dimarts, 5 de juny de 2012

El violín negro - Maxence Fermine



"Y nadie supo nunca que había sido un genio." 



Fermine, Maxence. El violín negro.
Barcelona: Anagrama, 2002


Le violon noir. Traducció de Javier Albiñana
Col.lecció Panorama de Narrativas, 495






>> Què en diu la contraportada...
Venecia está invadida por las tropas napoleónicas. Johannes Karelsky, violinista cuyo talento ha causado admiración desde su infancia, enrolado en la armada francesa y herido en combate, encuentra albergue en casa de un enigmático luthier. La complicidad que los une desde el principio se convertirá rápidamente en una firme amistad; y la simple evocación de una voz femenina los arrastrará a territorios insospechados para ellos, uniéndolos hasta la muerte. El violín negro, la dolorosa obra maestra del luthier, ¿será en definitiva el instrumento de su pérdida o el de su redención?
En un lenguaje sobrio y poético, y con su reconocida sensibilidad para la belleza, Maxence Fermine, el autor de la celebrada Nieve, nos revela los secretos de las ciudades y de las almas.

>> Com comença...
Por una curiosa inclinación que rayaba a veces en la locura, Johannes Karelsky nunca tuvo otra meta en la existencia que transformar su vida en música. En otras palabras, su vida era una partitura inacabada que él descifraba a diario de modo cada vez más genial.

Johannes Karelsky era violinista. Interpretaba magistralmente piezas musicales que todo el mundo escuchaba arrobado pero que nadie oía de verdad.

En 1875, a los treinta y un años, alcanzó la plenitud de su arte. Le quedaban treinta y un años por vivir.

>> Moments...
(Pàg. 21)
Cada noche, después del concierto, Johannes regresaba a su soledad de niño. Nunca se había sentido tan solo como desde que lo conocía todo el mundo.

(Pàg. 24)
- Creo que Francia le espera –dijo el funcionario de correos.
Le alargó la carta con mano indecisa. Johannes le sostuvo la mirada, cogió el pliego y le quitó el sello. Al leerlo, palideció; luego alzó los ojos y dijo:
- Tiene usted razón. Me necesita. Pero ¿qué puedo ofrecerle, salvo mi vida?

(Pàg. 29)
¿De modo que aquello era la guerra? ¿Aquella incesante carnicería, aquellos heridos y aquellos muertos a su alrededor, aquel sabor a lodo y a sangre en la boca? ¿Aquellos soldados andrajosos, hediondos y sucios, sin pan, sin alma? ¿Aquel ensordecedor estrépito que le rompía los tímpanos hasta hacerle gritar de dolor?
¿Qué había sido de la música que meciera antaño la vida a los sones de su violín? ¿De modo que aquella boca devoradora jamás saciada era la guerra?

(Pàg. 55)
No existe nada peor que haber sido dichoso una vez en la vida. Después, todo lo demás, aun la cosa más insignificante, se convierte en una gran desdicha.

(Pàg. 89)
Por entonces tenía veinte años, y descubrí Venecia por primera vez. Me sentía poseedor de dos cosas puras y bellas: un violín y un corazón. Ignoraba que iba a romper uno y otro. Para siempre.

(Pàg. 113)
- (...) El violín es el instrumento que más se parece a la voz femenina. Además, cubre todo su registro, desde la soprano hasta la contralto. Existe también una turbadora abalogia entre el cuerpo de una mujer y el de un violín.
- ¿Quiere usted decir que violín y mujer no hacen más que uno?
- Estoy convencido.
- Es cierto –admitió el joven-. Hay que reconocer que existen sorprendentes similitudes. Pero de ahí a suponer que sería posible reproducir una voz, ¡y qué voz!, con un pedazo de madera, media un paso que usted no puede dar.
- Yo no supongo nada –dije con tono cortante-,¡afirmo!

(Pàg. 133)
Y nadie supo nunca que había sido un genio.

>> Altres n'han dit...
Lola (GoodReads), Autobiografía lectora, Proyecto detener el tiempoAuto de FeMy Public Library Reading Blog,

>> Enllaços:
Maxence Fermine, retrat 

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada