diumenge, 9 de juliol de 2017

Vida de una mujer amorosa - Ihara Saikaku






"(...) un hombre sin deseo por el cuerpo de una mujer es una de las cosas más tristes de este mundo."




Saikaku, Ihara. Vida de una mujer amorosa. 
México: Sexto Piso, 2013. 


Koshoku Ichi daionna. Traducció de Daniel Santillana.




 Que en diu la contraportada...
«Por poco que se piense, qué difícil es abandonar la vida», le dice con dolor y resignación una vieja mujer, recluida en una ermita, a dos jóvenes que buscan su consejo para entender los misterios del amor. Corrompida por el tiempo inmisericorde, aquél que según la narradora extingue todo excepto los nombres, la mujer recuerda los miles de lechos que compartió, el sinfín de corazones que encendió y cuenta, sin ahorrar detalle alguno, cómo su vida sucumbió desde que su cuerpo era como el retoño más hermoso de la flor del cerezo, hasta los círculos más siniestros de loas que comercian con su cuerpo.
Víctima de su propia virtud, nuestra protagonista entiende desde muy joven que su cuerpo puede ser un vehículo para vivir (cuán cuesta abajo podría rodar el vehículo, no lo habría de entender sino hasta muy tarde). Obligada a dejar su casa para saldar una deuda contraída por su padre, verá desfilar ante sus ojos la inmensa codicia de los hombres y padecerá en cuerpo y alma el descenso desde la más alta estirpe de las cortesanas hasta el inframundo de su profesión.
La novela funciona lo mismo como una road novel que como una punzante crítica que descubre la doble moral en la que estaban afincadas gran parte de las «buenas maneras» japonesas. Saikaku hace a su protagonista transitar por todas las esferas sociales del Japón del período Edo. Vida de una mujer amorosa es junto con La Historia de Genji uno de los relatos más hermosos de la literatura japonesa anteriores al célebre período Meiji.

 Com comença...
Visitaremos a una mujer en el lugar de su retiro; ella nos hablará de las mujeres más galantes del mundo. Cuanto más la escuchemos, más atractiva nos parecerá su historia.
¿En qué lugar, si no en la capital, hay mujeres de hermosura tan imponente como la montaña Jigashi cuando florecen los cerezos en ella? Para quien ha visto a las cortesanas de SHimabara, observando cómo destacan entre mil, y ha gastado doscientos ryos en algunas de ellas, ni las hojas de maple, ni la luna y ni las mujeres de su tierra, cuentan ya más en lo sucesivo.
LIBRO I

 Moments...
(Pàg. 15)
Los antiguos decían: una mujer hermosa destroza la vida como un hacha. Cuando al caer la tarde, el ser de la flor y el del árbol se marchitan, ya no queda más que madera y hojas secas para la hoguera, y nada se escapa a la quema. Aunque la tormenta de la juventud se produzca prematuramente, ¿no resulta estúpida la muerte del joven que se ha hundido en la senda de la voluptuosidad?
El refugio de una anciana. Libro I

(Pàg. 25)
Cuando era joven no tenía intención de seguir ese camino. Sin embargo, desde niña me gustaban sus maneras elegantes y, ya entonces, solía visitar el barrio de Udyi. Me aficioné a la moda. Descubrí que tenía habilidad para la danza y que casi todo el mundo me alababa, lo que me complacía enormemente.
El placer de la danza. Libro I

(Pàg. 37)
Por supuesto, si nos detenemos a pensarlo, debemos reconocer que un hombre sin deseo por el cuerpo de una mujer es una de las cosas más tristes de este mundo.
La encantadora concubina del señor. Libro I

(Pàg. 49)
Una prostituta sólo puede rechazar a los hombres desagradables si es popular. Después todo se vuelve triste, pues debe aceptar a cualquiera, sean criados, campaneros, cojos u hombres con labio leporino. Hablar sobre los límites de este camino es triste, como lo es reflexionar sobre lo inestable que es el mundo.
La hermosa prostituta. Libro 1

