El mirofajo o las reglas del juego - Manuel García Rubio



 

"(...) ¿qué es la bondad?, le pregunté; ¿dónde está el límite que la separa de la estupidez?."



 

 

García Rubio, Manuel. El mirofajo o las reglas del juego.
Barcelona: Los libros del lince, 2016


Il·lustracions de Luis Pérez Ortiz.


::: Què en diu l’editorial...
Cuando el niño que señaló la desnudez del Rey fue castigado con el ingreso en un reformatorio, el padre del chico recibió una condena peor: la cárcel. Con este homenaje al famoso cuento de Andersen comienza El mirofajo o las reglas del juego, una novela amenísima y, al mismo tiempo, un ensayo que pone al desnudo el cinismo de los poderosos.
En esta pequeña joya literaria, Manuel García Rubio se vale de toda suerte de guiños estilísticos, construye deliciosos cuentos de estilo tradicional, y termina creando un libro mágico cuya capacidad pedagógica rivaliza con su fuerza de seducción.

::: Com comença...
PRÓLOGO
El valor histórico de los documentos que aquí doy a conocer resulta, a mi juicio, incalculable. Se trata de un conjunto de carta que, en la primera mitad del siglo XIX, un padre recluid en la prisión de Selbstbetrug, en la Baja Sajonia, escribió a su único hijo, internado aquel entonces en un reformatorio.

::: Moments...
(Pàg. 17)
Cárcel de Selbstbtrug, 20 de marzo
del año de Nuestro Señor de 1834

Querido hijo:
Te sorprenderá esta carta después de tantos días en prisión sin haber podido dar señales de vida. Parece un milagro que me hubieran permitido escribirla y, sobre todo, que haya llegado a tus manos. Tal como te explicaré a continuación, no lo es tanto aunque, sin duda, la Fortuna ha regresado para sonreírnos. Desde nuestra separación todo había sido incertidumbre, recelos y miedo, pero ahora la esperanza vuelve a albergarse en el rincón más íntimo de mi alma (...).

(Pàg. 18)
(...) nadie puede estar seguro de hallarse en posesión de tan preciado bien, la verdad, ¡ay, la verdad!, de modo que el silencio se hace imprescindible cuando la opinión propia violenta algún principio de autoridad (...).

(Pàg. 19)
(...) es un intelectual en el sentido más deteriorado de la palabra y, si intimamos demasiado, podría convertirme en alguien como él, un ser perdido en el laberinto de la verdad, cuando la vida se resuelve día a día en otros campos en los que las certezas no tienen por qué ir de la mano de la realidad.

(Pàg. 33) 
¿(...) por qué esperar a tensar tanto la cuerda? ¿Por qué no organizar las cosas de otra manera, ahora, ya mismo?

(Pàg. 39)
(...) Karl no está de acuerdo con este orden de las cosas. Para él, la educación de los hijos no debería ser un derecho de los padres, sino una obligación de la sociedad que los padres han de cumplir en su nombre. Por esa misma razón, educar no es elegir para el hijo el camino más fácil, sino velar para que todos los caminos que ese hijo decida emprender resulten transitables para él gracias a su propio esfuerzo.

(Pàg. 44)
(...) En el hospicio en el que te han recluido intentarán ahormar tu conciencia a los intereses de ese ser despreciable que nos gobierna. A partir de ahora, pues, necesitaré aleccionarte por este medio frío y distante del correo, con estas caratas que seguirán llegándote gracias al a lealtad del buen Friedrich. Espero que las entiendas por ti mismo, pues no podrás solicitar asistencia a ningún tutor, no sea que nos traicione. Léelas con cuidado y reléelas si no las entiendes. Consérvalas para más adelante si, aun después de cien repasos, continúas sin comprender mis consejos, que no pretenden otra cosa que tu felicidad plena. Seguramente cuando tengas más edad y experiencia podrás sacarles todo el jugo que he exprimido a mi vida y a mi experiencia para ti (...).

