dissabte, 5 d’octubre de 2013

Invierno en Grand Central - Lee Stringer



"No hay nada, nada en absoluto, que esté
obligado a hacer.

Nadie, nada, que se me exija ser."


Stringer, Lee. Invierno en Grand Central.. 
Madrid: Debate, 1999


Grand Central Winter. Traducció de Mariano Antolín.



è Què en diu la contraportada... 
Se llama Lee Stringer. Como Jack London, es un narrador autodidacta de primera clase y un superviviente nada resentido y optimista de la extrema pobreza, la vida sin techo durante largo tiempo y la adicción. Las historias de Lee Stringer son macabramente entretenidas. Tratan de cómo los más inútiles, sin raíces y más acosados de los parias de la ciudad de Nueva York se las arreglan para seguir vivos día tras día. Son reportaje, no literatura. El autor, él mismo personaje de todas las historias, estuvo tan desposeído durante años y aós de dignidad y amor propio como lo están los personajes de los que trata.
(Kurt Vonnegut).


è Com comença...
Lo que pasó fue que yo estaba rebuscando en mi agujero: hay un espacio alargado, estrecho, en las regiones más bajas de la estación Grand Central, del que poca gente sabe y en el que me he instalado hace tiempo. Tiene unas luces y hay un grifo de agua justo en la parte de fuera del cuchitril donde me meto. Está como una nevera en invierno y me achicharro allí en verano, pero es, como dicen, mi hogar.

è Moments...
(Pàg. 18)
(...) había cuatro cosas que hacía todos los días. Ligar pasta, pillar algo, colocarme y escribir. Y al final terminé dejando las otras tres.

(Pàg. 21) 
En una familia como la nuestra, que compartía la soledad como la ropa heredada, la mala cara de mi hermano era una arma especialmente peligrosa.

(Pàg. 32) 
No hay nada, nada en absoluto, que esté obligado a hacer.
Nadie, nada, que se me exija ser.

(Pàg. 53) 
Más tarde Craig también durmió allí, y fuimos capaces de guardarnos la espalda uno al otro. Con el tiempo nos volvimos más amigos. Nos volvimos socios en la supervivencia (...).

(Pàg. 55) 
(...) habíamos quedado reducidos a formar parte del paisaje que se negaba a promocionar el sueño americano.

(Pàg. 62)  
Para los que teníamos demonios que alimentar, el dinero fácil hacía absurda la idea de robar; y para los que únicamente sufrían por cuestiones circunstanciales, era una oportunidad para atreverse una vez más a coquetear con los sueños.

(Pàg 71)
Es la culpabilidad, el miedo y el pesar de propio corazón lo que te hunden. Ver al juez es sólo una formalidad.

(Pàg. 72)
Cuando uno se topa con la justicia, los que te encierran son distintos a los que encuentras dentro. Personalmente, me gustaría ver a todos los jueces y fiscales cumplir una condena. No por delitos que comenten desde el estrado. Pues los cometen por ignorancia. Que es precisamente por lo que una temporada en la cárcel debiera formar parte de sus estudios. Así llegarían a saber que no saben que no saben.
Métaselos anónimos y despreciados en una celda de detención, déjeselos que pasen por el tamiz de su procesamiento hasta que el viento haya tamizado todo su rigor. Y déjeselos que se tropiecen con la sabiduría que todo detenido de mala muerte sabe instintivamente: que la auténtica justicia siempre es poética.

(Pàg. 93)
A los periódicos les interesan más los detalles de los asuntos humanos que el progreso de su alma. Por eso necesita reporteros. Y lo que hace un reportero es contar cosas.

(Pàg. 131)
(...) nada como un poco de privación de sueño para liberar el flujo narrativo de uno.

(Pàg. 164)
Ahora que todos estamos colgados -yo de la pipa, Blue de la aguja y Emeral yendo y viniendo entre las dos cosas-, nos arrastramos hacia unas navidades tranquilas a la luz más turbia de unos amaneceres más grises.

(Pàg. 185)
Claro, la vida en la calle tiene sus molestias y sus padecimientos. Pero es un testimonio de la resistencia del espíritu. Incluso entre las realidades más amargas del día a día de la existencia uno puede encontrar refugio en un bien desarrollado sentido del humor.

(Pàg. 202)
El hecho es que cualquier tipo de política es inherentemente un fracaso. El recurso a la política -especialmente a la política de buenas intenciones- es una concesión al fracaso humano. Se debería reconocer, por principio, en nuestro código legal lo que los seres humanos consideramos adecuado y necesario pero no conseguimos hacer debido a nuestro código moral.
En consecuencia, el espíritu con el que se escribe la política no ayuda a que se aplique.
Fracasamos porque somos humanos y mientras insistamos en buscar remedio fuera de nosotros mismos habrá algún tipo de política (aunque sugiero que debería ser el último -no el primer- recurso). Y mientras haya política, habrá fracasos.
La política nunca es la solución auténtica.
La auténtica solución está en corazón de los hombres.

(Pàg. 208)
Por muy apropiada que pueda ser la actitud que uno mantiene con respecto a cierto asunto, muchas veces se da el caso de que las emociones son el perro que mueve el rabo de la razón. Por debajo de lo "cierto" y lo "equivocado" de determinadas cuestiones, y del "a favor" y "en contra" de nuestras posiciones, siempre existe la cuestión vital de nuestra relación con los acontecimientos de detrás de ellas y con las personas implicadas. De modo que yo siempre he intentado llegar al por qué, como si dijéramos, de debajo del quién, qué, dónde y cuándo que dirige nuestras acciones... Ira, resentimiento, envidia, miedo, frustración y así sucesivamente.

(Pàg. 211) 
Manhattan sólo tiene dos estaciones: la de los escalofríos y la del sudor.

(Pàg. 219)
No, las drogas y la bebida no son el camino hacia el paraíso. Pero la inclinación natural del hombre hacia lo espiritual ha sido sustituida por la creencia omnipresente de que es más importante ocuparse de conseguir cosas materiales y físicas.  Y en la creciente inquietud y confusión de la vida moderna, muchas veces adquiere un valor extremo -no distinto de los estragos de una adicción activa- que nos hace olvidarlo.

è Altres n'han dit...
The New York Times

è
 Enllaços:
Lee Stringrt, l'autor parla de la seva experiència, sobre el procés d'escritura del llibreStreet News, la musa Grand Central Terminal.

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