(Pàg. 62)
Al observar las costumbres mundanas de estos últimos años vemos a gente irreflexiva que dilapida unos recursos que le permiten divertirse durante menos de medio año. Gastan intempestivamente todo su dinero y luego, para sostener su rumbo, comienzan a pedir prestado a una tasa del veinte o el treinta por ciento, con lo que sólo el pago de intereses absorbe todo su haber, hasta que, al final, un gasto de esta magnitud los arruina a ellos y a su familia.  ¿Qué placer puede experimentarse al divertirse de esta manera? EN el mundo flotante hay todo tipo de gente.
Una prostituta ordinaria. Libro II

(Pàg. 67) 
Cuando hasta el chonin más bajo lleva un sable ceñido, dejan de producirse disputas por pretextos fútiles y reina el orden. Si en el mundo sólo les estuviera permitido a los guerreros vigorosos siempre serían maltratados por cualquier individuo de mayor estatura. Y con el mismo escrúpulo con el que se portan las espadas se debe avanzar por la propia senda cuando se camina solo en la noche oscura. Las cortesanas prefieren a los hombres de temperamento vivo, que anteponen a su vida el gesto generoso, y cuya vanagloria consiste en una funda de espada elegante y de correcta hechura. Mientras me dediqué por entero a mi oficio, yo tampoco habría retrocedido si, por deber, hubiera tenido que sacrificar mi vida. Eso lo supe en seguida. Pero viviendo, como lo hacía, en el límite de la tristeza, no hubiera deseado morir sin compañía.
Mujeres desterradas. Libro II

(Pàg. 72)
Haber pasado por cada uno de los grados del oficio me permitió relacionarme con personas de toda condición; las cortesanas tenemos un profundo conocimiento de las cosas de la vida.
Mujeres desterradas. Libro II

(Pàg. 88)
El correo es el mejor medio para expresar los verdaderos sentimientos. El pincel expone todos nuestros pensamientos. Los plasma en el papel para, posteriormente, transmitirlos a la gente, incluso a la que se encuentra en los más lejanos lugares.  Cuando la carta carece completamente de veracidad, esto aflora enseguida, por mucho que se disimule con frases ampulosas. Si la misiva está llena de mentiras, el interés del lector pronto se desvancece, y la carta se desecha sin pesar alguno. Pero cuando el pincel es portavoz de la verdad, el mensaje se grabará, de forma natural, en la mente del destinatario y el remitente se presentará vivamente en sus recuerdos.
Honras a la secretaria privada. Libro II.

(Pàg. 98)
(...) las mujeres bellas y los bellos paisajes se parecen: después de cierto tiempo de contemplarlos, el encanto de ambos termina por cansar. Yo he experimentado el aburrimiento que produce la gracia.
La sirvienta del burgués. Libro III

(Pàg. 99)
(...) Lo mismo le sucede a la esposa. Al principio, por consideración hacia su pareja, se esmera en cuidar su físico, pero tras unos meses abandona tales cuidados. Después se pasa el peine a toda prisa, muestra los hombros desnudos. Anda enseñando el lobanillo que le brotó en el vientre. Desde ese momento ya no se preocupa por su modo de andar, y esto provoca que él se dé cuenta de que la pierna izquierda de ella es un poco más larga que la derecha. Con cada una de estas situaciones él piensa que su esposa no es una buena persona, y tras el primer embarazo el afecto que llegó a sentir por ella se agota. A veces pienso si no sería mejor no contraer matrimonio, aunque para llevar una vida normal en este mundo resulta imprescindible.
La sirvienta del burgués. Libro III

(Pàg. 103)
No hay dolor comparable al dolor de ser mujer. Éste es, en verdad, un mundo terrible.
La sirvienta del burgués. Libro III

