dilluns, 5 d’agost de 2013

El Sunset Limited - Cormac McCarthy






" Hasta Dios tiene que rendirse a veces." 



McCarthy, Cormac. El Sunset Limited
Barcelona: RH-Mondadori, 2012


The Sunset Limited. Traducció de Luís Murillo.
Col·lecció Literatura Mondadori, 487   i



è  Què en diu la contraportada... 
Un encuentro fortuito en el metro de Nueva York propicia que dos extraños entablen una conversación a vida o muerte.
En una habitación cerrada, un hombre negro y un hombre blanco mantienen una batalla dialéctica. El blanco es un profesor universitario que, a pesar de poseer una amplia cultura y de disfrutar de una posición acomodada, vive sumido en la desesperación. El negro, sin embargo, pese a haber llevado una vida marcada por la violencia y la adicción a las drogas, mantiene una férrea esperanza gracias a su fe. En el transcurso del conmovedor y violento diálogo se pondrán de manifiesto dos visiones del mundo opuestas, con un solo objetivo: desentrañar el sentido de la vida.

è  Com comença...
Una habitación en un bloque de pisos de un gueto negro de Nueva York. Hay una cocina con sus fogones y un frigorífico grande. Una puerta que da al pasillo exterior y otra, presumiblemente, a un dormitorio. La puerta del pasillo está provista de una extravagante colección de cerraduras y barras de seguridad. Hay en la habitación una mesa barata de formica y dos sillas de plástico con patas cromadas. La mesa tiene un cajón. Encima de la mesa hay una biblia y un periódico. Unas gafas. Un bloc y un lápiz. En una de las sillas (lado derecho del escenario) está sentado un hombre negro corpulento y en la otra un hombre blanco de mediana edad con pantalón de chándal y zapatillas de deporte. Luce una camiseta, y la parte de arriba del chándal -que hace juego el pantalón- está puesta sobre el respaldo de su silla.

NEGRO: Bueno, profesor, y ahora ¿qué hago con usted?

è  Moments...
(Pàg. 13)
BLANCO: (...) ¿Usted ve a Jesús?
NEGRO: No. Verle no lo veo.
BLANCO: Pero le habla.
NEGRO: Todos los días.
BLANCO: Y él le habla a usted.
NEGRO: Me ha hablado, sí.
BLANCO: ¿Usted lo oye? Quiero decir, ¿habla alto?
NEGRO: No, alto no. No es una voz lo que oigo (...)

(Pàg. 21)
BLANCO:  (...) La cultura y la educación hacen que el mundo sea algo personal
NEGRO: Hum.
BLANCO: Hum qué.
NEGRO: Nada, estaba pensando que lo que acaba de decir es muy potente. No sabría cómo responder a ninguna respuesta. Pero aun así digo yo que para qué sirven todas esas ideas si no lo mantienen a uno clavado al andén cuando entra el Sunset Limited a más de cien por hora.

(Pàg. 22)
NEGRO: ¿Tiene usted amigos?
BLANCO: No.
NEGRO:¿Ni uno siquiera?
BLANCO: No.
NEGRO: Me toma el pero, seguro. ¿Ni uno solo?
BLANCO: ¿Amigo? En realidad, no.
NEGRO: Pues hábleme de él.
BLANCO: ¿De quién?
NEGRO: De ese que en realidad no.

(Pàg. 24)
BLANCO: Oiga. Suponga que le doy mi palabra de que me iré a casa y que no intentaré suicidarme por el camino.
NEGRO: Suponga que yo le doy mi palabra de que no pienso escuchar ninguna de sus chorradas.
BLANCO: Ah. Entonces, ¿qué? ¿Estoy preso?
NEGRO: No me venga con esas. Además, preso ya lo estaba antes de entrar aquí. Un preso del corredor de la muerte (...).

(Pàg. 30)
NEGRO: ¿No le ha ocurrido nunca que un día de repente todo sale como raro pero en el buen sentido de la palabra? ¿Que todo es como si encajara?
BLANCO:  No sé si le comprendo.
NEGRO: Sí, hombre. Un día mágico, que se dice. Uno de esos días en que todo sale bien.
BLANCO:  No lo sé. Puede. ¿Por qué?
NEGRO: Estaba pensando si no habrá tenido una mala racha demasiado larga. Y al final se ha quedado con la idea de que el mundo es así.
BLANCO: Que el mundo es así.
NEGRO: Eso.
BLANCO: ¿Y cómo es el mundo?
NEGRO: No sé. Un sitio donde hay malas rachas. Lo que quería decir es que aunque a usted le parezca que el mundo es así tiene que comprender que el sol no siempre calienta el mismo culo. ¿Me entiende, profesor?
BLANCO: Si insinúa que lo que pasa es que tengo un mal día, eso es ridículo.
NEGRO: No digo que tenga un mal día, profesor. Lo que creo es que tiene una mala vida.

(Pàg. 36)
NEGRO: El caso, profesor, es que yo no tengo ni puñetera idea de por qué Dios es como es. No sé por qué me habló a mi. Yo no lo hubiera hecho.
BLANCO:  Pero usted le escuchó.
NEGRO: Hombre, qué remedio me quedaba.
BLANCO:  No sé. Quizá no escuchar.
NEGRO: Ah, ¿y cómo?
BLANCO:  No escuchando.
NEGRO: Pero ¿usted se cree que Dios se dedica a hablarle a gente que sabe que no le va a escuchar? ¿Usted cree que Dios tiene tanto tiempo libre?

