Basilisco - Jon Bilbao
"(...) Bueno, yo te la cuento como la sé. Luego, escríbela como quieras.Y eso hice."
Bilbao, Jon. Basilisco.
Madrid: Editorial Impedimenta, 2020![]()
::: Què en diu l’editorial...
Insatisfecho con su trabajo como ingeniero, el protagonista de Basilisco se traslada a California, donde conoce a dos personas que cambiarán su vida: Katharina, una joven que acabará siendo su mujer, y John Dunbar, un trampero, veterano de la guerra de Secesión y pistolero ocasional que lleva muerto más de un siglo. Dunbar encarna lo más genuino del Lejano Oeste. Huraño y temido, se ganó el sobrenombre de «Basilisco», y nos lleva de la mano por la fiebre del oro en Virginia City, por una expedición paleontológica y en su huida de una banda de asesinos. Mientras, el ingeniero desengañado, ya convertido en escritor, se adentra en las responsabilidades y frustraciones de la mediana edad. Basilisco se ordena así en una serie de capítulos autoconclusivos, alternando los que acontecen en el presente con los que tienen lugar un siglo atrás por los parajes de Nevada, Idaho y Montana, y proponiendo un diálogo entre realidad y ficción.
Con una prosa perturbadora y poderosa, Jon Bilbao transita la frontera entre los géneros, mezclando lo clásico con la cultura popular. Con la máscara de un western crepuscular, Basilisco pone en jaque nuestra realidad.
::: Com comença...
El plan era atractivo solo a medias: ir a Reno a pasar el 4 de julio con una tal Diana y su marido. Los dos eran españoles y a mí no me apetecía volver a tratar con compatriotas tan pronto. Las referencias tampoco eran prometedoras.
::: Moments...
(Pàg. 53)
Su matrimonio no sufría problemas graves, pero sí una suerte de tirantez congénita, fruto de dificultades que o surgían de la propia relación, sino de su entorno, de la vida. Si las dificultades amainaban, la convivencia fluía de inmediato.
(Pàg. 64)
Bueno, yo te la cuento como la sé. Luego, escríbela como quieras.
Y eso hice.
(Pàg. 75)
(...) Pongo por escrito lo que pienso para dejar espacio a nuevas ideas. Lo mismo persigo con el dibujo. El capitán Drummond se enoja cuando se asoma por encima de mi hombro y fisga mi cuaderno. No te he traído para eso, dice. No comprende, y yo no albergo deseos de descifrárselo, que en ocasiones la representación de lo real obliga a su alteración.
(Pàg. 85)
Su caballo continuaba llevando las riendas sueltas. Dunbar lo guiaba con las rodillas. Sus manos reposaban en el cuerno de la silla y él mecía suavemente los hombros al acercarse, ofreciéndonos el perfil incólume de su rostro.
En ese momento, el oeste sobre el que yo tanto había oído hablar y el oeste real, que ahora empiezo a conocer, entraron en contacto, como cuando se miran al trasluz dos hojas de papel en las que figura el mismo dibujo, y ambos se hacen coincidir.
(Pàg. 96)
Imposible dormir. Pienso y pienso en la cueva. Es un portal entre dos mitologías: la de la Prehistoria y la de la Frontera. La primera representa el pasado que, mediante revelaciones sucesivas, nunca cesa de regresar, aferrándose a un carácter protagónico. La mitología del oeste simboliza le presente, o más propiamente el futuro: el de un país en formación.
(Pàg. 97)
En el caso de la Frontera: los héroes, los pueblos, las caravanas de colonos, las tribus; las personas, en definitiva. Pese a la grandiosidad, en ocasiones de ensueño, en ocasiones de espanto, de los paisajes que hemos recorrido las pasadas semanas, no son más que decorados para tragedias y anhelos humanos, de los que nuestra expedición constituye un oportuno ejemplo. No podemos olvidar que la idea de Frontera es intrínseca humana; sin personas, ninguna frontera existiría, y menos aún esta, un espacio tan simbólico como físico.
(Pàg. 129)
Cuando nació, solía preguntarme si, en caso de que muriera o su madre se lo llevara, me acostumbraría a vivir sin él. Me lo pregunté por primera vez cuando solo tenía una semana de vida, luego al cumplir el primer mes, y seguí haciéndolo de forma periódica.
(Pàg. 136)
Llevaba enfadado meses, años.
(Pàg. 141)
(...) yo solo era un buen estudiante al que le gustaba leer y escribir, y él sabía perfectamente que ser buen estudiante no implica tener talento, ni curiosidad, ni personalidad.
(Pàg. 160)
Compartimos afanes y objetivos, aunque no siempre las ideas sobre cómo lograrlos. Disentimos en numerosas ocasiones. Discutimos. Pecamos de soberbia y nos encerramos en sendas fortalezas tenebrosas e inexpugnables, levantadas con bloques de enojo y una argamasa de obsesiones particulares.
(Pàg. 173)
La noche, un borrón que cubrió el cielo, hilachas y rizomas estirándose hacia el oeste como dedos.
(Pàg. 197)
Qué enfadado estás. Si pudieras, me matarías con las manos desnudas, ¿cierto? Y a toda mi gente. Ni siquiera esto te bastaría. No quedarías saciado. Piensas que tu carga es más pesada que la de los demás; tu urgencia, más perentoria; tu preocupación, más justificada; tus dudas, más intrincadas. Tú y los que son como tú creéis que en la frontera vuestra angustia se diluirá o bien cobrará nombre y se concretará, quizás en algo físico contra lo que, por fin, podréis luchar, que podréis abatir, o con lo que podréis congraciaros y revolcaros por el suelo a la luz de la hoguera, hurgándole en la entrepierna mientras jadeáis y babeáis. Sois parásitos que explotáis la frontera, peores que tramperos, mineros y los que construyen el ferrocarril. Para vosotros el oeste es un diván donde tumbaros a purgar el pus del alma.
