dissabte, 25 d’abril de 2015

Un vigilante junto al muerto y otros relatos de terror - Ambrose Bierce




"¿Es que el lector no tiene deberes que se corresponden con sus privilegios?"




Bierce, Ambrose. Un vigilante junto al muerto y otros relatos de terror. 
Madrid: Valdemar, 1996

A watcher by the dead. Traducció de Rafael Lassaletta i J.Sánchez García-Gutiérrez
Col.lecció El Club Diógenes, 54.




 Què en diu la contraportada...
Ambrose Bierce, escritor y periodista norteamericano, apodado «bitter Bierce» debido a su humor negro y corrosivo, nació en Ohio en 1842 y participó en la Guerra de Secesión como voluntario de las tropas federales. Herido en la batalla de Kennesaw Mountain, sobrevivió para escribir una serie de cuentos inmortales antes de desaparecer en 1913 en el territorio del México insurgente, rodeado de una nube de misterio muy acorde con su tenebrosa imaginación. En este volumen continúan las crónicas del lado más siniestro del universo, por el que Bierce deambulaba como un invitado de excepción, recorriendo en este caso la región de los espectros y aparecidos y las pesadillas que acechan en el fondo de nuestros sueños.


 Com comença...
En una habitación del piso superior de una vivienda desocupada situada en esa parte de San Francisco que se conoce con el nombre de North Beach, yacía bajo una sábana el cadáver de un hombre. La hora estaba próxima a las nueve de la noche; la habitación, apenas iluminada por una sola vela.
Un vigilante junto al muerto

 Moments...
(Pàg. 45)
Podía ser hermosa pero no era fácil decirlo porque los ojos impedían que se prestara atención al resto del cuerpo: eran de color verde grisáceo, largos y estrechos, con una expresión que desafiaba todo análisis. De lo único que podía estar seguro uno es de que eran inquietantes. Cleopatra debió tener unos ojos semejantes.
Los ojos de la pantera. 

(Pàg. 62)
No fue capaz de gritar, ni para salvar su vida; como era hombre de coraje, no lo habría hecho, ni para salvar la vida, aunque hubiera sido capaz de ello. Pudo sentir cierto temblor en su cuerpo cobarde, pero su espíritu era de un material más duro.
Los ojos de la pantera.

(Pàg. 77)
La sangre de sus venas era fuerte y estaba enriquecida con el hierro de los hombres de la frontera. Pertenecía a aquella raza que, dos generaciones atrás, había sometido al indio.
El entorno conveniente.

(Pàg. 79) 
- (...) Es tan fuerte su deseo de leer mi historia que voluntariamente está renunciando a consideraciones egoístas y perdiendo todo el placer que podría obtener de ella.
- No lo entiendo -contestó el primero plegando el periódico que sostenía y metiéndolo en el bolsillo-. De todos maneras ustedes, los escritores, son bastante raros. A ver, dígame lo que he hecho o dejado de hacer en este asunto. ¿En qué medida depende de mí el placer que obtengo, o podría obtener, de su obra?
- De muchas maneras. Permítame preguntarle si disfrutaría mucho de su desayuno si lo tomara en este coche público en la calle. Supongamos que el fonógrafo se ha perfeccionado tanto que puede darle una ópera entera: canto, orquestación y todo lo demás; ¿cree usted que le proporcionaría mucho placer si lo pusiera en marcha en el despacho mientras trabaja? ¿Importa realmente una serenata de Schubert cuando la escucha interpretada por un italiano inoportuno en un transbordados matinal? ¿Está siempre preparado y dispuesto para el placer? ¿Mantiene todos los estados de ánimo a su disposición, listos para cualquier demanda? ¡Permítame, señor, que le recuerde que la historia que me ha hecho el honor de empezar, como una manera de olvidarse de la incomodidad de este coche es una historia de fantasmas!
- ¿Y bien?
-¿Cómo que y bien? ¿Es que el lector no tiene deberes que se corresponden con sus privilegios? Usted ha pagado cinco centavos por ese periódico. Es suyo. Tiene el derecho a leerlo donde y cuando quiera. Gran parte de lo que contiene no se ve afectada, ni para bien ni para mal, por el momento, el lugar o el estado de ánimo; una parte exige en realidad que se lea enseguida: mientras se encuentra en efervescencia. Pero mi historia no tiene ese carácter. No es "lo último" de Fantasmalandia.  No se espera de usted que esté au courant de lo que está sucediendo en la esfera de los espectros. La historia se conservará hasta que tenga usted tiempo para introducirse en el marco mental apropiado para el sentimiento de lo escrito; y respetuosamente opino que no podrá conseguirlo en un coche público, aunque sea el único pasajero. ese tipo de soledad no es la adecuada. Un autor tiene sus derechos, que el lector está obligado a respetar.
- ¿Puede darme un ejemplo concreto?
- El derecho a la atención continauda del lector. Negárselo es inmoral. Compartir su atención con el traqueteo de un coche, con el móvil panorama de las multitudes por las aceras y de los edificios al otro lado -con cualquiera de las miles de distracciones de nuestro entorno habitual- es tratar el autor con grave injusticia. ¡Dios mío, es algo infame!
El entorno conveniente

