divendres, 18 d’octubre de 2013

Novela de ajedrez - Stefan Zweig




"Nada que hacer, nada que oír, nada que observar; el entorno de la nada, el vacío total, sin espacio y sin tiempo."



Zweig, Stefan. Novela de ajedrez
Barcelona: Sirmio / Quaderns Crema, 1994


Die Schachnovelle. Traducció de Manuel Lobo
Col.lecció La Caja Negra, 13


è Què en diu la contraportada...
Sin capacidad para cualquier otra actividad intelectual, Mirko Czentovicz se reveló, ya desde niño, como un genio del ajedrez, del que ha llegado a ser campeón del mundo. Pero, en un viaje en barco de Nueva York a Buenos Aires, se le presenta un enigmático contrincante: el señor B., noble vienés que huye de los nazis. Uno de los pasajeros del vapor se acerca a los dos personajes acompañando al lector a la confrontación entre los dos jugadores. Si Novela de ajedrez nos presenta el choque de dos naturalezas antagónicas, nos muestra también, y en buena medida, la capacidad de resistencia del ser humano sometido a una presión extraordinaria. Y todo ello con unas grandes dosis de intriga y maestría.

è Com comença...
A bordo del transatlántico que había de zarpar a medianoche de Nueva York rumbo a Buenos Aires reinaban la animación y el ajetreo propios del último momento. Los acompañantes que habían  subido escoltaban entre apretujones a su amigos; los repartidores de telegramas, con sus gorras ladeadas, recorrían los salones voceando nombres; al trajín de flores y maletas se añadía el de los niños que subían y bajaban por las escalerillas curioseando mientras la orquesta amenizaba imperturbable el show en cubierta.

è Moments...
(Pàg. 14)
Y además, ¿no es acaso lo más fácil del mundo considerarse un gran hombre cuando no se tiene la menor idea de que hayan existido alguna vez un Rembrandt, un Beethoven, un Dante, un Napoleón?

(Pàg. 42) 
La presión que ejercían para obligarnos a entregar el "material" que pretendían obtener era de una naturaleza más sutil que los garrotazos o la tortura física. Se trataba del aislamiento más refinado que pueda imaginarse. No nos hacían nada, se limitaban a situarnos en el vacío más absoluto, y es bien sabido que nada en el mundo puede oprimir tanto el corazón del hombre como la nada.

(Pàg. 43)
Nada que hacer, nada que oír, nada que observar; el entorno de la nada, el vacío total, sin espacio y sin tiempo.

(Pàg. 51) 
¡Un LIBRO! Hacía cuatro meses que no tenía un libro en las manos y ahora, la sola idea de un libro con palabras alineadas, renglones, páginas y hojas, la sola idea de un libro en el que leer, perseguir y capturar pensamientos nuevos, frescos, diferentes de los míos, pensamientos para distraerse y para atesorarlos en mi cerebro, esa sola idea era capaz de embriagarme y también de serenarme.

(Pàg. 53) 
"Usted se imaginará sin duda que no perdí ni un instante antes de coger el libro, contemplarlo, leerlo. ¡Nada de eso! Quería antes que nada agotar el placer de tenerlo, el placer deliciosamente contenido de adivinar qué clase de libro sería aquel que había robado, el placer de tenerlo, el placer dulcemente enervante de imaginarme cómo debía de ser.(...)"

(Pàg. 59)  
(...) querer jugar contra uno mismo representa en definitiva una paradoja tan grande en ajedrez como querer saltar sobre la propia sombra.

(Pàg. 62)
Era un recluso sin culpa, sometido desde meses atrás al martirio refinado de la soledad, un hombre que hacía tiempo que estaba buscando sobre qué descargar su cólera largamente acumulada. Y como no disponía de nada más que de aquel insensato juego contra mí mismo, mi cólera, mi afán de venganza, se abalanzaron fanáticamente sobre él.

(Pàg. 63)
Pasé del gusto del juego, y de ahí a la obsesión, al frenesí, a la furia frenética; ya no sólo me robaba las horas de la vigilia, el juego acabó también por apoderarse de mi sueño. Sólo podía pensar en ajedrez, jugadas de ajedrez, problemas de ajedrez.

è Altres n'han dit...

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