida que... Había buscado la singularidad y la tranquila pasión conjunta del matrimonio, Había tenido eso también, no supo qué hacer con ello y murió. Había buscado amor y había tenido amor, y había renunciado a él, lo había dejado marchar en el caos de la potencialidad. Katherine, pensó. "Katherine".
Y había querido ser profesor, y lo fue, aunque sabía, siempre lo supo, que durante la mayor parte de su vida había sido uno cualquiera. Había soñado con un tipo de integridad, un tipo de pureza cabal, había hallado compromiso y la desviación violenta de la trivialidad. Se le había concedido la sabiduría y al cabo de largos años había encontrado ignorancia. ¿Y qué más?, pensó. ¿Qué más?
¿Qué esperabas?, se preguntó.

è Altres n'han dit...
Tot és una mentida, Xiuxiueig, Nosaltres llegim, Viu i llegeixUn libro al díaEntre montones de librosJauría Lectora, Con L mayúsculaCosas que mueren bajo el sol, El simio lectorMetales pesados libros, Parientes de estanteLa Tormenta en un Vaso, Asylum, The contextual life,

è Enllaços:
John Williams, libro sutilmente cabronazo, capacidad de quebrar la bravura del lector, però... què dimonis té aquest llibre?, què?, Stoner i les dones.

dilluns, 18 de març de 2013

Amberes - Roberto Bolaño






"No temas, aunque sólo pueda contarte historias tristes, no temas..."



Bolaño, Roberto. Amberes
Barcelona:  Anagrama, 2002 


Col·lecció Narrativas hispánicas, 331 i



è Què en diu la contraportada...
Un policía perdido en la ruta que media entre Castelldefels y Barcelona, una pelirroja de la que todos hablan pero nadie ha visto, un vagabundo jorobado que vive el bosque, un asesinato congelado en la memoria de unos pocos, escenas sadomasoquistas que aparecen como relámpagos, protagonizadas por el policía y una mujer misteriosa, una película que alguien proyecta en el bosque y en donde parece esconderse la clave de la historia. Una novela que transcurre a orillas de un mar desierto, durante un largo otoño, aunque las cuentas del verano están aún sin saldar.
  
è Com comença...
El muchacho se acerca a la casa. Vereda de alerces. La Fronda. Collar de lágrimas. El amor es una mezcla de sentimentalismo y sexo (Burroughs). La mansión sólo es fachada y la desmantelan para instalarla en Atlanta. 1959. Todo está envejecido. No es un fenómeno reciente. Todo cagado desde hace mucho tiempo.

è Moments...
(Pàg. 25)
Estoy solo, toda la mierda literaria ha ido quedando atrás, revistas de poesía, ediciones limitadas, todo ese chiste gris quedó atrás...

(Pàg. 37)
Le dije a mi amiga judía que era muy triste estar horas en un bar escuchando historias sórdidas. No había nadie que tratara de cambiar de tema. La mierda goteaba de las frases a la altura de los pechos (...).

(Pàg. 46) 
Es absurdo ver princesas encantadas en todas las muchachas que pasan. ¿Quién te crees que eres, un trovador?

(Pàg. 76)
La soledad es una vertiente del egoísmo natural del ser humano.

(Pàg. 90)
"Un camping debe de ser lo más parecido al Purgatorio"

(Pàg. 91)
Un campista me descubrió, paseaba y fue él quien avisó a la policía. Ahora, bajo el cielo nublado, me rodean hombres de uniforme azul y blancos. Guardias civiles, fotógrafos de periódicos sensacionalistas o tal vez sólo turistas aficionados a fotografiar cadáveres. Curiosos y niños. No es el Paraíso, pero se le parece.

(Pàg. 101) 
No temas, aunque sólo pueda contarte historias tristes, no temas...

(Pàg. 103)
No hay reglas. ("Díganle al estúpido de Arnold Bennet que todas las reglas de construcción siguen siendo válidas sólo para las novelas que son copias de otras.")

(Pàg. 114)
La muchacha se sentó en la terraza de un "restaurante" y pidió un vaso de vino blanco. Sobre su cabeza estaba la lona verde y un poco más arriba el verano.

