dimecres, 30 d’abril de 2014

Un disgusto pasajero - Françoise Sagan






"(...) ¿Por qué me miento tanto?"





Sagan Françoise. Un disgusto pasajero. 
Barcelona: Tusquets Editores, 1995

Un chagrin de passage. Traducció de Julia Escobar
Col·lecció Andanzas, 235   i


è Què en diu la contraportada...
Françoise Sagan sitúa ante la muerte a un hombre de unos cuarenta años, Matthieu Cazavel, sin más señas destacables que las de estar casado con una mujer que le aburres, tener una amante por quien siente un afecto que la distingue de las demás y llevar una vida más bien fácil y superficial, o sea, un hombre cualquiera. Su médico acaba de comunicarle que tienen un cáncer de pulmón y le quedan pocos meses de vida. El desconcierto, la indignación, los recuerdos vanos, las inquietudes abandonadas, los amores olvidados, esa existencia sin relieve, empiezan a apoderarse en tropel de los pensamientos y los actos de este arquitecto aún joven, pero ya sentenciado a muerte, dividido entre la frágil voluntad de enfrentarse a ella con dignidad y la tentación de dejarse mimar como un niño desvalido. Sagan sondea en el alma anodina de este ser anónimo, que sólo puede vivir su muerte como ha vivido su vida: con entrañable y patética torpeza, como lo haría cualquiera.

è Com comença... 
-¿Y fumaba usted desde hace mucho?
- Fumo  desde siempre -corrigió Matthieu, negándose a desmentir con un penoso cambio de tiempo una costumbre tan permanente y deliciosa para él como la del tabaco, aunque le resultara fatal. Que ese medicucho antipático le anunciara que iba a morir dentro de poco ya era bastante desagradable como para que encima le hablara en pretérito imperfecto.

è Moments...
(Pàg. 16)
(...) sólo sus padres habrían encontrado escandaloso que su hijo muriera a los cuarenta años de un cáncer. El mundo entero lo encontraría normal, o casi normal. Sus conocidos, o sus amigos, iban encontrarlo triste, incluso muy triste, penoso, lamentable o estúpido. Pero nadie encontraría su muerte como lo haría él mismo o sus padres: impensable.

(Pàg. 18) 
Todo lo que estaba por descubrir sería algo por abandonar. Todos los proyectos, todos los encantos ya no se llamarían descubrimientos sino separaciones, como regalos que hubiera que devolver algún dia...

(Pàg. 47)
Como las tres cuartas partes de sus conocidos, Matthieu se había pasado su vida, desde que estuvo en edad de ganársela, respondiendo a una serie de cómos. Los porqués estaban reservados a los adolescentes o a los pensadores profesionales. Nada probaba que estuvieran reservados a los moribundos, en fin, a los futuros muertos (...).

(Pàg. 67)
Uno ya no se quiere morir al cabo de unos días de pensar en ello. En realidad no hay mucho tiempo para matarse. El valor y la lucidez dan paso, muy, muy deprisa, al parecer, a la ilusión y a la esperanza.

(Pàg. 69) 
(...) incluso en un caso como el suyo, el suicidio tenía algo de provocador ante la sociedad. Era un delito de fuga, un desafío, un rechazo de los demás, un último gesto de independencia y, por ello, era narcisista, luego, en último extremo, pretencioso.

(Pàg. 82)
Era verdad que lo horroroso no consistía en morir dentro de seis meses, lo horroroso consistía en saberlo. Era verdad que la pena de muerte era efectivamente un atroz e injustificable castigo. Era verdad que su médico era un gilipollas.

(Pàg. 97)
¿Cómo podía amarse a una mujer sin estimarla, adorarla sin creer en ella, enloquecer por ella sin admirarla? Pues bien, ¡se podía! Incluso era más cómodo, todo iba mejor. Matthieu había necesitado cuarenta años para descubrir esa simpleza carnal.

(Pàg. 98)
- (...) Conforme más pasa el tiempo, más adoptamos los puntos de vista más cercanos a nuestros intereses,  a nuestra pereza, o a nuestros amigos, o a la vida corriente. Se hace uno más estrecho de miras. Poco a poco, se convierte uno en un verdadero idiota, un viejo idiota (...).

(Pàg. 108)
"(...) ¿Por qué me miento tanto?", se dijo, olvidando que llevaba muy poco tiempo probando, o viéndose obligado, a hablarse un poco. Muy poco, y sin ningún otro adverbio.

