divendres, 16 de setembre de 2016

A Cool Milion. Desmontando a Lemuel Pitkin - Nathanael West



"La cárcel es su primera recompensa. La pobreza, la segunda. La violencia, la tercera. La muerte, la última."






West, Nathanael. A Cool Milion. Desmontando a Lemuel Pitkin. 
Madrid: Gallo Nero, 2011


A Cool Milion. The Desmantling of Lemuel Pitkin. Traducció de Laura Salas
Col·lecció Narrativas, 9
 


 Què en diu la contraportada...
Lemuel Pitkin abandona su tranquilo pueblo de Vermont y sale en busca de fortuna. América, eso le han dicho, es el país de las oportunidades. Honesto e ingenioso, el pobre Lemuel acaba estafado por toda clase de buscavidas, y su carrera hacia el triunfo adquiere tintes más bien dramáticos. Sus desventuras se suceden sin posibilidad de un final feliz, y un sinfín de desgracias recae sobre su cabeza, pero él sigue haciendo gala de un inquebrantable optimismo. A Cool Milion, que Harold Bloom describirá como “una imperecedera sátira americana”, es un antídoto contra la ingenuidad y contra las engañosas luces del sueño americano.

Uno de los libros más divertidos y despiadados de la literatura norteamericana, cómica y frenético, es una crítica feroz a la naciente sociedad de consumo, a sus fraudes y a su frialdad.

 Com comença...
El hogar de la señora Sarah Pitkin, una viuda entrada en años, estaba situado en un promontorio que daba al río Rat, cerca del pueblo de Ottsville, en el estado de Vermont. Era una humilde morada, deslucida por el uso pero muy querida para ella y su único hijo, Lemuel.

 Moments...
(Pàg. 80)
- (...) Ciudadanos americanos –continuó el señor Whipple cuando el ruido se acalló-, nosotros, la clase media, estamos centre dos ruedas de molino que nos aplastan. El capital es la de arriba, y el sindicato la de abajo, y entre ellas sufrimos y morimos, molidos hasta la muerte.

(Pàg. 121)
- (...) ¡Soy inocente! –repitió Lem con desesperación.
- Cristo también lo era –explicó el señor Barnes con un suspiro-, y lo crucificaron. No obstante, me caes bien; se ve que eres de Nueva Inglaterra, y yo mismo soy de New Hampshire. Quiero ayudarte. Se te acusa de tres cargos; supongamos que te declaras culpable de uno de los tres y olvidamos los otros dos.
- Pero si soy inocente –volvió a repetir Lem.
- Quizás, pero no tienes dinero bastante para probarlo, y además tienes unos enemigos muy poderosos (...)

(Pàg.125) 
- (...) Dejé Ottsville para hacer fortuna y hasta ahora he estado dos veces en la cárcel y he perdido todos los dientes y un ojo.
- El que algo quiere, algo le cuesta –dijo Betty-. Cuando hayas perdido los dos ojos, podrás hablar. El otro día leí sobre un hombre que perdió los dos ojos, pero acumuló una fortuna. No recuerdo cómo , pero lo hizo. Y además, piensa en Henry Ford. Estaba arruinado a los cuarenta y tomó mil dólares prestados de James Couzens; cuando se los devolvió, tenía treinta y ocho millones de dólares. Tú solo tienes diecisiete años, y ya dices que eres un fracasado. Lem Pitkin, me sorprendes.

(Pàg. 141)
- (...) Hurgar en el suelo –murmuró con repugnancia el forastero-. Eso no es trabajo para un caballero.
Estas últimas palabras fueron pronunciadas en tal tono de desprecio que todos sonrieron. Con su camisa roja sus vastos calzones de cuero y su piel color café no demasiado limpia, no podía decirse que fuera la viva imagen de un caballero, al menos en el sentido convencional del término.
- Está muy bien ser un caballero, si tiene uno dinero al que poder recurrir –señaló Lem, con sensatez pero sin malicia.

(Pàg. 154) 
“(...) Para compensar todas estas pérdidas, aceptamos la civilización del hombre blanco, la sífilis y la radio, la tuberculosis y el cine. Aceptamos su civilización porque él mismo creía en ella. Pero ahora que ha comenzado a dudar, ¿por qué deberíamos seguir aceptándola? Su regalo final para nosotros es la duda, una duda que corroe el alma. Pudrió su tierra en el nombre del progreso, y ahora se está pudriendo él mismo. El hedor de su miedo llega hasta la nariz del gran dios Manitú.

¿En qué sentido es el hombre blanco más sabio que el piel roja? (...)”

(Pàg. 166)
(...) Como muchos otros “poetas”, achacaba su fracaso literario al público americano, en lugar de a su propia falta de talento, y sus ansias de revolución eran en realidad ansias de venganza. Además, como él había perdido la fe en sí mismo, consideró tarea suya socavar la fe de la nación en sí misma.

(Pàg. 175) 
(...) la multitud se precipitó en todas direcciones al grito de “¡Linchadlo! ¡Linchadlo!”, pese a que al menos tres cuartas partes de sus miembros no sabían a quién se suponía que tenían que linchar. Sin embargo, ese hecho no los molestó. Consideraron su falta de conocimiento más como una ventaja que como un impedimento, pues les daba gran holgura a la hora de escoger a su víctima.

(Pàg.190) 
“(...) La cárcel es su primera recompensa. La pobreza, la segunda. La violencia, la tercera. La muerte, la última.

Simple y breve fue su peregrinaje; aunque pasen mil años, ninguna historia, ninguna tragedia, ningún poema épico contendrá mayor maravilla, o  podrá ser seguido por la humanidad con mayor sentimiento que el que nos habla de la vida y la muerte de Lemuel Pitkin (...).”

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