divendres, 25 de març de 2016

Al piano - Jean Echenoz





"Morirá violentamente dentro de veintidós días pero, como no lo sabe, el miedo no le viene de ahí. "





Echenoz, Jean. Al piano
Barcelona: Anagrama, 2004

Au piano. Traducció de Javier Albiñana
Col·lecció Panorama de Narrativas, 593



 Què en diu la contraportada...
Un célebre pianista de música clásica, Max Delmarc, sale de su casa hacia la sala de conciertos donde les espera, como siempre, un público numeroso y entregado. Y también como siempre, experimenta cierta angustia previa, el temido trac, la irresistible tentación de beber para calmarse. Pero su sempiterno acompañante se lo impide, nada de alcohol antes del concierto. Ovación y, ahora sí, ya pueden seguir los tragos.  Y así se repiten los rituales, una y otra vez, con el recuerdo de Rose, la violoncelista del Conservatorio, que le persigue aún treinta años después.
Hasta que el pianista, tras un fatal encuentro callejero, se despierta en un Centro –un purgatorio que parece un gran hotel- donde encontrará a estrellas de cine y a un ángel guardián de nombre con resonancias diabólicas, Béliard...

 Com comença...
Dos hombres aparecen al fondo del bulevar de Courcelles, provenientes de la calle de Rome.
Uno de ellos, de estatura ligeramente superior a la media, no habla. Bajo una amplia gabardina clara y abrochada hasta el cuello, lleva un traje negro con pajarita negra, y unos pequeños gemelos montados con cuarzo-ónice resaltan en sus muñecas. Va muy bien vestido, pero su rostro lívido, sus ojos fijos en no se sabe qué denotan un temperamento inquieto. Lleva el pelo blanco peinado hacia atrás. Tiene miedo. Morirá violentamente dentro de veintidós días pero, como no lo sabe, el miedo no le viene de ahí.

 Moments...
(Pàg. 74)
Un pasillo tan largo que no se distinguían sus límites, ni a uno ni a otro lado, tan vacío que no era nada, no daba a nada, habría sido lo mismo que la puerta hubiera estado atrancada de verdad.

(Pàg. 88) 
Su comportamiento siempre había sido, a su entender, más bien correcto. Procediendo a una vista de conjunto de su existencia, acabó concluyendo que no había cometido errores graves en ningún ámbito. Cierto que se había dejado llevar por la duda, el alcoholismo y la desidia, cierto que en ocasiones había cedido a la pereza, había incurrido en arrebatos de cólera o se había abandonado a accesos de orgullo, pero cómo actuar de otra manera.

(Pàg. 119)
Recapitulemos, pues: nunca he matado a nadie, puede decirse que nunca he robado nada, no recuerdo haber levantado el menor falso testimonio y en muy raras ocasiones he soltado tacos. Siempre he procurado descansar los domingos y, por lo que respecta a mis padres, creo que he hecho lo que he podido. Si bien no he tenido ocasión de estudiar a fondo el adulterio, quizá en términos generales no he acabado de ser del todo claro sobre el de la codicia del bien ajeno, incluidas las esposas. Pero tampoco ha sido nada del otro mundo. Queda, claro está, el problema de lo divino, sobre el que estimo haber sido más bien correcto. Escéptico pero honesto. Dubitativo pero respetuoso. Al margen de eso, no se me ocurre nada más.

(Pàg. 159)
(...) el amor –en fin, cuando digo amor no sé si es ésa la palabra- no es solamente volátil sino asimismo soluble. Soluble en el tiempo, en el dinero, en el alcohol, en la vida cotidiana y en un puñado de cosas más.

 Altres n'han dit...
El Cultural, Leo cuanto puedo, El ojo crítico, Aula de filosofía, The Guardian.

 Enllaços:
Jean Echenoz, l'autor parla d'ell, claus estilístiquesliteratura de l'engany, per què i per a què?, Béliard - Beliar?, mites i catarsis.

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