(Pàg. 125)
Si tienes manchas de nacimiento, hará todo lo posible por ocultarlas. Si sus tobillos son gruesos, los cubrirá con un kimono de faldas largas. Si tiene la boca grande, fruncirá los labios o preferirá guardar silencio. Los sufrimientos de loas jóvenes en la actualidad van más allá de lo que imaginamos. Si los hombres tuvieran paciencia, lo torcido se enderezaría y las mujeres verían que vivir en el mundo flotante no es tan agradable como parece. Es raro que una sola mujer posea los nueve aspectos que comprenden la verdadera belleza. Para comprometerse en matrimonio, los hombres deberían determinar la dote de acuerdo con el aspecto físico de su futura esposa.
Una cinta de papel dorado en el tocado. Libro III

(Pàg. 135)
En el mundo de hoy la moral está tan enmarañada que la gente olvida su verdadera condición social. Las madres y los padres no ven más allá de sus narices. Orgullosos de sus hijas, a las que la naturaleza dotó sólo medianamente, las hacen maquillarse con esmero desde su undécimo o duodécimo año de vida. De esa forma, la fisonomía heredada se vuelve más delicada; se hacen la manicura y sus aspecto atrae las miradas. Adquieren la apariencia de gente importante.
Las jóvenes esposas se vuelven volubles debido a que consideran verdaderos los rumores que rodena los programas y los argumentos de las piezas teatrales. Ése es el origen de sus sentimientos inmorales. Imitan las costumbres del teatro (...).
Un instituto en la gran almohada. Libro IV

(Pàg. 173)
(...) cuántos más encuentros amorosos mantenía, menos tiempo podía dedicar a cada una de mis parejas; independientemente de que se tratara de un hombre que me gustara o de uno con el que mi corazón jamás se comprometería, experimentaba el sentimiento de quien observa desde la costa un barco que, indiferente e inalcanzable, atraviesa el océano.
Cuando alguien me agradaba gozaba con él, pero me guardaba muy bien de mostrar cualquier efusión sentimental, a los fastidioso los dejaba terminar solos, sacudía la cabeza y dedicaba mi atención a cualquier otra cosa, como contar las vigas del techo. Me abandoné, en suma, a la corriente fangosa del mundo flotante.
El amor destruye las paredes de piedra. Libro V

(Pàg. 184)
A una chica de los baños no se la debe juzgar de las misma manera que a una cortesana. El entretenimiento con ella no consiste en limpiarse la roña del cuerpo, sino en hacer que nos rasque las pasiones que nos atormentan, permitiendo que la corriente del agua las arrastre.
Aprendiz de poeta. Libro V

(Pàg. 225)
A aquellas alturas ya había agotado todos los oficios del mundo. Las olas de la vejez se habían levantado en el océano del amor; y después de llevarme de un sitio a otro, las corrientes de este océano me devolvieron al país del amor: al barrio de Shinmachi, en la provincia de Settsu.
Una voz en la noche. Libro VI

(Pàg. 226)
En las noches de lluvia, pedía al rayo tan temido por la gente que se apiadara de mí, que cayera sobre la casa y me tomara entre sus dedos, porque mi vida carecía de valor ante mis ojos y estaba completamente asqueada del mundo flotante.
Una voz en la noche. Libro VI

(Pàg. 237)
(...) nada hay de extraño o inesperado en el ciclo de las estaciones, sólo los hombres se angustian al experimentar el paso del tiempo.
Los quinientos iluminados en mi pensamiento. Libro VI.

(Pàg. 239)
Había conocido a más de diez mil hombres, pero sólo tenía una vida, y de todos ellos hoy sólo yo sobrevivía, cosa vergonzosa y miserable.
Los quinientos iluminados en mi pensamiento. Libro VI.

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 Enllaços:
Ihara Saikaku, l'autor en contextl'època, l'ukiyo com a força motora..., ...i el mono no aware, com a sentimentsobre el món flotantla temàtica sexual en la literatura japonesa, de la prostitució, banderes capil·lars, l'evolució històrica de la dona al Japó.

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