dissabte, 19 de gener de 2013

El Libro Infierno - Carlo Frabetti





"Aquí están, por tanto, todos los libros que se proclaman detentores de la verdad, todas las biblias y todos los catecismos... Son aún más que los violentos, como puedes ver. Y más peligrosos."




Frabetti, Carlo. El libro Infierno
Madrid:  Alfaguara, 2002



>> Què en diu la contraportada...
«No me sorprendió que el infierno fuera una biblioteca. Tener acceso a las palabras y no a lo que designan es la más refinada versión del suplicio de Tántalo».
Como Dante, el protagonista de este libro —y con él el perplejo lector— tiene que recorrer nueve círculos infernales correspondientes a otros tantos pecados y penas. Pero en esta biblioteca infierno solo hay un demonio, el bibliotecario, y los condenados son los propios libros.
¿O acaso el único condenado es el perplejo protagonista (y con él el lector), atrapado en un infierno a la medida y enfrentado a un diablo hecho a su imagen y semejanza?
En este libro, que es ingenio, juego y narración, Carlo Frabetti nos propone una reflexión irónica sobre la visión del mundo que subyace a nuestra cultura. Un divertimento lleno de sabiduría y agudeza.

>> Com comença...
Canto Primero

En medio del camino de la vida,
me encontré en una oscura biblioteca,
un abismo con forma de guarida.
”El pecado es la pena del que peca”,
dijo el bibliotecario, un saturnino
diablo de lengua negra y voz reseca.

>> Moments...
(Pàg. 16)
No me sorprendió que el infierno fuera una biblioteca. Subir la piedra de la ignorancia por una montaña de libros, sin alcanzar nunca la cima del conocimiento, es la más refinada versión del suplicio de Sísifo.

(Pàg. 35)
- Quelle connerie, n’est-ce pas? –me susurró al oído una voz reseca como el aire del desierto. Era el bibliotecario.
- Desde luego –asentí.
- Mil ciento diecisiete connerías, para ser exactos: una media de 3,4 por poema –añadió el demonio tras coger el libro de mis manos y examinarlo pasando sus páginas con vertiginosa rapidez-. Comas de más, comas de menos, guiones fuera de lugar, palabras sueltas unidas para convertirlas en compuestas, signos de interrogación añadidos...
- ¿Y por qué no tenéis buenas ediciones? –le pregunté con tono de reproche.
- Las buenas ediciones van al cielo, amigo mío. O, en su defecto, a otros círculos –contestó el plomizo bibliotecario mientras devolvía a su lugar al injuriado Frost-. Y éste es el Noveno Círculo, el último y más profundo, el culo del infierno, si me permites la vulgaridad, el culo del saco...
- ¿El círculo de los traidores?
- Exacto. Editore, traditore...
- ¿No és “traduttore, traditore”?
- También, por supuesto. Pero a los grandes traidores hay que buscarlos sobre todo entre los editores, los gestores culturales y los albaceas literarios.

(Pàg. 42)
- Estamos en el Octavo Círculo, el de los hipócritas, los falsarios, los ladrones y estafadores... Y en el mundo del libro hay una palabra que, aunque no los agota, a todos los concita: plagio.
Este círculo me pareció más interesante, y me puse a curiosear entre los curvos anaqueles. Encontré a un par de directores de la Biblioteca Nacional, algún que otro académico, un Premio Nobel...

(Pàg. 47)
- (...) No tengo por qué estar aquí –le dije tras una pausa sombría-, de modo que te agradeceré que me lleves al siguiente círculo.
- Hay cosas muy interesantes en esta cloaca de la ambición y la miseria humanas. No deberías tener tanta prisa por marcharte.
- El interés no está en las cosas, sino en la mirada del que las contempla –repliqué con fastidio-. No dudo de que las cloacas sean interesantes para ti, pero para mí han dejado de serlo.
- Touché –dijo el demonio con una risita eunucoide-. Pero ¿estás seguro de que no tienes por qué estar aquí?
- Lo estoy.
- Debería llevarte directamente al círculo de los soberbios, si lo hubiere.(...)

