divendres, 11 de març de 2016

Los Caníbales - Álvaro Do Carvalhal




"(...) el más peligroso de los sentimientos, el amor caprichoso que, tal como sucede en la ebullición, provoca la agitación de las heces adormecidas en el profundo estercolero de las pasiones humanas."



Do Carvalhal, Álvaro. Los Caníbales. 
Madrid: Ardicia Editorial, 2014

Os Canibais. Traducció de Enrique Moya
Col·lecció Ardicia, 6



 Què en diu la contraportada...
Un espectro deambula por este relato: el de la aristocracia, esa clase distinguida que canibaliza a sus representantes y olvida que lo ha hecho apenas los ha fagocitado. Como escribió Pedro Serra en su revelador estudio sobre el libro, Los caníbales es «la alegoría de un cuerpo político victimizado por la Historia», devorado por la burguesía. Dentro de la maquinaria implacable del capital, en «una sociedad que literaliza sus discursos figurados», parece que ya no se pueda más que comer y ser comido.
Esta obra supone, por su modernidad, un caso impar dentro de la ficción portuguesa del siglo XIX. El narrador va desmantelando sistemáticamente la urdimbre del relato, generando así un irreverente antitexto repleto de humor negro. En un lenguaje paródico, entremetiéndose con habilidad entre el lector y la trama, desplaza con maestría el foco de atención: del misterioso vizconde a la infausta Margarida, y de esta, al controvertido don João. En 1988 el texto sirvió de base al premiado largometraje homónimo del director Manoel de Oliveira.

 Com comença...
Dijo la crítica por boca de Boileau:
Rien n’est beau que le vrai,
Y no pasó mucho tiempo antes de que las fábulas, arabescos exóticos y exageraciones, originarios principalmente de los tiempos heroicos, perdiesen toda la soberanía hasta entonces ejercida en la amplia esfera de las bellas letras. Los Prometeos, los Hércules, los Teseos y las Esfinges, si no desaparecieron convertidos en polvo, lanzados a los cuatro vientos, fue porque era necesario que se conservaran los patrones que debían guiar al filósofo a través de los laberintos del pasado. Por eso, ahí están firmes sobre sus pedestales de piedra, aunque deslumbrados por la luz fulgurante que solo procede de la verdad.

 Moments...
(Pàg. 21)
(...) cuanto más lejanas se ven las cosas, mayor dimensión adquieren al ser sopesadas por la imaginación, pródiga normalmente en oropeles y toda clase de frivolidades.

(Pàg. 34) 
Estaba pálida, le temblaban los labios y, en su pecho jadeante, sentía que se desbordaban pasiones desconocidas. Debe de sentirse así la mujer que, sin dudar, deshoja las aromáticas flores de la virginidad a los pies del elegido de su corazón.

(Pàg. 36)
-(...) ¿Vuestra Excelencia cree en la Providencia? En mi caso, he forzado tanto la vista en su busca que un día me desperté ciego. ¿Cómo voy a poder verla?

(Pàg. 43) 
(...) sentándose a su lado sin prevención alguna en la soledad de aquel lugar, se juró a sí misma, convencida del alto valor de sus seducciones, que descifraría en el alma de aquel hombre los secretos que con tanto escrúpulo ocultaba.

(Pàg. 55) 
Los vinos que se extraen de las uvas sazonadas en los lujuriosos viñedos de Quíos y de las pintorescas márgenes del Rin, junto con los deliciosos vinos de Oporto, Jerez y Madeira, corriendo por los vasos; las pedrerías, serpenteando entre los senos alabastrinos de las mujeres; las fragantes nubes desperdigadas hacia los techos: los anhelos de amor, inflamados por ojos humedecidos bajo el revoleteo de pecaminosos y turbios deseos; la alegría de la hermosa doncella, trémula por la ansiedad, que aguarda el momento en que pueda retorcerse  delirante entre los brazos del hombre que supo vencerla; toda esa bien avenida variedad que podría cumplir las aspiraciones celestiales de un buen mahometano, inflamó en el conmocionado espíritu de don Joáo todo lo extravagante que puede albergar una pesadilla en una noche de fiebre.
Corriendo de vaso en vaso entre borbotones de espuma, el burbujeante vino hería su inestable visión, como si fuera tiñéndola de sangre.
Y bebía con ansia, incansable. No obstante, cuanto más bebía, más crecía su sed.

(Pàg. 58)
(...) Con su desdén, exasperó la vanidad del muchacho y le insufló en su pecho, vacío de creencias, el más peligroso de los sentimientos, el amor caprichoso que, tal como sucede en la ebullición, provoca la agitación de las heces adormecidas en el profundo estercolero de las pasiones humanas. La envidia, el odio, la desesperación, la insania, la vanagloria, se precipitan en un remolino, cual satélites de aquel execrable y frívolo amo. De ahí a la locura es todo llano el sendero.

(Pàg.60) 
¿Cuál era su rumbo? ¿Cuál era su destino? Sumergió los ojos en las tinieblas del futuro y le pareció ver, como en un espejo nigromántico, las horas y los días, los años y los lustros, cayendo plácidamente los unos sobre los otros, monótonos, siempre iguales. AL final, se encontró, cuando menos lo esperaba, en el despertar de inmundas sensualidades, viejo y encanecido. Contemplaba fijamente el pasado y se admiraba de haber vivido. Era un triste sueño aquel. No distinguía una huella sobre la huidiza arena del camino que evidenciase su paso. Y se preguntaba, mientras se veía de veras despierto en la decrepitud, para qué vivir. Y pensaba en el suicidio.

(Pàg. 64)
En una noche fragante como aquella, en que la naturaleza se deshace en armonías, en que las auras susurran al besar las hojas de los árboles, en que las fuentes suspiran y las aves cantan; en una noche de amores, el recinto de una habitación resulta pequeño para dos almas que, fundidas en una, van a elevar los sacramentos de la sensualidad a los pies de la diosa del amor. No, las ventanas permanecerían abiertas.

 Altres n'han dit...
La antigua Biblos, Devaneos, Un libro al día, La vuelta al mundoEncuentros de lecturas, Ramón RozasSul Romanzo.

 Enllaços:
Álvaro do Carvalhal, plantejament clàssic, tractament innovador, la mise en abymeentre el fantàstic, la fantasia gòtica i el romanticisme, el dur treball del lector, el paper del narrador, hop! saltem al cel·luloïde.

 Llegeix-lo:
Portuguès (Epub, Mobi)

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