Del asesinato considerado como una de las bellas artes - Thomas de Quincey




"(...) puesto que es imposible justificarla desde el punto de vista moral, tratémosla estéticamente y veamos si en este sentido se la puede estimar."




De Quincey, Thomas. Del asesinato considerado como una de las bellas artes.
Madrid: Ediciones Espuela de Plata, 2008


On Murder Considered as one of the Fine Arts. Traducció de Diego Ruiz.
Col·lecció Literatura Universal, 8


::: Què en diu la contraportada...
El asesinato como una de las bellas artes (1827), es la obra maestra de Thomas de Quincey. Fruto de su rebosante imaginación y sarcástica ironía, esta obra ha ejercido un amplio y dilatado magisterio a través de los años y de las literaturas que llega hasta Jorge Luis Borges e incluso más allá.

::: Com comença...
La mayor parte de los que leemos libros, hemos oído hablar, sin duda, de una Sociedad para proteger el vicio, del Club “El fuego de Gobierno”, fundado en el siglo XVIII por Sir Francis Dashwood, etc.
En Brighton, según creo, se fundó una sociedad para la supresión de la virtud. Esa sociedad fue suprimida, pero tengo el sentimiento de decir que existe en Londres otra sociedad de carácter aún más atroz. Por su tendencia podría denominarse sociedad del fomento del asesinato (...).

::: Moments...
(Pàg. 18)
Empieza a verse, pues, que en la composición de un asesinato bello entra algo m´s que dos imbéciles, uno que mata y otro que es matado, un cuchillo, una bolsa y una encrucijada oscura.  La finalidad, señores, la disposición de las figuras, la luz y la sombra, la poesía, el sentimiento, son ahora estimados como indispensables para los ensayos de esta naturaleza.

(Pàg. 24)
Ha sido una triste cosa, sin duda, muy triste; pero no podemos remediar nada. Por esto es por lo que sacamos el mejor partido de una cosa mala; y, puesto que es imposible justificarla desde el punto de vista moral, tratémosla estéticamente y veamos si en este sentido se la puede estimar.

(Pàg. 25)
El primer asesinato os es familiar a todos. Como inventor del crimen, y como padre del arte, Caín ha debido de ser un hombre de genio de primer orden. Todos los Caínes fueron hombres de genio.

(Pàg. 32)
(...) si un hombre se llama filósofo, y no han atentado nunca contra su vida, dudad de que lo sea.

(Pàg. 53)
¡Al diablo con estos comerciantes de veneno! ¿No podían atenerse al viejo procedimiento honesto de cortar las gargantas, sin introducir estas innovaciones abominables de Italia? Considero todos estos casos de envenenamiento, comparados con el estilo legítimo, como las figuras de cera con relación a la escultura, o una estampa litográfica a un bello Volpato.

(Pàg. 60)
(...) poca gente comete asesinatos por principios filantrópicos o patrióticos; y repito lo que ya he dicho otra vez: la mayor parte de los asesinos, son personajes incorrectos.

(Pàg. 64) 
El objeto final del asesinato considerado como un arte, es, en efecto, precisamente el mismo que el de la tragedia, según Aristóteles, es decir, “purificar el corazón por medio de la piedad o del terror”.

(Pàg. 65)
(...) no sería propio matar al Papa, pues tiene tal ubicuidad virtual, como que padre de la Cristiandad, y, semejante al coco, se habla de él con tanta frecuencia sin ser visto, que muchos, me parece, lo consideran también una idea abstracta (...).

(Pàg. 66)
El mundo en general –señores- está sediento de sangre; todo lo que desea en un crimen es que la efusión de sangre sea copiosa, esto le basta. Pero el conocedor ilustrado tiene más refinado gusto, el resultado de nuestro arte, como el de todas las demás artes liberales, es humanizar el corazón (...).

(Pàg. 77)
(...) si por una vez el hombre se ve arrastrado al asesinato, pronto considerará cosa de poco más o menor el robo, y del robo irá a la borrachera, a la crápula, y de aquí a la incivilidad y a la procrastinación. Una vez en esta pendiente, no se sabe dónde se detendrá. Más de un hombre ha ido derecho a su ruina, por un asesinato mal hecho.

(Pàg. 111)
Creo que Ticiano, seguramente Rubens, y acaso Van Dyck, tenían por costumbre no dar una sola pincelada, sino vestidos de gran gala, bocamangas de encaje, peluca y espada con puño de diamante; M. Williams, hay motivo para creerlo así, cuando salía para ejecutar un gran asesinato complicado, llevaba siempre medias negras; bajo ningún pretexto hubiera él humillado su condición de artista.

(Pàg. 137)
Un asesino que lo es por pasión, y un lobo que tiene sed insaciable de sangre, como una fase de la lujuria, no puede caer en la inercia. Este hombre, como el cazador de los Alpes, necesita peligro y exponer su salud, que pende de un hilo en su industria, como un condimento para sazonar las monotonías insípidas de la vida cotidiana.


::: Altres n'han dit...
Tens un racó dalt del mónLeer clásicosUn libro al día, La antigua BiblosSitio de Ciencia Ficción, Los desnudos y los muertos, Les embuscades d'Alcapone, Mangialibri, Il collezionista di letture, Pep Grill.

::: Enllaços:
Thomas de Quincey, punts clau, vigència, de la ficció i de la realitat, True crime literature.

::: Llegeix-lo:
Espanyol (multiformat)
Anglès (publicació original "First Paper" (1827) Blackwood's Edinburgh magazine; publicació original "Second Paper" (1839) Blackwood's Edinburgh magazine;  facsímil (1865) Ed. Boston, Ticknor and Fields; html; html)


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