(Pàg. 51)
Nel mezzo del cammin di nostra vita
mi trovai in una scura biblioteca,
e fu abisso la tana d’eremita...

- Bien –palmoteó el demonio-, ahí tienes tu ejemplo futuro (que, por cierto, no es mejor que el mío, que consigue un máximo de intensidad con una mínima alteración del original).
- Si vuelvo a tener ocasión y ganas de escribir, es posible, incluso probable, que escriba un terceto parecido a ése, tal vez ese mismo –admití.
- Ya lo has escrito y editado –dijo el bibliotecario tocándome la frente con su puntiagudo meñique-. Tus neuronas han reconocido en ese terceto, el (a)nuncio, el núcleo de condesación, el catalizador, la semilla de un libro probable, casi seguro, y se han abalanzado sobre él como loas bacantes sobre Orfeo: para despedazarlo ritualmente, desmenuzarlo, devorarlo, digerirlo, extraerle las más oscuras resonancias e implicaciones... Cientos, miles de copias de ese terceto y de sus variantes y cacilaciones circulan ahora mismo por tu corteza cerebral en busca de terrenos fértiles donde florecer y fructificar, donde mutar e hibridarse... Ya lo has escrito. Pasarlo al papel será una mera epifanía, la noticia de una resurrección. Puro trámite.

(Pàg. 53)
- Sabía que superarías la prueba sin dificultad –sonrió el demonio-. Eres tan previsible...

(Pàg. 61)
El libro que sujetaba su resurgida probóscide era El pequeño príncipe.
- Yo diría que es un libro blandengue y nostálgico –comente-, pero no violento.
- ¿No es un acto de violencia administrar un veneno? –preguntó retóricamente el demonio enarcando las cejas.
- Sí, pero...
- La nostalgia es tóxica, y sólo en muy pequeñas dosis resulta tolerable. En dosis altas provoca drásticas diarreas mentales, especialmente nocivas para los niños, cuyas esponjosas almas se deshidratan con más facilidad.

(Pàg. 64)
- (...) Es absurdo, por tanto, darles empalagosas golosinas envenenadas con la hiel de la desesperación. La amargura (una desequilibrada mezcla de nostalgia y blandenguería) es un veneno de acción lenta e imprevisible, cuyos efectos deletéreos pueden manifestarse años después de su ingestión...
La pequeña cerillera, el pequeño príncipe... Dejad al menos que conozcan la pequeña muerte antes de buscar consuelo en el regazo de la grande... Dejad que los niños se acerquen a mí –concluyó el demonio abriendo ecuménicamente los brazos.

(Pàg. 72)
- ¿No es éste el círculo de los herejes?
- Sí. Y puesto que no hay conocimiento más seguro que el de la ignorancia ni más certeza que la de la duda, los libros heréticos no son otros que los dogmáticos. El dogma es la herejía, del mismo modo (y por la misma razón) que la propiedad es el robo. Aquí están, por tanto, todos los libros que se proclaman detentores de la verdad, todas las biblias y todos los catecismos... Son aún más que los violentos, como puedes ver. Y más peligrosos.

(Pàg. 81)
- ¿También los clásicos grecolatinos pueden ir... venir al infierno?
- Con más motivo que otros, puesto que su influencia es mayor. Los clásicos son dignos de estudio, pero no necesariamente de veneración. Uno de los más ilustres huéspedes de este círculo es la Ilíada, sin ir más lejos: un poema que desde su primer verso alardea de ser un canto a la cólera no merece estar en otro sitio.

