dimecres, 12 d’agost de 2015

La autopista del Sur - Julio Cortázar




"Se esperaba más del sueño que de las noticias siempre contradictorias y desmentidas."





Cortázar, Julio. La autopista del Sur. 
Madrid: Nórdica Libros, 2010

Col•lecció Minilecturas, 1
 


 Que en diu la contraportada...
En este relato, escrito en 1964, Julio Cortázar narra un fabuloso atasco en la autopista entre Fontainebleau y París un domingo por la tarde. En realidad se trata de una metáfora de nuestras propias vidas: vivimos atrapados en una rutina. Cada persona en su automóvil, identificada por su marca o modelo, tiene como objetivo llegar a París para realizar una determinada tarea. Un accidente hará que compartan un mismo tiempo y lugar, la autopista, durante varios días. Aunque se irán generando grupos para poder subsistir, cada protagonista vive su propia soledad.

Como señala Ariel Dorfman, La autopista del sur constituyó una advertencia acerca del despeñadero hacia el que nos dirigíamos, y esa crítica a la tecnología se vuelve hoy aún más válida y necesaria, ahora que la globalización es el dogma indiscutible de la época.

Jean-Luc Godard se inspiró en este fantástico relato para realizar su película Weekend (1967).

 Com comença...
Al principio la muchacha del Dauphine había insistido en llevar la cuenta del tiempo, aunque al ingeniero del Peugeot 404 le daba ya lo mismo. Cualquiera podía mirar su reloj pero era como si ese tiempo atado a la muñeca derecha o el bip bip de la radio midiera otra cosa, fuera el tiempo de lo sque no han hecho la estupidez de querer regresar a París por la autopista del sur un domingo de tarde (...).

 Moments...
(Pàg. 10)
El  404 del ingeniero ocupaba el segundo lugar de la pista de la derecha contando desde la franja divisoria de las dos pistas, con lo cual tenía otros cuatro autos a su derecha y siete a su izquierda, aunque de hecho solo pudiera ver distintamente los ocho coches que lo rodeaban y sus ocupantes, que ya había detallado hasta cansarse (...).

(Pàg. 15) 
(...) contaban de otro domingo en que el tránsito había estado detenido durante cinco horas, pero ese tiempo empezaba a parecer casi nimio ahora que el sol, acostándose hacia la izquierda de la ruta, volcaba en cada auto una última avalancha de jalea anaranjada que hacia hervir los metales y ofuscaba la vista (...).

(Pàg. 36)
A mediodía habían avanzado más de cincuenta metros, y empezaba a divisarse la sombra de un bosque a la derecha de la ruta. Se envidiaba la suerte de los que en ese momento podían ir hasta la banquina y aprovechar la frescura de la sombra; quizá había un arroyo , o un grifo de agua potable. La muchacha del Dauphine cerró los ojos y pensó en una ducha cayéndole por el pecho y la espalda, corriéndole por las piernas; el ingeniero, que la miraba de reojo, vio dos lágrimas que le resbalaban por las mejillas.

(Pàg. 43) 
Un hastío sin nombre pesaba sobre ellos al anochecer; se esperaba más del sueño que de las noticias siempre contradictorias y desmentidas.

(Pàg. 48)
Ya nadie llevaba la cuenta de lo que se había avanzado ese día o esos días; la muchacha del Dauphine creía que entre ochenta y doscientos metros; el ingeniero era menos optimista pero se divertía en prolongar y complicar los cálculos con su vecina, interesado a ratos en quitarle la compañía del viajante del DKW que le hacía la corte a su manera profesional.

(Pàg. 53) 
En la noche los grupos ingresaban en otra vida sigilosa y privada; las portezuelas se abrían silenciosamente para dejar entrar o salir alguna silueta aterida; nadie miraba a los demás, los ojos estaban tan ciegos como la sombra misma. Bajo mantas sucias, con manos de uñas crecidas, oliendo a encierro y a ropa sin cambiar, algo de felicidad duraba aquí y allá.

(Pàg. 65) 
No se podía hacer otra cosa que abandonarse a la marcha, adaptarse mecánicamente a la velocidad de los autos que lo rodeaban, no pensar.  En el Volkswagen del soldado debía de estar su chaqueta de cuero. Taunus tenía la novela que él había leído en los primeros días. Un frasco de lavanda casi vacío en el 2HP de las monjas. Y él tenía ahí, tocándolo a veces con la mano derecha, el osito de felpa que Dauphine le había regalado como mascota.

(Pâg. 66)
(...) y se corría a ochenta kilómetros por hora hacia las luces que crecían poco a poco, sin que ya se supiera bien por qué tanto apuro, por qué esa carrera en la noche entre autos desconocidos donde nadie sabía nada de los otros, donde todo el mundo miraba fijamente hacia adelante, exclusivamente hacia adelante.

 Altres n'han dit...

 Enllaços:


2 comentaris:

  1. El primer pensament que m'ha vingut al cap en començar a llegir l'argument del llibre és el vídeo de REM "Everybody hurts" (https://www.youtube.com/watch?v=ijZRCIrTgQc)!!!

    ResponElimina
    Respostes
    1. Hola Anna G.,
      doncs mira... no ho coneixia... si més no, el punt de partida és el mateix.
      Salutacions i gràcies per la teva aportació.

      Elimina