dissabte, 18 de maig de 2013

Noche fantástica - Stefan Zweig




"No conozco nada, no sé nada, no hago nada, me hundo en la inutilidad."




Zweig, Stefan. Noche fantástica.
Barcelona: Acantilado, 2005


Traducció de Roberto Bravo
Col·lecció Narrativa del Acantilado, 84 i


è  Què en diu la contraportada... 
Noche fantástica contiene siete relatos de Stefan Zweig. Una prostituta que por unos instantes revive su vida en la Viena de principios de siglo, un estudiante de medicina que descubre los enigmas de la existencia de manera dramática, la metamorfosis insospechada de un joven rico y aburrido o el destino de una pequeña ciudad judía en medio de una Alemania en pleno invierno, son algunos de sus argumentos. Todos ellos nos confirman de nuevo la sorprendente habilidad narrativa de su autor por profundizar en los más hondos entresijos del alma humana. Una conmovedora soledad emotiva y la inevitable pérdida de inocencia que de ella deriva, completan la evocación de un mundo, tan irrecuperable como sorprendentemente actual, que Zweig describe con mano maestra.

è  Com comença...
Irrumpió por la puerta como un torbellino.
-¿Ha llegado ya mi vestido?
- No, señorita-respondió la doncella-, y ya dudo que llegue hoy.
-¡Naturalmente que no, ya conozco yo a esa holgazana! -exclamó con voz trémula, conteniendo un sollozo-. Ahora son las doce, a la una y media tendría que bajas al Prater para el derby. ¡Y por esa estúpida no voy a poder! ¡Y además con el buen tiempo que hace!
Y furiosa, echando chispas de rabia, dejó caer su esbelta figurita en el pequeño sofá persa que, adornado profusamente con volantes y flecos, estaba en una esquina de aquel boudoir decorado con una fantástica falta de gusto.

è  Moments...
(Pàg. 15)
Había vivido poco  tenía poca experiencia, era vedad que había amado mucho de la amanera en que aman los muchachos, pero "las aventuras" que ansía tener la mayoría de la gente joven había sido muy, muy escasas en su caso, por no decir que jamás habían tenido lugar, porque le faltaba el atrevimiento, que es la condición principal para tales experiencias. Su amor se había quedado las más de las veces en simples suspiros lánguidos, de quien admira desde la distancia, cautelosamente, y se pierde en poemas y ensueños.
Primavera en el Prater

(Pàg. 53) 
¿Podría llegar a ser alguna vez como ese Schramek: tan firme, tan fuerte, tan libre? Lo invadió el furioso anhelo de poder hablar tan viva y enérgicamente, tener músculos, poder agarrar la vida con firmeza y no pactar con ella de ninguna manera. ¿Podría llegar a ser así alguna vez? Desconfiado, miró en el espejo su rostro infantil, tímido, delgado y sin barba (...).
Escarlatina

(Pàg. 59)
Pero ¿dónde encajaba? ¿Para qué le necesitaba a él la vida? No lo sabia.
Escarlatina

(Pàg. 65)
(...) en su interior cada vez crecía más el ardiente deseo de librarse por una sola vez del monótono trajín de los días con algo delirante, de un sentimiento más vivo, en el que resonara algo del gran compás de la vida, del desenfrenado ritmo de la juventud. Pero todo aquello le estaba vedado, y el final de todos los días era aquella monótona vuelta a casa por la tarde a su reducida y odiada habitación, donde las sombras se alargaban, extendiéndose como manos malignas y el espejo brillaba como helado, donde por la noche temía el despertar de la mañana y, por la mañana, el largo, soporífero, aburrido y monótono día hasta la llegada de la noche.
Escarlatina

(Pàg. 71)
¿Acaso todo lo desconocido y maravilloso que ansiaba no estaba unido a las mujeres, no eran ellas las guardianas de todos los secretos, seductoras y promisorias, deseosas y deseadas a un tiempo?
Escarlatina

(Pàg. 94)
No conozco nada, no sé nada, no hago nada, me hundo en la inutilidad. Hace días que vivo sin experiencias, no encuentro ninguna cara conocida, y no sabes lo que significa estar solo entre mil personas.
Escarlatina

(Pàg. 146)
Vivía una de esas vidas que parecen superfluas, porque no se encadenan a nada de lo común, porque toda la riqueza que han acumulado en ellos las mil experiencias preciosas y únicas se pierde con su último aliento sin que nadie la herede.
Novelita de verano

(Pàg. 204)
(...) ¡Ah!, siempre había vivido, sólo que nunca me había atrevido a vivir (...).
Noche fantástica

(Pàg. 39)
(...)¡Cómo se os helaría en la boca, pensé, esa dulce sonrisa vuestra de camaradería con la que me saludáis como a vuestro igual, si sospecharais cómo soy en realidad! Os sacudiríais mi saludo como una salpicadura de barro con mano airada y despectiva. Pero antes de que vosotros me expulsarais, os he expulsado yo a vosotros: hoy por la tarde me he arrojado fuera de vuestro frío y descarnado mundo, donde no era más que una rueda, una que funcionaba sin hacer ruido en la gran máquina que gira fríamente con sus émbolos y gira en vano alrededor de sí misma; me he precipitado en un abismo que no conozco, pero sólo en esta hora he estado más vivo que en todos los vidriosos años que he pasado en vuestro círculo. Ya no soy uno de vosotros, ya no os pertenezco, ahora estoy fuera, en alguna parte, en las alturas o en las profundidades, pero nunca más, nunca más en la lisa playa de vuestro bienestar burgués. Por primera vez he sentido todo lo que el hombre puede gozar con lo bueno y lo malo, pero nunca sabréis dónde estuve, nunca me conoceréis. ¡Hombres, qué sabéis vosotros de mi secreto!
Noche fantástica

(Pàg. 223)
(...)  Y entonces, una tarde, encontré a una persona cuyo inglés de callejón apenas entendía, pero de repente me encontré en una habitación bebiendo la risa de una boca extraña; allí había un cuerpo cálido, terrenalmente cercano y blanco. De pronto, ella derretía el frío de aquella negra ciudad, el tenebroso espacio lleno de ruido de la soledad, un ser desconocido, que simplemente estaba allí, esperando a cualquiera que viniera, lo liberaba a uno, hacía que todo el hielo se derritiera; se volvía a respirar libremente, se sentía la vida con una claridad más ligera en medio de la mazmorra de acero. ¡Qué maravilloso era para el solitario, para el encerrado en sí mismo, saber aquello, intuir que siempre hay un asidero en su angustia, para aferrarse a él, por muy sucio y manoseado que pueda estar, mugriento por el paso de los años, comido por la herrumbre venenosa! Y aquello, precisamente aquello, era lo que había olvidado en las horas más bajas de mi soledad, de la que me alzaba vacilante en medio de esta noche: que en alguna parte, en el rincón más recóndito, siempre nos esperan esas últimas, dispuestas a acoger cualquier don, a calmar con su aliento todo abandono, a enfriar cualquier ardor por un poquito de dinero, que siempre es demasiado escaso para el inmenso servicio que hacen con su eterna disponibilidad, con el gran regalo de su presencia humana.
Noche fantástica

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Cajas de sorpresas, Sopa de librosEls orfes del senyor boix (relat Nit fantàstica), Llunàtic (relat Nit fantàstica), A Common Reader (relat Nit fantàstica), José R. Martín Largo (relat Escarlatina)

è  Enllaços:
Stefan Zweig

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