(Pàg. 45)
(...) Lamentablemente, no dispongo de tiempo para protocolos y me preocupan más tus dudas acerca del mundo y tu preparación para resolverlas que las buenas formas del género epistolar.

(Pàg. 51)
(...) Aceptamos lo que nos es útil o agradable; rechazamos lo que no nos sirve o nos incomoda. Más adelante aprendemos que somos seres sociales, que necesitamos del Otro, con el que hemos de compartir nuestro entorno. Entonces admitimos que nuestro legítimo afán de vivir cómodamente debe hacerse compatible con el deseo idéntico de nuestros semejantes, de quienes nos acompañan en el camino de la existencia. Para conseguirlo en una media que sea equilibrada para todos, desarrollamos nuestro propio concepto de Justicia, que sometemos al criterio de los demás. A veces, más las deseables, no existe una coincidencia plena pero aceptamos que, en alguna media, todos debemos contemporizar, ceder parte de lo que creemos razonable para nosotros en aras de que el Otro haga lo mismo a nuestro favor.

(Pàg. 59)
(...) para camuflar esas injusticias y contradicciones, no san sacado de los pueblos y nos han llevado a las ciudades, y no pararán hasta conseguir que nuestra Esfera de lo Nombrado sea tan inmensa e inaccesible que las cosas más importantes de nuestras vidas acontezcan nada más que en ella, en ese ámbito en el que no podemos ver, ni oír, ni tocar, ni degustar, y en el que sólo hay palabras, las palabras que sustituyen a las cosas.

(Pàg. 60)
(...) Al final, la Esfera de la Experiencia se diluye en la Esfera de lo Nombrado, y nadie sabe ya qué es verdad y qué es mentira, qué es razonable y que resulta disparatado. ¡Es imposible saberlo a estas alturas de la historia, cuando las patrañas se han ido superponiendo en estratos de filosofía, de moral, de religión y de ciencia! Lo único que cuenta, pues, es que el mundo siga como hasta ahora, embarullado, complejo, inaccesible para el ciudadano común aunque sea con sus injusticias y desigualdades, qué le vamos a hacer, porque, como te decía al principio, de lo que se trata es de sobrevivir y cada cual lo hace como puede, engañando e, incluso, engañándose o dejándose engañar.

(Pàg. 66)
(...) hasta las mentiras más rotundas tiene algo de verdad si con ellas engordas tu patrimonio.

(Pàg. 67) 
La suerte de no estar obligado a ser un héroe es que te permite ser pragmático. ¿Has comprendido?

(Pàg. 75)
(...) quien posea en exclusiva el control sobre la Esfera de lo Nombrado tendrá la capacidad, también en exclusiva, de explicar el mundo y de transformarlo a la medida de sus propias palabras. De aquí, querido hijito, la extrema importancia de que te hagas cuanto antes con el dominio de esa Esfera, que la conozcas, que la comprendas, que la hagas tuya y que la manipules a tu conveniencia. Si no lo haces tú, otros lo harán por ti, ya lo verás.

(Pàg. 79) 
(...) Hay que dar a la bondad todas las oportunidades que estén en nuestra mano, porque escasea tanto que corremos el riesgo de que se extinga por completo, aquejada de inanición,  me dijo. Pero, claro, ¿qué es la bondad?, le pregunté; ¿dónde está el límite que la separa de la estupidez? (...).

(Pàg. 80)
(...) la idea de poder hacer lo que a uno le dé la gana es tan tentadora que, según Friedrich, resulta posible que el progreso material de la Humanidad, imparable gracias a los avances de la ciencia y de la técnica, llegue a generalizar una clase de individuo ocioso que se conforme con una vida ignorante del valor de las cosas, dedicada casi en exclusiva al juego por el juego, a la pérdiad de tiempo en tareas inútiles, de pura diversión y entretenimiento, amparada, eso sí, en la conciencia de estar realizando un ejercicio de libertad (...)

