diumenge, 26 de juliol de 2009

El doctor Ox - Jules Verne


Verne, Jules. El doctor Ox
Madrid: Editorial Magisterio Español, 1979










Une Fantaisie du Docteur Ox
Traducció Jose Benito Alique
Col·leció Novelas y Cuentos, 230



>>Què en diu la contraportada...
Resulta casi lugar común considerar El doctor Ox como una de las más brillantes perlas del humorismo desenfadado y jovial del Julio Verne de los años felices y esperanzados. Fantasía psicofisiológica perteneciente a la serie de relatos de humor y erudición, entre los que La vuelta al mundo en ochenta días ocupa un lugar de privilegio, es, además de narración magníficamente construida, pequeña obra maestra que en absoluto desmerece de las más celebres novelas del genial bretón.

>>Com comença:
Si buscáis en un mapa de Flandes, antiguo o moderno, la pequeña localidad de Quiquendone, será harto probable que no la encontréis. ¿Acaso se trata de una ciudad desaparecida? En modo alguno. ¿De un centro de población del porvenir? Ni mucho menos. Existe, a pesar de los geógrafos, y ello desde hace ochocientos o novecientos años aproximadamente. Incluso podemos precisar que cuenta con dos mil trescientas noventa y tres almas, admitiendo que cada habitante posea una.

>>Moments:
(Pàg. 42)
-(...) Se trataba de un sabio, como sabe. ¿Por qué no habría de comportarme yo como él?
El concejal Niklausse hubiera sido incapaz de imaginar ni siquiera un argumento que pudiese contradecir la opinión de su burgomaestre.
- El hombre que muere sin haber tomado jamás una decisión durante su vida –continuó gravemente éste- es el que más se acerca a la perfección que resulta posible alcanzar en este mundo.

(Pàg. 73)
¡Sí, diez años! ¡Nada menos que diez años venían a durar las relaciones! Pero, bien pensado, ¿resulta tanto cuando de lo que se trata es de comprometerse para toda la vida? Más de diez años hay que estudiar para ser ingeniero o médico, abogado o técnico de administración civil. ¿Por qué pensar que se pueden adquirir en menos tiempo los conocimientos necesarios para ejercer de esposo?

(Pàg. 94)
¿Qué es lo que pasa, Dios mío? –se preguntaba-. ¿Qué espíritu vertiginoso ha entrado a saco en mi apacible ciudad de Quiquendone? ¿Acaso vamos a volvernos locos y tendremos que convertir esta localidad en un vasto manicomio? Pues, si la memoria no me engaña, ayer estábamos todos allí; y todos, tanto concejales como jueces, letrados, médicos y académicos, fuimos víctimas de un ataque de demencia furiosa... Mas, ¿qué es lo que tenía aquella música infernal?

(Pàg. 98)
¿Por qué entonces aquella tarde, en casa del banquero Collaert, los siropes parecieron transformados en espirituosos vinos, en chispeante champán, en ponches incendiarios? ¿Por qué hacia mitad de la fiesta una especie de inexplicable embriaguez se apoderó de todos los invitados? ¿Por qué el minué derivó en saltarelo? ¿Por qué apresuraron el compás los integrantes de la orquesta? ¿Por qué, al igual que había ocurrido en el teatro, las bujías comenzaron a brillar con un resplandor desacostumbrado? ¿Qué especie de corriente eléctrica atravesó los salones del banquero?

(Pàg. 117)
-¡Ciudadanos! –gritó entonces Silvestre Pulmacher, que tenía como ocupación habitual la de detallista de especias-. ¡Ciudadanos! ¡A pesar de lo que ha dicho ese farmacéutico indecente, yo me comprometo a matar cinco mil virgamenienses si queréis aceptar mis servicios!
-¡Cinco mil quinientos! –pujó algún patriota más decidido.
- ¡Seis mil seiscientos! – no se amilanó el especiero.
- ¡Siete mil! –gritó el confitero de la calle Helling, señor Jean Orbideck, quien estaba amasando una considerable fortuna a base de vender nata batida.
-¡Adjudicado! –sentenció el burgomaestre Van Trincasse en vista de que nadie se atrevía a hacer mayor postura.Y así fue como el confitero Jean Orbideck se convirtió en general en jefe de los ejércitos de Quiquendone.

(Pàg. 117)
- ¿Y bien? –le interrumpió el doctor Ox-. ¿Acaso no tenía yo razón? Fíjate en lo que consisten no solamente los desarrollos físicos de toda una población, sino también su sentido moral, su dignidad, su talento, su disposición política...¡Todo se reduce a una cuestión de moléculas!

(Pàg. 124)
-(...) ¿No le parece, querido Van Tricasse, que la humanidad sería más feliz viviendo a esta altura en lugar de arrastrarse sobre la chata superficie de nuestra esfera?

(Pàg. 125)
- (...) ¡La Naturaleza, Niklausse, la naturaleza! ¿Acaso la mano del hombre puede competir en algo con ella?

(Pàg. 138)
En resumen, preguntémonos para concluir, ¿no ocurrirá que la virtud, el coraje, el talento, la inteligencia, la imaginación y otras muchas facultades y cualidades dependen en el fondo de una simple cuestión de proporción de oxígeno?

>> Altres han dit...
Steven H. Silver, Time

>>Enllaços
Jules Verne, on és
Quiquendone?, ...i si tots fòssim quinquendons?, Gas Oxhídric, Flandes, Fioravanti, Burgmestre, Arcadia, gaudir del temps, sinecura, Progrés i societat, electròlisi, sàtira social, El doctor Ox musicat, Offenbach

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