diumenge, 17 d’agost de 2014

¿Sueñan los androides con ovejas electrónicas? - Philip K. Dick





"Un intelecto maravilloso, la capacidad de hacer muchas cosas, pero también esa frialdad. Lo lamentaba."




Dick, Philip K. ¿Sueñan los androides con ovejas electrónicas? 
Barcelona: Edhasa, 1981


Do androids dream of electric sheep?. Traducció de César Terrón.
Col·lecció Nebulae, 53


è  Què en diu la contraportada...
La guerra mundial ha devastado el planeta. Rick Deckard -experto en el manejo de androides, creados por el hombre pero que ahora están en libertad- tiene como ocupación principal la destrucción de androides rebeldes, por lo que recibe un botín como pago. Enterado de que seis androides andan sueltos, llama a su superior, el inspector Bryant, y descubre que nadie en la oficina conoce a Rick Deckard. Así comienza una alucinante pesadilla tecnológica y una de las obras maestras de la ciencia-ficción actual.

è  Com comença...
Una alegre y suave oleada eléctrica silbada por el despertador automático del órgano de ánimos que tenía junto a la cama despertó a Rick Deckard. Sorprendido -siempre le sorprendía encontrarse despierto sin aviso previo- emergió de la cama, se puso en pie con su pijama multicolor, y se desperezó. En el lecho, su esposa Iran abrió sus ojos grises nada alegres, parpadeó, gimió y volvió a cerrarlos.

è  Moments...
(Pàg. 22)
Ese había sido el incentivo básico de la emigración. El androide era la zanahoria, y la lluvia radiactiva el látigo. La ONU hizo que emigrar fuera fácil, y difícil -cuando no imposible- quedarse. Permanecer en la Tierra significaba la posibilidad de ser clasificado en cualquier momento como biológicamente inaceptable, una amenaza contra la herencia prístina de la estirpe humana.

(Pàg. 82) 
Se preguntó como sería. Ciertos androides femeninos no le disgustaban: en varios casos se había sentido atraído físicamente. Era una sensación curiosa la de saber intelectualmente que eran máquinas, y experimentar sin embargo reacciones emocionales.

(Pàg. 84) 
Mozart había muerto poco después de terminar La flauta mágica, a causa de una enfermedad renal. Y había sido enterrado en la fosa común, sin identificación.
Al recordarlo, se preguntó si Mozart habría tenido la intuición de que el futuro no existía, de que ya había utilizado todo su breve tiempo. Quizá también yo lo haya hecho, pensó Rick mientras contemplaba el ensayo. Este ensayo terminará, la representación también, los cantantes morirán y finalmente la última partitura de la música será destruida de un modo o otro, el nombre de Mozart se desvanecerá y el polvo habrá vencido, si no en este planeta en otro cualquiera. Sólo podemos escapar pr un rato. Y los andrillos pueden escapar de mí y sobrevivir un rato más. Pero los alcanzaré, o lo hará algún otro cazador de bonificaciones. En cierto modo, observó, yo soy una parte del procedo de destrucción entrópica de las formas. La Rosen Association crea y yo destruyo.

(Pàg. 86)
(...) su tono expresaba una fría reserva, y también ese otro frío que había encontrado en tantos androides. Siempre lo mismo. Un intelecto maravilloso, la capacidad de hacer muchas cosas, pero también esa frialdad. Lo lamentaba.

(Pàg. 106) 
- ¿(...) los considera usted objetos?
- Lo hacía, antes -respondió Rick-. Cuando tenía problemas de conciencia con mi trabajo. Me preservaba pensando que eran objetos. Pero ya no es necesario.

(Pàg. 110)  
Phil Resch se detuvo ante un cuadro al óleo; mostraba a una criatura pelada y oprimida, con una cabeza semejante a una pera invertida, que apretaba sus manos horrorizadas contra sus oídos, con la boca abierta en un vasto grito mudo. Las olas encrespadas de su dolor, los ecos del grito, ocupaban el espacio que le rodeaba. El hombre, o la mujer, estaba encerrado dentro de su propio aullido. Se cubría los oídos para protegerse de su propia voz. La criatura estaba de pie en un puente, y no había nadie más. Gritaba a solas. Aislada por el grito o a pesar de él.
- También hay un grabado con este tema -observó Rick, leyendo la tarjeta colocada debajo de la pintura.
- Se me ocurre que así deben sentirse los androides -dijo Phil Resch (...).

