dissabte, 12 d’abril de 2014

La cabeza perdida de Damasceno Monteiro - Antonio Tabucchi




"(...) quizás el verdadero problema es que no es fácil escaparse de uno mismo (...)."




Tabucchi, Antonio. La cabeza perdida de Damasceno Monteiro. 
Barcelona: Anagrama, 1997

La testa perduta di Damasceno Monteiro. Traducció de Carlos Gumpert i Xavier González.
Col·lecció Panorama de Narrativas, 376  i


è Què en diu la contraportada...
En apariencia, un thriller. Pero, al mismo tiempo, el relato de una crónica de sucesos. Y, al mismo tiempo, una investigación periodística. Todo ello situado en la antigua y fascinante ciudad de Oporto, aunque, sospechamos, podría tratarse de cualquier otra ciudad de lo que suele llamarse nuestra civilizada Europa. Sospechamos también que los  problemas del abuso policial, de la tortura, de la marginación social y de las minorías étnicas son el germen de esta historia, pero el símbolo y la metáfora nos los restituyen en otro plano, con la fuerza expresiva de la ficción, que transforma el mero dato de la realidad en literatura. Una novela que captura al lector con su implacable aliento narrativo y en la cual sobresale la figura del abogado Fernando de Mello Sequeira, más conocido como Loton: inolvidable personaje tabucchiano, excéntrico y metafísico, aristócrata y anarquista, obsesionado por la gran Norma jurídica, vencido por la vida, pero en modo alguno por la resignación.

è Com comença... 
Manolo el Gitano abrió los ojos, miró la débil luz que se filtraba por las rendijas de la chabola y se levantó, procurando no hacer ruido. No le hacía falta vestirse porque dormía vestido, la chaqueta anaranjada que le había regalado el año anterior Agostinho da Silva, llamado Franz el alemán, domador de leones desdentados en el Circo Maravilhas, hacía ya tiempo que le servía de traje y de pijama.

è Moments...
(Pàg. 32)
Manolo el Giano estaba sentado junto a una mesita bajo el emparrado de la tienda. Llevaba una chaqueta negra y un sobrero de ala ancha, a la española. Tenía un aire de nobleza perdida: la miseria se le leía a la perfección en el rostro y en la camisa desgarrada en el pecho.

(Pàg. 34) 
(...) los viejos se despiertan y piensan en toda su vida, y eso les provoca angustia, porque reflexionar sobre toda una vida es fuente de añoranza, especialmente las vidas de los que pertenecen al pueblo de los gitanos, que una vez fueron nobles y ahora se han convertido en unos miserables (...).

(Pàg. 83) 
- (...) es la peor burguesía que ha surgido en Potugal en los últimos veinte años: dinero, incultura y mucha arrogancia. Es gente terrible, con la que hay que arreglar cuentas. La familia a la que yo pertenezco ha explotado durante siglos a mujeres como Angela y de alguna manera las han violado, quizá no del modo en que lo ha hecho nuestro jovenzuelo, digamos que de manera más elegante. Podríamos suponer, si a usted le parece, que la mía es una especi de de corrección tardía de la historia, una paradójica inversión de la conciencia de clase, no según los mecanismos primarios de su Lukács, digamos que a otro nivel, pero éstas son cosas mías que prefiero no explicarle.

(Pàg. 95) 
- Usted continúa defraudándome, jovencito -replicó el abogado-, se empeña por todos los medios en ser inferior a sí mismo, nunca debemos ser inferiores a nosotros mismos, ¿qué es lo que ha dicho de mí?
- Que tiene una reputación que defender -respondió Firmino.
- Escuche -murmuró el abogado-, me parece que no nos hemos entendido, le diré algo de una vez por todas, pero abra bien las orejas. Yo defiendo a los desgraciados porque soy como ellos, ésa es la pura y simple verdad. De mi ilustre estirpe utilizo sólo el patrimonio material que me han dejado, pero, como los desgraciados a los que defiendo, creo haber conocido las miserias de la vida, haberlas comprendido e incluso asumido, porque para comprender las miserias de esta vida es necesario meter las manos en la mierda, perdóneme la palabra, y sobre todo ser consciente de ello. Y no me obligue a ponerme retórico, porque ésta es retórica barata.

(Pàg. 96)
- (...) Digamos que hay personas que esperan cartas desde el pasado, ¿le parece algo plausible en lo que creer?.
- Tal vez -respondió Firmino- pudiera ser algo plausible, aunque me gustaría entenderlo mejor.
- Es simple -murmuró el abogado-, cartas del pasado que nos expliquen un tiempo de nuestra vida que nunca entendimos, que nos den una explicación cualquiera que nos haga aprehender el significado de tantos años transcurridos, de aquello que entonces se nos escapó, usted es joven, usted espera cartas del futuro, pero suponga que existan personas que esperen cartas del pasado, y que quizás soy de esas personas e incluso me aventuro a imaginar que un día me llegarán.
Hizo una pausa, encendió uno de sus cigarros y preguntó:
- ¿Y sabe cómo me imagino que me llegarán?, haga un esfuerzo.
- No tengo ni la menor idea -respondió Firmino.
- Pues bien -dijo el abogado-, en un paquetito atado con una cinta rosa, justamente así, y perfumado de violetas, como en las peores novelas de folletín. Y ese día yo acercaré esta horrible narizota mía al paquetito, desharé el lazo rosa, abriré las cartas y comprenderé con claridad meridiana una historia que nunca antes pude comprender, una historia única y fundamental, repito, única y fundamental, algo que puede sucedernos sólo una vez en la vida, que los dioses conceden que suceda una sola vez en nuestra vida y a lo cual no prestamos la debida atención en su momento precisamente porque éramos unos idiotas presuntuosos.

(Pàg. 126) 
- No es fácil escaparse de Oporto -dijo el abogado-, pero quizás el verdadero problema es que no es fácil escaparse de uno mismo, perdóneme la obviedad.

(Pàg. 131)
-(...) todo ello hecho en nombre de una Grundnorm que más Grundnorm no puede serlo, la Norma Absoluta, ¿comprende?
- ¿O sea? -preguntó Firmino.
- Dios -respondió el abogado-. Aquellos diligentes y refinadísimos verdugos trabajaban en nombre de Dios, de quien habían recibido la orden superior; el concepto es básicamente el mismo: yo no soy responsable, soy un humilde sargento y me lo ha ordenado el capitán; yo no soy responsable, soy un humilde capitán y me lo ha ordenado mi general; o bien el Estado. O bien: Dios. Es más incontrovertible.

è Altres n'han dit...
El lector vampiroEl hogar de las palabas, Libros... ¿y por qué no?La vuelta al mundo en 80 novelasDivergencias.

è Enllaços:
Antonio Tabucchil'autor sobre el llibreconciència, ètica i estètica, estil tabucchià, Grundnorm o la teoria pura del DretLa testa perduda de Carlos Rosa.


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