è Altres n'ha dit...

dimarts, 12 de març de 2013

El gran Gatsby - Francis Scott Fitzgerald







"- (...) Què podem fer, aquesta tarda? – exclamà Daisy-. I demà? I durant els pròxims trenta anys?"



Scott Fitzgerald, F. El gran Gatsby

Barcelona:  Edicions 62, 2008

The Great Gatsby. Traducció de Ramon Folch i Camarasa
Col·lecció Les Millors Obres de la Literatura Universal, 177 i


è Què en diu la contraportada...
Ningú no coneixia ben bé qui era Gatsby. Alguns deien que havia estat espia dels alemanys durant la guerra del 14; d’altres, que estava emparentat amb una de les famílies reials d’Europa. Però ningú no l’avantatjava en la seva esplèndida hospitalitat. Les festes més meravelloses tenien lloc en la seva superba mansió de Long Island. La ironia d’aquesta façana fabulosa era que ell l’havia bastida no pas per impressionar el món, els amics o l’esposa, sinó per impressionar una noia que ell havia estimat, una noia que era el seu somni, la seva il·lusió...
Triomf, seducció, joventut perpètua, enlluernament pels excessos foren també les constants en la vida de Francis Scott Fitzgerald, que amb El gran Gatsby (1926) va aconseguir la gran novel·la de l’era del jazz.

è Com comença...
En els meus anys de joventut, i més vulnerables que els d’ara, el meu pare em donà un consell en el qual no he parat de rumiar de llavors ençà.
”Sempre que et vinguin ganes de criticar algú –em va dir-, recorda que en aquest món no tothom ha tingut els avantatges que tu has tingut.”
No va dir res més, però com que ell i jo sempre hem estat excepcionalment comunicatius, bé que d’una manera reservada, vaig donar per entès que volia dir molt més que allò.

è Moments...
(Pàg. 55)
Jo crec que la primera nit que vaig anar a casa de Gatsby jo era un dels pocs convidats que havia estat realment convidat. Allà la gent no hi era invitada: hi anava, simplement. Pujaven amb els automòbils que tant els enfastidien cap a Long Island, d’una manera o altra anaven a parar a la porta de Gatsby. Un cop allà, els presentava algú que coneixia Gatsby, i després d’això es comportaven d’acord amb les normes que regeixen en un parc d’atraccions. De vegades arribaven i se n’anaven sense ni haver vist Gatsby; hi anaven purament per la festa, amb una senzillesa de cor que era el seu tiquet d’entrada.

(Pàg. 64) 
- Jo sóc Gatsby –va dir tot d’una.
- Com! –vaig exclamar-. Oh, perdoni.
- Em pensava que ja ho sabia, company. Em temo que no sóc gaire bon amfitrió, certament.
Va somriure amb comprensió; amb molt més que simple comprensió. Era un d’aquests rars somriures que posseeixen una qualitat tranquil·litzadora i que en tota una vida només et topes quatre o cinc vegades. Un somriure que s’acarava –o semblava que s’acarés- a tot el món etern per un instant, i que després es concentrava en tu amb un irresistible prejudici en favor teu. Un somriure que et comprenia exactament fins al punt que desitjaves ésser comprès, que creia en tu tal com t’agradaria creure-hi tu mateix, i que t’assegurava que s’havia fet de tu justament la idea que més desitjaves suscitar. I precisament en aquell punt el somriure s’esvaní, i em vaig trobar mirant un jove i elegant busca-raons, de trenta-un o trenta-dos anys, la manera de parlar del qual, complicadament formal, fregava l’absurd.

(Pàg. 74) 
Començava a estimar Nova York, la sensació picant aventurera que produïa de nit, i la satisfacció que el papalloneig constant d’homes, dones i màquines constituïa per a l’ull inquiet.

(Pàg. 88) 
Vam passar pel gran pont. La llum del sol, passant entre les bigues, feia pampallugues constants damunt els cotxes en moviment. La ciutat es dreçava a l’altra banda del riu en munts blancs i terrosos de sucre, tot construït per un simple desig amb diners inodors. La ciutat, vista des del pont de Queensboro, és sempre la ciutat tal com la veus per primera vegada, amb la seva esbojarrada promesa de tot el misteri i la bellesa del món.

(Pàg. 112)
Els americans, que estan disposats fins i tot de bona gana a ser serfs, sempre s’han negat obstinadament a ser camperols.