(Pàg. 88) 
 - Éste es el Cuarto Círculo, el de los avaros y los pródigos –dijo el demonio mientras sus alas se sublimaban y el oscuro vapor se posaba en el suelo para reconvertirse en su sombra.
- Sé de bastantes libros a los que no iría mal el adjetivo “pródigo”, al menos en una de sus acepciones; pero el concepto de libro avaro no me resulta evidente –admití.
- Pues a menudo los pródigos y los avaros son los mismos –dijo el bibliotecario reabsorbiendo su seudocabellera-. Pródigos en palabras, avaros en ideas, así son la mayoría de los libros actuales. La verborragia hueca o puramente repetitiva es el signo de la literatura contemporánea.

(Pàg. 89) 
 - (...) El afán de poseer, causa de todos los males, la obcecada confusión entre tener y ser, es el motor del coleccionismo.
”Pero puesto que la belleza no se deja poseer, sino solo admirar en la escasa medidad en que podéis soportarla y, desdeñosa, rehúsa destruiros, el coleccionista se aferra a los fetiches de la belleza, sus meros soportes materiales, cuyo nulo valor intrínseco se intenta enmascarar con su precio exorbitante (...).”

(Pàg. 96)  
- Éste es el Tercer Círculo, el de los gulosos –dijo el demonio terminando de desincharse con un sordo siseo-. Encontrarás aquí casi todos los libros de cocina...
- ¿Casi todos?
- Por supuesto, ya que casi todos ellos dan prioridad al sentido del gusto sobre el sentido común.

(Pàg. 105)
 - (...) El amor es la lujuria, del mismo modo  (y por la misma razón) que la propiedad es el robo... El apego, el afán de posesión (con su vicio complementario, el afán de pertenencia), es la causa de todos los males, no me cansaré de repetirlo. Y de todos los apegos, el amor es el más excesivo y morboso.
- Supongo que te refieres al amor en el sentido restringido de enamoramiento.
- Sobre todo, pero no exclusivamente. El amor sensu lato también es un material sumamente inflamable. El amor a la patria, sin ir más lejos.
- ¿Dirías que el patriotismo es una forma de lujuria?
- De las peores. Patriotismo y nacionalismo son inseparables, y el nacionalismo es un apetito desordenado de lo carnal simbólico: el objeto del afán de posesión/pertenencia (del amor, en una palabra) del nacionalista es todo un pueblo, con su arbitrario continente físico y su fantasmagórico contenido moral.

(Pàg. 131)
 - (...) éste es el Primer Círculo, el Limbo de los libros no bautizados, es decir, los que no han sido bendecidos por los ojos de los lectores y, por tanto, no han alcanzado la plenitud del ser (esse est esse lectum).
- Supongo que te refieres a los inéditos.
- Obviamente.
- Pero, como mucho –objeté-, el número de los libros inéditos puede ser del orden de las decenas o las centenas de millones...
- Depende. Hay, fundamentalmente, tres tipos (o niveles) de inéditos: los libros escritos pero no publicados, los pensados pero no escritos y los vividos pero no pensados. Y el último tipo, huelga decirlo, es con mucho el más numeroso (...)

(Pàg. 142)
 El infierno era una biblioteca con un solo libro.

(Pàg. 145)
 (...) ¿y qué es el infierno sino el circulo de nuestras obsesiones?

>>Altres n'han dit...
Nosololibros, Dystropia, El País

>> Enllaços:
Carlo Frabetti, context, Eviternitat, xifres i més xifres, com guanyar al dimoni..., ...també a l'infern dels números.

dimecres, 16 de gener de 2013

L'illa de l'última veritat - Flavia Company






 "En què consisteix el triomf d’un home? Sobreviure o escapar?"





Company, Flavia. L’illa de l’última veritat.
Barcelona:  Proa, 2010

Col·lecció A Tot Vent, 529




>> Què en diu la contraportada...
Quan sap que està greument malalt, el doctor Prendel sent la necessitat de confessar un secret amb què ha pogut viure però amb què no pot morir. Explica la seva història a l’amant dels últims anys i li fa prometre que, un cop ell sigui mort, la farà pública.
Víctima d'un atac pirata, Prendel havia naufragat al mig de l’Atlàntic i havia desaparegut durant cinc anys del seu cercle a Nova York. Al seu retorn, no havia volgut dir ni una sola paraula sobre aquella experiència. Circulaven tota mena d'especulacions i llegendes: on havia estat durant aquells cinc anys?, per què no en volia parlar? Després d'escoltar la història, l’amant l’explica en una narració impossible d'abandonar.

