divendres, 11 de juny de 2010

Pudor - Santiago Roncagliolo

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Roncagliolo, Santiago. Pudor
Madrid: Alfaguara, 2005











Col·lecció Biblioteca Mínima, 130




>> Què en diu la contraportada...
«El primer fantasma apareció el día de la muerte de la abuela. Pero ése sólo fue el primero.»
Ésta es una novela sobre la intimidad, sobre los deseos y los miedos que no confesamos ni siquiera a quienes más queremos, sobre los secretos con que nos protegemos para que los demás no nos hagan daño.
Sus personajes son un hombre que va a morir, una mujer que recibe anónimos pornográficos, un niño que ve cadáveres, un gato que quiere sexo, esa clase de gente. Como muchas familias, todos esos personajes viven juntos y todos están solos.
A veces me parece una historia muy triste y sórdida, y a veces creo que es una comedia. Es lo que tienen en común las familias y los sentimientos, que nunca se ponen de acuerdo.
SANTIAGO RONCAGLIOLO

>> Com comença...
El primer fantasma apareció el día en que murió la abuela, en el hospital. La abuela llevaba ya dos semanas ahí y, todas las tardes, Sergio, Mariana y su mamá iban a visitarla. Solían hablar mucho de las cosas lindas que decían que harían cuando ella saliese del hospital. Pero la abuela no podía hablar con esos tubos en la nariz y en la boca. Tampoco parecía escuchar. Sergio no entendía para qué iban, era como hablar con la cama vacía.

>> Moments...
(Pàg. 16)
Los hombres se amontonaban en las esquinas del tanatorio contando chistes rojos y la mujeres lloraban a ambos lados del féretro con la pena agotada, como liberándose de las últimas lágrimas que tenían guardadas pero sin desperdiciarlas, no fueran a quedarse sin reservas para el próximo muerto.

(Pàg. 69)
Llevaba un buen tiempo sin sentirse mirada de verdad. No es lo mismo una mirada al paso que una mirada penetrante, deliberada, una mirada que no busca respuesta, que se solaza en su propio objeto mirado sin esperar nada a cambio. Un mirada gratuita.

(Pàg. 75)
Alfredo empezó a buscar en su archivo mental recuerdos de mujeres para imaginar que hacía el amor con otra. Tenía varias mujeres registradas en la cabeza. Algunas ex novias, un par de viejas amigas, varias protagonistas de películas pornográficas –algunas casi prehistóricas- y a menudo dependientas de tiendas, compañeras de trabajo o mujeres con las que se había cruzado sólo durante un segundo por la calle pero que se le habían quedado grabadas por algún atractivo. Por lo general, las cruzaba. Era capaz de hacer el amor con los pecho de una, el culo de otra y la boca de una tercera, concentrándose en cada momento en la parte del cuerpo que su imaginación elegía.
Hasta los gemidos de Lucy podían aparecer ante sus sentidos distorsionados por el deseo disidente.

(Pàg. 123)
Papapa sonrió satisfecho y dejó su maleta en el suelo. No había costado mucho cargarla. Mientras la hacía, se había sorprendido por la poca cantidad de cosas que tenía en el mundo. Un par de calzoncillos, el cepillo de dientes, la bata. Alguna vez, hacía años, había pensado que acumularía muchas pertenencias mientras avanzara hacia la vejez. Se preguntó dónde estarían todos los objetos que habían pasado por su vida.

(Pàg. 135)
No sabía con qué cara volvería a ver a Gloria ese lunes. No sabía ni siquiera cómo darle los buenos días. Lo habitual en estos casos es fingir que nada ha pasado y dejar que el tiempo se ocupe de borrarlo todo de la memoria, de las manos sudorosas y de las toallas de los baños, hasta que en realidad nada haya pasado.

>> Altres n'han dit...
Llegir en cas d'incendi, El hablador, literaturas, Arteshoy

>> Enllaços:

Santiago Roncagliolo, l'autor parla del seu llibre, Voyeurisme, Gaseovet, c
histes rojos, incomunicació a domicili, sobre la nova literatura latinoamericana
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