(Pàg. 135)
(...) ¿qué ser humano, poderoso o miserable, no se ha levantado al menos alguna vez en su vida con el corazón latiéndole, aterrado ante la precariedad de las cosas, la fragilidad de los suyos y su muerte ineludible? ¿Qué ser humano, nacido por azar como todo el mundo o, poniéndose en lo mejor, deseado por un padre y una madre, no se asustaría ante la idea de esta vida tan dependiente de sus pobres capacidades, físicas o mentales que, por supuesto, hubiera deseado diferentes? Distintas. Claro, todo esto se sabe, y morir ahora mismo o más tarde no es ningún drama. Claro. Nuestro espíritu se ha acostumbrado a la muerte, pero para más adelante, siempre para más adelante, lo que da cierto sosiego a sus temores. Y el quid, lo doloroso, es morir enseguida.

(Pàg. 172)
Todas las mujeres creían en la muerte. Al instante. Mientras que los hombres la rechazan. Como también la vida: un hombre se queda estupefacto y estupidizado ante una mujer a la que ha dejado embarazada, y sin embargo ella sólo ve en ello una complemento feliz o una molestia pasajera.

è Altres n'han dit...

è Enllaços:

diumenge, 27 d’abril de 2014

Que la vida iba en serio - Jaime Gil de Biedma






"(...) No leer, no sufrir, no escribir, no pagar cuentas, y vivir como un noble arruinado entre las ruinas de mi inteligencia."




Gil de Biedma, Jaime. Que la vida iba en serio. 
Barcelona: Plaza Janés, 2001


Selecció d'Ana Maria Moix
Col·lecció Poesía, 17


è Què en diu la contraportada...
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

è Com comença...
Pasan lentos los dias
y muchas veces estuvimos solos.
Pero luego hay momentos felices
para dejarse ser en amistad.
                Mirad:
somos nosotros.
(...)
(Amistad a lo largo)

è Moments...
(Pàg. 14)
Alguna vez recuerdo
ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
                                                nada más
que en la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.

Eran las noches incurables
                                   y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.

Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
o soñé con venderme al diablo,
que nunca me escuchó.
                             Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.
(Noches del mes de junio)
A Luis Cernuda

(Pàg. 20) 
(...)
¿Os ha ocurrido a veces
-de noche sobre todo-, cuando consideráis
vuestro estado y pensáis en momentos vividos,
sobresaltaros de lo poco que importan?
(...)
(Ampliación de estudios)

(Pàg. 28) 
(...) No sé cómo explicarlo, es
lo mismo que si todo,
lo mismo que si el mundo alrededor
estuviese parado
pero continuase en movimiento
cínicamente, como
si nada, como si nada fuera verdad.
Cada aparición
que pasa, cada cuerpo en pena
no anuncia muerte, dice que la muerte estaba
ya entre nosotros sin saberlo.
(...)
(Los aparecidos)

(Pàg. 30) 
Por lo visto es posible declararse hombre.
Por lo visto es posible decir no.
De una vez y en la calle, de una vez, por todos
y por todas las veces en que no pudimos.

Importa por lo visto el hecho de estar vivo.
Importa por lo visto que hasta la injusta fuerza
necesite, suponga nuestras vidas, esos actos mínimos
a diario cumplidos en la calle por todos.

Y será preciso no olvidar esta lección:
saber, a cada instante, que en el gesto que hacemos
hay un arma escondida, saber que estamos vivos
aún. Y que la vida
todavía es posible, por lo visto.
(Por lo visto)

(Pàg. 36)
(...)
a vosotros pecadores
como yo, que me avergüenzo
de los palos que no me han dado,
señoritos de nacimiento
por mala conciencia escritores
de poesía social,
dedico también un recuerdo,
y a la afición en general.
(En el nombre de hoy)

(Pàg. 38) 
(...) yo busco en mis paseos los tristes edificios,
las estatuas manchadas con lápiz de labios,
los rincones del parque pasados de moda
en donde, por la noche, se hacen el amor...

Y a la nostalgia de una edad feliz
y de dinero fácil, tal como la contaban,
se mezcla un sentimiento bien distinto
que aprendí de mayor,
este resentimiento
contra la clase en que nací,
y que se complace también al ver mordida,
ensuciada la feria de sus vanidades
por el tiempo y las manos del resto de los hombres.
(...).
(Barcelona ja no és bona, o mi paseo solitario en primavera)
A Fabián Estapé.

