dissabte, 18 de febrer de 2017

La decadencia del arte de mentir - Mark Twain



"(...) no piensan en absoluto; sólo piensan que piensan; ni dos de cada diez seres humanos tienen con qué pensar."





Twain, Mark. La decadencia del arte de mentir. 
Madrid: Editorial Eneida, 2011


Traducció de Carlota Martín
Col·lecció Confabulaciones, 36



 Què en diu la contraportada…
La mentira es universal... Todos mentimos; todos tenemos que hacerlo. Por tanto, lo inteligente es educarnos con esmero para que mintamos de manera juiciosa y
considerada. (...)

El conjunto de narraciones contenidas en este volumen reúne lo mejor de la obra breve de Mark Twain. El lector reflexionará y se emocionará con la ironía y el ingenio que rezuma la obra de este genial escritor.
 Com comença...
Observen bien, no pretendo insinuar que la costumbre de mentir haya sufrido decadencia o interrupción algunas..., no. Y es que la mentira, en tanto que virtud y principio, es eterna (...)
La decadencia del arte de mentir.
 Moments...
(Pàg. 10)
Una mentira torpe y poco científica suele ser tan poco efectiva como la verdad.
La decadencia del arte de mentir.

(Pàg. 13)
La perfección más elevada de la cortesía no es más que un hermoso edificio, construido, desde la base hasta el techo, con las características venturosas y amables del embuste altruista y caritativo.
La decadencia del arte de mentir.

(Pàg.17) 
La mentira es universal... Todos mentimos; todos tenemos que hacerlo. Por tanto, lo inteligente es educarnos con esmero para que mintamos de manera juiciosa y considerada (...)
La decadencia del arte de mentir.

(Pàg. 44)
- (...) Después de todo, Mary, tal vez sea mejor así. ¡Vete a saber! Quizá todo estaba predestinado...
- ¡Predestinado! Oh.... Todo está predestinado cuando una persona se da cuenta de que ha sido estúpida (...).
El hombre que corrompió Hadleyburg

(Pàg. 112)
¿No comprenden ustedes, seres simplones, que la más débil de todas las cosas débiles es la virtud que no ha sido probada por el fuego? Esbocé un plan y reuní una lista de nombres. Mi proyecto consistía en corromper a Hadleyburg la incorruptible. Mi intención era convertir en mentirosos y ladrones a cerca del medio centenar de hombres y mujeres intachables, que jamás habían proferido una mentira ni habían robado un penique en toda su vida.
El hombre que corrompió Hadleyburg

(Pàg. 136)
(...) Satanás comentó después de haber examinado a uno de ellos con un poderoso microscopio:
- Esta enorme bestia está matando a los animales más débiles, Divino.
- El tigre, sí. La ley de su naturaleza es la ferocidad. La ley de su naturaleza es la Ley de Dios. No puede desobedecerla.
- ¿De modo que al obedecerla no comete falta alguna, Divino?
- No, no tiene culpa.
- Esa otra criatura, ésa que está aquí, es tímida, Divino, y sufre la muerte sin resistirse.
- El conejo, sí. No tiene valor. Es la ley de su naturaleza, la Ley de Dios. Debe obedecerla.
- ¿Entonces no se le puede exigir que contradiga su naturaleza y se resista, Divino?
- No. A ningún animal se le puede obligar a contradecir la ley de su naturaleza, la Ley de Dios.
Cartas desde la Tierra.

(Pàg. 138)
El hombre es un experimento; los animales son otro experimento. El tiempo demostrará si el esfuerzo valía la pena.
Cartas desde la Tierra

(Pàg. 139)
El hombre es una rareza maravillosa. En las condiciones más favorables es una especie de ángel del grado más bajo, chapado en níquel; en las peores, es indescriptible, inimaginable, pero en todos los casos constituye un sarcasmo. Y sin embargo, con toda sinceridad y sin ningún esfuerzo, se llama a sí mismo “la obra más noble de Dios”.
Cartas desde la Tierra. La carta de Satanás. Carta I.

