dimecres, 19 de març de 2014

Liquidación - Imre Kertész





"(...) todo el mundo tiene algo llamado ideal, aunque no resulte conveniente mencionarlo y todos lo nieguen."



Kertész, Imre. Liquidación.
Madrid: Alfaguara, 2004

Felszámolás/Liquidation. Traducció d'Adan Kovacsics
Col·lecció Literaturas  i


è Què en diu la contraportada...
¿Puede resultar la muerte voluntaria el único modo de hacer el bien?
Keserű trabaja en una editorial y ha recogido los papeles póstumos de B., su amigo escritor, que se ha suicidado. Busca entre ellos una novela inédita y se embarca sin esperarlo en la revisión de su propia vida.
Es entonces cuando comienza a desvelarse también la historia detrás del escritor: su pasado en Auschwitz, sus historias de amor, sus obras inacabadas y la influencia que tuvieron sobre él los cambios políticos de finales de los ochenta.
En la nueva novela de Imre Kertész después del Premio Nobel, los personajes, sometidos a las devastadoras consecuencias de los totalitarismos del siglo XX, se enfrentan a un mundo sin lógica en una obra heredera de la mejor tradición literaria centroeuropea.


è Com comença... 
Llamemos Keserú a nuestro hombre, al héroe de esta historia. Imaginaos a una persona y luego un nombre. O a la inversa: imaginamos un nombre y luego la persona. Todo ello resulta, sin embargo, préroe de esta historia, se llama realmente Kesurú.
Así se llamaba también su padre.
E incluso su abuelo.
escindible en este caso, porque nuestro hombre, el h

è Moments...
(Pàg. 26)
El mundo inmóvil de las vidas suspendidas, continuamente ensuciado por esperanzas caducas. Ellos, sin embargo, ni siquiera lo ven. Sólo conservan el nebuloso recuerdo de la lucha, en la que arremetían todos los días con manos y pies contra muros considerados impenetrables hasta que un buen día -quién sabe por qué- la resistencia cedió, y ellos se encontraron de pronto en la nada, que en el primer momento de estupor tomaron por libertad.

(Pàg. 37) 
B al menos tenía una historia, aunque fuese una historia inenarrable e incomprensible.
Yo no llego ni a eso. Yo debo contar la historia de B para ver mi vida como una historia (y quién no desea conocer su historia que luego, para tranquilizarse -o, a la inversa, para inquietarse-, llamarà destino?).

(Pàg. 41) 
Odiaba el nombre que había recibido  de su padres, como odiaba a sus padres y a todos cuantos habían causado su existencia, dijo en una ocasión.

(Pàg. 42) 
(...) ¿Qué significa eso en Auschwitz, donde basta el gesto de un dedo para borrar vidas? La madre da a luz a su hijo en el barracón hospital, y aunque se lo retiran enseguida, el niño, quién sabe cómo, sobrevive.
- Una historia repugnante -señaló B-, pero no tienes por qué llevarla siempre encima, como la cartera o el documento de identidad. Puedes dejarla en cualquier sitio, olvidarla en el bar, o tirarla en la calle como un paquete molesto que te ha entregado un extraño. De hecho, pensándolo bien, las llamadas circunstancias normales de un nacimiento tampoco son demasiado edificantes. Quien nace nunca es responsable de haber nacido.

(Pàg. 45) 
No existía la literatura en mi familia. Ni nada de arte. Me crié entre gente sobria, formada por guerras y diversas dictaduras... ¿Para qué? Formularía con más precisión si dijera que me crié entre gente sobria cuya alma, carácter y personalidad fueron liquidados por las guerras y diversas dictaduras.

(Pàg. 48) 
Me sentía un elegido, iniciado en un secreto guardado para unos pocos, alguien a quien han despertado de sopetón para desvelarle, a la luz deslumbrante de una sentencia, el estado insalvable del mundo.
Aun así, no creo que este libro me llevara a mi funesto camino. Lo leí, y se durmió poco a poco en mi interior, como otros, bajo las gruesas y blandas capas de mis lecturas posteriores. Un sinnúmero de libros duerme en mi interior, buenos y malos, de todos los géneros. Frases, palabras, párrafos y versos, que, tal infatigables realquilados, resucitan de forma inesperada, vagan en solitario por mi cabeza y a veces se ponen a badajear allí a voz en cuello, sin que yo atine a callarlos.

(Pàg. 49) 
No, no, no se llega a editor por error. Sea como fuera, la literatura es la trampa en la que uno cae. O, para ser exacto, la lectura. La lectura como droga que difumina agradablemente los perfiles implacables de la vida que nos domina.