(Pàg. 41)
Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.
(...)
Porque quiero creer que no hay demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia,
son hombres quienes han vendido al hombre,
los que le han convertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.
(Apología y petición)

(Pàg. 48)
(...)
Como sueño vivido hace ya mucho tiempo,
como aquella canción
de entonces, así vuelve al corazón,
en un instante, en una intensidad, la historia
de nuestro amor,
confundiendo los días y sus noches,
los momentos felices,
los reproches
(...)
(París, postal del cielo)

(Pâg. 53)
(...)
¿No has aprendido, inocente,
que en tercera persona
los bellos sentimientos
son historias peligrosas?

Que la sinceridad
con que te has entregado
no la comprenden ellos,
niña Isabel. Ten cuidado.

Porque estamos en España.
Porque son uno y lo mismo
los memos de tus amantes,
el bestia de tu marido.
(A una dama muy joven, separada)

(Pàg. 59)
Media España ocupaba España entera
con la vulgaridad, con el desprecio
total de que es capaz, frente al vencido,
un intratable pueblo de cabreros.

Barcelona y Madrid eran algo humillado.
Como una casa sucia, donde la gente es vieja,
la ciudad parecía más oscura
y los Metros olían a miseria.

Con la luz de atardecer, sobresaltada y triste,
se salía a las calles de un invierno
poblado de infelices gabardinas
a la deriva, bajo el viento.

Y pasaban figuras mal vestidas
de mujeres, cruzando como sombras,
solitarias mujeres adiestradas
-viudas, hijas o esposas-

en los modos peores de ganar la vida
y suplir a sus hombres. Por la noche,
las más hermosas sonreían
a los más insolentes de los vencedores.
(Años triunfales)

(Pàg. 70)
(...)
Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
- con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.
(...)
(Pandémica y celeste)

(Pàg. 74)
El juego de hacer versos
-que no es un juego- es algo
parecido en principio
al placer solitario

Con la primera muda,
en los años nostálgicos
de nuestra adolescencia,
a escribir empezamos.

Y son nuestros poemas
del todo imaginarios
-demasiado inexpertos
ni siquiera plagiamos-

porque la Poesía
es un ángel abstracto
y, como todos ellos,
predispuesto a halagarnos.

El arte es otra cosa
distinta. El resultado
de mucha vocación
y un poco de trabajo.

Aprender a pensar
en renglones contados
-y no en los sentimientos
con que nos exaltábamos-,

tratar con el idioma
como si fuera mágico
es un buen ejercicio,
que llega a emborracharnos.

Luego está el instrumento
en su punto afinado:
la mejor poesía
es el Verbo hecho tango.

Y los poemas son
un modo que adoptamos
para que nos entiendan
y que nos entendamos.

Lo que importa explicar
es la vida, los rasgos
de su filantropía,
las noches de sus sábados.

La manera que tiene
sobre todo en verano
de ser un paraíso.
Aunque, de cuando en cuando,

si alguna de esas noches
que las carga el diablo
uno piensa en la historia
de estos últimos años,

si piensa en esta vida
que nos hace pedazo
de madera podrida,
perdida en un naufragio,

la conciencia le pesa
-por estar intentando
persuadirse en secreto
de que aún es honrado.

El juego de hacer versos,
que no es un juego, es algo
que acaba pareciéndose
al vicio solitario.
(El juego de hacer versos)

(Pàg. 88)
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarda
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
(No volveré a ser joven)

(Pàg. 95)
(...) Envejecer tiene su gracia.
Es igual que de joven
aprender a bailar, plegarse a un ritmo
más insistente que nuestra inexperiencia.
Y procura también cierto instintivo
placer curioso,
una segunda naturaleza.
(Artes de ser maduro)

(Pàg. 103)
(...) No leer, no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,
y vivir como un noble arruinado
entre las ruinas de mi inteligencia.
(De vita beata)

è Enllaços:

dissabte, 19 d’abril de 2014

¿Fue él? - Stefan Zweig



"- Mi pobre Ponto, tu tiempo ha pasado."