(Pàg. 145)  
(...) no piensan en absoluto; sólo piensan que piensan; ni dos de cada diez seres humanos tienen con qué pensar. Y en cuanto a imaginación, ¡pensad en su Cielo! Lo aceptan, lo aprueban, lo admiran. Eso os puede dar una idea de su capacidad intelectual. 
Cartas desde la Tierra. La carta de Satanás. Carta II.

(Pàg. 147)
Tomad nota de lo que os digo: en el Cielo del hombre no hay ejercicio para el intelecto, nada que pueda alimentarlo. Allí se pudriría en un año, se pudriría y apestaría. Se pudriría y apestaría y en ese estado alcanzaría la santidad. Una bendición; porque sólo los santos pueden tolerar los goces de ese manicomio.
Cartas desde la Tierra. La carta de Satanás. Carta II.

(Pàg. 148)
[La Biblia] Se trata de un libro de un extraordinario interés, colmado de noble y profunda poesía, que contiene unas cuantas fábulas ingeniosas, algunas historias sanguinarias, algún que otro consejo moral y una increíble cantidad de obscenidades. Incluye, además, no menos de mil mentiras.
Cartas desde la Tierra. La carta de Satanás. Carta III.

(Pàg. 151)
(...) el hombre está hecho de tal manera que siempre está deseoso de saber; a diferencia del sacerdote, erigido como representante e imitador de Dios, y cuya tarea desde el primer momento fue evitar que aprendiera nada útil.
Cartas desde la Tierra. La carta de Satanás. Carta III.

(Pàg. 157) 
[Déu] Se sentía orgulloso del hombre; el hombre era su mejor invento, su favorito, después de la mosca común, y no podía soportar la idea de perderlo del todo; así que finalmente decidió salvar unos cuantos ejemplares y ahogar el resto. 
Cartas desde la Tierra. La carta de Satanás. Carta IV.

(Pàg. 165)
Los celos. No lo olvidéis. Los celos son la clave. Con esa clave llegamos con el tiempo a comprender a Dios; sin ella nadie puede entenderlo. Como he dicho, Él mismo exhibe esa clave para que todos puedan conocerla. Cándida, sinceramente, dice con el mayor desfachatez: “Yo el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso”.
Sólo es otra forma de decir: “Yo el Señor, tu Dios, soy un pequeño Dios; un Dios preocupado por las cosas pequeñas”.
Él advertía: No podía soportar la idea de que ningún otro Dios recibiera una parte del homenaje dominical de esta cómica e insignificante raza humana. Lo quería todo entero para Sí. Lo valoraba. Para Él representaba riqueza; exactamente como las monedas de latón para los zulúes.
Cartas desde la Tierra. La carta de Satanás. Carta VI.

(Pàg. 182)
La Ley de Dios, al ser creada la mujer, fue la siguiente: No habrá límite impuesto sobre tu capacidad de copular con el sexo opuesto en ninguna etapa de tu vida. La ley de Dios, al ser creado el hombre, fue la siguiente: Durante tu vida entera estarás sometido sexualmente a restricciones y límites.
Cartas desde la Tierra. La carta de Satanás. Carta VIII.

(Pàg. 188)
Con el tiempo, la Deidad percibió que la muerte era un error, un error insuficiente; un error, en razón de que a pesar de ser un agente admirable para infligir infelicidad al superviviente, permitía a la persona que moría escapar a toda la persecución posterior en el bendito refugio de la tumba. Dios meditó sobre este asunto, sin éxito, durante cuatro mil años, pero tan pronto como bajó a la Tierra y Se hizo cristiano se Le aclaró la mente y supo qué hacer. Inventó el infierno y lo proclamó.
Cartas desde la Tierra. La carta de Satanás. Carta X.

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