diumenge, 8 de febrer de 2015

Hadjí Murat - Lev Tolstói





"(...) Podéis imaginar el porvenir recordando el pasado."





Tolstói, Lev. Hadjí Murat. 
Madrid: Cátedra, 1997

Hadjí Murat. Traducció de Irene i Laura Andresco
Col·lecció Letras Universales, 248



 Què en diu la contraportada...
Lev Tolstói escribió Hadjí Murat basándose en los sucesos ocurridos en el Cáucaso hacia 1851, en pleno apogeo expansionista del gobierno de NIcolás I. La historia del Cáucaso -"tierras salvajes y pintorescas", a cuyo romántico embrujo pocos escritores supieron sustraerse - es la historia de una guerra sin fin entre numerosos pueblos enfrentados entre sí y con las potencias circundantes, por intereses estratégicos, territoriales y económicos. Un conflicto que llega hasta nuestros días perpetuado en la guerra de Chechenia.
La proximidad fascinante del héroe al hombre natural es lo que contribuye decisivamente a hacer de Hadjí Murat una culminación de la épica, en la que el contexto queda prácticamente anulado por el poderoso enunciado, moral y literario, de la historia. El relato que fascinara a Wittgenstein ha sido calificado por el critico Harold Bloom, quien considera que "representa lo sublime en la prosa de ficción", como una obra canónica.


 Com comença...
Hace unos días volvía a casa a campo traviesa. El verano estaba en su apogeo. Los prados aparecían recién segados y pronto iban a recoger el centeno.
Es esa época del año hay una magnífica variedad de flores: tréboles olorosos rojos, rosas y blancos; juncales margaritas; chiribitas de un blanco lechosos con el corazón amarillo intenso y aroma especiado; colzas amarillas que esparcen olor a miel; (...).

 Moments...
(Pàg. 50)
"¡Qué destructor es el hombre! ¡Cuántos seres vivos, cuántas plantas aniquila para sostener su propia vida!", pensé buscando algo vivo en aquel inmenso campo yermo. Delante de mí, a la derecha del camino, divisé una mata. Al acercarme vi que era un cardo tártaro como el que había cortado inútilmente.

(Pàg. 75)
Hadjí Murat hacía creído siempre en su buena estrella. Cuando proyectaba algo, estaba firmemente convencido de antemano del éxito de la empresa, y no solía equivocarse. Así había sucedido, con muy raras excepciones, durante su agitada vida militar.

(Pàg. 77)
Mientras los hombres limpiaban las armas, las sillas y los arneses, las estrellas dejaron de brillar, llegó el día y empezó a soplar la brisa de la mañana.

(Pàg. 78) 
Los oficiales comentaban con gran animación la última noticia, la muerte del general Sleptsov. Ninguno veía en ella lo más importante: el fin de una vida y su retorno a la fuente de donde procede. Se limitaban a ensalzar el acto heroico de un militar valeroso que se había arrojado contra los montañeses, con la espada en la mano, para exterminarlos.
Todos ellos, y en especial los que habían tomado parte en alguna batalla, sabían que en aquella guerra del Cáucaso no se lucha cuerpo a cuerpo, como se suele describir (y si esto sucede es sólo cuando el enemigo huye), pero admitían esa ficción que les llenaba de orgullo y alegría.

(Pàg. 97) 
Las disputas entre padre e hijo habían empezado desde hacía tiempo, poco después de que Petruja se fuera al ejército. Ya entonces el viejo se dio cuenta de que había cambiado una paloma por un águila. Cierto es que, por justicia, debía ir a servir el que no tuviera hijos. Así lo entendía el viejo. Akim tenía cuatro, y Petruja ninguno. Pero éste era hábil, listo, fuerte, resistente y amante del trabajo como su padre. Siempre estaba ocupado en algo. Lo mismo echaba una mano para segar que para cargar un carro, talar un árbol o partir leña. El viejo hubiera no querido separarse de él, pero no había tenido más remedio. El servicio militar era como la muerte. Un soldado constituía una rama separada del árbol; era mejor no acordarse de él, no atormentarse.

(Pàg. 108)
(...) Vorontsov y Hadjí Murat se miraron.
Al encontrarse los ojos de estos dos hombre, se dijeron algo que no puede expresarse con palabras, y sobre todo algo muy distinto de lo que tradujera el intérprete. Se dijeron toda la verdad: los ojos de Vorontsov decían que no creía ni una sola palabra de cuanto acababa de declarar Hadjí Murat; sabía que era enemigo de los rusos, que siempre seguiría siéndolo y que se había sometido por verse obligado a ello. Hadji Murat comprendió que el príncipe no se equivocaba. Su mirada expresó que Vorontsov haría mejor pensando en la muere y no en la guerra; sin embargo, a pesar de su edad, era muy astuto, por lo que él, Hadjí Murat, debería tener cuidado con él.