(Pàg. 124)
La veritat era que Jay Gatsby, de West Egg, Long Island, sorgí de la seva concepció platònica d’ell mateix. Era un fill de Déu –una frase que, si alguna cosa vol dir, és justament això- i havia d’ocupar-se dels afers del Seu Pare, el servei d’una bellesa vasta, vulgar i mercenària. Així doncs, inventà exactament la mena de Jay Gatsby que era lògic que inventés un minyó de disset anys, i fou fidel a aquesta concepció fins a la fi.

(Pàg. 125)
(...) aquests somnis constituïren un desfogament per a la seva imaginació; eren un indici satisfactori de la irrealitat de la realitat, una promesa que la roca del món es recolzava, segura, damunt l’ala d'una fada.

(Pàg. 131)
(...) resulta entristidor de mirar a través d'uns ulls nous les coses en les quals ja hem esmerçat la nostra capacitat d'ajustament.

(Pàg. 147)
- Què podem fer, aquesta tarda? – exclamà Daisy-. I demà? I durant els pròxims trenta anys?

(Pàg. 184)
(...) Gatsby fou aclaparadorament conscient de la joventut i el misteri que la riquesa enclou i preserva, de la frescor de molts vestits, i de Daisy, brillant com la plata, segura i orgullosa per damunt de la càlida lluita dels pobres.

(Pàg. 186)
Perquè Daisy era jove i el seu món artificial era ple d’orquídies i d'un esnobisme agradable i alegre, i d’orquestres que imposaven el ritme de l’any, resumint la tristesa i la suggestió de la vida en noves melodies. Tota la nit els saxofons comentaven desesperadament, planyívolament, els “Beale Street Blues”, mentre cent parells de sabates d’or i plata trepitjaven la pols radiant.

(Pàg. 223)
Gatsby creia en el llum verd, en l’extàtic esdevenidor que any rere any recula davant nostre. Avui se'ns ha escapat, però tant se val; demà correrem més, allargarem més els braços... I un bon matí...
Així avancem, barques contra el corrent, arrossegats constantment cap al passat.

èAltres n'han dit...
La veu del roure, El racó de les impressions i la memòria, XSVUn libro cada día, Revista de Letras

èEnllaços: 
Francis Scott Fitzgeraldobra canònica, temes universalseines? ambigüitat i juxtaposiciócontext de la novel·la, Meyer Wolfsheim a.k.a. Arnold Rothstein, i per què no un palau?la vall de les cendres, Jay Gatsby o l'exhibicionismeel capitalisme derrota a Déu

èLlegeix-lo:
Anglès (pdf - txt - html )
Espanyol (epub - rtf)

dissabte, 2 de març de 2013

La delicadesa - David Foenkinos





"(...) ell s’havia mort a la pàgina 321. Què havia de fer? Pots continuar llegint un llibre interromput per la mort del teu marit?"



Foenkinos, David. La delicadesa. 
Barcelona:  La Magrana, 2011

La délicatesse. Traducció de Jordi Martín
Col·lecció Les ales esteses, 308 i


è Què en diu la contraportada...
En l'escena inicial de La delicadesa un desconegut agafa el seu coratge amb totes dues mans (i en aquest moment fins i tot li agradaria tenir-ne quatre) i aborda la Nathalie enmig del carrer. Al cap de trenta segons aconsegueix fer-la somriure. Ell es diu François i es casarà amb ella. Un començament absolutament clàssic, diríeu, d'aquells que sovint marquen l'inici de les coses que després no ho són tant.

La història de la Nathalie, tanmateix, no és la història d'una felicitat. Si bé, ben mirat, tampoc no és una història trista. Al contrari. Hi passa alguna cosa terrible, sí, i moltes d'alegres i sorprenents. Perquè hi ha homes que són un pou de sorpreses (d'aquests, n'hi ha que fins i tot són suecs). I s'esdevenen coses subtils i delicades, també. La delicadesa és molt important per a la Nathalie.

Plena de casualitats, petits plaers i detalls insòlits o precisions tècniques sobre les al·lèrgies al peix, La delicadesa està amarada de la tendresa i el sentit de l’humor llunàtic i eteri característics de David Foenkinos, un dels escriptors més brillants i reconeguts de la nova generació a França.

