divendres, 19 de setembre de 2014

El agente secreto - Joseph Conrad



"El terrorista y el policía salen del mismo saco. La revolución, la legalidad: jugadas contrarias en un mismo juego, formas de distracción idénticas."


Conrad, Joseph. El agente secreto.
Madrid: Valdemar, 2003

Col·lecció Avatares, 62   i



è Què en diu la contraportada...
«Me salió al paso el tema de El agente secreto –me refiero a su trama argumental– en forma de unas sucintas palabras pronunciadas por cierto amigo mío durante una conversación fortuita sobre los anarquistas. Enseguida, pasando a ejemplos precisos, evocamos la ya vieja historia del intento de volar por los aires el Observatorio de Greenwich. (...) Mi amigo luego comentó: “Oh, ese tipo era retrasado mental, su hermana se suicidó poco después”. Tales fueron las únicas palabras que cruzamos... Debía de haber, sin embargo, cierta atmósfera en el conjunto del incidente, porque al momento me sentí estimulado. Luego surgió la visión de una ciudad enorme, de una capital monstruosa, más populosa que algunos continentes, devoradora cruel de la luz del mundo. Este libro es esa historia, desarrollada en proporciones convenientes, sugerido y orientado su curso entero por la salvajada absurda de la explosión en Greenwich Park. El agente secreto es una obra de una autenticidad cabal. Incluso el puro propósito artístico, el de aplicar un estilo irónico a un tema de esta índole, fue escogido con deliberación. Sin embargo, mientras la escribía hubo momentos en que era yo un revolucionario extremista». (Joseph Conrad)

è Com comença...
El señor Verloc, al ausentarse por la mañana, dejó su tienda nominalmente a cargo de su cuñado. Ello era factible, porque casi no había transacciones a lo largo del día, y propiamente ninguna antes de la caída de la noche. El señor Verloc no se preocupaba gran cosa por su negocio aparente. Y por añadidura era su esposa quien quedaba a cargo de su cuñado.

è Moments...
(Pàg. 26)
Con mirada aprobatoria examinaba en el lado interior de la verja de Hyde Park los testimonios de la opulencia y el lujo de la capital. Toda esa gente necesitaba ser protegida. La protección es la necesidad primera de la opulencia y el lujo. Necesitaba ser protegida; y necesitaban ser protegidos sus caballos, carruajes, mansiones, criados; y necesitaba ser protegida la fuente de su abundancia en el corazón de la ciudad y el corazón del país; necesitaba ser protegido contra la hostilidad mezquina del trabajo insalubre el orden social entero que propiciaba su ocio saludable.

(Pàg. 40) 
- (...) es preciso alistar a Inglaterra. La burguesía imbécil de este país se hace cómplice ni más ni menos que de aquéllos cuyo propósito es expulsarla de sus casas para hacerla morirse de hambre en el arroyo. Y todavía ostenta el poder político, pero no tiene suficiente seso para emplearlo en bien de su propia seguridad. Supongo que convendrá usted en que las clases acomodadas son idiotas.
El señor Verloc convino arisco:
- Lo son.
- Carecen de perspicacia. Las ciega una vanidad estúpida. Lo que necesitan sin demora es llevarse un buen sustazo (...).

(Pàg. 43) 
- (...) ¿qué decir ante un acto de salvajismo destructor tan absurdo como para resultar ininteligible, inexplicable, casi inimaginable: de hecho, demente? Sólo la demencia es aterradora de verdad, por cuanto no se la puede aplacar con amenazas, persuasión o sobornos.

(Pàg. 49)
- (...) El capitalismo ha causado el socialismo, y las leyes dictadas por los captalistas para la protección de la propiedad privada son el origen del anarquismo. Nadie puede predecir qué forma adoptará en el futuro la organización social. ¿A qué abandonarse, pues, a fantaseos proféticos?  A lo sumo se limitan a traslucir la mente del profeta, y por necesidad carecen de todo valor objetivo.

(Pàg. 57) 
- (...) la Historia se forja con herramientas, no con ideas; y las condiciones económicas lo cambian todo: el arte, la filosofía, el amor, la virtud...¡la verdad misma!

(Pàg. 59) 
La mayoría de los revolucionarios es sobre todo enemiga de la disciplina y el cansancio. Existen naturalezas, además, para cuyo sentido de la justicia el precio exigido se perfila como monstruosamente enorme, odioso, opresivo, lacerante, humillante, extorsionador, intolerable. Son los fanáticos. El sector restante de rebeldes sociales se explica por la vanidad, madre de todas las quimeras nobles y viles, compañera de poetas, reformadores, charlatanes, profetas e incendiarios.

