Mi madre y la música - Marina Tsvietáieva




"(...) Mi madre – nos inundó de música (¡De esta Música, transformada en Lírica, ya nunca emergimos –a la luz del día!)."







Tsvietáieva, Marina. Mi madre y la música. 
Barcelona :Editorial Acantilado, 2012

Мать и музыка.Traducció de Selma Ancira.
Col·lecció Cuadernos del Acantilado, 53



::: Que en diu la contraportada...
Mi madre y la música es una bella evocación de la infancia, pero, sobre todo, de la presencia de la madre a través de un elemento familiar como es el piano. La fascinante fuerza poética de Marina Tsvietáieva fluye en este relato que nos transporta a un mundo donde lo cotidiano adquiere una dimensión mágica, y la vida, un protagonismo ejemplar.

::: Com comença...
Cuando en vez del tan deseado, previamente decidido, casi ordenado hijo varón Alexandr, nací solamente yo, mi madre, tras haberse tragado orgullosa un suspiro, dijo. “Por lo menos será músico”.

::: Moments...
(Pàg. 7)
Si con mayor frecuencia las madres dijeras cosas incomprensibles a sus hijos, estos hijos, al crecer, no sólo comprenderían más, sino que actuarían con mayor seguridad. Al niño no hay que explicarle nada, al niño hay que –hechizarlo. Y mientras más enigmáticas sean las palabras del hechizo – más profundamente arraigarán en él, más indiscutiblemente actuarán: “Padre nuestro que estás en los cielos...”.

(Pàg. 17)
Si los cinco años aún no cumplidos no son en absoluto pronto para las letras, -yo leía con soltura desde los cuatro y conozco a muchos niños así, - para las notas, esos mismos cinco años aún no cumplidos sí son indiscutible y abominablemente – pronto. La relación notas-teclado es tanto más compleja que la relación letras-voz, cuánto más compleja es la tecla que la propia voz. Hablando con imágenes: desde una nota se puede no caer en la tecla correcta, pero es imposible, desde una letra, no caer – en la voz.

(Pàg. 18)
Cuando leo, traduzco a un significado, cuando toco, traduzco a un sonido que, a su vez, debe ser traducido a algo, de otro modo – el sonido es vacuo. Pero ¿acaso puedo yo, una niña de cinco años, percibir y expresar este sentimiento, cuando de nuevo estoy buscando: primero con los ojos, sobre la línea –el signo, después, con la mente – la nota de la escala que corresponde a este signo, y después – con el dedo – la tecla que corresponde a esta nota?

(Pàg. 19)
[las teclas] Porque a primera vista eran lisas, pero bajo la lisura –la hondura, como en el agua, como en el Oká, pero  más lisas y más hondas que el Oká, porque al alcance de la mano está – el abismo, porque este abismo nace – bajo la mano, porque sin moverte de lugar – caes eternamente.

(Pàg. 23)
(...) el extremo derecho del teclado, con ese tintineo ya sin sonido, con el final del sonido y el comienzo del barniz.

(Pàg. 26)
(...) para mi propio placer, hincando las rodillas en la silla, y los codos – en la mesa, trazo una hilera de espléndidas claves de sol, cada vez más redondas –abajo , y más esbeltas – arriba, - ¡una bandada entera de cisnes de sol!

(Pàg. 31)
Mi madre – nos inundó de música (¡De esta Música, transformada en Lírica, ya nunca emergimos –a la luz del día!).  Mi madre nos anegó como un aluvión. Sus hijos, como esas barracas de pordioseros en las orillas de todos los grandes ríos, estaban condenados de nacimiento. Mi madre nos inundó con toda la amargura de su vocación no realizada, de su vida no realizada, nos inundó de música, como de sangre, la sangre de un segundo nacimiento.  Puedo decir que yo nací no ins Leben, sino in die Musik hinein. 

(Pàg. 34)
[el metrònom] (...)  era la Muerte, que estaba encima del alma, del alma viva que puede morir – era la Muerte inmortal (muerta). El metrónomo era – un ataúd, y en él vivía – la muerte.

(Pàg. 36)
(...) por las necesidades del ritmo de mi escritura, me vi obligada a separar, a romper las palabras en sílabas por medio de un guión inusual en poesía y, durante años enteros, todos lo afearon, y pocos  me alabaron (unos y otros por “la modernidad”), pero yo nunca puede responder nada más que: “Así ha de ser”, - y de pronto, un día vi con mis propios ojos, aquellos textos de las romanzas de mi infancia llenos de guiones perfectamente legítimos –y me sentí purificada: por toda la Música de cualquier “modernidad”: purificada, apoyada, confirmada y legitimada – como un niño que por una marca secreta de nacimiento resulta ser – de la familia, ¡por fin con derecho a la vida!

(Pàg. 50)
Un pregunta sensata: ¿por qué las flores estaban detrás del piano? ¿Para que fuera más incómodo regarlas? (Con el carácter de mi madre, ¡habría sido imposible!). Pero de esta combinación: agua del piano y agua del riego, manos maternas que tocaban y manos que regaban, que vertían alternativamente agua o música, el piano para mí ha quedado para siempre identificado con el agua, con el agua y la vegetación: con el ruido de las hojas y del agua.

(Pàg. 54)
[el piano] (...) lo miras y, en mirándolo, te miras a ti mismo, haciendo coincidir poco a poco con su negra y dura frialdad, primero la punta de la nariz, después la boca, después la frente. (¿Por qué es tan profundo y tan duro? ¿Tan agua y tan hielo? ¿Tan sí y tan no?)


::: Altres n'han dit...
El librófagoLibros y literatura (Andrés Barrero), Pilar Alberdi, Pep Grill.

::: Enllaços:
Marina Tsvietáieva, l'obra i l'autora en context, un idioma propiliteratura musicada.

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