dissabte, 8 de setembre de 2012

Cartas a una amiga veneciana - Rainer M. Rilke





 "¿(...) no son las páginas verdadera y valientemente tristes las que mejor nos consuelan?".



Rilke, Rainer M. Cartas a una amiga veneciana.
Madrid: Ediciones Hiperión, 1993


Letrres à unes amie venitienne. Traducció de Jorge Gimeno. Col·lecció libros Hiperión, 142



>> Què en diu la contraportada...
Se tiene a Rilke por un epistológrafo notable, acaso uno de los mayores. Sin embargo, su fama como tal se limita con frecuencia a una sola colección de cartas: las remitidas al joven poeta Franz Xaver Kappus.
Estas otras Letrres à unes amie venitienne abarcan el intervalo 1907-1913. Desde París o Capri, Oberneuland o Duino, desde Venecia incluso, Rilke dirige a la joven Adelmina Romanelli 31 cartas. Efusividad inicial, mantenimiento cordial y gustoso de la relación y distanciamiento último sugerido por el poeta, son las estaciones del amor que se adivinan en estos textos. Entreverado todo ello con los temas en Rilke de recibo: la pasión por la totalidad, manifestada a través de una tensión de por vida hacia lo absoluto; la insistencia en una religiosidad personal, proyectiva: el énfasis reiterado en la vida solitaria, vista como la única llevadera; el amor intransitivo, que nos cumple: la muerte propia, exclusiva de cada cual: la errancia indecisa, que calla...
Como Vergers –culminación de su bilingüismo- Rilke redactó estas cartas en francés (excepto las dos últimas), un francés algo manierista, similar, en los mejores momentos, a l de los poemas de aquel libro.
De Verona y de 1941 data la primera edición de este epistolario, estampado por Bodoni, que ahora se publica por primera vez en castellano.

>> Com comença...
Venecia, 26 de noviembre
hacia medianoche


Mi querida y hermosa Amiga:
Por primera vez a solas con su retrato, debo, en el silencio de la noche venciana, escribirle. Por breve que sea, esta carta atesorará el privilegio de ser la primera. Otras habrá que le repetirán lo que ella viene a decirle tan ingenuamente:
Lo feliz que soy por haberla encontrado de nuevo bella y admirable, tal y como usted lo es en todo.

>> Moments...
(Pàg.14)
Venecia, 26 de noviembre
hacia medianoche


(...) Después de todo lo que hemos hablado, lo que hemos sentido juntos durante estos días, es natural que la ame. Hay que devolver a esta palabra su grandeza: por eso la pronuncio; de lejos: porque he asumido por completo mi soledad; de cerca: porque aquellos a los que amo me ayudan infinitamente a soportarla.-

(Pàg. 15) 
Domingo por la mañana

(...) Tampoco yo: yo no sé de adioses.
Me llevo su alma y se la enseñaré a Dios y a los Ángeles. Habitará en el universo. Las flores se mirarán en ella maravilladas y los pájaros se llegarán a ella para beber. Será feliz.
Mi corazón continúa contemplándola arrodillado. La amo. Escucho las campanas.
                                                                               Suyo infinitamente

                                                                                       R.M.
(Pàg. 16)
Alrededores de Colonia
Lunes por la mañana


(...)Paisajes, y más paisajes; los dejamos a nuestras espaldas sin abrirlos; nadie quiere hacerlo.

(Pàg. 22)
Oberneuland bei Bremen
(Alemania)

Domingo, 8 dic. 07.

La muerte forma parte de la vida, y me asombra que se pretenda ignorarlo: su presencia despiadada la experimentamos en cada cambio al que sobrevivimos, pues hay que aprender a morir lentamente. Hay que aprender a morir: en esto consiste la vida. En preparar con tiempo la obra maestra de una muerte noble y suprema, una muerte en la que el azar no tome parte, una muerte consumada, felicísima, entusiasta como sólo los santos supieron concebirla; una muerte madurada desde antiguo, que borra su nombre odioso, no siendo más que un gesto que restituye al universo anónimo las leyes familiares, rescatadas de una vida intensamente cumplida.