(Pàg. 82) 
- (...) ¿Cómo, cuándo y dónde debería leer su historia de fantasmas?
- En soledad, por la noche, a la luz de una vela. Hay ciertas emociones que un escritor puede provocar con bastante facilidad: como la compasión o la alegría. Puedo conmoverle  hasta las lágrimas o la risa casi bajo cualquier circunstancia. Pero para que mi historia de fanstasmas sea efectiva debe disponerse a sentir miedo, por lo menos una poderosa sensación de lo sobrenatural, y eso y a es más difícil. Tengo derecho a esperar de usted que si quiere leerme me dé una posibilidad; que usted mismo se predisponga y se vuelva accesible a la emoción ue trato de inspirar.
El coche había llegado ya a su destino y se detuvo. Acababa de completar el primer viaje del día y la conversación de los dos primeros pasajeros no había sido interrumpida. Las calles se encontraban todavía silenciosas y desoladas; las azoteas de las casa empezaban a ser rozadas por el sol naciente. Cuando se bajaron del coche y se marcharon caminado juntos, Marsh contempló atentamente a su compañero, del que se decía que era adicto, como casi todos los hombres de capacidad literaria poco frecuente, a diversos vicios destructivos.  Ésa es la venganza que las mentes oscuras sueles cobrarse contra las más brillantes, por el resentimiento que les causa la superioridad de estas últimas.
El entorno conveniente

(Pàg. 91)
Tengo la convicción de que el don de los sueños es un valioso obsequio literario, pues, si con alguna técnica aún no descubierta pudiéramos captar, fijar y utilizar las insólitas imágenes que proporciona, tendríamos una literatura "muy por encima de lo corriente".
Visiones de la noche

(Pàg. 92)
Pero la imaginación no es otra cosa que recuerdo. Si no, intenta imaginar algo que nunca hayas visto, sentido, oído o leído.
Visiones de la noche.

(Pàg. 103)
Silas estaba indudablemente muerto y nadie podría mencionar un solo fallo en la ceremonia que hubiera justificado su regreso desde la tumba. Sin embargo, y a pesar de que el testimonio humano tiene siempre una gran validez en cualquier situación (incluso una vez consiguió acabar con la brujería en Salem), Silas regresó.
La jarra de Sirope

(Pàg. 117) 
Soy un hombre de los más desafortunado. Rico, respetado, bastante bien educado y de buena salud (aparte de otras muchas ventajas generalmente valoradas por quienes las disfrutan y codiciadas por lo que las desean). A veces pienso que sería menos infeliz si tales cualidades me hubieran sido negadas, porque entonces le contraste entre mi vida exterior e interior no exigiría continuamente una atención ingrata.
Una carretera iluminada por la luna.

(Pàg. 120)
La juventud es Galad, donde existe un bálsamo para cada herida. ¡Ah! ¡Si pudiera vivir de nuevo en aquella tierra encantada!
Una carretera iluminada por la luna

(Pàg. 122)
En este mundo uno debe tener un nombre; evita la confusión, incluso hasta cuando no aporta una identidad.
Una carretera iluminada por la luna

(Pàg. 131)
(...) Pero no; no conocemos otro mundo que el vuestro, aunque para nosotros no existe la luz del sol, ni calor, ni música, ni risa, ni cantos de pájaros, ni compañía. ¡Dios mio! ¡Qué cosa es ser un fantasma, encogido y tembloroso en un mundo alterado, presa de la aprensión y la desesperación!
Una carretera iluminada por la luna.

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