(Pàg. 52)
No es culpa mía, pero lo cierto es que todo el mundo tiene algo llamado ideal, aunque no resulte conveniente mencionarlo y todos lo nieguen. Vi a un hombre que vivía según sus propias leyes. Pasó el tiempo, y de pronto descubrí que parasitaba de sus palabras.

(Pàg.56)
Quien no ha vivido en el mundo de las causas ininteligibles, quien no se ha despertado nunca con el sabor de este asco en la boca, quien no ha sentido nunca cómo se extiende por su organismo y lo domina, por último, esta epidemia de la impotencia universal, no sabe de qué estoy hablando.

(Pàg. 59) 
De repente pasé del matrimonio a la verdad (...)

(Pàg. 62)
¿Cómo fue a parar a ese círculo, él, que se abstenía de actuar, se sonreía de las esperanzas, no creía, no negaba, no deseaba cambiar nada ni deseaba aprobar nada?

(Pàg. 67) 
Vivimos en la época de la catástrofe, cada ser humano es portador de la catástrofe, y por eso se necesita un saber vivir muy particular para seguir tirando, dijo. El hombre de la catástrofe carece de destino, carece de cualidades, carece de carácter. Su horrendo entorno social -el Estado, la dictadura, o llámalo como quieras- lo trae con la fuerza de un remolino vertiginoso, hasta que renuncia a oponer resistencia y el caos brota en él como un géiser hirviente... A partir de ese momento, el caos se convierte en su hogar.

(Pàg. 69)

Es fácil morir
la vida es un gran campo de concentración
instalado por Dios en la Tierra para los hombre
y éstos lo desarrollaron para convertirlo
en campo de exterminio para los hombres
Suicidarse es tanto como
engañar a los vigilantes
huir desertar dejar con un palmo de narices
a quienes se quedan

(Pàg. 87)
Bé era judío, dijo Sara.
Ya lo sabemos, respondí.
- No lo sabemos -dijo Sara-. No sabemos lo que significa ser judio.

(Pàg. 89) 
He creado una criatura, una vida frágil y delicada con el único fin de destruirla. Si algo sabes, calla para siempre. Soy como Dios, ese canalla...

(Pàg. 95)
(...) los hombres, en general, no solían comprender que es más fácil odiar que amar y que el amor de los perdedores es el odio.

(Pàg. 97)
Se necesitan estos pequeños lapsus y torpezas. En cierto sentido confirman al hombre, confirman precisamente que el hombre es un hombre, al que nunca nada podrá salirle bien.

(Pàg. 113)
¿Qué sería un editor sin la fe, sin una tarea espiritual? ¿Qué seria en un mundo censurado, maligno y analfabeto? Nada ni nadie. Un esclavo obligado a corregir deberes, un corrector abocado a la ceguera. Yo, sin embargo, creo en la escritura. No creo en nada más, sólo en la escritura. El hombre vive como un gusano pero escribe como los dioses. En algún momento se conocía este secreto, que ahora, sin embargo, se ha olvidado: el mundo está compuesto por fragmentos que se desintegra, es un caos oscuro e inconexo sólo sostenido por la escritura. El hecho de poseer una idea del mundo, de no haber olvidado todo cuanto ha ocurrido, de no haber olvidado que, en general, se tiene un mundo, se debe a la escritura.

(Pàg. 115)
Es tan extraño cómo pasa el amor. De repente, el mundo a tu alrededor se torna frío, gris, comprensible, sobrio y extraño.

(Pàg. 123)
- (...) Bé jamás se consideró un escritor -dije.
Vi que te extrañó:
- Pero escribía...
- Porque era su único medio de expresión. Sin embargo, el verdadero medio de expresión del hombre es la vida, decía el siempre. Vivir la vergüenza de la vida y callar; tal es el logro más grande. Cuántas veces lo dijo, cuántas, hasta la locura.

(Pàg. 124)
(...) Te pedí que no lo hicieras. ¿Por qué no? Porque era humillante, respondí. ¿Qué hay de humillante en ello? El hecho de que el hombre pueda caer tan bajo. ¿En qué sentido? ¿A qué profundidad? Muy bajo, al nivel de Auschwitz, allí donde el hombre pierde la voluntad y la compostura, donde abdica de sus metas, donde se pierde a sí mismo.

è Altres n'han dit...
Lecturas errantesApostillas literarías, Libros y LiteraturaEl CulturalUn libro al día, El País, ABC.

è Enllaços:
Imre Kertész, pessimisme existencial, dubtes hamletians, el recurs de la metaliteratura per parlar del passat, analítica sobre l'escriptura de l'autor.

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