Zweig, Stefan. ¿Fue él?. 
Barcelona: Acantilado, 2010

War er es?. Traducció de Berta Vias
Col·lecció Cuadernos, 40  i


è Què en diu la contraportada...
En esta breve novela, Zweig nos habla de los celos con su habitual maestría: elusivo, con la virtud de la intriga irresuelta, ahonda en el dolor y el desamparo que produce el sentirnos sustituidos en los afectos de nuestras personas queridas por un tercero que, cuanto menos, tiene los mismos derechos que nosotros. La rabia y la violencia pueden conducir a una venganza que agravará, si cabe aún más, nuestra orfandad.

è Com comença... 
En lo que a mí respecta, puedo decir que estoy segura de que él fue el asesino, aunque me falta la última prueba, la irrefutable.
- Betsy -me dice siempre mi marido-, eres una mujer inteligente, eres aguda y rápida observando, pero te dejas llevar por tu temperamento y a menudo juzgas con demasiada precipitación.
Al fin y al cabo, mi marido me conoce desde hace treinta y dos años y tal vez, sí, es más que probable que tenga razón con su advertencia. De modo que debo hacer un esfuerzo y dominarme, para ocultar mi sospecha ante todos los demás pues me falta esa última prueba. Pero cada vez que me cruzo con él y viene a mi encuentro, leal y complaciente, el corazón se me para. Y una voz interior me dice: él y sólo él fue el asesino.

è Moments...
(Pàg. 16)
(...) jamás habíamos visto nosotros, gente mayor, que virtudes tan justas como la bondad, la cordialidad, la franqueza y la afectuosidad, por culpa de un estridente exceso, pudieran llevarle a uno a la desesperación.

(Pàg. 47) 
Lo que distingue el entendimiento animal del humano es que se limita exclusivamente al pasado y al presente, y no es capaz de imaginar algo futuro o de contar con ello.

(Pàg. 49)
- Mi pobre Ponto, tu tiempo ha pasado. Tendrás que acostumbrarte, como tenemos que hacerlo nosotros, a muchas cosas.

(Pàg. 51)
Escuchó, pegado a la pared, voces fuertes y bajas, gemidos y gritos, y a continuación murmullos, pasos apresurados, cómo arrastraban algunos objetos, un tintinear de vasos y de metal. Algo estaba ocurriendo allí dentro, algo que él no entendía. Pero instintivamente sintió que se trataba de aquello que iba contra él. Se trataba de aquello que era la causa de su humillación, de su privación de derechos. Era el enemigo, el enemigo invisible, infame, cobarde, vil. Y ahora estaba allí de verdad. Ahora era visible. Ahora se le podía coger y darle por fin el merecido golpe de gracia.

(Pàg. 58) 
Jamás, tanto odio concentrado en una mirada como entonces en aquellos ojos inyectados en sangre y ávidos de venganza.

è Altres n'han dit..

dissabte, 12 d’abril de 2014

La cabeza perdida de Damasceno Monteiro - Antonio Tabucchi




"(...) quizás el verdadero problema es que no es fácil escaparse de uno mismo (...)."




Tabucchi, Antonio. La cabeza perdida de Damasceno Monteiro. 
Barcelona: Anagrama, 1997

La testa perduta di Damasceno Monteiro. Traducció de Carlos Gumpert i Xavier González.
Col·lecció Panorama de Narrativas, 376  i


è Què en diu la contraportada...
En apariencia, un thriller. Pero, al mismo tiempo, el relato de una crónica de sucesos. Y, al mismo tiempo, una investigación periodística. Todo ello situado en la antigua y fascinante ciudad de Oporto, aunque, sospechamos, podría tratarse de cualquier otra ciudad de lo que suele llamarse nuestra civilizada Europa. Sospechamos también que los  problemas del abuso policial, de la tortura, de la marginación social y de las minorías étnicas son el germen de esta historia, pero el símbolo y la metáfora nos los restituyen en otro plano, con la fuerza expresiva de la ficción, que transforma el mero dato de la realidad en literatura. Una novela que captura al lector con su implacable aliento narrativo y en la cual sobresale la figura del abogado Fernando de Mello Sequeira, más conocido como Loton: inolvidable personaje tabucchiano, excéntrico y metafísico, aristócrata y anarquista, obsesionado por la gran Norma jurídica, vencido por la vida, pero en modo alguno por la resignación.

