diumenge, 16 d’abril de 2017

Malentendido en Moscú - Simone De Beauvoir





"Ya no es amor: tan solo soy una costumbre."







De Beauvoir, Simone. Malentendido en Moscú.

Barcelona: Navona, 2016

Malentendu à Moscou. Traducció de Joachim De Nys.
Col·lecció Impactos, 3



 Què en diu la contraportada...
Nicole y André forman una pareja de profesores franceses jubilados que viajan a Moscú para visitar a Masha, hija de él, nacida de un primer matrimonio. En un sutil juego de pensamientos y reflexiones de los dos personajes principales, al margen de sus actividades viajeras, se va configurando la conciencia que tienen de sus vidas en el momento presente, como si el distanciamiento de su vida parisina habitual hiciera de revulsivo para adquirir un conocimiento final de sí mismos y de su relación. La autora utiliza sus personajes para bordar temas personales como la crisis de pareja, el temor a envejecer o el sentimiento de fracaso por no haber alcanzado la meta de sus ambiciones juveniles, y, a la vez, inspirada en sus estancias con Sartre en la Unión Soviética durante la década de 1960, contrapone el entusiasmo por aquel país en sus primeros contactos a la decepción posterior ante la desaparición de un puro y soñado ideal socialista.

 Com comença...
Alzó la vista del libro. ¡Qué aburrimiento, todas esas cantilenas sobre la no-comunicación! Si uno se empeña en comunicar, lo consigue mal que bien. No con todo el mundo, de acuerdo, pero con dos o tres personas. Sentado en el asiento de al lado, André leía un ejemplar de la Série Noire. Ella le ocultaba algunos estados de ánimo, pesares o desvelos sin importancia; sin duda, él también debía de tener sus pequeños secretos, pero a grandes rasgos no ignoraban nada el uno del otro.

 Moments...
(Pàg. 23)
Vieja. Cuando estaba con André se le olvidaba a menudo, pero mil pequeños arañazos venían a recordárselo.

(Pàg. 37)
Pensaba que no se casaría, que seguiría siendo el niño que me había dicho, como todos los niños: “Cuando sea mayor me casaré contigo”.  Y una tarde dijo: “¡Voy a anunciarte una gran noticia!”, con el aire un poco sobrexcitado de un chiquillo que, en un día de fiesta, ha jugado, ha reído y ha gritado demasiado. Y luego ese golpe de timbal en el pecho de Nicole, la sangre en sus mejillas, todas sus fuerzas en tensión para impedir el temblor de sus labios. Una noche de febrero, las cortinas cerradas, la luz de las lámparas sobre el arco iris de los cojines, y ese pozo de ausencia, cavado de repente: “Vivirá con otra, en otra parte”.

(Pàg. 46)
Nicole no parecía tener conciencia de su edad; él no hablaba de la suya; pero pensaba a menudo en ella, escandalizado. Durante mucho tiempo –con mala fe, de forma atolondrada, inventándose historias- se había negado a considerarse un adulto. Ese profesor, ese padre de familia, ese cincuentón no eran él en verdad. Y he aquí que la vida se cerraba sobre él; ni el pasado ni el futuro ya no le ofrecían coartada.

(Pàg. 54)
¡Había olvidado tanto! A menudo esa curiosidad que había mantenido casi intacta no le parecía más que un residuo maníaco: ¿de qué sirven si los recuerdos acaban esfumándose?

(Pàg. 73)
- (...) Estoy agotada –dijo Nicole
- Ya llegamos.
- Es un fastidio envejecer.
Masha la había asido del brazo. “¡Qué cosas dice! Sois tan jóvenes los dos.”
Se lo decían a menudo: tiene usted un aspecto joven, es usted joven. Cumplido ambiguo que anuncia arduos días venideros. Mantener la vitalidad, la alegría, la agilidad mental, eso es permanecer joven. Luego el sino de la vejez es la rutina, la tristeza, la decrepitud. Dicen que la vejez no existe, que no es nada; o incluso que es muy hermosa, muy emocionante. Pero cuando se encuentran con ella la disfrazan púdicamente con palabras engañosas.

(Pàg. 93)
A veces sucede que al envejecer la indiferencia se adueña de nosotros (...).

(Pàg. 112) 
En el océano del tiempo, ella era un roca azotada por olas siempre nuevas y que no se mueve, y que no se gasta. Y ahora el flujo la arrastraba, la arrastraría hasta acabar encallando en la muerte. Trágicamente su vida se le escapaba de las manos. Y sin embargo se escurría de hora en hora, de minuto en minuto. Siempre había que esperar a que el azúcar se fundiera, a que el recuerdo se apaciguara, la herida se cicatrizara, el aburrimiento se disipara. Extraño corte entre esos dos ritmos. Al galope escapan mis días, y en cada uno de ellos languidezco.

(Pàg. 114)
Nunca había soportado el aburrimiento. Y aquella tarde, si lo sufría hasta la angustia es porque se desbordaba sobre su porvenir. Años de aburrimiento, hasta sobrevenir la muerte.

(Pàg. 128)(...) él se sentía a gusto aquí. Daba por sentado que ella también se sentía a gusto. Ya no es amor: tan solo soy una costumbre.

(Pàg. 136)
Ya no deseaba otra cosa que dejarse vivir. Antes solo le gustaba vivir. Pero vivir era para él una invención perpetua, una aventura en la cual la embarcaba a ella, alegre, imprevista. Ahora daba la impresión de vegetar: eso es la vejez, no quiero.

(Pàg. 151)
Releer la aburría. Uno se acuerda conforme va avanzando, o al menos se lo imagina. Pero falta lo que constituye la alegría de leer: esa libre colaboración con el autor, que es casi una creación. Seguía sintiendo curiosidad por su época, se mantenía al corriente de las novedades. Pero esas obras antiguas que la habían convertido en lo que era y ya no dejaría de ser, ¿qué podían aportarle?

 Altres n'han dit...
Culturamas, Libros y literatura, Los Mil y un Libros, Adivina quién lee, Ceremonias, Letras in.verso e re.verso, Minha vida literáría, Traffico di parole.

 Enllaços:
Simone De Beauvoir, context, anàliside l'amor com a utopia, exercici de teràpia, el temps, la decadència, el socialisme..., pinzellada literària, viatge al desencant, punts de vista, un text menor?.

1 comentari:

  1. Els talls de les planes 73, 112 i 114 colpeixen especialment. Magnifica sel·lecció.

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