dijous, 14 de gener de 2010

Un secreto - Philippe Grimbert

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Grimbert, Philippe. Un secreto
Barcelona: Tusquets, 2005






Un secret
Traducció de Javier Albiñana
Col·lecció Andanzas, 584



>> Què en diu la contraportada...
Siempre, desde muy pequeño, el protagonista de Un secreto creyó que tenía un hermano. Su infancia en París transcurre tranquila, tal vez demasiado silenciosa, junto a sus padres, Máxime y Tania –judíos que escaparon del destino que les estaba reservado-, muy enamorados y amantes de los deportes, tan atléticos que el niño se imagina que se conocieron en un estadio o al borde de una piscina. Y él, escuálido y enfermizo, se inventa un hermano fuerte y guapo con el que jugar y, sobre todo, pelearse. Su vida anodina en la Francia de posguerra no le permite sospechar ninguna mentira, ningún secreto. Y nunca habría sabido que, efectivamente, existió un hermano de no ser porque cierto día, a los quince años, tras un altercado en el colegio con motivo de un reportaje sobre el Holocausto, Louise, una anciana vecina, le cuenta la verdadera historia de Máxime y Tania. Una historia dramática, que ocurrió durante la Ocupación, y tan dolorosa que hasta ese momento todos se la han ocultado.

>> Com comença...
Aun siendo hijo único, durante largo tiempo he tenido un hermano. Cuando les contaba esta historia a mis conocidos durante las vacaciones, o a mis amigos ocasionales, debían fiarse de mi palabra. Tenía un hermano. Más guapo, más fuerte. Un hermano mayor, triunfador, invisible.
Siempre sentía envidia cuando, estando de visita en casa de un compañero, se abría la puerta y aparecía otro que se le parecía un poco. Un chico con el pelo desgreñado y una sonrisa levemente guasona a quien me presentaban con dos palabras: “Mi hermano”. Un enigma, eso era para mí aquel intruso con el que había que compartirlo todo, incluido el amor. Un hermano de verdad. Un ser parecido a uno mismo y en cuyo rostro uno descubría rasgos comunes, como un mechón rebelde o un colmillo, un compañero de dormitorio de quien uno conocía lo más íntimo, el humor, los gustos, las debilidades, los olores. Una rareza para mí, que reinaba solo en el imperio formado por las cuatro habitaciones del piso familiar.

>> Moments...
(Pàg. 41)
Le gustan las conquistas fáciles. Su mirada se pierde en un fino tobillo, en un escote que en verano deslumbra. Una mirada, una sonrisa un poco insistente y la joven presa sube a su descapotable. La lleva a cenar y carga su mirada de promesas. Inflamado al instante, imantado por un detalle, confunde el deseo con el amor, y muy pronto se marchita el hechizo del encuentro.

(Pàg. 73)
Todos mis parientes lo sabían, todos habían conocido a Simon y le habían querido. Todos conservaban en la memoria su vigor, su autoridad. Y todos me lo habían ocultado. A su vez, de modo inconsciente, lo habían borrado tanto de la lista de los muertos como de la de los vivos, repitiendo por amor el gesto de los asesinos. No podía leerse su nombre en lápida alguna, ya nadie lo pronunciaba, como tampoco el de Hannah, su madre. Simon y Hannah, borrados en dos ocasiones: por el odio de sus perseguidores y por el amor de sus parientes.

(Pàg. 74)
No podía saber que a un muerto nunca se le vence.

(Pàg. 81)
Una simple mirada, una intención apenas perceptible, de consecuencias incalculables.

(Pàg. 101)
Por vez primera experimenta una atracción en la que no entran en juego ni la estima ni el cariño. La asaltan visiones demasiado concretas, el contraste entre el bronceado de su cuello y la blancura de su camisa, la línea de sus hombros o las venas salientes de sus antebrazos. Se abandona a la tentación de imaginar su olor, el peso de su cuerpo, su sexo, los músculos de sus nalgas.
Con Robert ha llevado siempre ella la batuta, se ha reído de su impaciencia, ha jugado con su deseo. Por Máxime se siente ya dominada, la invade una sensación desconocida, una tensión extenuante.

(Pàg. 103)
Todo discurre como se ha acordado: una fecha, una hora, un momento para tomar algo en la sala trasera de un café y una marcha a la luz de la luna, en medio de una campiña rumorosa y desconocida.

(Pàg. 127)
Una noche durante la cual un niño y su madre abandonan definitivamente esta tierra para internarse en el silencio. Esa noche sellaba el destino de mis padres e iba a permitirme venir al mundo, unos años después de la muerte de Simon. Yo sólo podía nacer con esa condición: el vigor de Simon dejaba paso a mi fragilidad y él se hundía en la noche a fin de que yo pudiera ver la luz del día. Era o él o yo (...).

(Pàg. 133)
Las heridas irán restañándose, sólo un dolor sordo permanecerá agazapado en el fondo de cada uno. No se hablará más de la guerra, no volverá a pronunciarse el nombre de los desaparecidos. Poco antes de mi nacimiento, Máxime creará nuevas tensiones al hacer modificar la ortografía de nuestro apellido, Grinberg, lo lavará y le quitará la “n” y la “g”, esas dos letras portadoras de la muerte.


>> Enllaços:
Philippe Grimbert, les motivacions, plaça Fustemberg (París), versió original sense subtítols, el secret del cine,
Línia Maginot, Mazel Tov, Saint Gaultier – Indre, Hotel Lutetia, França i l'holocaust, l'estat francès de Vichy, Beate i Serge Klarsfeld, Laval
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