(Pàg. 81)
(...) en la medida que nos olvidemos del Otro, estaremos renunciando a la construcción de nuestro Yo, que para Friedrich tiene un componente social muy profundo. De aquí la igualdad y la fraternidad que acompañaban a las ansias de libertad de los revolucionarios franceses, entre los cuales se encontraban burgueses como nosotros, como tú y como yo, querido hijito, gente de orden y de progreso.

(Pàg. 93)
El viejo Karl insiste en que no es de recibo que exista un derecho cuyo acceso esté vedado a la inmensa mayoría de la población. Los derechos, o son universales o son injustos (...).

(Pàg. 95)
Karl imagina una sociedad en la que las ropas se deshilachen a los pocos meses y ya no sirvan para el año siguiente, en la que esté prohibido usar los zapatos que te hiciste en primavera porque el diseño no responde a los gustos de la nueva estación; en la que el caballo con el que pretendes pasear todos los días deba ser sacrificado a los cuatro años de vida, a lo máximo, aunque se encuentre pletórico de salud, y ello para que no te quede más remedio que comprarte otro... ¡Fíjate qué disparate! ¡Hasta dónde puede llegar la alucinación de un ser inteligente como Karl cuando lo ofusca esa especie de razonamiento supersticioso que él llama ciencia! Desde luego, si algo parecido a eso llegara a ocurrir es que, ciertamente, todos estamos desquiciados. Entonces sí, entonces habría que reconocer que este planeta que habitamos es una nave a la deriva, abocada sin remedio al precipicio: una nave de locos, en efecto.

(Pàg. 107)
Karl, que, como ya te avisé, es adivino o, al menos, se muestra capaz de calcular por dónde irá el mundo en el futuro, dice que, con el tiempo, alguien se sacará de la manga vocablos disparatados del calibre de inflación, o deflación, o estanflación, o sobreprima, o estabilizadores automáticos, o infragarantías, o mercados de futuros, barbaridades idénticas a la del mirofajo del que te hablé hace unos días, palabras que no significan nada, que no sirven para nada, salvo para ocultar que no hay más unidad económica de medida que la hora de trabajo a los seres humanos, y todo lo demás son cantinelas y excusas de mal pagador.

(Pàg. 112)
(...) el dinero en circulación es una trinchera ganada para quien sea capaz de acapararlo bajo protección del Soberano, no así la humilde fuerza de trabajo o la inteligencia de los seres humanos, que sólo se valoran si, y sólo si, son capaces de convertirse en una mercancía más, destinada a hacer perdurar el valor nominal de las monedas atesoradas por los Ricos y Poderosos. ¿Triste? ¡Es la vida, querido hijo, es la vida!

(Pàg. 118)
(...) Defiéndete de los rencorosos y únete a los que son como tú, aunque sea contra los Pobres. Y, si llegas a tener hijos, incúlcales estas mismas ideas. No hace falta que les hables de valores como el de la justicia o la equidad, que no hacen sino distraer el juicio más pragmático.

(Pàg. 122)
(...) el asunto no tiene remedio: nadie dará marcha atrás, nadie va a desmontar este fabuloso tinglado en que consiste nuestra manera de producir y de organizarnos, y esta nave de locos en la que la Humanidad entera navega jamás será capaz de enderezar el rumbo: siempre habrá alguien que quiera aprovecharse de la buena fe de los demás (...).

(Pàg. 132)
(...) Karl se muestra convencido de que el individuo se dirige hacia su disolución como ente autónomo y con vida propia. Según él, inició su andadura en este planeta nuestro llamado Tierra con ansia de liberta y de emancipación y la terminará convertido en una mercancía más, dispuesto a dejarse desgastar por quienes, a su vez, se desgastan en el acto mismo de consumir.

