dijous, 19 de març de 2009

Árbol de humo - Denis Johnson


Johnson, Denis. Árbol de humo
Barcelona: Mondadori, 2008







Tree of Smoke
Traducció Javier Calvo
Literatura Mondadori, 380



>> Què en diu la contraportada...
Guerra De Vietnam, 1963-1970. Skip Sands es un americano ingenuo y patriota convencido de su papel en la detención del avance del comunismo en Filipinas. Tras el asesinato de un sacerdote acusado de pasar armas a los comunistas, comienza a sospechar que la guerra que estaba ansioso por librar no es tan buena como creía.
Su tío, el héroe de guerra conocido como “el Coronel”, tiene grandes planes para derrotar a los comunistas: una ofensiva psicológica con armas atómicas y agentes dobles vietnamitas con el nombre en clave de “Árbol de Humo”. En el último eslabón de la cadena de mando, los soldados voluntarios Bill y James Houston, procedentes de las clases rurales de Arizona, se enfrentan al horror y la brutalidad de las guerrillas, y de sus propios instintos. La amante ocasional de Skip y un subalterno del Coronel, obsesionado con la operación Árbol de Humo, son otros de los personajes de esta novela sobre la guerra, sobre todas las guerras, y sobre aquellos que han encontrado su propio corazón de las tinieblas.
Galardonada con el National Book Award 2007, Árbol de Humo es una novela “destinada a convertirse en una de las obras clásicas de la literatura engendradas por esa guerra trágica y asombrosamente familiar” (Michiko Kakutani, The New Tork Times).


>> Com comença...
1963
Habían matado al presidente Kennedy a las tres de la madrugada de la noche anterior. El marinero Houston y los otros dos reclutas estaban durmiendo mientras las primeras informaciones daban la vuelta al mundo. Había un pequeño local nocturno en la isla, un bar de copas ruinoso con enormes ventiladores giratorios y una máquina de millón; los dos marines que regentaban el bar pasaron a despertarlos y les contaron lo que le había pasado al presidente. Los dos marines se sentaron con los tres marineros en el barracón de acero para reclutas de paso, mirando cómo el aparato de aire acondicionado goteaba dentro de una lata de café y bebiendo cerveza. La emisora de las Fuerzas Armadas de la bahía de Subic se pasó la noche entera funcionando, emitiendo boletines sobre aquel asesinato inconmensurable.


>> Moments...
(Pàg. 14)
El marinero Houston fue ascendido una vez y luego degradado. Tuvo ocasión de vislumbrar algunas de las grandes capitales del Sudeste Asiático, caminó por noches húmedas en las que la brisa maloliente agitaba los faroles de las calles, pero nunca pasó el suficiente tiempo en tierra firme como para acostumbrarse, solo lo bastante como para sentirse confuso, para ver parpadear las caras, fascinado sobre todo por el poder para crear su destino mediante el simple acto de firmar un papel.

(Pàg. 27)
(...) y el plano se cerraba en torno a la llama eterna que señalaba la tumba de John F. Kennedy, una antorcha de forma chata que los americanos tenían la intención de mantener encendida para siempre. -La llama eterna –dijo el coronel-. ¿Eterna? Si se puede matar al hombre, está claro que se puede matar su puñetera llama.

(Pàg. 64)
- Yo fui a Alaska una vez, ¿sabes? –dijo el coronel-. Recorrí la carretera de Alaska-Canadá que construyeron allí durante la guerra. Fue fantástico. No la carretera, el paisaje. Aquella carretera impresionante no era más que una pequeña rayadura insignificante a través del paisaje. Ni te imaginas un mundo como aquel. Pertenece al Dios que Dios antes de la Biblia...A Dios antes de que se despertara y se viera a sí mismo...Al Dios que era su propia pesadilla. Allí no existe el perdón

(Pàg. 152)
Cuando se trata del contraste entre tener elección y no tener ninguna libertad para elegir nada...ahí es donde las cosas se ponen duras de verdad. Vosotros, América, vuestras fuerzas están aquí haciendo la guerra por decisión propia. Vuestro enemigo, en cambio, no tiene opción. Nacieron en un país en guerra.
O tal vez no sea tan simple, Estados Unidos contra Vietnam del Norte, no. Es más bien los hombres obligados a librar esta guerra contra los que eligen esta guerra: los soldados que mueren contra los teóricos y los dogmáticos y los generales.