(Pàg. 117)
Hadjí Murat calló. Su rostro, curtido por el sol, enrojeció vivamente y sus ojos se inyectaron de sangre.
- Tuve miedo y huí.
- ¿Es posible? -exclamó Lorís-Mélikov-. Creí que no sabías lo que es el miedo.
- Después de aquello no lo he vuelto a tener nunca más. Me basta recordar esa vergüenza para no temer nada.

(Pàg. 120)
- (...) En aquellos tiempos Dios permitía que a uno le fuera bien en sus empresas, no como hoy en día...

(Pàg. 136)
Nicolás I, vestido de levita negra sin charreteras, se hallaba sentado ante la mesa con su robusto torso echado hacia atrás. Clavó en los que entraban su mirada inmóvil, sin vida. Su rostro pálido y alargado, de enorme frente, que enmarcaban unos mechones de cabellos artísticamente unidos a la peluca que le ocultaba la calva, estaba más frío y estático que de costumbre. su ojos, más turbios que nunca; sus labios, apretados bajo el bigote de guías vueltas; sus gruesas mejillas recién afeitadas y su mentón, que descansaba sobre el alto cuello, todo eso le daba una expresión de disgusto e incluso de ira. El motivo de su mal humor se debía a un gran cansancio.

(Pàg. 138)
(...) tardó mucho en conciliar el sueño. Ora recordaba la mezcla de terror y de entusiasmo que leyera en el rostro de la muchacha, ora los blancos y torneados hombros de su amante, Nelidova, y las comparaba a ambas. En cambio, ni por un momento se le ocurrió pensar que el libertinaje en un hombre casado es vergonzoso y  le hubiera sorprendido mucho que alguien censurara su conducta. Sin embargo, le había quedado un mal sabor de boca y, para ahogar esa sensación, procuró pensar en una cosa que siempre lo calmaba: su propia grandeza.

(Pàg. 152)
La guerra no era para Butler más que una ocasión para arriesgar su vida, con lo que obtendría una serie de recompensas y el respeto de sus compañeros del Cáucaso y de sus amigos de Rusia. Por extraño que parezca, no se imaginaba el otro aspecto de la guerra: la muerte, los oficiales, los soldados y los montañeses heridos. Inconscientemente, llegaba hasta el punto de no mirar nunca a los heridos ni a los muertos, con objeto de conservar su poético concepto de la guerra.

(Pàg. 155)
Los viejos del aul se habían reunido en la plaza: sentados en cuclillas, discutían sobre la situación. No hablaban del odio que experimentaban por los rusos. El sentimiento que embargaba a los chechenos, desde el más pequeño hasta el más anciano, era más intenso que el odio. No concebían que los rusos fueran personas y su repugnancia e indignación ante aquella crueldad eran tales que deseaban exterminarlos como a las ratas, las arañas venenosas o los lobos. Era un sentimiento natural, como el instinto de conservación.

(Pàg. 165) 
"(...) Podéis imaginar el porvenir recordando el pasado. Es mejor morir enemistados con los rusos que vivir con los infieles. ¡Aguantad un poco más! Con el Corán y la espada os llevaré a la victoria contra los rusos. Os ordeno que no penséis siquiera en someteros a los rusos":

(Pàg. 186)
Gamzat había matado a los caballos y, atrincherándose con sus hombres detrás del montón de cadáveres ensangrentados, había luchado mientras duraron las balas en los fusiles, los puñales en los cintos y la sangre en las venas.

 Altres n'han dit...
Pliego de lecturas, Encuentros con las letrasEl infierno de Barbusse, El Boomeran(g)Solo de libros, Ámbito cultural, Lo que leímos.

 Enllaços:
Lev Tolstói, contextde la càrrega històrica del relat, simplicitat introspectivaelogi de l'individu, sobre el caràcter, sobre la rebel·lia, obra canònica per Harold Bloom, el tractament dels relats bèl·lics, una obra menor?, Hadjí Murad, Miuridismeconflicte a Txetxenia,  Nicolau IVorontsov, Shamilcomptades edicions en català.

 Llegeix-lo: 
Anglès (html, multiformat, escanneig edició 1912)
Rus (html)
Francès (multiformat -edició 1912-)

 Mira'l: 
1930 - Subtítols anglès  (UFA - Dir. Alexander Wolkoff)
1961 - Anglès  (Majestic Film - Dir. Richard Freda)

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