(Pàg. 63) 
Allá abajo en la callejuela tranquila se aproximaron a la casa unos pasos rítmicos y luego se apagaron en la lejanía, firmes y pausados, como si el transeúnte hubiera comenzado a recorrer toda la eternidad, de farol en farol, en una noche sin término (...).

(Pàg. 71)
- (...) También hay tipos con carácter dentro de la policía -protestó ominoso Ossipon.
- Tal vez. Pero evidentemente se trata de una cuestión de grados, toda vez que, por ejemplo, a mí no me impresionan ellos. Por consiguiente son ellos los inferiores. No pueden ser otra cosa. Su carácter se basa en la moral convencional. Se fundamenta ene l orden social. El mío permanece independiente de cualquier elemento artificioso. Ellos están atados por convencionalismos de todo género. Dependen de la vida, la cual en este respecto es un hecho histórico rodeado de toda clase de límites y miramientos, un hecho complejo, organizado, pasible de ataque en todos sus flancos; en tanto que yo dependo de la muerte, que no conoce límites y no puede ser atacada. Mi superioridad es evidente.

(Pàg. 73)
- (...) El terrorista y el policía salen del mismo saco. La revolución, la legalidad: jugadas contrarias en un mismo juego, formas de distracción idénticas.

(Pàg. 90)
(...) El robo no era un absurdo cabal. Era una forma de industria humana, pervertida sin duda, pero de todos modos una industria practicada en un mundo industrioso; era un trabajo que se emprendía por igual razón que el de las alfarerías, las minas de carbón, los campos, los puestos de los afiladores. Era trabajo, cuya diferencia práctica de las demás formas de trabajo consistía en la índole de su riesgo, que no era la anquilosis, ni el saturnismo, ni el grisú, ni la arenisca, sino lo que en su propia fraseología especial puede ser definido de modo sucinto como "siete años a la sombra".

(Pàg. 106)
Nadie empleado en un trabajo que no le gusta puede conservar muchas ilusiones reconfortantes respecto de sí mismo. El desagrado, la ausencia de encanto, se extienden del trabajo a la personalidad. Sólo cuando por una feliz casualidad parecen nuestras ocupaciones obligatorias obedecer a la inclinación peculiar de nuestro temperamento podemos saborear el consuelo de engañarnos por completo sobre nosotros mismos.

(Pàg. 136)
Penetró de inmediato en una inmensidad de fango sucio y de mampostería húmeda punteada por farolas, y envuelta, oprimida, penetrada, estrangulada y asfixiada por la negrura de una noche húmeda de Londres, compuesta de hollín y gotas de agua.

(Pàg. 154)
- Mundo malo para la gente pobre.
Apenas hubo expresado ese pensamiento cobró conciencia de que ya le resultaba familiar en todas sus implicaciones. Tal circunstancia reforzó de manera inmensa su convicción, pero acrecentó su indignación asimismo. Alguien, le pareció, debía ser castigado por ello, castigado con gran severidad. Al no ser un escéptico, sino una criatura moral, en cierto modo estaba a merced de sus pasiones virtuosas.

(Pàg. 155)
 - ¿Ignoras para qué está la policía, Steve? Está para impedir que quienes no tienen nada les quiten algo a quienes sí tienen.
Evitó hacer uso del verbo "robar" porque siempre turbaba a su hermano. Pues Stevie era de una honradez delicada. Se le habían inculcado ciertos principios básicos con tanto vehemencia (a causa de su "rareza") que lo llenaba de horror el mero nombre de ciertas transgresiones. Siempre se había dejado impresionar con facilidad por las palabras. Estaba impresionado y asombrado ahora, y su inteligencia estaba muy alerta.
- ¿Qué? -preguntó al momento con ansia-. ¿Ni siquiera si padecen hambre? ¿No deben?.

(Pàg. 158)
Sentía de manera profunda que la vida no resiste un examen detallado. De ese instinto hacía su fuerza y su sabiduría.

(Pàg. 185)
(...) causaría un escándalo interminable en la prensa, la cual, desde ese punto de vista, en virtud de una iluminación súbita se le apareció como invariablemente escrita por estúpidos para ser leída por imbéciles.

(Pàg. 205)
Al ser la curiosidad una de las formas de revelarse uno mismo, una persona exenta de curiosidad por sistema resulta siempre parcialmente misteriosa.

è Altres n'han dit...
Diario portátil, Cuaderno de lecturaSantuario, El dardo de la palabra, El ojo en la pajaUna chica del montón miss independiente, La mula.peEn la aurora.

è Enllaços: 
Joseph Conrad, les peces de la partidacontext i detonant, sobre la complexitat psicològicael tractament del temps, ironia de la fina, la ciutat: escenari depriment, l'anarquisme a l'Europa de principis del XXla llavor.

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