dimarts, 24 de setembre de 2013

La linterna sorda - Jules Renard




"(...)Ya sé mirar las nubes que pasan.Sé quedarme en mi lugar.Y casi ya sé callarme."



Renard, Jules. La linterna sorda. 
Tenerife: Ediciones Baile del Sol, 2011

La Lanterne sourdeTraducció de Genaro Estrada.
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è  Què en diu la contraportada...
La linterna sorda, cuentos cortos que a veces son verdaderos ensayos. Remy de Gourmont encuentra en ellas maravillas de la literatura. Pero la literatura no se encuentra en este libro, o bien su técnica, ajustada a la más pura visión de las cosas, la oculta rigurosamente, o bien este pequeño universo de animales y de plantas es sólo una historia natural hecha de literatura y de ingenio. René Boisleve encuentra en las Historias... palabras asombrosas y epítetos geniales. Sus personajes no han sido escogidos entre los deslumbrantes y legendarios de la mitología. Si halláis al toro es en su aspecto campesino y utilitario; los caballos no surgen de los áticos, sino de las cuadras en donde trasciende la avena; las abejas no fueron desprendidas de la heráldica ni transportadas de Grecia, sino que rumorean en el panal que pende del árbol junto al río; Pan no hace danzar los chivos, pero los chivos transitan por el caserío y se alzan sobre las patas traseras para leer los carteles del alcalde; no croan las ranas en las fábulas magistrales, pero rebullen en los charcos campesinos y saltan entre la yerba como pesadas gotas de aceite frito; la gallina es simplemente una gallina. En este libro como en los demás, pero principalmente en este libro, Renard escribió fuera de las ideas; pero muy adentro de la vida y siempre usando de la expresión directa, de la palabra insustituible y de la visión nítida.

è  Com comença...
La vieja es vieja y avara; el viejo es aún más viejo y más avaro. Pero ambos temen igualmente a los ladrones. A cada momento se preguntan:
- ¿Tienes la llave del dormitorio? - Dice uno.
- Sí, contesta el otro.
Esto los tranquiliza un poco. Conservan la llave por turnos y aun llegan a desconfiarse mutuamente.
La llave

è  Moments...
(Pàg. 31)
- Deberíais volver a leernos algunos pasajes -observó la señora Willem.
- No -repuso Eloi-; se desvanecería el encanto.
Ya no está más en la tierra; ahora asciende aéreo, hasta llegar al sol, un poco melancólico a la vez, porque piensa en el próximo descenso, en la hora negra después de la hora inolvidable, aquella en que una obra maestra nos llama, exige otra obra maestra, y no acaba nunca.
La lectura

(Pàg. 43)
"Cumplir con su deber, con su simple deber de hombre honrado; procurar que la bestiecilla que tenemos cerca de la sien esté satisfecha y nos deje dormir tranquilos, y burlarse de lo demás. Es todo lo que se necesita".
Eloi contra Eloi

(Pàg. 45)
Al recibir la noticia de un fallecimiento has dicho: "No lo siento por el que se fue, sino por los que se quedaron".
Y sin embargo, prefieres quedarte.

Has dicho: "Si muero antes que vosotros, arrojad mi cadáver a los buitres". Y poco después has añadido: "Respetemos a los muertos". Y luego:" Por lo demás, os enterraré a todos".
Eloi contra Eloi

(Pàg. 56)
TODOS:
¡Hombre de letras, hombre de letras, hombre de letras!

ELOI:
¡Sí, hombre de letras! Y no otra cosa. Lo seré hasta mi muerte... ¡Ojalá que muriera de literatura! Y si por ventura soy eterno, haré literatura por toda la eternidad. Nunca me canso de hacerla y la hago siempre y me... de lo demás, como el viñador que patalea en su cuba, ebrio de sol y de vino y sordo a las cuchufletas de la buena gente a quien él provoca náuseas... y mientras más apasionadamente ame yo la literatura, más me levantará sobre el nivel del mar.
Hombre de letras

(Pàg. 67)
Paséase Paquita sin pensar en nada, cuando de repente su pie derecho se resiste a adelantarse al izquierdo.
Y ahí la tenéis clavada en tierra, indesarraigable, delante de una vitrina.
No se ha detenido para mirarse en los vidrios ni para alisarse el pelo. Fija la vista en una joya. La fija obstinadamente, y si la joya tuviera alas, iría sola, como mosca fascinada, a posarse, cual una sortija, en el dedo de Paquita; o cual un broche, en su corsé; o cual zarcillo, en el lóbulo de la oreja.
Para verla mejor, cierra los ojos a medias y para poseerla, por lo menos bajo sus párpados, los cierra completamente. Parece que duerme.
Pero detrás de la vidriera, viniendo del fondo de la tienda, aparece una mano. Sale, blanca y fina, de la manga. Diríase que entra diestramente en una pajarera. Está acostumbrada. Se introduce sin quemarse con las luces de los diamantes, sin despertar a las adormecidas piedras, y con las puntas de los ágiles dedos, como haciéndole cuernos a Paquita, que la observa con inquietud, le roba la joya.
La joya.

(Pàg.87)
Me dan mi lección cotidiana.
Puntean el aire con sus gritos menudos.
Dibujan una raya recta, colocan al fin una coma y, bruscamente, ponen un punto y aparte.
Colocan entre locos paréntesis la casa en donde vivo.
Suben de la cueva del granero, demasiado vivaces para que la fuente del jardín pueda copiar su vuelo.
Trazan, con sus alas ligeras, rúbricas inimitables.
Después, en parejas, formando corchetes, se juntan, se confunden, y sobre el azul del cielo simulan una mancha de tinta.
Pero sólo una mirada amiga puede seguirlas, y si vosotros sabéis el griego o el latín, yo sé leer el hebreo que escriben en el aire las golondrinas de la chimenea.
Las golondrinas.

(Pàg. 96)
Carta amorosa plegada en dos, que busca la dirección de una flor.
La mariposa

(Pàg. 111)
Viven en familia, los más viejos en medio y los pequeños, aquellos cuyas primeras hojas acaban de nacer, un poco diseminados pero sin apartarse nunca.
Su muerte es prolongada y conservan sus muertos en pie, hasta que caen hechos polvo.
Se acarician con sus largas ramas, para asegurarse de que todos están allí, como los ciegos. Gesticulan coléricos si el viento se insufla por arrancarlos. Pero entre ellos no hay ninguna disputa. Si murmuran, lo hacen de acuerdo.
Los tengo por mi verdadera familia. Pronto olvidaré a la otra. Me adoptarán poco a poco estos árboles y, para merecerlo, aprendo lo que es necesario saber:
Ya sé mirar las nubes que pasan.
Sé quedarme en mi lugar.
Y casi ya sé callarme.
Una familia de árboles.

è  Altres n'han dit...
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è  Enllaços:
Jules Renard

è  Llexeix-lo:
Francès (multiformat original 1906)

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