>> Com comença...
No recordo qui em va presentar el doctor Prendel. Sí que sé, en canvi, que va ser a casa de Martin Fleming, el psiquiatre, durant una reunió de catedràtics de la Facultat per celebrar el seu ascens de vicedegà a degà, i que de seguida  em va interessar el seu posat parsimoniós, taciturn i aquella displicència amb què mirava al seu entorn, com si sabés amb exactitud què podia passar i què podia ser dit.

>> Moments...
(Pàg. 27)
És fàcil que la gent no es posi d'acord quan es tracta de morir. Tampoc quan es tracta de viure. És fàcil que la gent no es posi d'acord.

(Pàg. 33)
En poc temps haurà fet dues coses radicals: matar i morir. De morir no li sorprèn sinó la manera. De matar, tot.

(Pàg. 35)
“Hem de fer coses a la vida que més tard tinguem ganes de recordar. Mirar enrere i sentir que ha valgut la pena. Repassar la nostra història i sentir que no s’assembla gaire a cap altra, que és pròpia, que ens l’hem inventada. Som joves. És ara que ho hem de fer. És ara. Jo ja no puc més amb aquesta vida previsible. Fem el que fem, acabarem morint. Val la pena fer el que desitgem, no?”.

(Pàg. 43)
O sigui que la mort és això: esperar, somriure, desesperar-se, no entendre res mentre s’està a punt d’entendre-ho tot.

(Pàg. 62)
“(...) hem d'establir algunes condicions de convivència”, diu Nelson. “Haurem de passar algun temps, aquí.Valdrà més que deixem clares algunes lleis”.
Lleis? Prendel espera un aclariment. Lleis?
”Calen lleis per a dos homes en una illa deserta?”.

(Pàg. 68)
(...) Pensa que un home sempre desitja un sostre, que li importa més amb que tapar-se que el que trepitja.

(Pàg. 69)
No es pot pas dir que s’hagi acostumat a aquella vida, però tampoc no es pot dir que pateixi. És allò la victòria? L’adaptació? En què consisteix el triomf d'un home? Sobreviure o escapar?

(Pàg. 91)
Quanta gent viu en una pell que no sent com a pròpia, oi, doctora? Quin misteri, que les persones no ens atrevim a actuar segons els nostres desitjos o conviccions i que preferim els dels altres.

(Pàg. 102)
Els dies són tots iguals. Un rere l’altre com baules d'una cadena rovellada i absurda que no condueix enlloc. Una cadena perpètua.

(Pàg. 133)
(...) Encara sóc allà, amb ell, intentant cada dia tirar enrere el que vaig fer. Que irreparable que és la mort i que diferent un home abans i després de matar.

divendres, 11 de gener de 2013

Nocturn a l'Índia - Antonio Tabucchi



"La realitat passada és sempre menys dolenta del que efectivament va ser: la memòria és una experta en falsificacions fenomenal".


Tabucchi, Antonio. Nocturn a l’Índia.
Barcelona:  Columna-Bromera, 1997


Notturno indiano. Traducció de Joan Francesc Mira
Col·lecció Clàssica, 6



>> Què en diu la contraportada...
Nocturn a l’Índia, més enllà de la recerca d’un amic desaparegut, tracta el costat fosc i ocult de les coses, el qual projecta unes ombres que es multipliquen a cada nou intent d’aclarir-les.
Intrigant narració de reminiscències presumptes o reals, Nocturn a l’Índia és també un imaginatiu intinerari turístic, real o falsificat, que captiva el lector des del primer moment i el porta a un món fascinant.