(Pàg. 296)
- Yo empecé con un deseo ardiente de freírles la mente. Y ahora me paso el día intentando evitar que me explote la mente a mí.

(Pàg. 298)
(...) Eso es lo que te da la guerra. Una familia más intensa que la de la sangre. Luego uno vuelve a la paz, ¿y qué le queda? Enemigos que te apuñalan por la espalda en la oficina de al lado.

(Pàg. 322)
Todavía no eran las diez de la mañana según el reloj de pulsera de la fuerza aérea, que le había regalado el coronel cuando era niño...Habían matado a Martín Luther King. Habían matado a Robert Kennedy. Los norcoreanos seguían manteniendo como rehenes a un buque naval americano y a su tripulación. Los marines asediados en Khe Sanh, la infantería masacrando la aldea entera de My Lai, idiotas peludos y arrogantes desfilando por las calles de Chicago.

(Pàg. 348)
En la gloria de la guerra, en el éxtasis del combate, en la verdad de la guerra vemos que el poder legitima las cosas. Y que nuestro respeto a los principios se basa en la elocuencia y la superstición.

(Pàg. 359)
De momento a él no le interesaban las cosas terribles. Mientras ella hablaba, él examinó su cabeza y se preguntó qué habría intentado hacer Rembrandt con aquella iluminación tan deslucida y fiel a la realidad.
- ¿Y tu cámara? –dijo Kathy.
- ¿Cámara?
- Me acuerdo de que tenías una cámara. ¿Todavía la tienes?
- Lo dejé, Se acabaron las fotografías. Convierten el mundo en un museo.
- ¿En lugar de qué?
- En lugar de un circo chiflado.

(Pàg. 451)
Hasta que volvieran a salir por la mañana se refugiaría en un bar. O en un templo o una iglesia. En una casa de putas, un fumadero de opio. Un fugitivo, un traidor.
Los zapatos de piel de caballo le apestaban a las alcantarillas por las que había corrido. Bajó la ventanilla.
Lamentaba haber tenido que perderse el examen. De las preguntas que le habían preparado, había una que le parecía relevante: “¿Le gusta a usted contar mentiras?”.
“Sí”, habría contestado siendo fiel a la verdad.

(Pàg. 527)
(...) y allí entraba la gratitud. Hacia el coronel. Hacia el soldado de infantería que había tirado su casco encima de la granada y luego se había tirado encima del casco. Y hacia los demás americanos que los habían ayudado a escapar. Los americanos habían recordado, habían mantenido sus promesas hacia él y también hacia su país. No es que hubieran faltado a su promesa. Simplemente habían perdido la guerra.

(Pàg. 591)
En Vietnam del Sur yo pensaba que me habían dejado fuera del equipo. Que me habían apartado a un sitio donde pudiera pensar en la guerra. Pero en una guerra no te pueden apartar del equipo, y en una guerra no se puede pensar, no hay que pensar nunca. La guerra es acción o muerte. La guerra es acción o cobardía. La guerra es acción o deserción. ¿Entiendes la idea? La guerra es acción. Pensar lleva a la traición.

>> Altres han dit...
Diario de un ocioso, Pasen y lean, Revista de Letras

>> Enllaços
Denis Johnson, l'escenari, tàgal, Aswang, Pathet Lao, HUK, les tenebres, Edward Lansdale, Yipni, Abandona tota esperança, el polígraf, Flying Tigers, Primera epistola als Corintis (12,5-6), LURP

1 comentari:

  1. Original fórmula. M'agrada. Et seguiré per orientar futures lectures

    ResponElimina