dilluns, 1 de maig de 2017

El martillo de Dios - Arthur C. Clarke




"(...) el objeto sideral sólo podía recibir un nombre: Kali, la diosa de la Destrucción." 








Clarke, Arthur C. El martillo de Dios. 
Barcelona: Ediciones B, 1997


The Hammer of God. Traducció de Hernán Sabaté.
Col·lecció Grandes Bestsellers El Periódico


⇲ Què en diu la contraportada...
Siglo XXII: el hombre ha colonizado la Luna y los pioneros de Marte viven encerrados en cúpulas mientras se desarrolla el proyecto que convertirá el planeta rojo en una réplica de la tierra. Es precisamente en Marte donde un astrónomo aficionado descubre un asteroide cuya órbita amenaza colisionar con la tierra. Los científicos le dan un nombre significativo: Kali, la diosa hindú de la destrucción.
La tensión que aflige a toda la humanidad, amenazada por al terrible posibilidad de una colisión, se concentra en el capitán Robert Singh, encargado de interferir la trayectoria del asteroide con su nave Goliath. Por supuesto, las máquinas están preparadas para cualquier eventualidad, pero nadie puede olvidarse del factor humano...

⇲ Com comença...
Encuentro Uno
Oregón, 1972
Tenía el tamaño de una casa pequeña, pesaba nueve mil toneladas y se desplazaba a cincuenta mil kilómetros por hora. A su paso sobre el parque nacional Grand Teton, un turista alerta fotografió el bólido incandescente y su larga estela de vapor. En menos de dos minutos, la bola de fuego atravesó la atmósfera terrestre y volvió a perderse en el espacio.

⇲ Moments...
(Pàg. 30)
Que del cielo podían llover piedras era un hecho bien conocido en el mundo antiguo, aunque hubiera desacuerdo respecto a qué dios en concreto las arrojaba.

(Pàg. 92)
La ruptura final no tuvo nada que ver con las relaciones humanas. ¿Por qué entregamos nuestro corazón –se preguntaba a menudo Robert Singh- a unos seres cuyo tiempo de vida es tan breve en comparación con el nuestro?

(Pàg. 120) 
El doctor Millar puso el ordenador a calcular la órbita aproximada y descubrió con sorpresa que Myrna, como había decidido llamarlo, pasaría muy cerca de la Tierra. Esto hacía que el objeto resultara ligeramente más interesante.
Nunca consiguió que el nombre fuera aceptado. Antes de que la UAI pudiera aprobarlo, nuevas observaciones proporcionaron un cálculo de la órbita mucho más preciso.
Y, tras ellas, el objeto sideral sólo podía recibir un nombre: Kali, la diosa de la Destrucción.

(Pàg. 129)
El cristianismo y el islam, junto con el judaísmo, era catalogados acertadamente como “las religiones del Libro”. El crislamismo, descendiente de ellas y aspirante a sucederlas, estaba basado en una tecnología de un poder inconmensurablemente mayor.
Era la primera “religión del Byte”.

(Pàg. 132)
Conforme los programas fueron mejorando en definición y animación, el mundo virtual se acercó más al real, aunque seguía diferenciándose de éste ya que se ofrecía a través de artilugios incómodos, como pantallas de presentación incorporadas a cascos y guantes movidos por servomecanismos. Para hacer perfecta la ilusión, para engañar por completo al cerebro, sería necesario saltarse los órganos sensoriales externos –ojos, oídos y músculos- y conducir la información directamente a los circuitos neurales.

(Pàg. 139)
Con su terca oposición a la planificación familiar utilizando métodos artificiales, la Iglesia ha provocado la infelicidad en miles de millones de vidas e, irónicamente, siendo en buena medida responsable de la difusión del pecado del aborto entre los que son demasiado pobres como para mantener a los hijos que se ven obligados a traer al mundo.
Esta política ha llevado a nuestra especie al borde de la catástrofe. La tremenda superpoblación ha privado de sus recursos al planeta Tierra y ha contaminado el medio ambiente de todo el globo.  A finales del siglo XX, todo el mundo era ya consciente de ello, pero se emprendieron muy pocas acciones efectivas pese a las innumerables conferencias y resoluciones.

(Pàg. 150) 
(...) la onda procedente de Sirio llegaba en la misma frecuencia del pulso de EXCALIBUR: 5.400 megahertzios. Sin embargo, pronto surgió una profunda decepción. Contra todas las expectativas, la onda de 5.400 MHz llegaba absolutamente inmodulada. No contenía el menor indicio de señales inteligentes.

(Pàg. 177)
Fue como si los centinelas de las murallas de Troya hubiesen advertido el primer reflejo del sol en las puntas de unas lanzas lejanas. En un abrir y cerrar de ojos, todo había cambiado.

(Pàg. 185)
Mirelle quedó fascinada y perpleja ante el encuentro nocturno de terrícola y marciano, cada cual un fantasma para el otro. Un día comprendería que era el fugaz encuentro entre dos eras, salvando un abismo de tiempo. Le encantaron las gráciles naces de arena que se deslizaban por los desiertos, las aves llameantes que brillaban sobre las frías arenas, las arañas doradas que tejían las trampas con su seda, las barcas que se deslizaban como flores de bronce por los anchos canales. Y lloró cuando las ciudades de cristal se hicieron añicos ante los invasores de la Tierra.

(Pàg. 195)
El elemento de riesgo era lo que distinguía la realidad de sus imitaciones, por perfectas que fueran. Y la aceptación de los riesgos –su disfrute incluso, si eran razonables- era lo que daba aliciente a la vida y la hacía atractiva

(Pàg. 198)
Y cuando estaba casi lleno, Júpiter era aún más impresionante. Entonces era posible ver en todo su apogeo multicolor los intrincados rizos y bucles de los cinturones de nubes en su eterna marcha en paralelo al ecuador. A lo largo de las bandas se desplazaban islas ovaladas, más pálidas, como amebas de mil kilómetros de diámetro. A veces, estas islas producían la impresión de impulsarse a través de las nubes que las rodeaban con tal determinación que no costaba creer que se trata de enormes criaturas vivientes. Más de una obra de astroépica fantástica se había basado en tal hipótesis.

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