dijous, 19 d’abril de 2012

Claroscuro - Nella Larsen



"(...) Estaba atrapada entre dos fidelidades diferentes y aún así idénticas. Ella misma y su raza. ¡La raza! Vínculo y opresión. Diera el paso que diera, y aun no dando ninguno, algo se destruiría. El individuo o la raza." 





Larsen, Nella. Claroscuro
Zaragoza: Contraseña, 2011

Passing. Traducció de Pepa Linares


>> Què en diu la contraportada...
Claroscuro, un soberbio drama sobre la identidad y el deseo traducido por primera vez al castellano, narra la relación de amistad entre dos mujeres de color en la Nueva York de los años veinte.

Irene Redfield se reencuentra por casualidad con una amiga de la infancia, Clare Kendry, quien comparte con ella el hecho de que, a pesar de ser negra, su piel es lo suficientemente clara para que pueda pasar por blanca. Irene ha permanecido en la comunidad negra y está casada con un médico afroamericano. Clare, sin embargo, oculta su identidad racial y está casada con un blanco que goza de una desahogada posición económica y desprecia a la gente de color. El casual encuentro hace que, a pesar de la reticencia inicial de Irene, retomen su amistad, amistad que le permitirá a Clare cumplir su deseo de reencontrarse con los de su raza.

Nella Larsen, la autora de Claroscuro,introdujo a García Lorca en los círculos de los negros de Harlem, donde el poeta halló inspiración para escribir su Poeta en Nueva York.

>>Com comença:
Aquella era la última del delgado montón de cartas que componían el correo matinal de Irene Redfield. Después de las otras, corrientes y dirigidas con claridad, el sobre largo de fino papel italiano con su garabateado casi ilegible resultaba exótico y fuera de lugar. Tenía, además, algo misterioso y hasta cierto punto furtivo; era un objeto sutil y artero, sin un remite que delatara al que la enviaba. Y no es que Irene no adivinara en el acto de quién se trataba.

>>Moments:
(Pàg. 46)
Nunca, ni siquiera entonces, hubo en la idea que Clare Kendry tenía de la vida el menor atisbo de sacrificio o de lealtad a otra cosa que no fuera su deseo inmediato. Era egoísta, fría y dura, y, sin embargo, estaba igualmente dotada de una curiosa capacidad para llevar el gesto cálido y la pasión hasta los límites de la ampulosidad teatral.

(Pàg. 68)
- (...) No creo que puedas aterrizar de la nada y esperar que la gente te reciba con los brazos abiertos. ¿O me equivoco?
- Casi –afirmó Clare-. Rene, te sorprendería lo fácil que es entre los blancos, mucho más que entre nosotros; tal vez porque son tantos o porque están más seguros y no tienen de qué preocuparse. Nunca sé qué pensar.

(Pàg. 106)
Brian, pensaba, era un hombre muy atractivo. No guapo o afeminado, desde luego: la ligera irregularidad de la nariz lo salvaba de la belleza; y la marcada dureza de la barbilla, del afeminamiento.

(Pàg. 109)
- Es curioso lo nuestro con los que se hacen pasar por blancos. Por un lado condenamos su actitud y por otro lo toleramos. Provoca en nosotros desprecio, pero también admiración. Nos apartamos con una especie de asco y al mismo tiempo los protegemos.
- Es el instinto de la raza para sobrevivir y multiplicarse –dijo Brian.
- ¡Sandeces! No todo se explica con generalidades biológicas.
- Absolutamente todo. Fíjate en los llamados blancos, han dejado toda la tierra conocida plagada de bastardos, porque el instinto de la raza para sobrevivir y multiplicarse vale también en su caso.

(Pàg. 114)
(...) Cuanto más pronto y más cosas sepa del sexo, mejor. Sobre todo si aprende que se trata de un chiste, el mayor chiste de este mundo. Así se ahorrará después muchas decepciones.

(Pàg. 118)
En realidad, desde la niñez, sus vidas no habían coincidido nunca. Eran más extrañas que otra cosa: extrañas en su estilo y en su tren de vida, en sus deseos y sus ambiciones; y extrañas también en su conciencia racial. La barrera que se alzaba entre ellas era tan alta, tan ancha y tan sólida como si Clare no llevara en las venas aquellas trazas de sangre negra. A decir verdad, era aún más alta, más ancha y más sólida porque para ella existían ciertos peligros que otros, los que no guardaban secretos alarmantes y capaces de comprometerlos, desconocían o eran incapaces de imaginar.

(Pàg. 142)
En general, gustaba. Era tan amable y tan sensible, estaba siempre tan dispuesta a servir el dulce plato de la adulación... No le importaba aparentar que estaba un poco triste o hacerse la víctima con tal de que los demás la comparecieran. Y, por mucho que los frecuentara, continuaba siendo una solitaria, una persona un poco rara y misteriosa, de las que despiertan curiosidad o admiración o de las que producen lástima.

(Pàg. 164)
La Navidad, con su atmósfera irreal, su agitación febril y su falsa alegría, llegó y se fue. Irene agradecía el alboroto y el desorden de la época. Las molestias, la gente, la reiteración vacía e insincera de felicitaciones, se interpusieron entre ella y la contemplación de su desdicha galopante.

(Pàg. 166)
Estaba atrapada entre dos fidelidades diferentes y aún así idénticas. Ella misma y su raza. ¡La raza! Vínculo y opresión. Diera el paso que diera, y aun no dando ninguno, algo se destruiría. El individuo o la raza. Clare, ella o la raza. O tal vez las tres. No podía imaginar nada más absolutamente paradójico.

(Pàg. 180)
Seguridad. ¿Era únicamente una palabra? Y, si no lo era, ¿solo se conquistaba a cambio del sacrificio de cosas como el amor, la felicidad o algún éxtasis salvaje que ella nunca había experimentado? ¿Creer demasiado en una vida segura y estable, poner demasiado empeño en conservarla, incapacitan para otras cosas?

>>Altres n'han dit...
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