(Pàg 119)
- ¿Qué es esto? - preguntó Rick.
- Sexo -respondió Phil Resch.
- ¿Sexo?
- Luba Luft era físicamente atractiva. ¿Nunca le había ocurrido antes? -Phil Resch rió-. Me han enseñado que es un problema básico para los cazadores de bonificaciones. ¿No sabe, Deckard, que los hombres de las colonias suelen tener amantes androides?
- Eso no es legal -replicó Rick, que conocía las normas al respecto.
- Por supuesto que no. Muchas variaciones de la sexualidad no lo son. Y la gente las practica igual.
- ¿Y si se trata de amor, y no de sexo?
- El amor es un nombre del sexo.
- Como el amor al páis - insistió Rick-, o a la música.
- Si es amor a una mujer, o a una imitación androide, es sexo. Despierte y enfréntese con usted mismo, Deckard. Lo que quería era irse a la cama con un tipo femenino de androide. Ni más ni menos. Yo también he sentido eso en cierta ocasión, cuando acababab de iniciarme en el oficio. No se preocupe: curará. Sólo que en esta ocasión ha invertido usted el orden. No tendría que matarla, o estar presente cuando la mataban, y sentirse físicamente atraído después. Trate de que sea al revés.
Rick lo miró.
- Que me acueste con ella primero...
- Y la mate después -dijo lacónicamente Phil Resch, siempre con su sonrisa dura.

(Pàg. 146)
- (...) ¿para qué sirve todo? ¿Para qué estás tú?
- Para demostrarte que no estás solo -respondió Wilbur Mercer-. Estoy aquí, contigo, y aquí estaré siempre. Ve y haz tu tarea, aunque sepas que está mal.
- ¿Por qué? -preguntó Rick-. ¿Por qué debo hacerla? Dejaré mi trabajo, emigraré.
- Adondequiera que vayas, te obligarán a hacer el mal -dijo el anciano-. Esa es la condición básica de la vida, soportar que violen tu identidad. En algún momento, toda criatura viviente debe hacerlo. Es la sombra última, el defecto de la creación, la maldición que se alimenta de toda vida, en todas las regiones del universo.

(Pàg. 150)
¿Sueñan los androides?, se preguntó Rick. Era evidente: por eso de vez en cuando mataban a sus amos y venían a la Tierra. A vivir una vida mejor, sin servidumbre.

(Pàg. 156)
- (...) ¿Cómo es tener un hijo? ¿Y cómo es nacer? Nosotros no nacemos, no crecemos. En lugar de morir de vejez o enfermedad nos vamos desgastando. Como hormigas, eso es lo que somos. No hablo de ti, sino de mí. Máquinas quitinosas, con reflejos, que no viven de verdad -movió la cabeza de un lado y dijo en voz sonora-: ¡No estoy viva! No te vas a acostar con una mujer. No te decepciones, ¿quieres? ¿Alguna vez has hecho el amor con una androide?.

(Pàg. 181)
Qué trabajo horrible, se dijo Rick. Soy un flagelo, como las plagas, como el hambre. Adonde voy llevo la vieja maldición. Mercer lo dijo: estoy obligado a hacer el mal. Todo lo que he hecho, ha sido siempre malo. Desde el comienzo. Es hora de irse a casa. Quizá, cuando vea a Iran, podré olvidar.

è  Altres n'han dit...
La diseccionadora de librosEl bibliofilo enmascarado, Un libro al día, El lado frío de mi almoada, Las críticas de Luis Cifer, Una historia de la frontera, Galletas chinas.

è  Enllaços:
Philip K. Dick, l'autor ens parlainfo preciosacontextdel dret i del revés, les obsessions típiques de PKD, qui no té un òrgan d'ànims Penfield?, ... i finalment la ciència respon a la literaturaempatiaglossari (un món particular), en els límits de la realitatl'autor profetitza sobre la versió cinematogràfica de la novel·la, the moviebuscant les diferències.


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