dilluns, 23 de juliol de 2012

La pipa de opio - Theóphile Gautier


"(...) Siempre es aconsejable y conveniente volver a casa a dormir y ensayar, en la muerte temporal de cada noche, la muerte definitiva."



Gautier, Theóphile. La pipa de opio.
Sevilla: Metropolisiana, 2010


Traducció de José Antonio Guerrero
Colección particular, 7 / RELATOS ILUSTRADOS
Ilustraciones de Manuel Ortiz



>> Què en diu la contraportada...
El poeta, escritor y crítico (Tarbes, 1811-Neuilly, 1872) representa como pocos el vuelo espiritual, creativo y vital del diecinueve francés, del que dejó constancia tanto en sus revolucionarios preceptos artísticos, sus compañías (Nerval, Balzac, Dumas, Baudelaire…) o su afición a los viajes y los estupefacientes, como en una obra diversa que va de Esmaltes y camafeos, Mademoiselle de Maupin, Viaje por España, Historia del Romanticismo o Constantinopla, a innumerables ensayos y artículos. Los relatos La pipa de Opio y Arria Marcella, son dos ejemplos espléndidos de aquella singular mirada entre el exotismo romántico y los paraísos artificiales del parnaso.

>> Com comença...
El otro día, me encontré con amigo Alphonse Karr sentado en su diván, con una velita encendida, aunque fuera pleno día, sosteniendo en su mano un tubo de palo de cerezo provisto de una cazoleta de porcelana en el que vertía unas gotas de una especie de pasta pardusca bastante parecida al lacre; la pasta se chamuscaba y chisporroteaba en la chimenea de la cazoleta mientras él, por una boquilla de ámbar amarillo, aspiraba el humo que se expandía enseguida por toda la habitación con un vago olor a perfume oriental.

>> Moments...
(Pàg. 7)
Volví a mi casa, cené y fui al teatro a soportar no me acuerdo qué obra, y regresé para acostarme, porque siempre es aconsejable y conveniente volver a casa a dormir y ensayar, en la muerte temporal de cada noche, la muerte definitiva.
La pipa de opio


(Pàg. 15)
Nada tan siniestro como esa inmensidad pardusca que la patética silueta de los árboles arañaba con trazos negros: ni una estrella brillaba, ni una brizna de luz descamaba la profundidad podrida de aquella semioscuridad.
La pipa de opio

(Pàg. 36)
Las frases banales del guía causaron una viva emoción en Octavien. Hizo que le señalara el lugar exacto donde los preciados restos habían sido encontrados y, si no se hubiera contenido por la presencia de sus amigos, se hubiera dejado llevar por algún lirismo extravagante; su pecho se infló y sus ojos exudaron furtivas lágrimas; la catástrofe, borrada por veinte siglos de olvido, le afectó como una desgracia reciente; la muerte de una amante o de un amigo no le hubiera afligido más y una lágrima cayó con un retraso de dos mil años, mientras Max y Fabio se habían dado la vuelta, en el sitio donde aquella mujer, por la que se sentía atrapado con un amor retrospectivo, había perecido asfixiada por la ceniza ardiente del volcán.
Arria Marcella, recuerdo de Pompeya

(Pàg. 42)
Hubiera deseado extirpar su amor del ámbito de la vida ordinaria para escenificarlo en las estrellas. De la misma manera se había prendado una y otra vez, con una pasión imposible y loca, de todos los grandes mitos femeninos del arte o de la historia. Como Fausto, había amado a Helena y hubiera deseado que los vaivenes de los siglos le hubieran acercado alguna de esas sublimes personificaciones de los deseos y de los sueños humanos cuya realidad invisible para el ojo común subsiste siempre en el espacio y en el tiempo. Se había fraguado un harén ideal con Semiramis, Aspasia, Cleopatra, Diana de Poitiers, Juana la Loca. Algunas veces también se enamoraba de las estatuas, y un día, pasando en el museo ante la Venus de Milo, había exclamado: “¡Ah! ¡Quién pudiera devolverte los brazos para que me estrecharan contra tu pecho de mármol!”.
Arria Marcella, recuerdo de Pompeya

(Pàg. 43)
(...) con frecuencia había dejado su vaso lleno en la cena para no estorbar con una borrachera vulgar a la embriaguez poética que hervía en su interior (...)
Arria Marcella, recuerdo de Pompeya

(Pàg. 44)
(...) todo está vivo en la naturaleza incluso la muerte, todo murmura, hasta el silencio.
Arria Marcella, recuerdo de Pompeya

(Pàg. 57)
Contemplando aquella cabeza tan serena y tan apasionada, tan fría y tan ardiente, tan muerta y tan vivaz, comprendió que tenía ante sí su primer y último amor, la copa de embriaguez suprema; notó desvanecerse, como sombra fútil, el recuerdo de todas las mujeres que había creído amar y cómo su alma recobraba la virginidad de cualquier otra emoción anterior; el pasado se borró.
Arria Marcella, recuerdo de Pompeya

(Pàg. 60)
(...) junto a un estanque rodeado de plantas, un flamenco rosa se tenía de pie sobre una sola pata: una flor de plumas entre flores vegetales.
Arria Marcella, recuerdo de Pompeya

(Pàg. 62)
- (...) No se está verdaderamente muerta hasta que dejas de ser amada; tu deseo me ha devuelto la vida; la poderosa evocación de tu corazón a anulado las distancias que nos separaban.
La idea de evocación amorosa que apuntaba la joven encajaba en las creencias filosóficas de Octavien, creencias que no estamos lejos de compartir.
Efectivamente, nada muere, todo existe siempre; ninguna fuerza puede aniquilar lo que existió alguna vez. Cada acción, cada palabra, cada forma, cada pensamiento caído en el océano universal de las realidades produce en él ondas que van ensanchándose hasta los confines de la eternidad. La apariencia material solo desaparece para las miradas ignorantes, y los espectros, que se separan de ella, pueblan el infinito. París continúa raptando a Helena en una región desconocida del espacio. La galera de Cleopatra hincha sus vela de seda sobre la inmensidad de un Cydnus ideal.
Arria Marcella, recuerdo de Pompeya

(Pàg. 63)
- Por mi desdén hacia las demás mujeres –respondió Octavien-, por la incontenible atracción que me ha arrastrado hacia los entes brillantes que viven en el fondo de los siglos como estrellas provocadoras, siempre he comprendido que solamente podría amar fuera del tiempo y del espacio. Era a ti a quien esperaba, y ese débil vestigio tuyo conservado por la curiosidad de los hombres, gracias a su secreto magnetismo, me ha puesto en contacto con tu alma. No sé si eres un sueño o una realidad, un fantasma o una mujer real, si como Ision abrazo a una nube contra mi pecho confiado o si soy el juguete de un vil truco de brujería, pero de lo que estoy seguro es de que tú serás mi primer y mi último amor.
Arria Marcella, recuerdo de Pompeya

>> Altres n'han dit...
Humanismo, crítica y...café sólo?, Biblioteca Digital Moratín,

>> Enllaços:
Theóphile Gautier, contextualitzant l'home i la seva obra, la droga com a mecanisme iniciador, Romanticisme,  Parnassianisme al cap i a la fi.

>> Llegeix-lo:
Espanyol (html) Només el conte La pipa de opio
Francès (html). Només el conte La pipa de opio 
Francès (html) Només la nouvelle Arria Marcella

>> Escolta'l:
Francès (mp3) La nouvelle Arria Marcella
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