è Com comença... 
Manolo el Gitano abrió los ojos, miró la débil luz que se filtraba por las rendijas de la chabola y se levantó, procurando no hacer ruido. No le hacía falta vestirse porque dormía vestido, la chaqueta anaranjada que le había regalado el año anterior Agostinho da Silva, llamado Franz el alemán, domador de leones desdentados en el Circo Maravilhas, hacía ya tiempo que le servía de traje y de pijama.

è Moments...
(Pàg. 32)
Manolo el Giano estaba sentado junto a una mesita bajo el emparrado de la tienda. Llevaba una chaqueta negra y un sobrero de ala ancha, a la española. Tenía un aire de nobleza perdida: la miseria se le leía a la perfección en el rostro y en la camisa desgarrada en el pecho.

(Pàg. 34) 
(...) los viejos se despiertan y piensan en toda su vida, y eso les provoca angustia, porque reflexionar sobre toda una vida es fuente de añoranza, especialmente las vidas de los que pertenecen al pueblo de los gitanos, que una vez fueron nobles y ahora se han convertido en unos miserables (...).

(Pàg. 83) 
- (...) es la peor burguesía que ha surgido en Potugal en los últimos veinte años: dinero, incultura y mucha arrogancia. Es gente terrible, con la que hay que arreglar cuentas. La familia a la que yo pertenezco ha explotado durante siglos a mujeres como Angela y de alguna manera las han violado, quizá no del modo en que lo ha hecho nuestro jovenzuelo, digamos que de manera más elegante. Podríamos suponer, si a usted le parece, que la mía es una especi de de corrección tardía de la historia, una paradójica inversión de la conciencia de clase, no según los mecanismos primarios de su Lukács, digamos que a otro nivel, pero éstas son cosas mías que prefiero no explicarle.

(Pàg. 95) 
- Usted continúa defraudándome, jovencito -replicó el abogado-, se empeña por todos los medios en ser inferior a sí mismo, nunca debemos ser inferiores a nosotros mismos, ¿qué es lo que ha dicho de mí?
- Que tiene una reputación que defender -respondió Firmino.
- Escuche -murmuró el abogado-, me parece que no nos hemos entendido, le diré algo de una vez por todas, pero abra bien las orejas. Yo defiendo a los desgraciados porque soy como ellos, ésa es la pura y simple verdad. De mi ilustre estirpe utilizo sólo el patrimonio material que me han dejado, pero, como los desgraciados a los que defiendo, creo haber conocido las miserias de la vida, haberlas comprendido e incluso asumido, porque para comprender las miserias de esta vida es necesario meter las manos en la mierda, perdóneme la palabra, y sobre todo ser consciente de ello. Y no me obligue a ponerme retórico, porque ésta es retórica barata.

(Pàg. 96)
- (...) Digamos que hay personas que esperan cartas desde el pasado, ¿le parece algo plausible en lo que creer?.
- Tal vez -respondió Firmino- pudiera ser algo plausible, aunque me gustaría entenderlo mejor.
- Es simple -murmuró el abogado-, cartas del pasado que nos expliquen un tiempo de nuestra vida que nunca entendimos, que nos den una explicación cualquiera que nos haga aprehender el significado de tantos años transcurridos, de aquello que entonces se nos escapó, usted es joven, usted espera cartas del futuro, pero suponga que existan personas que esperen cartas del pasado, y que quizás soy de esas personas e incluso me aventuro a imaginar que un día me llegarán.
Hizo una pausa, encendió uno de sus cigarros y preguntó:
- ¿Y sabe cómo me imagino que me llegarán?, haga un esfuerzo.
- No tengo ni la menor idea -respondió Firmino.
- Pues bien -dijo el abogado-, en un paquetito atado con una cinta rosa, justamente así, y perfumado de violetas, como en las peores novelas de folletín. Y ese día yo acercaré esta horrible narizota mía al paquetito, desharé el lazo rosa, abriré las cartas y comprenderé con claridad meridiana una historia que nunca antes pude comprender, una historia única y fundamental, repito, única y fundamental, algo que puede sucedernos sólo una vez en la vida, que los dioses conceden que suceda una sola vez en nuestra vida y a lo cual no prestamos la debida atención en su momento precisamente porque éramos unos idiotas presuntuosos.

(Pàg. 126) 
- No es fácil escaparse de Oporto -dijo el abogado-, pero quizás el verdadero problema es que no es fácil escaparse de uno mismo, perdóneme la obviedad.