è Com comença...
La Nathalie era més aviat discreta (una mena de feminitat suïssa). Havia passat per l’adolescència sense prendre mal, respectant els passos de vianants. Als vint anys veia el futur com una promesa. Li agradava riure i li agradava llegir. Dues ocupacions que rarament duia a terme de manera simultània, ja que ella preferia les històries tristes.

è Moments...
(Pàg. 15)
François la va observar emocionat, i ell millor que ningú es va fixar aquell moment en la memòria. Tenia al davant la seva dona, i sabia que aquella imatge li passaria per davant dels ulls just abans de morir. Això és el que passa amb els instants de felicitat suprema.

(Pàg. 22)
N’hi ha prou de respirar perquè passi el temps.

(Pàg. 29) 
En set anys de vida compartida, ell havia tingut temps d’escampar-se pertot, de deixar la seva empremta en totes les respiracions. La Nathalie es va adonar que no podria viure res que l’ajudés a oblidar la seva mort.

(Pàg. 29) 
(...) el volum quedava tallat en dues parts; la primera l’havia llegida en vida d’en François. I ell s’havia mort a la pàgina 321. Què havia de fer? Pots continuar llegint un llibre interromput per la mort del teu marit?

(Pàg. 33)
Algú sap com es pot sobreviure a un drama d’aquesta magnitud? No hi ha cap mètode. Cadascú llegeix allò que escriu el seu cos. I la Nathalie satisfeia aquella pulsió de ser allà, plorant a la vora de la calçada, deixant-se morir de llàgrimes.

(Pàg. 54)
(...) no se’n sortia, no aconseguia viure el present. Potser és això, el dolor: una manera permanent d’estar desarrelat de l’immediat.

(Pàg. 75)
Aquell divendres al vespre estava ben content de poder-se refugiar en el cap de setmana. Es taparia amb el dissabte i el diumenge com si fossin dues mantes ben gruixudes.

(Pàg. 81)
Potser el millor era anul·lar la cita. Encara hi era a temps. Per una força major. Sí, em sap greu, Nathalie. Ja ho saps, que m’hauria agradat molt, però què hi farem, si la mare s’ha mort precisament avui. No, això no, massa violent. I massa camussià, l’estil de Camus no va bé per anul·lar un compromís. És molt millor Sartre. Aquest vespre no puc, m’entens? L’infern són els altres. Un lleuger to existencialista a la veu hi ajudaria.

(Pàg. 89) 
Era ben normal que tot no fos perfecte. La vida està feta sobretot de moments esborrany, de ratllades, d’espais en blanc. Shakespeare només mostra els moments més intensos dels seus personatges. Però segur que si Romeu i Julieta es trobessin en un passadís l’endemà al matí d’una bonica vetllada, no tindrien res a dir-se.

(Pàg. 99)
(...) cal haver viscut durant anys en el no-res per entendre com de sobte una possibilitat pot fer por.

(Pàg. 102)
Encara sentia la nostàlgia a dins. Una nostàlgia absurda, per ser més precís. La il·lusió que el nostre passat, per sinistre que sigui, posseeix un cert encant.

(Pàg. 116)
Potser s’havia enamorat d’una fotografia? No hi havia res més esgotador que viure sota el dictat sensual d’una bellesa perenne.

(Pàg. 139)
“De què serveix esverar-se quan tot és absurd?”, es deia a vegades, segurament massa influenciat per la lectura de Cioran. La vida pot ser bonica quan s’és conscient de l’inconvenient d’haver nascut.

(Pàg. 169)
Van asseure’s. Entre ells hi havia aquella fascinació real, la del plaer físic. Alguna cosa que era l’element meravellós dels contes, dels moments robats a la perfecció. Dels minuts que es graven en la memòria en el mateix moment en què es viuen. Dels segons que són la nostra nostàlgia futura.

è Altres n'han dit...
Ull de verècula, La mirandolina, Indirecte.cat, Regina Irae, Reseñando, Offuscatio, Papel en blanco.

è Enllaços:
David Foenkinos, un contexttemes i maneres, serà per temes?processing..., la importància de la delicadesa, deixem-ho en un 50%...10 premis i una pel·li!.