dimarts, 9 de juliol de 2013

En el nombre de la madre - Erri De Luca




"Cuando se es virgen, se piensa que todos los amores son posibles; después, de repente, uno borra los demás que nunca llegaron."

De Luca, Erri. En el nombre de la madre
Madrid: Siruela, 2007


In nome della madre. Traducció de Carlos Gumpert
Col·lecció Nuevos Tiempos, 99  i


è Què en diu la contraportada... 
"En el nombre del padre" inaugura la señal de la cruz. En el nombre de la madre se inaugura la vida.
«La adolescencia de Miriàm/María finaliza de una hora a otra. Un anuncio le pone un hijo en el regazo. Aquí tenemos la historia de una joven, obrera de la divinidad, narrada por ella misma. Aquí tenemos el amor desmesurado de Iosef por la esposa prometida y entregada a algo muy distinto. Miriàm/María, judía de Galilea, arrolla toda costumbre y toda ley. Llevará a cabo su tarea pariendo sola en un establo. Ha callado. Aquí se narra su gravidez arriesgada, el viaje y la perfecta eclosión de su regazo. La historia sigue siendo misteriosa y sagrada, pero con las cuerdas vocales de una madre yunque, fábrica de chispazos.»
Erri de Luca

è Com comença...
Las noticias acerca de Miriàm/María provienen de las páginas de Mateo y Lucas. Aquí se agranda un detalle por ellos esbozado: el ascua de la natividad en el cuerpo femenino, el más perfecto misterio natural.
En el fondo carece de peso, es el escupitajo de un minuto, el concurso masculino. En esta historia está ausente sin que se sienta su ausencia.

è Moments...
(Pàg. 26)
Yo estaba de pie y lo vi a contraluz delante de la ventana. Bajé los ojos que había vuelto a abrir. Soy esposa prometida y no debo mirar a los hombres a la cara. Sus primeras palabras frente a mi espanto fueron: "Shalòm Miriàm". Antes de que pudiera gritar, pedir ayuda contra el desconocido que había penetrado en la habiación, aquellas palabras me mantuvieron quieta: "Shalom Miriàm", las mismas con las que Iosef se había dirigido a mí el día de nuestro compromiso. "Shalòm lekhà", contesté entonces. Pero ahora no, hoy no pude arrancar una sílaba de los labios. Me quedé muda. Era toda la acogida que le hacía falta; me anunció el hijo. Destinado a grandes cosas, a salvaciones, pero no presté demasiada atención a las promesas. En el cuerpo, en mi seno, se había abierto un espacio. Una pequeña ánfora de arcilla aún fresca se había depositado en la cavidad de mi vientre.

(Pàg. 31) 
- (...) "Berukhà att'miccòl hannashìm", bendita tú entre todas las mujeres.
- ¿Berukhà?, ¿miccòl hannashìm? -repetía aturdido, extraviado. Sobre sus manos ennegrecidas por los callos caían lágrimas blancas-. No basta, Miriàm, no basta para explicar, ayúdame, recuerda, sigue recordando.
- Basta, Iosef, basta, eso es lo que ha pasado hoy a mediodía. He venido a decírtelo. Haz de mí lo que quieras.

(Pàg. 52) 
- Miriàm, ¿sabes lo que es la gracia?
- No con precisión -contesté.
- No es una andadura atrayente, no es el porte elevado de algunas de nuestras mujeres más destacadas. Es la fuerza sobrehumana de afrontar el mundo solos sin esfuerzo, retarlo a duelo por entero sin despeinarnos tan siquiera. No es femenino, es una dote de profetas. Es un don y tú lo has recibido. Quien lo posee está emancipado de todo temor (...).

(Pàg. 54) 
Me gusta incluso cuando la luna pasa por la cara del sol y lo apaga en pleno día. Sobre la tierra cae una paz aplastante, hasta las hormigas se detienen. En ese momento nadie roba, nadie mata, nadie muere. Durante unos minutos, el mundo se ve obligado a comportarse bien, a hablar en voz baja.

(Pàg. 60) 
- (...) Miriàm, los hombres sirven para desempeñar un oficio y para charlotear, pero se hallan perdidos ante el nacimiento y la muerte. Son cosas que no entienden. Hacen falta las mujeres en el momento de la apertura y a la hora de la clausura.

(Pàg. 69)  
-(...) Todos los ríos van al mar y el mar no se llena. Somos aguas corrientes convocadas por el mar para llenarlo, sin posibilidad de éxito, pero obedientes. Eso es Israel.

(Pàg. 69)
Me gusta la usanza de nuestros hombres de pescar un versículo antiguo para explicarse el presente. Anudan el día singular a la alfombra del tiempo.

(Pàg. 72)
-(...) Nuestra tierra ha absorvido tanta sangre como para embriagarse. Esta pobre tierra nuestra está empapada de sangre a chorros. Y eso que debía ser tierra prometida. ¿Prometida? Nos la han arrebatado de debajo de los pies cien veces, tomada por cualquiera, pisoteada por pueblos del norte y del sur, de Oriente y de Occidente. Quien la ha querido la ha tomado y la ha perdido después a los dados.

(Pàg. 81)
Cuando se es virgen, se piensa que todos los amores son posibles; después, de repente, uno borra los demás que nunca llegaron. Convertirse en mujer lleva a esta simplificación, un viento que se abate sobre una floración y no deja más que una flor. Toda la inmensidad de antes se precipita en un abrazo.

(Pàg. 91)
Fuera está el mundo, los padres, la ley, los ejércitos, los registros en los que inscribir tu nombre, la circuncisión que te dará la pertenencia a un pueblo. Fuera hay olor a vino. Fuera está el campamento de los hombres. Aquí dentro solo estamos nosotros, un calor de animales nos envuelve y estamos al resguardo del mundo hasta el alba. Después entrarán y tu dejarás de ser mío.

(Pàg. 93)
(...) se les da demasiada importancia a las palabras, ocurre que constriñen al exilio, a las cárceles o a algo peor. Acarrean peso y son aliento, sin embargo.

(Pàg. 95)
Señor del mundo, bendito seas, escucha la plegaria de tu sierva, que ahora es madre. Cuando nace un niño, la familia se augura que llegue a ser alguien, inteligente, que se distinga de los demás. Haz que no sea así. Haz que este escalofrío que sube por mi espalda, este frío venido del futuro, se mantenga alejado de él. Lo llamo Ieshu, como tú quieres, pero no me lo reclames para ninguna misión tuya. Haz que sea un cachorro cualquiera, un poco estúpido incluso, desganado, sin estudio, un hijo que se emplee en el taller de su padre, aprenda su oficio, lo prosiga.

(Pàg. 107)
Hijo de un viento de palabras llovidas sobre mí,
tú serás en cambio maceta de frases.

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