dimarts, 16 d’agost de 2016

Estoy desnudo - Yasutaka Tsutsui





" (...) Yo también era un buen ciudadano hasta hace muy poco. ."







Tsutsui, Yasutaka. Estoy desnudo.
Girona: Atalanta, 2009

Ore wa hadaka da. Traducció de  Jesús Carlos Álvarez.
Col·lecció Ars Brevis, 36
 


 Què en diu la contraportada...
Atalanta ha pedido a Yasutaka Tsutsui que seleccione para este volumen los que, a su juicio, son sus mejores cuentos. El resultado, como era de esperar, es insólito.

 Com comença...
- ¡Fuego! ¡Fuegooo!
Cuando se oyó este grito, yo estaba haciendo el amor con  Yasuko Öno por tercera vez. Para entonces, un humo negro ya se estaba filtrando por debajo de la puerta de la habitación, como si fuera una lengua achatada. Aparté el brazo de Yasuko, que al parecer no había oído nada por el clímax de unos momentos antes, y, a pesar de que ella no quería soltarme, me levanté.
- ¡Huyamos!¡Es un incendio!
Estoy desnudo

 Moments...
(Pàg. 32)
Por fin, todo hacía indicar que me iba a morir allí. No sabía qué recompensa me esperaba, pero estaba claro que me debía esperar algo. Mañana todos se quedarán sorprendidos.
Estoy desnudo

(Pàg. 56) 
- (...) Es cierto que eres bebedor, pero no llegas a ser alcohólico. Eres holgazán, pero no autista. Y, aunque peleón, no eres un criminal sediento de sangre. Te falta sentido común, pero no eres un perfecto idiota.
- Eso ha sido demasiado cruel por su parte –dije ofendido, como correspondía a la situación. Después desplegué mi ingenio-: A pesar de todo, no es para tanto.
El director iba a responder algo, pero se lo pensó mejor y se puso a reir.
- En efecto, no es para tanto. Tú eres la persona más sensata de toda la base. –Volvió a adquirir un semblante serio y habló en tono imperativo-: Vas a convivir con un magumagu.
El peor contacto posible

(Pàg. 96)
(...) el hecho es que ese día iba a morir. Pero, claro, había una cierta diferencia en morir tras tener la oportunidad de ver, como última experiencia en una vida de tan sólo treinta y dos años, cómo le daban una muerte cruel al jefe. Era algo más que una simple ventaja o desventaja. Puede que parezca absurdo, pero es lo mismo que, por ejemplo, les pasa a los abuelos, que quieren morirse viendo la cara de sus nietos. Por establecer una analogía con las maneras de morir que habían sufrido los demás compañeros, no cabía duda de que la muerte del jefe a manos del oni iba a ser algo digno de verse.
Maneras de morir

(Pàg. 123)
Aquel día, como de costumbre, Isamu Warai se apresuró a ir al baño nada más llegar a la oficina. A pesar de su juventud, tenía la orina floja. Normalmente, en cuanto presionaba el reloj contador para fichar, iba al baño antes de dirigirse a su despacho.
El día de la pérdida.

(Pàg. 124)
(...) no podía quitarse de la cabeza, por ejemplo, la idea de perder fácilmente la virginidad con una prostituta. Le parecía que en el futuro esa experiencia no iba a representar ninguna ventaja para él, y que no podría encontrar a la persona adecuada.
Pensaba que había que hacerlo con alguien afín. Por muy importante que llegara a ser, si tenía una primera experiencia miserable no podría deshacerse de un complejo de inferioridad.
El día de la pérdida.

(Pàg. 152)
(...) El periodista que estaba agarrado al micrófono empezó a vociferar salpicando saliva.
- Eso es mentira, hombre. Este tipo está pensando en el momento en que su voz llegue al secuestrador, cuando se retransmita por la radio y la televisión, y está apelando a la compasión ganándose su simpatía. Por eso habla con ese empalago. Está claro que es por eso. Está aprovechándose de los medios de comunicación, menospreciando a los periodistas y a los medios.
Me quedé mirando al periodista, que levantaba los ojos y seguía chillando, y entonces pensé que esos tipejos también se habían convertido en mis agresores. Ahora eran mis enemigos.
La ley del Talión.

(Pàg. 160)
- (...) Yo también era un buen ciudadano hasta hace muy poco. Pero, como sucede con un policía que se convierte en agresor, también es posible que un ciudadano normal sea un agresor. Ahora yo me he convertido en un atroz agresor –le dije hablando despacio, dándoselo todo mascado, para que el simple de Dodoyama entendiera, aunque fuera un poco, mi conducta-.
La ley del Talión.

(Pàg. 165) 
- (...) Tú, tu, tu, tú, ¿qué, qué, qué tipo de persona malvada eres? –dijo Ogoro a voz de grito-. Si haces eso, estarás cometiendo un asesinato. ¡Un delito de violación!
- Exacto –le respondí riéndome a placer-. ¿O es que piensas que un asalariado serio como yo no es capaz de eso? Te acordarás de hasta qué punto puede ser malvado un trabajador serio.
La ley del Talión.

(Pàg. 185)
-¡Te quiero!
-¡Ah..! –A Yasuko se le escapó un suspiro de alivio.
-¡Mierda! Está exultante. ¡Qué mujer más narcisista! –dijo el Ánima mostrando su disgusto.
-Las mujeres son todas iguales –dijo el Enterado-. El hecho de querer o no a alguien pasa a ser una cuestión secundaria. Para casi todas, lo más importante es que alguien las quiera...
La embestida del autobús loco.

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