diumenge, 2 de maig de 2010

Una novelita lumpen - Roberto Bolaño

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Bolaño, Roberto. Una novelita lumpen
Barcelona: Anagrama, 2009










Col·lecció Narrativas Hispánicas, 457





>> Què en diu la contraportada...
En Una novelita lumpen Roberto Bolaño abandona los territorios que han marcado su biografía e imaginario personal para trasladarse hasta la ciudad de Roma. Éste es el escenario por el que varios personajes extremos deambulan entre el desasosiego y la locura. La joven protagonista, Bianca, tras la súbita muerte de sus padres en un accidente automovilístico, inicia un decidido descenso a los infiernos. Así, declara: “El futuro no me importa, se me ocurrían ideas, pero estas ideas, si lo pensaba bien, nunca se proyectaban hacia el futuro.” Y en un test de la revista Donna Moderna, encontrada por azar, a la pregunta: “Si tuvieras que matar a alguien, si no tuvieras ninguna otra opción, ¿a quién matarías?”, contesta, con la implacable seriedad de un jugador: “A cualquiera. Me asomaría a la ventana y mataría a cualquiera.” Y: “¿Cuántos hijos te gustaría tener?” Respuesta: “Cero.”
Acompañada por su hermano y dos hombres misteriosos, Bianca se adentrará en el universo adulto, descubriendo las peores y más intrigantes facetas de la sexualidad y el engaño.


>> Com comença...
Ahora soy una madre y también una mujer casada, pero no hace mucho fui una delincuente. Mi hermano y yo nos habíamos quedado huérfanos. Eso de alguna manera lo justificaba todo. No teníamos a nadie. Y todo había sucedido de la noche a la mañana.

>> Moments...
(Pàg. 32)
El libio pronunció una frase que entonces me pareció misteriosa. Dijo que en cierta forma la gente no se equivocaba. Aunque nos parezca tonta, la gente nunca se equivoca. Aunque la despreciemos, y en ocasiones con razón, la gente nunca se equivoca. Ésa es nuestra condena, dijo.

(Pàg. 55)
(...) me ponía a pensar en el significado de la frase “cambiar nuestra suerte”, una frase que para mí no tenía ningún significado, por más vueltas que le diera, porque la suerte no se puede cambiar, o existe o no existe, y si existe no hay manera de cambiarla, y si no existe somos como pájaros en una tormenta de arena, sólo que no nos damos cuenta (...)

(Pàg. 86)
(...) esa alegría no la quiero para mí ni la quiero cerca de mí. Es una alegría que se parece demasiado a la mendicidad, a una explosión de mendicidad, y también es una alegría que se parece a la crueldad, a la indiferencia.

(Pàg. 93)
Todo es difícil de relatar, ya lo he dicho. Lo que sucedió, lo que sentí, lo que vi. Lo que pudo suceder, lo que pude ver y lo que pude sentir. Lo que sintió él no lo sé, no lo sabré nunca.

(Pàg. 115)
A veces pensaba que era mejor que se hubiera vuelto ciego, pues así nunca me vería, nunca vería mi cara, la cara que tenía cuando estaba con él, que no era una cara de puta ni de ladrona ni de espía, sino una cara expectante, una cara que en realidad lo esperaba todo, desde una palabra amable hasta una declaración trascendente.

(Pàg. 130)
(...) sentía ganas de dejar la ventana e ir corriendo en busca de un espejo para contemplar mi propia cara, una cara que yo sabía que estaba sonriendo, y que también sabía que no me iba a gustar, una cara feroz y feliz, pero que era mi cara, la cara que yo tenía, la mejor entre muchas caras distorsionadas, una cara que emergía de la muerte de mis padres, de mi barrio donde siempre era de día, y de la casa de Maciste donde yo jugaba con mi destino, pero donde mi destino por primera vez era completamente mío.

>> Altres n'han dit...


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