diumenge, 24 de gener de 2016

Autobiografías ajenas - Antonio Tabucchi




"A veces una sílaba puede contener un universo."





Tabucchi, Antonio. Autobiografías ajenas. Poéticas a posteriori. 
Barcelona: Anagrama, 2006

Autobiografie altrui. Traducció de Carlos Gumpert
Col·lecció Panorama de Narrativas, 636



 Què en diu la contraportada...
¿Qué sucede cuando la plenitud de una página escrita se convierte, a través de los ojos del lector, en el vació de aquella abstracción que llamamos experiencia? ¿Y si el lector en cuestión es el propio autor que, releyéndose, elabora sus interesantes “poéticas a posteriori”, por citar el subtítulo de esta obra?
En este caso aparece una obra intrigante sobre los meandros de la  escritura que se puede disfrutar en varios niveles: si ya hemos leído los libros de Tabucchi de los que se trata (Réquiem, Sostiene Pereira, La línea del horizonte, Dama de Porto Pim, Se está haciendo cada vez más tarde), podemos revisitar aquellas atmósferas a la luz de las nuevas sugerencias; si por el contrario no los hemos leídos, podemos aprovechar la ocasión para rellenar la laguna.
Autobiografías ajenas, que posee una autonomía propia que hace innecesario el conocimiento previo de las obras de Tabucchi, acoge entre sus páginas una heterogénea cantidad de personajes cuyo elenco figura en un singular “índice de nombres” que comprende, entre otros, a Baudelaire y Paolo Conte, a Heidegger e Imelda Marcos, a Montale y Andréa Ferréol; y no es un ensayo literario, a cuyas formas solamente se acerca sin hacerlas nunca propias, aunque para los entendidos este acercamiento sea de lo más provechoso y sugerente.
A quien le guste reflexionar sobre la vida, sobre la muerte, sobre el otro, sobre la ficción, sobre las pasiones, sobre la escritura, y también sobre el tiempo, sobre el destino, sobre el vacío y la plenitud, encontrará lo que busca en esta obra ágil y profunda, que transforma la íntima interlocución con uno mismo en un diestro artificio de reflejos y autoreflejos que a veces orienta y a veces desorienta y engaña como un laberinto de espejos o el más perfecto de los trompe d’oeil.

 Com comença...
“... numerosas misivas de lectores y lectoras, a propósito de Se está haciendo cada vez más tarde, según los cuales yo he contado su historia, porque se han reconocido en esta o aquella carta. Y hasta ahí, pase. Es inútil que te encomiendes a la llamada “autonomía del texto” o a ciertas ocurrencias geniales de Gadda: la literatura siempre será un espejo donde reconocerte, si te buscas o, sobre todo, si no te queda otra salida.

 Moments...
(Pàg. 29)
La historia de los sueños acompaña a la historia de los hombres. Desde que aprendió a relatarse, el hombre relata sus sueños, atribuyendo al hecho de soñar motivaciones distintas. La interpretación de las interpretaciones de la actividad de soñar podría constituir una interpretación de la civilización del hombre.

(Pàg. 30) 
(...) Y tanto si los sueños lo significan todo (Freud) como si no significan nada (Caillois, y ésta es también una interpretación), tanto si están hechos de materia vivida como de materia perteneciente a una dimensión “ajena”, es simplemente relatándolos como la literatura, con total libertad, los ha propuesto a sus oniromantes, es decir , a todos nosotros, a los lectores.

(Pàg. 35)
Al escribir mi sueño, me esforzaba por evitar, en la medida de lo posible, el control de mi superyó dejándome llevar a una escritura automática que procuraba sumir en la memoria, en el subconsciente. Fue una tarea que me empeñó en una especie de lucha conmigo mismo, en la que intentaba volver a hallar la dimensión onírica que evidentemente el estado de vigila me había hecho perder y que requiere una completa abstracción de la realidad circunstante.