(Pàg. 133) 
La historia universal de las ideas es, en realidad, la historia universal de la justificación que se ha ido dando a este expolio de los unos sobre los otros.

(Pàg. 135)
Karl augura un futuro en el que la libertad individual no sirva para controlar nuestras vidas sino para todo lo contrario, para desnortarlas, para confundirlas, para llevarlas por un camino de bandazos permanentes, sin objetivos firmes que definan nuestra personalidad, en simple y frenética búsqueda de cosas que satisfagan nuestras necesidades inmediatas, sólo aparentes; necesidades siempre cambiantes que surgirán a instancias de fuerzas superiores y sin identificar, casi divinas o, mejor, demoníacas (...).

(Pàg. 136)
¡(...) No atendamos a las palabras de los agoreros! ¡Sintámonos orgullosos de nuestros orígenes, de la clase social a la que pertenecemos, la que mueve el mundo y señala el progreso, la que distingue al excelente del mediocre, la que marca el destino de los elegidos, incluso si ese destino es el fin de la especie, pues cuánto mejor es un mundo sin seres humanos que colmado por manadas de hombres vulgares!

(Pàg. 142)
¿(...) Hay algo más triste que un día igual a otro? ¿Te imaginas que la naturaleza careciera de colores; que todo fuera blanco, gris o negro? Por eso Dios inventó las clases sociales y los distintos grados de la inteligencia. No fue un capricho tonto.

(Pàg. 155)
Karl dice que, cuando las sociedades se hagan más o menos laicas –algo que, según él, no tardará en ocurrir-, al Demonio se le llamará Crisis. ¡La culpa es de la Crisis!

(Pàg. 165)
(...) La historia está escrita por los Poderosos, lo reconozco, y, en su nombre, por aquellos que saben escribir. Los necios, los ignorantes, los analfabetos, los perdedores... o no saben coger la pluma o les han cortado las manos para que no lo hagan. Así ha sido siempre y así será, por los siglos de los siglos.

(Pàg. 167)
(...) Razonar con los de abajo es tarea imposible. Están tan llenos de resentimiento que la mente se les tapona. Pero ¿qué podemos hacer? ¿Inculcarles el amor por las jerarquías? ¡Eso es imposible! ¿Matarlos, entonces? ¡No, por Dios! ¡Qué barbaridad! No queda otra opción que la de distraerlos, para que no consigan fijarse en sus obsesiones. Así pues, conviene dialogar con ellos en términos que los mareen, que los confundan, que no entiendan, acostumbrándolos a creer que les hablamos desde las alturas más inabordables (...).

(Pàg. 175)
(...) cualquier problema humano puede ser enfrentado con una desbandada, pero que es más inteligente buscar la respuesta exacta en la que se cruzan el hacia dónde, el por dónde, el cómo y el cuándo: todo consiste en dar con ella. Y resulta indudable que, con el gobierno de los mejores, esa respuesta queda asegurada.

(Pàg. 179)
(...) Si nadie lo remedia, insistió el viejo Karl, esa parte del pueblo llano que comerá en las manos de sus amos y patrones necesitará justificar sus propias contradicciones y, para ello, acabará dejándose consumir, él mismo, como una mercancía más, en el mercado de la lujuria y del placer facilón, y lo hará con gusto, aunque tenga que elaborar su propia teoría del individualismo a la carta, una sofisticada mezcla del clásico “sé tú mismo” y del más actual “vive como quieras, sin ataduras de ningún tipo”, que no hará sino borrar las palabras igualdad y fraternidad del ideal revolucionario de 1789.

