dimecres, 25 de febrer de 2015

Los millones de Brewster - George Barr McCutcheon



"Tienes que ser un poco memo, Monty Brewster, si te has creído lo que ella te decía, en lugar de fijarte en cómo te miraba. "





Barr McCutcheon, George. Los millones de Brewster. 
Barcelona: Alba, 2014

Brewster's Millions. Traducció de Pablo Sauras
Col·lecció Rara Avis,


  Què en diu la contraportada...
En plena fiesta de su 25º cumpleaños Monty Brewster recibe la noticia de que su abuelo ha fallecido y le ha dejado un millón de dólares. Apenas se ha recuperado de la sorpresa cuando, poco después, muere un tío suyo del que apenas ha oído hablar y se entera de que en su testamento lo ha nombrado heredero de casi siete millones de dólares. Pero con una condición: en el plazo de un año, sin hacer donaciones benéficas, ni apuestas ni especulaciones, y sin decírselo a nadie, tiene que haberse gastado hasta el último centavo de la primera herencia recibida de su abuelo. Brewster tendrá, pues, que aprender a ser millonario tan rápido como a precipitarse en la ruina… pero descubre que, a veces, el dinero no es tan fácil de quemar. Beneficios inesperados y golpes de «mala suerte» incrementan, en vez de disminuir, su fortuna, y su repentina fama de excéntrico y derrochador pone en peligro su relación con la chica de la que está enamorado.
George Barr McCutcheon escribió Los millones de Brewster (1902) por una apuesta, y por supuesto la ganó. Llevada a Broadway y al cine (en nueve ocasiones, la última en 1997), esta brillante, accidentada e ingeniosa novela –inédita en español- sigue siendo hoy de una comicidad vertiginosa

  Com comença...
Los "Retoños de los Ricos" estaban reunidos alrededor de una mesa larga en el estudio de Pettingill. Eran nueve aparte de Brewster: jóvenes todos, con espíritu más o menos emprendedor y fe en el porvenir.  La mayoría tenía apellidos que significaban algo en la historia de Nueva York; de hecho, uno de ellos había observado que "a un hombre se lo conoce por la calle que lleva su nombre".

  Moments...
(Pàg. 96)
- (...) Que le quede bien claro, Monty Brewster, que soy muy dueña de escoger a mis amigos y que nadie me toma el pelo. EL señor Grimes tiene personalidad y me cae bien. Ha trabajado mucho, y en un solo año de su carrera ha visto más cosas de las que usted haya visto en toda su cómoda vida. La vida del señor Grimes ha sido auténtica; la suya, Monty Brewster, es una simple imitación.

(Pàg. 129)
- Permitidme presentaros al joven Creso, el último ejemplar de su especie. Sus mármoles son dólares y su cometas están hechas de billetes de cincuenta. Se alimenta de cupones de deuda y bebe oro líquido en vez de champán. Observadlo mientras podáis, caballeros; ¡ved cómo se gasta trece mil dólares en flores!

(Pàg. 130)
(..) la magnificencia del espectáculo, con su aspecto aladinesco, no carecía de encanto, y tras las palabras de censura se ocultaba la admiración por la espléndida audacia de Monty. Además, la gente estaba dispuesta a ayudarlo en el camino tan peligros que había elegido: ¡era tan fácil acompañarlo hasta el borde del precipicio y dejar que se lanzara él solo al vacío!

(Pàg. 141) 
-(...) Puede que aún no sepas que las mujeres dicen toda clase de cosas para ocultar lo que sienten de veras. Puede que no te hayas dado cuenta de lo teatrales, aspaventeras y tontas que son. No saben cómo decir la verdad al hombre que aman, y aunque supiesen cómo no se lo dirían.  Tienes que ser un poco memo, Monty Brewster, si te has creído lo que ella te decía, en lugar de fijarte en cómo te miraba.

(Pàg. 160) 
- El mundo es muy extraño, coronel; y a veces tiene uno la impresión de no conocer a su mejor amigo. Sé que parezco un insensato, pero ¿qué tiene de malo aprovechar al máximo las vacaciones antes de volver al trabajo?

(Pàg. 167)
- Mi querida señora, me sorprende usted. Casi me da la impresión de que se ha enamorado de Dan.
- Está usted ciego como los demás, Monty -dijo ella con aspereza-. ¿es que aún no se ha dado cuenta? He traveseado mucho, pero siempre he acabado volviendo con Dan. Jamás he dudado de que era el único hombre posible, el único con el que deseaba estar. Qué raro, sentirse tentada de jugar con fuego cuando una es ininterrumpidamente feliz. Me he chamuscado más de una vez, pero Dan es un encanto y siempre me ha sacado de apuros. Él lo sabe. Nadie me comprende mejor. Si fuese menos retorcida, tal vez no me querría tanto.

(Pàg. 236)
- Los despilfarros de Monty tienen que obedecer a algún motivo que no vemos -sugirió la señora DeMille-. No es de los que se gastan hasta el último  penique porque sí. Tiene que haber un método en su locura.

(Pàg. 298)
No me gusta Nueva York. Nunca me ha gustado. Esta tarde regreso a Butte, donde tenemos rascacielos de verdad: no están hechos de ladrillo, miden entre tres mil y cuatro mil metros y tienen oro en su interior. También es de verdad la hierba que crece en las tierras bajas. Los valles hacen que Central Park parezca ridículo.

 Altres n'han dit...
El que llegeixoPropera parada: cultura, Va de letras, JCM y sus cosasPapel en blanco, Leyendo se entiende la gente,

 Enllaços:
George Barr McCutcheon, els nove·listes del luxe. versió rera versió.

 Llegeix-lo:
Anglès (multiformat, html, edició 1903)

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