dimecres, 17 de novembre de 2010

Jakob von Gunten - Robert Walser


Walser, Robert. Jakob von Gunten
Madrid: Siruela, 2003 





Jakob von Gunten

Traducció de Juan José del Solar
Libros del Tiempo, 160


>> Què en diu la contraportada... 
«Aquí se aprende muy poco, falta personal docente y nosotros, los muchachos del Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada, es decir que el día de mañana seremos todos gente muy modesta y subordinada. La enseñanza que nos imparten consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ningún éxito. Éxitos interiores, eso sí. Pero ¿qué ventaja se obtiene de ellos? ¿A quién dan de comer las conquistas interiores?» Así empieza Jakob von Gunten, la tercera novela de Robert Walser, la más amada por el autor, pero también la más discutida e innovadora, escrita en 1909 en Berlín, tres años después de haber dejado el Instituto donde se había educado. Y el gran protagonista de esta «historia singularmente delicada», según un juicio de Walter Benjamin, es el propio Instituto Benjamenta: el alumno Jakob, a través de su diario, nos introduce en todos sus secretos, en sus dramas y pequeñas tragedias y en todos sus misterios, convirtiéndolo en uno de los escenarios más memorables de la literatura del siglo XX.

>> Com comença...
Aquí se aprende muy poco, falta personal docente y nosotros, los muchachos del Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada, es decir que el día de mañana seremos todos gente muy modesta y subordinada. La enseñanza que nos imparten consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ningún éxito. Éxitos interiores, eso sí. Pero ¿qué ventaja se obtiene de ellos? ¿A quién dan de comer las conquistas interiores?

>> Moments... 
(Pàg. 24)
La prohibición de hacer algo resulta a veces tan atractiva que no se puede por menos que hacerlo. Por eso me agradan tanto las coacciones de cualquier tipo: consienten el placer de transgredir la ley.

(Pàg. 26)
Lo cierto es que todo, absolutamente todo me resultaba nuevo y, por consiguiente, hostil, aparte de que era una tonto de primera. Ahora también lo soy, pero con más jovialidad y refinamiento. Lo que cuenta es siempre el cómo, la manera. Por muy necio que alguien sea, si sabe adaptarse un poco, si da pruebas de flexibilidad y ligereza, no andará tan perdido, sino que quizá encuentre su camino en la vida con más facilidad que los listos y sabelotodos. Sí, sí, cuestión de maneras...

(Pàg. 35)
(...)tengo la sensación –una sensación muy confortable, punzante, placentera- de que algún día me tocará en suerte un amo, un patrón o un jefe igual a ese futuro Peter, pues los tontos como él están hechos para llegar lejos, para escalar, vivir bien y mandar, mientras que quienes, como yo, son en cierto sentido inteligentes, han de tolerar que sus propios talentos florezcan y se marchiten al servicio de otros.

(Pàg. 45)
Hay una verdad indiscutible: una boca abierta constituye la bostezante prueba de que, la mayoría de las veces, su poseedor deambula con dos o tre sideas por zonas muy alejadas del ámbito paradisíaco de la atención.

(Pàg. 49)
De golpe entiendo la entrañable especificidad de las mujeres. Sus coqueterías me divierten y descubro un sentido profundo en sus trviales ademanes y modismos. Si no las entendemos cuando se lleva una taza a los labios o se levantan la falda, no las entenderemos nunca. Sus almas discurren al mismo pasito trotón que sus deliciosos botines de tacón alto, y su sonrisa es dos cosas a la vez: una costumbre insensata y un fragmento de la historia universal.(...)

(Pàg. 51)
Nos educan obligándonos a conocer punto por punto la naturaleza de nuestra propia alma y de nuestro propio cuerpo. Nos dan a entender claramente que la coacción y las privaciones ya son formativas por sí solas, y que en un ejercicio simplísimo y en cierto modo necio hay más beneficios y conocimientos verdaderos que en el aprendizaje de una larga serie de conceptos y acepciones.

(Pàg. 53)
“(...) cuando se es joven hay que ser un cero a la izquierda, pues no existe nada ma´s perjudicial que destacar pronto, prematuramente, en cualquier cosa.

(Pàg. 53)
(...) jamás te sientas marginado. La marginación, hermano, no existe, ya que en este mundo tal vez no haya nada, absolutamente nada, digno de desearse. Y, no obstante, has de tener aspiraciones, y hasta diría que apasionadamente. Aunque para no consumirte en deseos, métete esto en la cabeza: no existe nada, nada a lo cual valga la pena aspirar. Todo está podrido.

(Pàg. 54)
“(...) Si, sin duda existe en el mundo eso que llaman progreso, pero no es sino una de las numerosas mentiras divulgadas por los hombres de negocios para poderle exprimir dinero a la masa con mayor cinismo y desparpajo. La masa es el esclavo de nuestro tiempo, y el individuo, el esclavo de la grandiosa idea de masa. Ya no hay nada bello ni excelente. Lo bello, lo bueno y lo justo has de soñarlo tú mismo. Dime ¿sabes soñar?”.

(Pàg. 92)
Cuando quiero, cuando me lo ordeno, puedo adorar cualquier cosa, hasta la mala conducta, siempre que rebose de oro. Los malos modales deben ir dejando tras de sí monedas de veinte marcos para que yo me incline a su paso, o incluso cuando hayan pasado.

(Pàg. 100) 
(...) Si no hubiera defectos ni malas costumbres, al mundo le faltaría encanto, calor y riqueza. La mitad del mundo, y en el fondo quizá la más bella, perecería con las negligencias y debilidades. No, sé perezoso.

(Pàg. 103)
Despedir y despedirse es horroroso. Son momentos en los que la vida humana se estremece y uno siente vivamente su propia nada. Las despedidas rápidas son desamoradas; las lentas, insoportables. ¿Qué hacer? Pues soltar cualquier simpleza.

(Pàg. 122) 
(...) Cuando nos desesperamos y afligimos, mi querido Jacob, nos volvemos penosamente pequeños y las pequeñeces se nos van echando encima en número cada vez mayor, como rápidas y voraces sabandijas que nos devorasen lenta, muy lentamente, y lentamente también supieran asfixiarnos y deshumanizarnos.

(Pàg. 125) 
“Huir de la cultura, ¿sabes, Jacob? ¡Qué gran cosa!”

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