dimarts, 27 de setembre de 2016

La casa de Bernarda Alba - Federico García Lorca







"ANGUSTIAS: Debía estar contenta y no lo estoy. 
BERNARDA: Eso es lo mismo (...)"





Garcia Lorca, Federico. La casa de Bernarda Alba. 
Madrid: Cátedra, 1986

Col·lecció Letras Hispánicas, 43



 Què en diu la contraportada...
La casa de Bernarda Alba es el final y la cima de la trayectoria dramática de Federico García Lorca. En ella se desarrolla el conflicto entre dos fuerzas mayores: el principio de autoridad ciega, con su secuela de orden y poder, y el principio de la libertad instintiva en su lucha imposible y permanente por imponerse.
Una trágica visión del alma humana universal, de la sociedad y, como prefiguración genial, de la realidad española de 1936.


 Com comença...
Acto primero
Habitación blanquísima del interior de la casa de Bernarda. Muros gruesos. Puertas con cortinas de yute rematadas con madroños y volantes. Sillas de anea. Cuadros con paisajes inverosímiles de ninfas o reyes de leyenda. Es verano. Un gran silencio umbroso se extiende por la escena. Al levantarse el telón está la escena sola. Se oyen doblar las campanas. Sale la CRIADA.

CRIADA: Ya tengo el doble de esas campanas metido entre las sienes
LA PONCIA: (Sale comiendo chorizo y pan.) Llevan ya más de dos horas de gori-gori. Han venido curas de todos los pueblos. La iglesia está hermosa. En el primer responso se desmayó la Magdalena.
CRIADA: Es la queda más sola.
LA PONCIA: Era la única que quería al padre (...).


 Moments...
(Pàg. 119)
CRIADA: ¡Qué mujer!
LA PONCIA: Tirana de todos los que la rodean. Es capaz de sentarse encima de tu corazón y ver cómo te mueres durante un año sin que se le cierre esa sonrisa fría que lleva en su maldita cara (...).

(Pàg. 128)
LA PONCIA: No tendrás queja alguna. Ha venido todo el pueblo.
BERNARDA: Sí; para llenar mi casa con el sudor de sus refajos y el veneno de sus lenguas.
AMELIA: ¡Madre, no hable usted así!
BERNARDA: Es así como se tiene que hablar en este maldito pueblo sin río, pueblo de pozos, donde siempre se bebe el agua con el miedo de que esté envenenada.

(Pàg.129) 
MAGDALENA: (...) Sé que yo no me voy a casar. Prefiero llevar sacos al molino. Todo menos estar sentada días y días dentro de esta sala oscura.
BERNARDA: Esto tiene ser mujer.
MAGDALENA: Malditas sean las mujeres
BERNARDA: Aquí se hace lo que yo mando. Ya no puedes ir con el cuento a tu padre.

(Pàg. 136)
MARTIRIO: Es preferible no ver a un hombre nunca. Desde niña les tuve miedo. Los veía en el corral uncir los bueyes y levantar los costales de trigo entre voces y zapatazos y siempre tuve miedo de crecer por temor de encontrarme de pronto abrazado por ellos. Dios me ha hecho débil y fea y los ha apartado definitivamente de mí.

(Pàg. 137) 
MARTIRIO: ¡Qué les importa a ellos la fealdad! A ellos les importa la tierra, las yuntas, y una perra sumisa que les dé de comer.

(Pàg. 149) 
LA PONCIA: Oye, Angustias, ¿qué fue lo que te dijo la primera vez que se acercó a tu ventana?
ANGUSTIAS: Nada. ¡Qué me iba a decir! Cosas de conversación.
MARTIRIO: Verdaderamente es raro que dos personas que no se conocen se vean de pronto en un reja y ya novios.
ANGUSTIAS: Pues a mí no me chocó.
AMELIA: A mí me daría no sé qué.
ANGUSTIAS: No, porque cuando un hombre se acerca a una reja ya sabe por los que van y vienen, llevan y traen, que se la va decir que sí.

(Pàg. 151)
LA PONCIA: (...) La primera vez que mi marido Evaristo el Colín vino a mi ventana... Ja, ja, ja.
AMELIA: ¿Qué pasó?
LA PONCIA: Era muy oscuro. Lo vi acercarse y al llegar me dijo: “Buenas noches” “Buenas noches”, le dije yo, y nos quedamos callados más de media hora. Me corría el sudor por todo el cuerpo. Entonces Evaristo se acercó, se acercó que se quería meter por los hierros, y dijo con voz muy baja: “¡Ven que te tiente!”(Ríen todas.)
(Amelia se levanta corriendo y espía por la puerta)
AMELIA: ¡Ay!, creía que llegaba nuestra madre.
MAGDALENA: ¡Buenas nos hubiera puesto! (Siguen riendo)
AMELIA: Chsssss.... ¡Que nos van a oír!
LA PONCIA: Luego se portó bien. En vez de darle por otra cosa le dio por criar colorines hasta que se murió. A vosotras que sois solteras, os conviene saber de todos modos que el hombre, a los quince días de boda, deja la cama por la mesa y luego la mesa por la tabernilla, y a la que no se conforma se pudre llorando en un rincón.