>> Com comença...
El taxista portava una barbeta de pera, una malla als cabells i una cua lligada amb una cinta blanca. Vaig pensar que devia ser un sikh, perquè la meua guia els descrivia exactament així. El títol de la meua guia era Índia, a travel survival kit, l’havia comprada a Londres més per curiositat que per altra cosa, perquè proporcionava informacions sobre l’Índia molt curioses i a primera vista supèrflues. Més tard, però, arribaria a adonar-me de la seua utilitat.

>> Moments...
(Pàg. 16)
- (...) Ell era bo, la seua voluntat era bona, però la seua naturalesa tenia un destí trist.

(Pàg. 18)
- Deu haver-hi un arxiu –vaig dir-, supose.
Ell va somriure amb un aire infeliç i culpable. Tenia les dents molt blanques i un forat entre les de la part superior.
- Un arxiu... –murmurà. De colp la seva expressió es va fer dura, tensa. Em va mirar amb severitat, quasi amb menyspreu. – Aquest és l’hospital de Bombai –va dir secament-, oblide les seus categories europees, són un luxe ple de supèrbia.

(Pàg. 35)
- Practically... Actually – digué-, quines paraules tan curioses, les he sentides tantes vegades a Anglaterra..., vostès els europeus usen sovint aquestes paraules –va fer una pausa més llarga, però vaig comprendre que el seu raonament no s’havia acabat-. Mai no he estat capaç de decidir si és per pessimisme o per optimisme –continuà-, vostè què en pensa?
Li vaig demanar si podia explicar-se millor.
- Oh- va dir, és difícil explicar-se millor. Mire de vegades em pregunte si és una paraula que indica supèrbia o si, pel contrari, vol dir només cinisme. I també molta por, potser. ¿ Vostè m’entén?
- No ho sé –vaig dir-, no és fàcil. Però potser la paraula “pràcticament” no vol dir pràcticament res.

(Pàg. 53)
(...) abans de tancar la porta em va dir:
- La ciència cega llaura inútils terrossos, la folla fe viu el somni del seu culte, un nou déu és només una paraula, no creure o bé buscar: tot és ocult.

(Pàg. 71)
La realitat passada és sempre menys dolenta del que efectivament va ser: la memòria és una experta en falsificacions fenomenal.

(Pàg. 88)
- (...) ¿I què feia a Calcuta?
- Fotografiava l’abjecció –respongué Christine.
- ¿Què vol dir?
- La misèria –va dir ella-, la degradació, l’horror, li pot dir com vulga.
- ¿Per què ho ha fet?
- És el meu treball –va dir ella-.Em paguen per això.
Va fer un gest que potser significava resignació a la professió de la seua vida i després em preguntà: -Vostè ha estat mai a Calcuta?
Vaig fer que no amb el cap.
No hi vaja –digué Christine-, no cometa mai aquest error.
- Jo creia que una persona com vosté pensava que en la vida s’ha de veure el màxim possible.
- No –va dir ella convençuda-, s’ha de veure el mínim possible.

>> Altres n'han dit...

>> Enllaços:

dimecres, 2 de gener de 2013

Secret candent - Stefan Zweig







"En aquella estona de ràbia desbocada va treure-ho tot enfora; la confiança, l’amor, la credulitat i el respecte: tota la seva infància."

Zweig, Stefan. Secret candent.
Barcelona: Quaderns Crema, 1999

Brennendes Geheimnis. Traducció d’Ester Capdevila
Col.lecció Biblioteca Mínima, 77


>> Què en diu la contraportada...
«Es va quedar petrificat de la ràbia. Va anar de ben poc que no s’arrupís i els llancés una pedra. Així doncs, se li havien escapat, però amb quin engany més baix i més vil! Que la seva mare mentia, ho sabia des d’ahir. Però que pogués ser prou desvergonyida per no fer cas d’una promesa explícita feia a miques el seu últim vestigi de confiança. La vida sencera li resultava incomprensible, ara que veia que les paraules, darrere de les quals havia suposat que es trobava la realitat, només eren bombolles de colors, que s’inflaven i esclataven per dissoldre’s en el no-res. Però quin secret més terrible devia ser aquell que feia que els adults arribessin fins i tot a enganyar-lo a ell, un nen, i marxessin d’amagat, com si fossin criminals!»