(Pàg. 131)
-(...) todo ello hecho en nombre de una Grundnorm que más Grundnorm no puede serlo, la Norma Absoluta, ¿comprende?
- ¿O sea? -preguntó Firmino.
- Dios -respondió el abogado-. Aquellos diligentes y refinadísimos verdugos trabajaban en nombre de Dios, de quien habían recibido la orden superior; el concepto es básicamente el mismo: yo no soy responsable, soy un humilde sargento y me lo ha ordenado el capitán; yo no soy responsable, soy un humilde capitán y me lo ha ordenado mi general; o bien el Estado. O bien: Dios. Es más incontrovertible.

è Altres n'han dit...
El lector vampiroEl hogar de las palabas, Libros... ¿y por qué no?La vuelta al mundo en 80 novelasDivergencias.

è Enllaços:
Antonio Tabucchil'autor sobre el llibreconciència, ètica i estètica, estil tabucchià, Grundnorm o la teoria pura del DretLa testa perduda de Carlos Rosa.


dijous, 3 d’abril de 2014

Jo he servit al rei d'Anglaterra - Bohumil Hrabal




"(...)  la vida, si et surt una mica bé, és preciosa, preciosa..."




Hrabal, Bohumil. Jo he servit al rei d'Anglaterra. 

Barcelona: Destino, 1989

Obsluhoval jsem anglického krále. Traducció de Monika Zgustová.
Col·lecció L'Ancora, 15



è Què en diu la contraportada...
Relat gojós i rabelaisià, Jo he servit al rei d'Anglaterra concilia els àmbits contradictoris del que és rutinari i del que és poètic, del que és mediocre i del que és carnavalesc, per assolir el que Kundera, en el seu elogi a Hrabal, ha anomenat "l'increïble matrimoni entre l'amor plebeu i la imaginació barroca". El protagonista -un modest aprenent de cambrer que ambiciona l'èxit i el reconeixement social- sembla com els herois de Kafka condemnat al fracàs. D'altre banda, com el soldat Schwejk de Hasek, ens descobreix l'absurd quotidià. A través de les tribulacions d'aquest murri tràgic, Hrabal escriu a contrallum la història de Bohemia, des de la primera república fins a l'arribada del comunisme. Tot plegat es produeix amb l'agudesa sostinguda d'un humor esplèndid que caricatura sense falsejar ni desproveir de dignitat el que s'esdevé. Per bé que en aquest llibres res no ostenti la solemnitat dels missatges explícits, Jo he servit al rei d'Anglaterra és, al capdavall, una extraordinària i profunda reflexió sobre la vida i la condició humana.

è Com comença... 
Escolteu bé el que us diré ara.
Amb prou feines havia arribat a l'hostal Praga Ciutat Daurada que el patró em va estirar l'orella esquerra dient: Seràs el mosso del restaurant, entesos? Recorda, no has vist res, no has sentit res! Repeteix-ho! Vaig repetir doncs que en aquell restaurant no havia vist ni sentit res. Llavors el patró em va estirar l'orella dreta: Però grava't a la memòria que ho has de veure i sentir tot. Repeteix-ho! Sorprès, vaig repetir que ho veuria i ho sentiria tot. Així vaig començar.

>> Moments...
(Pàg. 33)
(...) recorda, fillet, que la vida, si et surt una mica bé, és preciosa, preciosa...

(Pàg. 134) 
(...) mal que no em reconeguessin com a persona, m'haurien de reconèixer com a milionari (...).

(Pàg. 152) 
(...) potser per primera vegada en la vida vaig tenir la impressió que no calia ser gran de figura, sinó sentir-se gran, i vaig començar a mirar al meu voltant tranquil·lament perquè havia deixat de ser un petit mosso, un cambreret que a casa seva estava condemnat per sempre que li diguessin tap de bassa, renoc, nap-buf o esquitxó i que es rifessin del seu cognom Dite, Nen; aquí, jo era Herr Ditie, per als alemanys el meu cognom no tenia res d'infantil (...).

(Pàg. 168) 
Les parelles passejaven pels voltants del Cistellet tant si feia bo com si no, un jove oficial uniformat amb una dona jove, quiets, recollits, i jo, que havia servit l'emperador d'Etiòpia, per fi endevinava què feia aquests joves tan atractius l'un per l'altre: era la possibilitat de no tornar-se a veure mai més, aquesta possibilitat embellia les persones, sí, aquest era l'home nou, no aquell més tibat que un rave que parlava cridant, sinó tot el contrari, l'home humil i reflexiu, amb ulls bells d'una bestioleta acorralada...i d'aquelles paraules d'enamorats, i és que sota l'angle de la guerra fins i tot els matrimonis es convertien en parelles d'enamorats (...)