(Pàg. 156) 
LA PONCIA: ¡Tanto te gusta ese hombre!
ADELA: ¡Tanto! Mirando sus ojos me parece que bebo su sangre lentamente.

(Pàg. 159) 
LA PONCIA: (...) quince de ellos la contrataron para llevársela al olivar. Yo los vi de lejos. El que la contrataba era un muchacho de ojos verdes, apretado como una gavilla de trigo.
AMELIA: ¿Es eso cierto?
ADELA: ¡Pero es posible!
LA PONCIA: Hace años vino otra de estas y yo misma di dinero a mi hijo mayor para que fuera. Los hombres necesitan esas cosas.
ADELA: Se les perdona todo.
AMELIA: Nacer mujer es el mayor castigo.

(Pàg. 173)
BERNARDA: (...) Si las gentes del pueblo quieren levantar falsos testimonios, se encontrarán con mi pedernal. No se hable de este asunto. Hay  a veces una ola de fango que levantan los demás para perdernos.
MARTIRIO: A mí no me gusta mentir.
LA PONCIA: Y algo habrá.
BERNARDA: No habrá nada. Nací para tener los ojos abiertos. Ahora vigilaré sin cerrarlos ya hasta que me muera.
ANGUSTIAS: Yo tengo derecho de enterarme.
BERNARDA: Tu no tienes derecho más que a obedecer. Nadie me traiga ni me lleve. (A la Poncia) Y tú te metes en los asuntos de tu casa. ¡Aquí no se vuelve a dar un paso sin que yo lo sienta!

(Pàg. 180)
PRUDENCIA: Es precioso. Tres perlas. En mi tiempo las perlas significaban lágrimas.
ANGUSTIAS: Pero ya las cosas han cambiado.
ADELA: Yo creo que no. Las cosas significan siempre lo mismo. Los anillos de pedida deben ser de diamantes.
PRUDENCIA: Es mas propio.
BERNARDA: Con perlas o sin ellas, las cosas son como uno de las propone.
MARTIRIO: O como Dios dispone.

(Pág. 183) 
BERNARDA: No le debes preguntar. Y cuando te cases, menos. Habla si él habla y míralo cuando te mire. Así no tendrás disgustos.
ANGUSTIAS: Yo creo, madre, que él me oculta muchas cosas.
BERNARDA: No procures descubrirlas, no le preguntes y, desde luego, que no te vea llorar jamás.
ANGUSTÏAS: Debía estar contenta y no lo estoy.
BERNARDA: Eso es lo mismo

(Pàg. 188)
LA PONCIA: (...)¡Tu ves este silencio? Pues hay una tormenta en cada cuarto. El día que estallen nos barrerán a todos (...)

(Pàg. 194)
ADELA (Acercándose:) Me quiere a mí. Me quiere a mí.
MARTIRIO: Clávame un cuchillo si es tu gusto, pero no me lo digas más.
ADELA: Por eso procuras que no vaya con él. No te importa que abrace a la que no quiere; a mí, tampoco. Ya puede estar cien años con Angustias, pero que me abrace a mí se te hace terrible, porque tú lo quieres también, lo quieres.
MARTIRIO (Dramático): ¡Sí! Déjame decirlo con la cabeza fuera de los embozos. ¡Sí! Déjame que el pecho se me rompa como una granada de amargura. ¡Le quiero!

(Pàg. 199)
BERNARDA: Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio! (A otra hija) ¡ A callar he dicho! (A otro hija) ¡Las lágrimas cuando estés sola! Nos hundiremos todas en un mar de luto (...)

 Altres n'han dit...


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Mira-la: 
Cinema (Dir. Mario Camus, 1987)

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dissabte, 24 de setembre de 2016

Sin la sombra de las torres - Art Spiegelman






"Se nos cae el cielo encima."





Spiegelman, Art. Sin la sobra de las torres.
Barcelona: Norma Editorial, 2004

Traducció de Maria Ferrer




► Què en diu la contraportada...
Los atentados sobre Nueva York del 11 de septiembre de 2001 supusieron un cambio radical en la concepción del mundo de la sociedad occidental con-temporánea. El sueño americano se hacia pedazos, la paranoia se apoderaba de los habitantes de la ciudad y ya nadie podía sentirse seguro. Art Spiegelman, testigo directo de los atentados, recrea en SIN LA SOMBRA DE LAS TORRES su odisea personal en busca de la seguridad y de su propia personalidad en un mundo que ha sido destruido a su alrededor. Sin la sombra de las torres es un libro que usa el cómic como herramienta para hacer una crítica feroz de la administración Bush, para reflexionar sobre la actitud de los americanos ante la catástrofe y, en definitiva, para superar, a través del arte, los traumas creados por la guerra.

 Com comença...