>> Com comença...
La màquina del tren va fer un xiulet enrogallat: havia arribat a Semmering. Els vagons negres es van aturar un moment sota la llum argentada del cel; van escopir una barrejadissa d’homes i van engolir-ne d’altres; algunes veus irritades van ressonar d’un cap a l’altre de l’estació. Després, la màquina, amb un altre rogall, va fer avançar la negra rastellera de vagons a través del forat del túnel. Sobre el fons nítid, sorgia de nou el paisatge pur i apacible, escombrat pel vent humit.

>> Moments...
(Pàg. 9)
(...) conscient que no podia estar sol ni enfrontar-se a si mateix, evitava tant com li era possible aquesta mena d’encontre, perquè per res del món no es volia conèixer íntimament.

(Pàg. 14)
Era un noiet tímid, esquifit i inquiet, d’uns dotze anys, de moviments nerviosos i d’ulls foscos i encuriosits. Feia la impressió d’estar esverat, cosa habitual en aquests anys d’adolescència, com si de sobte l’haguessin arrencat del son i posat en un entorn estrany. La cara, tot i tenir un cert encant, era poc definida. La lluita entre la part adulta i la part infantil no havia fer més que començar i de moment semblava que tot hi havia de ser esculpit encara; no hi havia cap tret precís, només una barreja deslluïda i inquieta (...).

(Pàg. 24) 
(...) no es pot mesurar correctament la violència de l’amor si només se’n valora el moment concret i no l’espera tensa que el precedeix; aquell espai buit i fosc de decepció i solitud, anterior a tots els grans tràngols del cor.

(Pàg. 29)
Ella vivia aquells anys decisius en els quals una dona comença a penedir-se d’haver estat fidel a un marit que no ha estimat mai de debò, i en els quals la purpúria decadència de la bellesa encara concedeix una darrera –i inajornable- possibilitat de tria entre la maternitat i la feminitat.

(Pàg. 33)
Edgar va empal·lidir de l'espant. El pitjor que li pot passar a un nen és que l'enviïn al llit, perquè és la humiliació més notòria a què els sotmeten els adults: és l'estigma de la infantessa, del fet de ser petit, de la infantil necessitat de descansar.

(Pàg. 48)
No hi ha res que aguditzi més la intel·ligència que una sospita apassionada. No hi ha res que desplegui millor totes les possibilitats d’un intel·lecte immadur que un viatge que transcorre en la foscor. De vegades, allò que separa els nens del món que nosaltres anomenem real és només una petita porta que pot arribar a obrir-se sobtadament davant seu amb un simple alè de vent casual.

(Pàg. 63) 
La ràbia, la impaciència, el despit, la curiositat, la impotència i la traició dels últims dies, reprimits durant aquell esforç pueril per ser un adult, li sorgien ara del pit en forma de llàgrimes. Aquell va ser l’últim plor de la seva infantesa, l’últim plor desenfrenat; era l’última vegada que s’abandonava com una dona a la voluptuositat de les llàgrimes. En aquella estona de ràbia desbocada va treure-ho tot enfora; la confiança, l’amor, la credulitat i el respecte: tota la seva infància.

(Pàg. 95) Per primera vegada, va ser conscient que s’havia acostumat a donar per fet l’atmosfera benestant en la qual vivia i que, a dreta i a esquerra de la seva vida, s’obrien profunds abismes en la foscor, en les quals la seva mirada no s’havia deturat mai.

>> Altres n'han dit...

>> Llegiu-la:
Alemany (multiformat)
Espanyol (rtf)