(Pàg. 169)
(...) i vaig descobrir una nova dimensió de les relacions humanes, la qualitat del silenci, el silenci que omplia la darrera hora, el darrer quart, els darrers cinc minuts abans que arribés el cotxe militar, i dues persones s'aixecaven en silenci, es miraven llargament, sospiraven, es besaven per última vegada...i després l'oficial pujava al cotxe, seia, el cotxe s'enfilava pels pendents, el mocador s'agitava per última vegada, i res més...

(Pàg. 225) 
I jo que tantes vegades vaig veure com l'increïble es feia realitat, cada vegada creia més en la meva bona estrella, la que potser m'havia guiat només per demostrar-me que sempre queda algun lloc on s'amaga una cosa sorprenent, doncs jo, amb l'esclat d'aquella estrella davant dels ulls, creia fermament en ella, hi creia cada cop més, hi creia ja quan vaig arribar a ser milionari i més encara quan acabava de caure del cel a la terra, on m'arrossegava de quatre grapes, m'adonava que ara la meva estrella brillava més que mai i que ara podria veure'n el cor; potser per poder mirar el seu cor era necessari que els meus ulls s'afeblissin per totes les experiències i tots els tràngols que havia viscut; si, era això, per poder conèixer i veure el fons de les coses, m'havia de tornar feble. I tant!

(Pàg. 236)
(...) la seva bellesa era interior i aquell secret encant ressonava des de dins per qui sabia tocar-la amb el diapasó d'una mirada capaç de veure-la tal com era ara, tal com s'havia tornat, aquella en què s'havia transformat, com si s'hagués deixat arrossegar cap a l'altra banda, la de la bellesa amagada de les coses.

(Pàg. 246)
(...) un es passa el vespre assegut a la vora de l'estufa, i quan creu que són les deu dels vespre, en realitat són només quarts de set de la tarda, a un li comença a agradar de parlar amb si mateix o amb el cavall, amb el gos, amb la cabra o amb la gata, però sobretot amb si mateix, primer en silenci un comença a recordar i veure escenes del passat com una pel·lícula muda, més endavant s'adreça a si mateix de debò, es demana consells, es fa preguntes, s'interroga i treu els drapets al sol, s'acusa com un jutge i tot seguit es defensa, i d'aquesta manera, fent petar la xerrada amb si mateix, arriba a la qüestió central, la del sentit de la vida, no pas de la passada, sinó de la que vindrà, i es pregunta quina relació hi ha entre el camí que ha fet i el que li queda per fer (...).

è Altres n'han dit...
Racó per llegirNosaltres llegim, El rastre de Clarisse, Un libro al día, Lecturas brillantes, Con L mayúscula.

è Enllaços:
Bohumil Hrabal, un valor? el llenguatge, literatura de la compassió, observador meticulósun director sobre un autor.

dimarts, 1 d’abril de 2014

El número 73304-23-4153-6-96-8 - Thomas Ott














Ott, Thomas. El número 73304-23-4153-6-96-8

Barcelona: La Cúpula, 2008

Die nummer 73304-23-4153-6-96-8.


è  Què en diu la contraportada...
Un hombre al que están a punto de aplicarle la pena capital contempla obsesivamente un largo número en la soledad de su celda. Al acabar la ejecución, el verdugo descubre este número anotado en un pequeño papel al lado de la silla eléctrica. Lo recoge y se lo lleva casa. A partir de ese momento su vida cambia por completo.

è Com comença...








































è Moments...
(Pàg. 26-27)







































(Pàg. 43-45)








































(Pàg. 62-63)







































(Pàg. 89)






































(Pàg. 107-108)







































(Pàg. 112)






































(Pàg. 124-125)







































(Pàg. 142)







































è Altres n'han dit...
La bitacora de ManecoMalabares en su tinta, El show de los hombres lobo, El blog de Estrellita Mutante, EpsilonesLibros, cerveza y rock'n'rollIndiepulp, PopMatters.

è Enllaços:
Thomas Ott, estil característic, tècnica carte a gràtterguió dibuixat o artefacte literari?, cinema mut expressionista, vinyeta a vinyeta.