Moments...
(Pàg. 2)








(Pàg. 3)



(Pàg. 4)





















(Pàg. 5)























(Pàg. 6)

























(Pàg. 7)























(Pàg. 8)













dijous, 22 de setembre de 2016

Les Encantades. Jimmy Rose. El violinista - Herman Melville



"(...)  els seus esperits silents van salpar cap al més remot dels futurs."




Melville, Herman. Les Encantades. Jimmy Rose. El violinista. 
Terrassa: El cau ple de lletres, 1998

Traducció de Pep Julià
Col·lecció Les Encantades, 1



 Què en diu la contraportada...
Abans de recloure’s en un silenci obstinat, en la grisor d’un funcionariat de duanes i en un amarg retir enmig de l’oblit, Herman Melville (1819-1891) va escriure un dels textos més bells de tota la literatura nord-americana: The Encantadas.
Viatge a una regió extraordinària del Pacífic, a l’infern o a l’interior de l’individu, aquest conjunt unitari de narracions basteix un univers inquietant i simbòlic, a voltes nihilista i cruel, impotent davant el dolor, fascinat per la bellesa del món visible i per les històries personals que guarda.
Però sobretot, l’obra s’obstina a construir-ne un correlat lingüístic, riquíssim, que permeti a l’home de “sobreviure’s a si mateix”.
Potser per aquesta riquesa de matisos Les Encantades ha estat injustament oblidada pels traductors i editor del nostre país.

 Com comença...
No ens hi hem pas d’acostar –digué el barquer-,
Car si sense voler ens hi acostàvem, la mort hi trobaríem;
Ja que aquestes illes que ara i adés semblen illes,
No són terra ferma ni amaguen cap recompensa segura,
Ans són una escampadissa de paranys que belluguen
En tota l’amplària de la mar; per això les anomenem
Illes Errants; i per això n’heu de fugir (...).

 Moments...
(Pàg. 34)
Però la maledicció singular, diguem-ne així, de les Encantades, allò que n’exalta la desolació per sobre d’Idumea i del Pol, és que no els arriba mai cap mutació, ni la mutació de les estacions ni la de les penes. Els passa pels mig l’equador i no coneixen la tardor ni coneixen la primavera; i com que ja són només cendres, cap ruïna no les malmetrà mai gens ni mica.
Les Encantades

(Pàg. 35)
(...) platges amples i rases plenes d’una infinitat de conquilles mortes, i de tant en tant trossos podrits de canya de sucre, troncs de bambú i cocos que s’han escampat fins a aquest altre món més negre provinents de les encantadores illes plenes de palmeres que queden a occident i al sud, des del Paradís de dret fins al Tàrtar.
Les Encantades

(Pàg.101) 
Ja no van sotjar més, plens de temor febrosos, ni encara menys de febroses esperances, dellà de l’horitzó del present, ja que els seus esperits silents van salpar cap al més remot dels futurs.
Les Encantades

(Pàg. 106)
Si hi ha llibres considerats d’allò més nocius i se’n prohibeix la venda, què cal dir, aleshores, de fets més capitals que no són pas somnis d’homes caducs? Aquells a qui els llibres deixen malparats, no seran capaços de sobreposar-se als fets reals. S’haurien de prohibir els fets, i no els llibres. Però l’home sembra totes les coses al vent, que bufa just fins que són escoltades, i l’home no pot saber si fa el bé o el mal. Sovint el bé fa el mal, i el mal fa el bé.
Les Encantades

(Pàg. 121) 
Al sud-est de l’illa de Crossman hi ha l’illa de Hood, o illa Ennuvolada de McCain, i a la seva part sud s’hi troba una cala vítria amb una platja ampla de lava negra matxucada que anomenen Platja Negra o desembarcador d’Oberlus. Hauria pogut rebre perfectament el nom de Platja de Caront.
Les Encantades

(Pàg. 134)
Oberlus fou vist durant molt de temps, figura central d’una banda mestissa i assassina, una criatura que és religiós de detestar, ja que és filantropia odiar un misantrop.
Les Encantades

(Pàg. 159) 
Tot i que en la teva pobresa no tenies ni un penic per oferir als pobres, tu, Jimmy, encara podies fer almoina als rics. Perquè no es deleix pas més pel pa el pidolaire que xerra a la cantonada que el cor vanitós pels afalacs. Els uns, rics d’opulència extrema, i els altres, pobres de precarietat extrema, sempre ens acompanyaran.
Jimmy Rose

(Pàg.171) 
- (...) Tu creus que mai no ha estat cap geni, que és massa feliç i gras... oi? No trobes que sigui cap model per als homes en general. Trobes que és incapaç d’ensenyar res que pagui la pena al mèrit desatès, ni al geni ignorat, ni a l’arrogància impotent i menyspreada? Perquè tot plegat són tres coses que no deixen de ser la mateixa.
El violinista

 Altres n'han dit...

 Enllaços:
Herman Melville, un encàrrec, context, les Galápagos: objecte literari.

 Llegeix-lo:
Anglès (The Encantadas: html / html)
Anglès (Jimmy Rose: html / facsímil ed. Princeton University Press, 1922)

I perquè no?

I perquè no?