(Pàg. 46)
NEGRO: Creer es distinto de no creer. Si uno es creyente tarde o temprano va a parar al pozo de la fe propiamente dicha y ya no tiene que seguir buscando. Más allá no hay nada. Pero el que no cree tiene un problema. Se ha propuesto desentrañar el mundo, pero cada vez que descubre algo que no es verdad deja otras dos dudas en su sitio. Si Dios recorrió la Tierra cuando terminó el trabajo, usted cuando se levanta por la mañana tiene que poner los pies en un suelo, un suelo real, sin preocuparse por saber de dónde ha salido ese suelo. Pero si Dios no lo hizo, entonces va a tener que inventarse otra definición para explicar qué entiende por real. Y todo va a tener que juzgarlo desde ese mismo punto de vista. Si es que es un punto. Incluido usted mismo. Una pregunta vale para todos. Bien, profesor, ¿qué opina? ¿Usted es real o qué?

(Pàg. 53) 
BLANCO: Hasta Dios tiene que rendirse a veces. No hay sacerdocio en el infierno. Al menos, que yo sepa.
NEGRO: Es verdad. Ahí sí que ha dado en la diana. El sacerdocio es de cara a los vivos. Por eso cada cual es responsable de su hermano. Una vez deja de respirar, ya no hay forma de ayudarle. A partir de ahí queda en otras manos.

(Pàg. 80)
NEGRO: (...) El fin siempre es el mismo. Ya se lo he dicho antes y sigo buscando otra manera de decírselo. La luz está en todas partes, lo que pasa es que usted no ve más que sombra a su alrededor. Y la sombra es usted. Usted hace la sombra.

(Pàg. 81)
NEGRO: ¿A usted por qué le parece que la gente se suicida?
BLANCO: No lo sé. Por distintas razones.
NEGRO: Ya, pero esas distintas razones, ¿no tienen algo en común, digamos?
BLANCO:  No puedo hablar por los demás. Las mías giran en torno a una pérdida gradual de la fantasía. Eso es todo. Un paulatino esclarecimiento en cuanto al carácter de la realidad. Del mundo.
NEGRO: Razones mundanas, vaya.
BLANCO: Si quiere llamarlo así...

(Pàg. 82)
BLANCO: Muy bien. Mi idea es que el mundo, básicamente, es un campo de trabajos forzados del que cada equís días sacan a unos cuantos internos (todos ellos completamente inocentes) a fin de ejecutarlos. No creo que eso sea solo mi manera de verlo. Creo que el mundo es así. ¿Hay otras maneras de verlo? Por supuesto que las hay. ¿Alguna que resista un examen minimamente riguroso? No.
NEGRO: Tío
BLANCO:  Bien. ¿Quieres echar otro vistazo a ese horario de trenes?
NEGRO: Y no hay nada que hacer...
BLANCO:  Nada. Los esfuerzos que la gente lleva a cabo para mejorar el mundo no hacen sino empeorarlo. Antes pensaba que había ciertas excepciones. Ahora ya no.

(Pàg. 87)
NEGRO: (...) ¿Qué es exactamente ese dolor que hace que los que toman el tren rápido se arrimen al quiosco de la muerte? ¿De qué clase de dolor estamos hablando? Yo diría que si es por no poder soportar la pena por lo que gente se suicida haría falta un montón de mano de obrar para enterrarlos a todos al atardecer. O sea que vuelco otra vez a lo mismo. Si no es lo que perdió lo que no puede aguantar entonces quizá es lo que no está dispuesto a perder de ninguna manera. Antes la muerte que renunciar a eso.
BLANCO: Si uno muere, renuncia.

(Pàg. 92)
BLANCO:  (...) Yo no entiendo mi estado de ánimo como una visión del mundo pesimista. Lo entiendo como lo que es el mundo. La evolución no puede impedir que la vida inteligente acabe a la larga siendo consciente de una cosa por encima de todas las demás, y esa cosa es la futilidad.

(Pàg. 92)
BLANCO: (...) ¿La justicia? ¿La fraternidad? ¿La vida eterna? No me fastidie, hombre. Dígame una religión que prepare al hombre para la muerte. Para la nada. A esa secta quizá sí me apuntaría. Su religión lo cifra todo en más vida. Más sueños, ilusiones, mentiras. Si fuera posible proscribir el miedo a la muerte de los corazones humanos, la gente no viviría ni veinticuatro horas. ¿Quién iba a querer esta pesadilla no ser por miedo al día siguiente? Sobre cada alegría humana pende la sombra del hacha. Todo camino acaba en la muerte. Peor aún. Toda amistad. Todo amor. Tormento, traición, pérdida, sufrimiento, dolor, vejez, humillación, enfermedad horrenda y prolongada. Y todo ello con un solo final. Para usted como para todas la personas y todas las cosas que ha elegido querer. Ahí está la auténtica fraternidad. Miembros vitalicios, del primero al último.

è Altres n'han dit...
La veritat dins de la ficció, Els orfes del senyor BoixLetra a letra, El mar de letrasLa vida no existe, Entre montones de libros, Vagón 293, La Tormenta en un Vaso, Un libro al díaLa medicina de Tongoy.

è Enllaços:
Cormac McCarthy, contextualització, les connotacions filosòfiques i ètiques, els grans temes, blanc o negre, tantes lectures, tants missatges, tantes interpretacions..., credo quia absurdum, non credo.

è Míra-la:
Anglès (HBO film - 2011)

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