(Pàg. 181)
(...) Mira a tu alrededor. ¿Qué ves?  Pereza, ignorancia, bastedad, resentimiento. Estos desgraciados que nos rodean con su zafia manera de esta en el mundo son incapaces de calcular los riesgos de la miseria moral en la que viven enfangados. Aspiran, en cambio, a beneficiarse del esfuerzo que otros realizamos por amor a los valores eternos, esos que nos ha permitido llegar hasta aquí en un trayecto de superación permanente y que no dejan de anunciar nuevas buenas. Entonces, si hemos de aceptar a esta chusma como tal, pongámosle disciplina y tareas en justa compensación. Y  punto. No nos compliquemos más la existencia. Piensa que las otras dos alternativas que nos quedarían son mucho peores, al menos desde un punto de vista cristiano; o los dejamos que se mueran de hambre, abandonados a su inconsciencia, o consentimos que vivan de la sopa boba, a nuestra costa. ¡No, hijo mío, claro que no!  ¡Cada cosa en su sitio y cada hombre en el lugar que le corresponde por razón de la jerarquía que nos hemos dado entre todos!

(Pàg. 191)
La actitud ante el mundo marca la diferencia. La nuestra ha de ser la de la supervivencia o, mejor aún, la de la conservación, porque no basta seguir de pie; hace falta, además, hacerlo en las mejores condiciones posibles. En ésas estamos, ¿verdad, cariño?:

 ::: Què en penso... 
A mig camí entre el gènere epistolar, l’assaig i la rondalla, El Mirofajo o las reglas del juego de Manuel García Rubio esdevé una lectura força estimulant que endinsa el lector en un relat més ideològic que no pas dramàtic.

García Rubio parteix del conte El vestit nou de l'emperador de Hans Christian Andersen, per excel·lir amb una proposta que combina literatura i intrepidesa intel·lectual. Així, a El Mirofajo aconsegueix complementar dues doctrines a priori incompatibles –la llei i ordre burgesa i la solidaritat socialista –.

García Rubio ho fa amb un mecanisme literari comparatiu i amb l’ús de diferents formats narratius, sempre amb un to sobri -de reminiscència clàssica- i amb un tempo que agilitza la lectura.

El Mirofajo gira al voltant de tres personatges: Kosyc, un pare encarcerat que escriu cartes al seu fill i porta el pes de la veu narrativa en primera persona; Karl, el company de cel·la que sosté postulats ideològics contraris al pare, de tipus revolucionari; i Friedrich, el carceller que simpatitza amb tot dos presos.

Hi ha un quart personatge: el fill. És un personatge present en tot el relat encara que de forma referencial i passiva, doncs ni participa en la trama ni és present al lloc dels fets. De fet, el lector encarna perfectament el rol del fill a la novel·la.

A nivell ideològic, i en primera instància, les cartes de Kosyc al seu fill són un cant a la llibertat individual, a la propietat privada i al lliure mercat. A la vegada també una crítica velada a l’Antic Règim absolutista. Un credo burgès en tota regla vaja.

Poc a poc Kosyc introdueix a les seves cartes petites pinzellades dels pensaments de Karl, pensaments revolucionaris que cerquen la solidaritat i la igualtat entre semblants. De primer els inclou per escarnir-los però mica en mica els hi atorga un crèdit creixent

Tenim així que les cartes són portadores d’un missatge de fons eminentment liberal però salpebrat amb petits tocs anàrquics i llibertaris. D’una banda qüestionen el món burgès i introdueixen la necessitat d’un bé comú, però de l’altra serveixen sobretot per autoafirmar la postura liberal.

En resum, una lectura que ens parla de d’ideologia política i economia d’una forma amena i intel·ligent amb un joc de miralls on s’entreveuen les doctrines socialistes de (Karl) Marx i (Friedrich) Engels i els postulats liberals més clàssics. Del tot recomanada. Per mi, lectura obligatòria als instituts.

::: Altres n'han dit...
Un hombre en la oscuridad, Literaturas - notícias, Canal lector, Suburbano (H. Fontana), Diario16+ (N. Blanco), Zenda libros.

::: Enllaços...
Manuel García Rubio, què en diu l'autorLuís Pérez Ortiz (LPO)



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