(Pàg. 29)
Capri, Villa Discopoli
13 de marzo de 1908
.

(...) El trabajo del artista debe ser como la muerte; hay que darse por entero, sin reserva, a solas, no poseyendo más que esa moneda que se ponía en la boca de los muertos con el fin de asegurarles el paso del trágico río, el que por siempre loes separaba de sus Amigos

(Pàg. 34)
París, 17 rue Champagne Première
25 de agosto de 1908


(...) Se pinta, se esculpe, se escribe, y, cada vez más, uno se siente como el primer hombre ante un deber inaudito, el iniciador temerario y tímido, que avanza sin saber hacia dónde; todo parece por hacer: las cosa vírgenes aún aguardan a los príncipes que vendrán a transformarlas en estrellas. A veces me espanta esa tarea elemental, tan impropia de nuestra limitada vida (...).

(Pàg. 36)
París, 17 rue Champagne Première
29 de agosto de 1908


 (...) yo sé que uno no es más que un mal discípulo si no llega hasta el umbral de esa labor ininterrumpida que lo contiene todo: el esfuerzo y el reposo, el sueño ensimismado y la múltiple vigilancia, el amor y la muerte. Lo que a veces me entristece, me agobia y me amenaza es no avanzar sino lentamente hacia ese progreso, estar, como todo el mundo, distraído, ser endeble, inconstante, ser uno más, el último, aquel que pasará sin haber completado su Alma (...).

(Pàg. 54)
París, 77 rue de Varenne
27 de octubre de 1909.

(...) podría haberle contado tantas cosas: pero lo que supondría un solaz infinitamente dulce si pudiese decírselo de viva voz, se torna cansancio cuando uno debe escribirlo. Además, al acostarme en Avignon, sintiéndome a medio camino de Italia, a menudo me prometía partir para Venecia al día siguiente, con el fin de descansar unos días al amparo de su querida e incomparable amistad. Pero usted conoce esos sueños que no sobreviven a la mañana siguiente.

(Pàg. 58)
77 rue de Varenne
3 de enero de 1910.


No me da miedo, Querida, entregarle un libro doloroso; no sabrá afligirla. ¿Pues no son las páginas verdadera y valientemente tristes las que mejor nos consuelan?

                                                                                          R.M.R.

(Pàg. 60)
París, 77 rue de Varenne
5 de enero.
Miércoles

(...)
Rezar-: ¿a quién? No sabría decírselo. La plegaria es una irradiación de nuestro ser súbitamente incendiado, un rumbo infinito, sin meta un paralelismo brutal de todas nuestras aspiraciones, que atraviesan el universo sin llegar a ninguna parte. Oh, qué lejos me sé esta mañana de esos avaros que antes de rezar preguntan si Dios existe. Qué importa si ya ha dejado de existir o no existe todavía. Mi plegaria lo hará posible, pues es toda creación, al punto de lanzarse hacia los cielos. Y si el Dios que ella proyecta no trasciende: mucho mejor: habrá que crearlo de nuevo, por lo que estará menos usado para la eternidad.

(Pàg. 72)
Duino, cerca de Monfalcone
(Austria)
27 de diciembre de 1911.

(...) Feliz Año Nuevo, querida Amiga, el año de la nueva casa. Le deseo que disfrute de ella. Y le deseo mil cosas más-, o dos, o una sola, según lo que necesite. En cuanto a mí, sólo me hace falta una: recobrarme, pues todavía persisten los momentos en que ando como perdido.

(Pàg. 75)
París, 17 rue Champagne Première
5 de mayo


(...) Y Toledo, Toledo, el Greco no lo ha exagerado nada. Es el Viejo Testamento, allí se respira la posibilidad de leones, de profetas y Ángeles...
Algún día le hablaré de ello (...).

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