(Pàg. 39) 
Voces. ¡Si fuera posible traducir en palabras las emociones que suscitaron en nosotros las voces de aquellos a quienes amamos en el curso de nuestras vidas! Y sin embargo las llevamos con nosotros, en lo más hondo de nosotros mismos, como un tesoro en un cofre que no puede ser mostrado a nadie, y del cual sólo nosotros poseemos la llave. El tío soltero que cortejaba a las muchachas, que cultivaba la literatura, que murió en un accidente y a quien oímos, aquel día, contar melancólicamente una desilusión amorosa; el abuelo rudo y tierno que, con un tono de revuelta aún no apagada y paradójicamente teñida de nostalgia, sin embargo, describía su trinchera de la Gran Guerra; la tía abuela ciclotímica, pródiga en sonidos alegres como los de un pinzón en determinadas estaciones y avara en otros momentos de palabras inertes que revelaban la grisura de su depresión. Ciertas voces, u otras más; voces de nuestra infancia o de la infancia de cualquiera.

(Pàg.44)  
Quién sabe si una novela escrita en una lengua que no es la nuestra puede nacer de una minúscula palabra que nos pertenece sólo a nosotros, y a nadie más. A veces una sílaba puede contener un universo.

(Pàg.49) 
El señor Pereira me visitó por primera vez una noche de septiembre de 1992. En aquella época no se llamaba todavía Pereira, no poseía trazos definidos. Era una presencia vaga, huidiza y difuminada, pero que deseaba ya ser protagonista de un libro: era sólo un personaje en busca de autor. No sé por qué me eligió precisamente a mí para ser narrado.

(Pàg. 80)
(...) comprendí que relatar significa extraer lo existente de lo no-existente, sugerir a la realidad lo que ésta debe hacer.

(Pàg. 97)
La música es una forma de escansión del tiempo que es audible y obedece a leyes matemáticas. Las matemáticas son misteriosas, nos lo dicen los filósofos presocráticos, no los dice la Cábala. También la vida está escandida por algo, y no sé bien por qué. Escandida por algo que en psicoanálisis podría llamarse “evento”, Los eventos acompasan nuestras vidas, pero no se sabe cuándo llegan ni de dónde vienen. La vida es una composición musical que ejecutamos acaso sin conocer la música. No tenemos partitura. La partitura sólo se comprende después, cuando la música ya ha sido interpretada.

(Pàg. 101)
Escribir, escribirse: la cuestión es siempre la misma, desde hace milenios, desde que la literatura da comienzo. Para hablar de uno mismo es necesario buscar el uno mismo que no existe, ha dicho alguien, no recuerdo ya quién. Empecemos por ahí.

(Pàg. 103)
(...) la carta frecuenta el mismo espacio de escritura que el Diario: ambos pertenecen (aparentemente) a la autobiografía y, como consecuencia (aparentemente), al tiempo. Ambos dicen “Yo”. Ambos tienen un único lector reconocido: el destinatario para la carta, el escribiente mismo para el Diario, que es por lo tanto un autodestinatario. Pero sabemos que éstas son características aparentes, porque el verdadero problema es: ¿está la carta dirigida sólo al destinatario? ¿Está el Diario dirigido sólo a quien lo escribe?

(Pàg. 109)
(...) cuando uno empieza a escribir una historia, empieza a suponerla, y cuando la ha terminado sigue suponiéndola. Un libro, para un escritor (aunque creo que para el lector también), no acaba jamás allí donde termina. Un libro es un pequeño universo en expansión.

(Pàg. 115)
La escritura, a veces, es ciega. Y, en su ceguera, oracular. Sólo que su “previsión” no atañe al futuro, sino a algo que ocurrió en el pasado, a nosotros, o a los demás, y de lo que no habíamos comprendido ni que había ocurrido ni por qué.

(Pàg. 121)
(...) En todo caso, si mis libros son hoy menospreciados, tal vez la culpa no sea de nadie; así va el mundo, y así va la literatura: ¿a quién quieres que le interese, hoy, en eso que llaman posmodernidad, el neorrealismo del memorial novelado de un viejo partisano?

(Pàg. 135)
Las poéticas a postiori, tendencialmente ilógicas, carentes de deontologia, cargadas de falsas memorias y de falsas voluntades, son portadoras de un sentido que nos esforzamos patéticamente en dar después a algo que sucede antes. Son hipótesis vagabundas, nómadas, migratorias, para las que no es plausible filología alguna.

 Altres n'han dit...
Mis [Re]lecturas, El Cultural, La Verdad.

 Enllaços:
Antonio Tabucchi, sobre l'acusmàtica, aloglosia, sobre la intertextualitat de la literatura.

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