(Pàg. 238)
De cara a la pared, rompí a llorar. Intenté acallar los sollozos, pero era imposible. No dejaban de volver, cada vez más fuertes. Alguien me puso una mano en el hombro y me lo apretó. Y, con la cabeza gacha y los ojos cerrados, no vi quién era. Supuse que aita, que me habría oído, o alguien del personal del hospital. El pequeño gesto de apoyo y consuelo hizo que mi lloro se redoblara. Cuando me recobré, me di media vuelta y encontré el pasillo desierto. Nunca he sabido quién fue.
(Pàg. 263)
He vuelto porque, cuando vivía aquí, Katharina y los niños aún no existían. Así que es otra forma de borrarlos.
(Pàg. 270)
Si la casa tiene un corazón, está en la cueva. De aquí surgieron muchas de mis fantasías y miedos, así como parte de lo que he escrito. Si quiero hacer una mejora en la casa, dejar una suerte de huella, tendrá que ser en la cueva.
::: Què en penso...
Basilisco, de Jon Bilbao, és una d’aquelles propostes literàries que es resisteixen a qualsevol classificació. No és un recull de relats, però tampoc una novel·la convencional. El que ens proposa l’asturià és una estructura fragmentària i híbrida que fructifica en un dispositiu narratiu que es percep com una novel·la en estat de mutació, on cada peça reconfigura el sentit del conjunt i obliga el lector a reajustar constantment la mirada.
La intercal·lació de passat i present, així com la variació de veus i ritmes, no són recursos ornamentals, sinó que formen part d’un sistema narratiu que alterna dos registres —el western mític i la contemporaneïtat introspectiva— per explorar la identitat des de perspectives complementàries i per situar el lector com a co-constructor del sentit final.
Aquesta dualitat també es reflecteix en el tractament formal: els segments del llunyà Oest adopten un ritme accelerat, gairebé cinematogràfic, i una prosa més directa. Funcionen com a espai d’acció, de violència i de projecció mítica; en canvi, els capítols contemporanis són més pausats, reflexius, centrats en la interioritat i en el qüestionament del jo. Aquesta alternança es reforça amb el canvi de persona narrativa: primera persona en els relats íntims, tercera persona en els episodis western. El resultat és un joc de focalitzacions que permet observar el mateix concepte temàtic amb dues ulleres: les de la immediatesa emocional i les de la distància mítica.
Tot i la seva aparença dispersa, Basilisco articula un corpus temàtic molt precís. El centre gravitatori és la crisi de la identitat. Tant el narrador contemporani com el caçador de monstres del passat són figures que es mouen en un espai de desorientació, obligades a revisar els relats que han estructurat la seva subjectivitat: la parella, la infantesa, la violència, els monstres.
Però aquesta cerca de la identitat cristal·litza d’alguna manera en la reflexió sobre el procés d’escriptura, que és l’altre gran leitmotiv de Basilisco. Des d’aquest punt de vista, és una obra que es pensa mentre s’escriu, que interroga la funció del relat i la responsabilitat del narrador. No es tracta d’autoficció en sentit estricte, sinó d’una meta-narració emocional que utilitza la figura de l’autor com a instrument d’anàlisi i de reescriptura i que converteix la mutació formal en metàfora de la mutació identitària.
Així, la novel·la opera en diversos nivells simultanis que s’autoalimenten: la realitat del narrador contemporani, la ficció que ell mateix genera (els relats western), la lectura que el lector fa d’aquesta ficció dins la ficció i el retorn d’aquesta ficció a la realitat del narrador, que la reconfigura tot cercant una identitat pròpia. Els relats del passat funcionen com a projeccions simbòliques del conflicte present, mentre que els episodis contemporanis ofereixen el marc interpretatiu que resignifica la ficció mítica.
La combinació de realisme i abstracció —descripció minuciosa i atmosfera simbòlica— contribueix a crear un espai literari que és alhora físic i mental, històric i mític. I d’això en té una bona responsabilitat la prosa usada per Bilbao, que destaca per la seva precisió lèxica, la seva capacitat evocadora i la seva modulació rítmica. L’autor adapta el registre a cada bloc narratiu, generant una correspondència entre forma i contingut que reforça la dualitat estructural del llibre: en els relats western, la prosa és seca i tallant; en els relats contemporanis, més densa i reflexiva. A més, amb la manca de signes gràfics en els diàlegs, la novel·la requereix una lectura activa i predisposada, però a canvi atorga un alt nivell de fluidesa, coherent amb la naturalesa líquida de l’obra.
En conclusió, Basilisco és una proposta de lectura que aconsegueix desestabilitzar el lector, traient-lo de la zona de confort. L’obliga a repensar la relació entre relat i subjecte, entre ficció i experiència. Basilisco no només explica històries, sinó que interroga el mecanisme mateix d’explicar-les. És, doncs, una novel·la desafiant, és a dir, interessant i atractiva… en definitiva, estimulant.
::: Altres n'han dit...Llegir.cat (M. Guerrero), Leer es vivir dos veces, Aburrimiento vital, El paxaru verde, Devaneos, Los tipos duros también leen, Mortal y Rosa, La gata negra de bigotes blancos, Librocinio, Un libro al día (Santi), Insurrección, Mercurio (M. Pereda), El libro durmiente (B. Curiel), Solo novela negra (T. Suárez), Anika entre libro (D. Luque), Moon Magazine (S. Alemany), Indienauta (R. Jiménez).
::: Enllaços:
Jon Bilbao, algunes claus de la novel·la explicades pel mateix autor, alguns referents.

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