dilluns, 20 de març de 2017

El día que me vaya no se lo diré a nadie - Kiko Amat




"(...) Que no tenga que sonreír si no quiero. Hablar si no quiero. Comer sin hambre. Reír sin ganas."







Amat, Kiko. El día que me vaya no se lo diré a nadie.
Barcelona: Anagrama, 2003

Col·lecció Contraseñas, 191



 Què en diu la contraportada...
En esta trepidante novela, Kiko Amat mezcla humor y emociones con una prosa vertiginosa, apresurada, sencilla y abrupta; una novela de clara esencia anglófila, que bebe de Richard Brautigan y Colin McInnes para construir un mundo subterráneo con los nervios y la intensidad de una canción pop.

 Com comença...
Andando por la calle València con las manos en los bolsillos de la gabardina blanca, Julián silba pésimo mientras se sacude el polvo de sus zapatos de cuero ingleses. Parece imposible que alguien pueda silbar tan mal. La posición de la boca es la correcta, así como el ímpetu y la determinación, pero algo parece no funcionar.

 Moments...
(Pàg. 21)
Octavia odia su trabajo y es el único que sabe hacer, aparte de levantarse a las tres de la mañana, despertar a su ordenador y escribir cosas que nunca nadie va a leer.
No pagan mucho por eso.
La gente no paga por cosas que no va a leer.

(Pàg. 45)
Tener enemigos está bien, todo el mundo tiene. Alguien sin enemigos, sin una sola persona que le odie un poco, o es un santón o un idiota.

(Pàg. 60)
Cuando Tere llegue a los ochenta no habrá habido casi diferencia entre su vida anterior y el presente de su vejez. Una línea plana como el encefalograma de un muerto, sin sobresaltos ni sorpresas, unirá acné con artritis. Teresa lima los baches futuros de su vida y se desliza por ella a poca velocidad y sin tomar caminos inciertos. Julián la envidia, en cierto modo.
Esa certidumbre, tan confortable. Esa certeza suave.

(Pàg. 86)
Está lloviendo a lo inglés, monótono y cansino, como si fuera a llover durante unos meses, pero de esa forma metódica y cargante, norteña, desesperante, nada tropical.

(Pàg. 97)
(...) la cinta, piensa, volviendo al Mundo Uno. Es el camino que tiene que seguir para llegar a ella. Sus libros y sus discos son los dos únicos atajos que tiene a su corazón.

(Pàg. 112)
Julián encuentra el disco que estaba buscando en el sitio totalmente incorrecto y se acerca al plato otra vez. Se pregunta si a ella le gustará la cinta, a lo que se responde que seguro, y se pregunta si ella entenderá cómo esos discos le han enseñado a vivir, le han hecho llorar, le han hecho bailar, le han hecho sentirse fuerte y le han ayudado cuando estaba triste. Nada en la vida puede explicarse sin esos discos.

(Pàg. 122)
(...) en una de esas tardes que se te van de las manos y se te convierten en noches sin pensar.

(Pàg. 135)
Octavia piensa:
El día que me vaya no se lo diré a nadie.
Que pasen los días sin saber adónde voy, y sin saber su opinión sobre mi viaje. Que me miren en el tren y no sepan quién soy. Que no tenga que sonreír si no quiero. Hablar si no quiero. Comer sin hambre. Reír sin ganas.
Octavia piensa.:
El día que me vaya no se lo diré a nadie.

(Pàg. 152)
Su familia es algo muy lejano.
Una gente que no escoger y nunca entiende nada, y todavía cree que tienes tal edad y nunca, pero nunca, comprende ningún tipo de cambio ni decisión en tu vida.

(Pàg. 161)
Qué nos pasó, dice la Pregunta Nunca Hecha. Qué nos pasó que era grande un día y al otro se rompía a trozos. Por qué nuestros bostezos hambrientos se nos comieron las risas, y el aburrimiento echó a patadas la excitación, y teníamos que quedar un día y ambos buscábamos mil excusas para cancelarlo, con la tristeza horrible de las amistades muertas en la boca, con el horror eterno de algo frágil cayendo al suelo.

(Pàg. 162)
Entrando en un Dia, el olor a odio de clase te golpea de inmediato. Es el resentimiento puro del trabajador de Servicios, cagándose en la puta que parió al mundo y a todos los clientes. Lo hueles sólo entrar. Además todo está en cajas aún, desparramado por las estanterías, ordenado inmundo, de forma que la sensación de desorden es igualmente suprema. A Julián le encanta encontrarse salchichas de Frankfurt al lado del aftershave. Y luego están los trabajadores. Punk Rock sector alimentación. Ni una maldita sonrisa, ese uniforme zarrapastroso, siempre sucio, y esas muecas de insatisfacción, vacío y alienación que acaban desencadenando una masacre en un centro comercial el día que hay un cruce de cables.

(Pág. 167)
A veces estás viendo algo y eres perfectamente consciente de que lo recordarás siempre.
En el mismo momento en el que está pasando. Sabes su exacto valor. Conoces su importancia. En el futuro mirarás atrás y recordarás exactamente lo que hiciste y lo que sentías en aquel instante.

(Pàg. 210)
Cerrando la maleta, Octavia se pregunta qué es y dónde estaba escondido el somnífero que le hicieron tragar. Jura que lo llega a saber y lo hubiera escupido tan lejos, con restos de saliva y desprecio pegados al medicamento, negándose a admitir la anestesia, reclamando su parto de dolor y alegría y vida pura. Aunque haga daño. Aunque pinche. Aunque te mantenga despierto noche tras noche. Cualquier cosa mejor que dormir siempre.

(Pàg. 212)
Cuando atrapas un pensamiento y sabes que es para siempre. Es seguridad.
Algo tan puro.
La placidez de las cosas que pudieron haber pasado.
La pureza de lo perenne.
Vale más.
Vale más que el perder, que el separar, que el futuro incierto.
A lo mejor es verdad que puedes esconder tu amor para siempre.

 Altres n'han dit...
Tu corrector, Acabo de leerEl Cultural.

 Enllaços:
Kiko Amat, l'autor i el seu (nostre) petit univers3en1: àcid, cruel i pop.

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